“Trilogía” de Jon Fosse, cuando la literatura se hace música

Emma Rodríguez © 2018 / 

Toda lectura es una experiencia, pero Trilogía de Jon Fosse forma parte del grupo de las experiencias prodigiosas, porque nos acerca a una dimensión nueva. Me refiero a esas obras de la literatura que nos llevan a transitar por terrenos desconocidos, que nos deslumbran y extrañan. Todos podemos identificar esas aventuras tan especiales en nuestra biografía lectora. En diferentes artículos de «Lecturas Sumergidas» yo os he hablado de algunas de las mías, pero ahora me voy a centrar, a detener, únicamente aquí; a recorrer, una vez leídas, acariciándolas, agradeciéndolas, las páginas de esta novela hipnótica, en tres partes, que me ha envuelto en sus atmósferas, que me ha absorbido a la manera de esas composiciones musicales que cautivan y despiertan milagrosamente los sentidos.

Hay música en Trilogía, porque la música es fundamental en el desarrollo de la historia que se narra y también en su estilo, en su estructura rítmica, repeticiones, silencios, particulares puntuaciones, intervalos, acompañamientos… Trilogía participa del misterio de la música y de la poesía (los límites entre prosa y poesía se diluyen) y  también reconocemos en ella los hilos que tejen los cuentos maravillosos que nutren el territorio de la infancia. Si algo he constatado mientras la leía es lo necesitados que seguimos estando los adultos de esos cuentos capaces de traspasar las lindes de lo real y ayudarnos a atisbar lo trascendente, lo mágico.

Jon Fosse nos conduce más allá de espacios y tiempos concretos. A través del amor sus personajes son capaces de superar la desdicha, la desaparición. Las cronologías se quiebran, las edades de la existencia se encuentran, la vida y la muerte, el bien y el mal, se confunden. La narración, la manera en la que está contada, las puertas que se van abriendo, nos descolocan. Tenemos que participar, que ir uniendo los puntos y encontrando los sentidos, atentos a los saltos temporales, adaptándonos a la originalidad de la voz narradora, a los cambios de entorno y de calendario, porque pasado, presente y futuro se abrazan, se convierten en un único transcurrir. Sentimos que estamos tocando algo que nos supera, que no somos capaces de descifrar del todo, pero que obra sobre nosotros un efecto benéfico, algo que podría comparar, por ejemplo, con el alivio que produce el atisbamiento de la luz al fondo de un largo y oscuro túnel.  El autor suele explicarlo de la siguiente manera: “Hasta en mis novelas más crudas hay una especie de luz que procede de la oscuridad, un resplandor”.

Jon Fosse nos conduce más allá de espacios y tiempos concretos. A través del amor sus personajes son capaces de superar la desdicha, la desaparición. Las cronologías se quiebran, las edades de la existencia se encuentran, la vida y la muerte, el bien y el mal, se confunden.

Los propios protagonistas se van encontrando con esa luz, con pequeñas señales en el camino que les indican que hay algo más allá del arrastrarse de los días, de los afanes por sobrevivir, por encontrar un lugar en el que quedarse. En Trilogía, que se abre con una primera parte denominada Vigilia; prosigue con Los cuentos de Olav y concluye con Desaliento, Jon Fosse narra la historia de Asle y Alida, dos adolescentes a los que la vida no les pone las cosas nada fáciles, pero que son conscientes de haber encontrado el tesoro del amor.

A punto de ser padres, sin apoyo familiar, inician una especie de peregrinación en busca de un hogar en el que guarecerse. Su destino es cruel y les marca desde el principio. Frente a la fuerza del primer amor y la inocencia de la nueva vida que llega, se alza la sombra del mal. La pareja va tocando de puerta en puerta por la gran ciudad noruega de Bjørgvin, pero no encuentran acogida, nadie les quiere alquilar una habitación y a partir de ahí los hechos se precipitan. Su historia, su trecho, no están inscritos al hoy, pero nos remiten al drama de tantos seres indefensos, desvalidos, refugiados, emigrantes enfrentados a la huida y al rechazo. Trilogía nos habla de la desigualdad y también de sociedades pertrechadas en rígidas normas que no admiten la diferencia, la disidencia, la ruptura de sus costumbres.

