Emma Rodríguez © 2024 /

“Extrañeza” fue la primera palabra que anoté al comenzar a pasar las páginas de Vibración, de José Ovejero. En el inicio de la novela, cuando lo tenemos todo por descubrir, nos sentimos atrapados en una atmósfera inquietante, que nos sigue acompañando a medida que avanzamos en el recorrido y nos adentramos en las distintas historias que se nos cuentan, historias que se desarrollan, en un principio, a la manera de piezas cortas, de relatos que se van engarzando a través de personajes, de vivencias, de sensaciones, de recuerdos. Todo sucede en un pueblo al que no se da nombre, aunque si nos ponemos a investigar sabremos que está inspirado en Valdecaballeros, en la provincia extremeña de Badajoz, un entorno que alberga ruinas muy antiguas. 

Hasta allí regresa Paul, originario del lugar, junto a Sara, su mujer y su pequeña hija Ale. Están huyendo de la ciudad, de un acontecimiento que ha enturbiado sus vidas, y han de enfrentarse a situaciones imprevistas, a experiencias inexplicables, lejos de lo racional, que les conducen a otra forma de entendimiento. En esta novela, que hace convivir a personajes tan de este tiempo, con otros que llegan de un ayer cada vez más desdibujado, Ovejero nos sumerge en una aventura entre lo real y lo fantasmal, apegada a una historia reconocible que transcurre en paralelo a otra impregnada de enigmáticas presencias, de llamamientos hacia lo oculto, de misteriosas señales que conducen al otro lado, el de las sombras. 

Imposible escapar de las tramas en las que nos va enredando, todas alrededor de lo que aconteció en ese lugar de la España rural, en el que los hechos se van encadenando sin remedio; en ese rincón cada vez menos poblado, lleno de ecos, de desapariciones, de pérdidas (no solamente de personas, también de sueños, de oportunidades, de modos de vida). Recurre el autor a fragmentos de memoria para acabar trazando un impactante retrato coral de una localidad que sirve de reflejo a la historia oscura de todo un país.

La imagen del pantano está en el centro de la novela. Su negrura, su estancamiento, se adecúa a los sustratos más profundos de lo que se narra: las semillas del rencor, la no superación de la violencia, los secretos sumergidos… La memoria latente de la Guerra Civil, el odio que aún asoma, el tema de la herencia, de los descendientes de quienes ganaron la contienda, oligarcas, terratenientes, que se enriquecieron a costa de quienes la perdieron, están presentes en una obra que por momentos sobrecoge.

¿Qué nos han contado; qué no sabemos, qué permanece silenciado; qué restos del ayer necesitamos rescatar para reconocernos como colectividad, para asumir las heridas? Son preguntas que van surgiendo al hilo de la lectura, que se avivan cuando la finalizamos y nos quedamos dándole vueltas, volviendo a esos retazos, episodios, que nos han sacudido y que transmitimos a quienes tenemos al lado, a la manera de una invitación a saber algo más, a conocer pasajes sepultados que tanto nos dicen de lo que somos.

En «Vibración» José Ovejero nos sumerge en una aventura entre lo real y lo fantasmal, apegada a una historia reconocible que transcurre en paralelo a otra impregnada de enigmáticas presencias, de señales que conducen al lado de las sombras. 

José Ovejero (Madrid, 1958) es un escritor atento a los movimientos, a los cambios, a las circunstancias de los tiempos que vivimos. A través de sus ficciones toma el pulso a las sociedades que habitamos, con sus crisis, con sus anhelos e ideales, con sus frustraciones y derrotas. Quienes le hemos seguido los pasos, estamos acostumbrados a ello, y percibimos también que en esta ocasión ha ido más lejos, sin abandonar temas que siempre le han  preocupado (las generaciones, la familia, la herencia, la violencia…). En Vibración continúa reflejando el ahora, pero no se detiene únicamente ahí, pone el foco en personas, en familias, que cargan con maldiciones a sus espaldas, con pesos que les impiden «cualquier forma de ligereza«. En Vibración el autor nos habla de las “estelas destructivas«, buscando, a la manera de un explorador, de un arqueólogo, en las ruinas de lo acontecido, porque somos parte de un todo, de una corriente de hechos, de memorias, que nos constituyen.

Hay un intento de dar forma a la continuidad, de narrar la evolución humana a partir de la idea de vibración como origen del universo. El lenguaje, la necesidad de comunicarse… Pueblos que caminan, desplazamientos en tiempos distintos, transmisiones, supervivencias, avances de culturas y costumbres, arraigo de ideas que se anclan, que perviven (ideas de dominio, de poder sobre los débiles, sobre las mujeres…), cambios que se van percibiendo tras los sustratos, las ruinas, las raíces… He aquí el fondo de la novela, su susurro, su sonido continuo, sus búsquedas, más allá de las historias y circunstancias concretas de las vidas que la ocupan. Me he quedado impregnada, ciertamente impactada, por todo ello. Queriendo saber un poco más del origen de la novela, de las motivaciones e impulsos que la mueven, envié un cuestionario, a través de correo electrónico, a José Ovejero. Veamos sus respuestas:  

José Ovejero. Fotografías por Nacho Goberna © 2024.