Pero esto solo es el armazón, la capa superficial. La historia transcurre por otros derroteros más profundos y sutiles, difíciles de apresar en una explicación, en un resumen. Su comprensión exige adentrarse, como os decía, en sus fondos hacia lo inaccesible, en sus ritmos, en sus latidos, en sus contrastes. Hay momentos bellísimos, como el que paso a transcribir, perteneciente a Vigilia, la primera parte de la novela: “(…) padre Sigvald dijo que al tocar, el dolor podía aliviarse y transformarse en vuelo, y que el vuelo podía transformarse en alegría y felicidad, y por eso había que tocar, por eso tenía que tocar él y algo de ese dolor debían de compartir también los demás y por eso había tanta gente a la que le gustaba escuchar música, así creía él que era, porque la música elevaba la existencia y le proporcionaba altura…”

En otro momento leemos: “Alida empezó a elevarse en el aire y en la música de Asle oyó el canto de su padre Aslak, y oye su propia vida y su propio futuro y sabe lo que sabe y entonces está presente en su propio futuro y todo está abierto y todo es difícil, pero ahí está la canción, una canción que debe de ser lo que llaman amor, de modo que se conforma con estar presente en la música y no quiere existir en ningún otro sitio…”

Ese es el tono, pero hay otros. No os voy a desvelar mucho más de esta historia en la que los paisajes también son esenciales. Es poderosa la presencia de los fiordos noruegos, de esos entornos montañosos, con pequeños pueblos de pescadores que viven del comercio de los frutos del mar en los pequeños puertos cercanos. Los colores, los reflejos, la luz tan especial de los fiordos, las barcas, el mar, la pesca, el olor a salado… La belleza del paisaje, su luminosidad, acompaña los momentos de comunión, de amor, de bondad; pero también, en su imperturbabilidad, se convierte en el marco en el que se suceden las malas horas, la fatalidad.

«Trilogía» nos habla de la desigualdad y también de sociedades pertrechadas en rígidas normas que no admiten la diferencia, la disidencia, la ruptura de sus costumbres.

Aunque Jon Fosse (Haugesund, sudoeste de Noruega, 1959), es uno de los autores más valorados de la literatura europea actual, su obra es desconocida para los lectores españoles. Hasta ahora se habían publicado de manera discontinua, en distintos sellos, algunos de sus títulos, sobre todo de teatro, terreno en el que ha alcanzado su mayor popularidad. Es ahora la editorial De Conatus la que apuesta por su trayecto en nuestro país. A Trilogía, que obtuvo el Gran Premio de Literatura del Consejo Nórdico en 2015, el más alto galardón a un libro de ficción, le sucederá en 2019 el primer volumen de Septología, una narración en marcha, en siete volúmenes, en la que el autor sigue trabajando actualmente y cuyas siguientes entregas irán apareciendo en los próximos años.

Además de teatro y narrativa, Fosse también ha publicado poesía, ensayo y cuentos infantiles. Candidato al Premio Nobel de Literatura, cuenta en su haber con ser el dramaturgo europeo más representado en los escenarios (unos mil montajes en más de 40 idiomas). Entre los datos biográficos que le acompañan, señalar, como curiosidades, que ha sido profesor del conocido autor noruego Karl Ove Knausgard [ autor de Mi lucha, obra autobiográfica en seis volúmenes]. Y que, por sus contribuciones a las artes y la cultura de su país, ha recibido el honor especial, de manos del Rey de Noruega, de alojarse de forma permanente en Grotten, residencia propiedad del Estado, ubicada en las instalaciones del Palacio Real, en el centro de la ciudad de Oslo. El escritor también reparte su tiempo entre la localidad de Frekhaug, en su país natal y Hainburg (Austria), donde se encontraba cuando contestó a las preguntas que tuve la oportunidad de plantearle vía correo electrónico. Sus respuestas ofrecen valiosas claves sobre su manera de ser y de entender el proceso creativo.  

Jon Fosse: “Cuando escribo es como si tuviera un lugar secreto dentro de mí”

Jon Fosse procede de una tierra de cuentos, mitos y leyendas. Hay bellos cuentos noruegos tradicionales, transmitidos oralmente generación tras generación. Pienso en la recopilación de estos relatos realizada en el siglo XIX por Peter Christen Asbjornsen y Jorgen Engebretsen Moe [publicada recientemente en España por el sello Libros de las Malas Compañías]. ¿Hasta qué punto se nutre de estas fuentes?

– Casi me había olvidado de estos viejos cuentos de hadas tradicionales! Pero crecí con algunos de ellos, la mayoría contados por mi madre cuando era niño. Con esta pregunta me has dado la idea de que debería volver a leer esta colección de cuentos de hadas. Estoy seguro de que me han influenciado, pero no sé bien en qué sentido.

¿Recuerda su reacción, sus sentimientos, mientras escuchaba esos cuentos? ¿Cómo recuerdas su infancia, los paisajes de su infancia?

– Mi madre era, y es, una gran narradora de historias. Recuerdo que cuando mi hermana y yo nos íbamos a dormir, ella nos contaba narraciones que se inventaba en ese momento y que se podían prolongar noche tras noche, a veces durante semanas. Me encantaban estas historias. Mi madre nunca tuvo la idea de escribir nada por su cuenta, pero seguro que podría haberlo hecho si hubiera querido. Cuando yo era niño leía muy poco en casa, pero a través de la escuela me llegaron varios relatos que me impresionaron, especialmente los que contenían elementos de las antiguas sagas nórdicas, de la mitología. Puedo evocar la figura del dios Thor montando en su caballo por encima del cielo, el relámpago que caía cuando golpeaba con su martillo y el trueno como resultado del sonido que ese golpe provocaba. Tuve una infancia buena y segura, sin duda. Crecí en una pequeña comunidad cerca del fiordo Hardanger, cerca del mar. Y hasta donde puedo recordar siempre pasé parte de mi tiempo dentro de una embarcación.

También ha escrito cuentos infantiles. ¿Surgió Trilogía como una historia a la manera de las que se cuentan a los niños, pero para adultos? Estamos ante una novela para ser leída, pero también para ser oída (me imagino escuchándola en una larga y fría noche de invierno, al lado de un fuego calentando el hogar).

– Bien podría ser así. Pero yo siento que Trilogía es principalmente una pieza para ser leída, ya que los diversos elementos apuntan unos a otros de una manera bastante compleja, que creo que sería difícil hacer funcionar bien si la historia fuera oral. Pero es una especie de leyenda, sin duda.

Los cuentos tienen la capacidad de sorprendernos, de permitirnos acceder a lo extraño, a lo enigmático de la vida…. Trilogía es una novela que trasciende, que nos permite perdernos en el tiempo, conjugando pasado, presente y futuro, haciéndonos pensar en la cercanía entre la vida y la muerte. Cuando leemos la novela sentimos que nos lleva a territorios inaccesibles y profundos y que nos invita a entrar en ellos sin miedo. ¿Cree que esta es una de las misiones de la literatura, abrir los ojos a lo que no somos capaces de ver?

– Sin duda alguna. Suelo decir que para mí escribir es escuchar. Pero lo que estoy escuchando, en realidad lo que estoy escribiendo, tiene que ser nuevo de alguna manera. Tiene que transformar lo común en algo más o menos diferente. Escribir es saltar a lo desconocido, y si tengo suerte puedo llegar a conseguir algo que antes no existía, una manera de ver, de experimentar, con unos personajes que nunca habían visto la luz antes de que yo los creara. Nunca preparo nada cuando escribo. Me siento y empiezo a trabajar. Si el comienzo es bueno, entonces todo el asunto, por así decirlo, la trama, está contenida en las primeras páginas. Así es como lo veo. Y en un momento dado, siento que todo está ya escrito, que ya está ahí, en algún lugar del aire, o donde sea, y sólo tengo que escribirlo lo más rápido posible antes de que desaparezca. Suelo decir que para mí escribir es escuchar. Pero lo que estoy escuchando, en realidad lo que estoy escribiendo, tiene que ser nuevo de alguna manera. Tiene que transformar lo común en algo más o menos diferente. Tengo la idea de que cuando un buen pintor, o un buen escritor, ha hecho su trabajo, podemos ver y experimentar la vida, y el mundo, de una manera diferente a como lo hacíamos antes de que este trabajo de pintura, o de escritura, existieran.

«Suelo decir que para mí escribir es escuchar. Pero lo que estoy escuchando, en realidad lo que estoy escribiendo, tiene que ser nuevo de alguna manera. Tiene que transformar lo común en algo más o menos diferente».

Aunque no se trata en absoluto de una novela de actualidad, la historia de Asle y Alida, que están a punto de convertirse en padres, llamando de puerta en puerta en busca de refugio, en una ciudad nueva para ellos, nos lleva irremediablemente al drama de los refugiados, emigrantes, desplazados, aquellos que son rechazados en la Europa del bienestar. ¿Tuvo presente ese drama mientras escribía la novela?

– No. Nunca pienso en ningún tema real cuando escribo. No es mi manera de trabajar. Yo escucho. No sé exactamente lo que estoy escuchando, pero seguro que no es lo que hay en los medios de comunicación en este o aquel momento. Pero evidentemente la historia de Asle y Alida se parece a la historia de la vida de muchas personas que viven en la actualidad, y a la de muchas personas que han vivido antes. Hay muchas parejas jóvenes en el mundo ahora misma, en este día, a esta hora, tratando de encontrar un lugar donde poder vivir con su hijo que está a punto de nacer.

Vivimos en tiempos oscuros, de regresión, donde los impulsos reaccionarios de la extrema derecha están ganando terreno. ¿Cómo reacciona Jon Fosse ante esto? ¿Cómo hacer frente a los conflictos del presente?

– Soy escritor. Y honestamente creo que mi principal propósito debe ser  escribir lo mejor que pueda. Si lo consigo, es posible que el fruto de mi trabajo tenga implicaciones éticas, y quizás –así lo espero– también efectos políticos. A nivel personal, no me considero ni más ni menos capaz de hacer más que cualquier otra persona sin ningún poder político o económico. Tal vez debería comprometerme en mayor medida, pero creo que si a la escritura se le añade compromiso, o intenciones políticas, el resultado puede empeorar. En mi opinión, por decirlo de algún modo, la dimensión política debe venir de la escritura, no a la inversa.

La desigualdad es uno de los desencadenantes de todo lo que le comentaba antes. La desigualdad, la impotencia de los débiles, de los pobres, de los diferentes, entra en la novela. Hay un momento en el que leemos: «Los dueños gobiernan sobre los que no tienen nada«. Estamos hablando de una historia de ficción, pero también de una historia que nos retrata como sociedad….

– Creo que todos los buenos escritos, por ejemplo las antiguas tragedias, reflejan la vida tal y como era en el pasado, pero también como es en el presente. Supongo que mantener una relación activa con los clásicos nos puede ayudar a interpretar cómo son realmente las cosas. Lo mismo ocurre con la escritura actual, siempre que sea buena. La mala escritura, de alguna manera, nos aleja de la realidad, al ofrecer manidos patrones de escape, de escapismo.

¿Cree que la literatura puede convertirse en una llama de esperanza? «Incluso en mis novelas más crudas hay una especie de luz que viene de la oscuridad, del resplandor«, ha dicho en alguna ocasión. ¿Puede la literatura aportarnos algo de luz?

– Creo que sí. Al menos así es para mí. Si le quitáramos a la vida la gran literatura y el gran arte, ¿qué quedaría? ¿Cómo sería entonces pensar y comportarse? Sé que la buena literatura, el buen arte, traen luz a la vida, aunque sea la luz de las tinieblas, de las tinieblas luminosas, si se me permite decirlo así.

También hay elementos de thriller en la novela. Pero se trata de un thriller muy diferente, muy especial. Hay enigmas sin resolver, oscuridades, persecución, crimen…. Se trata de un género muy popular en los países nórdicos….

– Bueno, mi opinión respecto a la ficción criminal es que está mintiendo todo el tiempo. La muerte, junto con el nacimiento, son los grandes misterios de la vida, algo que, de una manera u otra, ha interesado siempre a la gran literatura, pero el género negro reduce el misterio de la muerte a un problema que puede ser resuelto por alguien lo suficientemente inteligente para hacerlo. Cuando se encuentra al asesino, parece que se ha hallado la explicación de la muerte. A la gente le encanta esta ilusión. Pero, por supuesto, tal ficción es lo opuesto a la buena escritura.

¿Qué le conmueve; cuál es su motor interior a la hora de escribir? ¿Cómo se relaciona con los personajes literarios de sus historias; sigue rituales especiales; tiene obsesiones?

– Supongo que podría decirse que la escritura es mi mayor obsesión. Una vez la bebida se convirtió en una obsesión para mí, pero ya llevo  sobrio desde hace siete años. Marguerite Duras habló sobre la enfermedad de escribir, y entiendo lo que quiso decir. Empecé escribiendo muy joven, alrededor de los doce años, y experimenté que escribir de alguna manera me daba cobijo, me proporcionaba un tipo de protección. Era como si tuviera un lugar secreto dentro de mí. Y todavía estoy dentro de él, todavía estoy escribiendo desde ese lugar secreto. Y lo bueno es que se trata de un lugar que no está influenciado por la repercusión que tengan mis escritos, ni por las buenas o malas críticas, ni por el éxito o el fracaso. Escribí mi primer libro, una novela, cuando tenía veinte años y se publicó cuando tenía veintitrés. Llevo escribiendo durante, digamos, unos cuarenta años y, aunque lo hubiera hecho durante mucho más tiempo, seguiría teniendo la misma necesidad, la misma urgencia, de escribir. Quizás ahora incluso se haya acentuado más que nunca. Lo mejor de la escritura es la escritura en sí misma, cómo consigue alejarme de mi persona, cómo da vida a algo que antes no existía. Experimento la escritura como un regalo. Lo que escribo me lo dan a mí. Sólo tengo que escuchar y expresar por escrito lo que de alguna manera estoy oyendo.

Jon Fosse. Fotografía por Jarle Vines (2011)

La música es muy especial en la novela. Tiene mucho que ver con el misterio y el sentido trascendente de la historia. ¿Qué significa la música para Jon Fosse?

– Para mí tanto el hecho de escribir como la literatura que amo es música. Seguramente un cierto tipo de música, pero aún así música. Es difícil de explicar… En mi adolescencia tocaba la guitarra, e incluso el violín, mucho. Pero no tenía talento para ser músico. Así que de un día para otro dejé de tocar y empecé a escribir. Y sin duda me llevé a la escritura algo de mi experiencia musical: la atmósfera, la sensación, el ritmo… Empecé a decir lo que tenía que ser dicho de una manera determinada.

Por lo que yo sé, Trilogía va a ser llevada a la ópera…. ¿Cómo está participando en esa aventura?, ¿cómo está viviendo la experiencia? Los escenarios, su trabajo como dramaturgo, supone una parte muy importante de su carrera….

– Sí. Mi faceta más conocida es la de dramaturgo. Ha habido más de mil producciones de mis obras en todo el mundo. Pero yo mismo no me siento como un dramaturgo. Me considero más como un escritor de ficción, o de poesía. En realidad, lo que soy es un escritor, tan simple como eso. Cuando escribí mi primera obra teatral decidí que no quería participar en los ensayos. Quise dar a la gente del teatro la misma libertad en su trabajo artístico que la que exijo para el mío propio. Y he seguido ese principio. Hace unos años dejé de escribir para la escena, o al menos me tomé un descanso, y volví a escribir ficción, pero todas las novelas que he escrito en los últimos años han acabado en el escenario, como adaptación teatral o como ópera. Ya ha habido una versión teatral de Trilogía, el próximo otoño habrá dos más, y sí, también se está escribiendo una ópera basada en la novela. Así que a veces digo que aunque yo no quiera al teatro, el teatro me quiere a mí.

«Cuando escribí mi primera obra teatral decidí que no quería participar en los ensayos. Quise dar a la gente del teatro la misma libertad en su trabajo artístico que la que exijo para el mío propio. Y he seguido ese principio».

La novela está construida a la manera de una composición musical: su ritmo, sus silencios, sus repeticiones. ¿Fue algo intencionado? A veces ha aludido a la literatura como oración….

– Como ya he dicho, para mí escribir es escuchar. No planeo nada antes de empezar a trabajar. Me siento y empiezo a escribir. Y si hay algo en el principio, entonces, hasta cierto punto, todo está ahí, al menos así es como lo siento. Sólo tengo que escribirlo antes de que desaparezca. Y sí, he tenido la idea de que escribir es una especie de oración. Lo dije en una entrevista y sentí que había dicho algo estúpido. Más tarde me enteré de que esto ya lo había dicho Franz Kafka. ¡Así que no podía ser tan estúpido!

Sus influencias incluyen a Ibsen y Beckett. ¿Alguna más? Como lectora he encontrado ecos de Dostoyevski, me refiero a novelas como Crimen y Castigo… Quizás por el tratamiento de las escurridizas líneas entre el bien y el mal…. No lo sé. ¿Qué opina?

– Leí a Dostoyevsky cuando era joven. Nunca he pensado en él como un escritor que me haya influenciado, pero es posible que así sea. He leído mucho, y estoy seguro de que mis influencias son múltiples, aunque me cuesta ver a Ibsen en mi obra. Beckett es otra historia. Él me ha inspirado, hasta tal punto que titulé la primera obra que escribí Somebody will Come (Alguien vendrá), como respuesta a su Esperando a Godot. En lugar de copiarlo, intenté rebelarme contra él. Otros dos escritores que han ejercido un influjo sobre mí son el poeta austriaco Georg Trakl y el escritor noruego Tarjei Vesaas.

«Trilogía» de Jon Fosse ha sido publicada por el sello De Conatus, con traducción de Cristina Gómez Baggethun y Kirsti Baggethun.

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