– La extrañeza acompaña a quien abre las páginas de Vibración. El inicio del camino es enigmático, hay que atreverse a recorrerlo, para ir encontrando sentidos. Me atrevería a decir que con esta novela José Ovejero se atreve a ir más allá de lo comprensible, de lo visible. ¿Es así?

– Escribir ficción es reconocer la imposibilidad de comprender la realidad. Recurrimos a la ficción porque necesitamos contarla, pero no podemos contarla tal cual es, porque siempre resulta demasiado compleja y nuestro lenguaje no alcanza. En Vibración reconozco esos límites e intento no desentrañar los misterios o explicar lo incomprensible, sino simplemente sugerirlos.

– Son muchas las vidas, las historias, que se van entrelazando en el libro. ¿Cuál fue la primera que surgió, el germen, esa idea inicial que actuó como un chispazo? ¿Me puedes hablar un poco de la estructura, de esas historias que van encontrando explicación en otras historias?

– Yo creo que en el inicio está la fascinación por cierta central nuclear abandonada en la que intenté entrar, sin conseguirlo, hace unos años. Y luego darme cuenta de la cercanía de toda una serie de restos (materiales e inmateriales) que parecían dialogar entre sí: un embalse que cubrió huertas y edificios; una necrópolis sumergida de la Edad del Hierro; un dolmen del tercer milenio a.C; pero también historias de un lugar cuyos ecos no se habían apagado aún. Era como si todos esos restos tan dispares me estuviesen contando una historia; como si te pusieras a realizar una excavación arqueológica y empezases a preguntarte por qué en un estrato determinado hay objetos que parecen de épocas y proveniencias distintas. Entonces empiezas a contarte una historia para darle cierto sentido a ese desorden sugerente.

– He empezado hablando de camino, ¿en qué momento del camino te encuentras; qué hallazgos, qué escrituras anteriores, te han traído hasta aquí?

 Tengo la impresión de que durante los últimos años he aprendido mucho como escritor. Aprender significa siempre cambiar. Así que creo estar realizando una transformación, que se nota en una novela como Humo, en un libro de relatos como Mientras estamos muertos y que parece alcanzar todo su sentido en Vibración.

Esta novela impacta, sobrecoge por momentos. Hay en ella una exploración muy poderosa en la memoria, en el pasado de este país. ¿Es la literatura un espacio apropiado para la comprensión, para entender los vaivenes del presente abordando traumas del ayer no superados, situaciones sobre las que se han extendido gruesas capas de silencio?

Yo creo que más que comprender lo que haces es entrever. Como si un relámpago iluminase una escena y esta se grabara con fuerza en tu retina. Tienes la sensación de haber visto algo que antes no habías visto así, de forma tan vívida; también de poder recordarlo, pero al mismo tiempo sabes que hay detalles que se te escapan. Y sin embargo es importante recuperar la memoria aunque sea incompleta. Incluso diría que es importante aceptar que la memoria tiene que ser incompleta, que imponer una narración definitiva, lineal, causal, al pasado es solo una forma de manipularlo.

José Ovejero. Fotografías por Nacho Goberna © 2024.

En la novela es esencial la atmósfera del pantano, de lo estancado, de lo subterráneo que emerge… Háblame del pantano, de los significados que encierra para ti.

– Podemos ponernos freudianos y decir que lo que se encuentra bajo las aguas es lo reprimido, lo que queremos o necesitamos olvidar, pero que vuelve a emerger en ocasiones sin que podamos evitarlo -cosa que sucede literalmente en el pantano durante los veranos, cuando baja el nivel de las aguas-. Pero también podríamos hablar de la atracción que ejerce un pantano, sobre todo si es resultado de un embalse, precisamente porque intuimos que bajo sus aguas se descomponen edificios, caminos, huertos, cementerios. Hubo ahí una vida que ha sido inundada, borrada. Y por eso imaginamos -y es así también en la literatura popular- que de ahí pueden surgir fantasmas, monstruos, que vienen a reclamarnos lo que les hemos hecho. Hay una tradición de literatura de terror asociada a los pantanos. Yo no he querido irme hacia la literatura fantástica, pero sí utilizar la mezcla de atracción y miedo, de deseo y rechazo, que provocan esas aguas.

En Vibración se traza un retrato de España, de una España en la que las rémoras del pasado, del franquismo, siguen muy presentes. Lo apreciamos en el día a día, en la política, en la incapacidad para el cambio, para la transformación. ¿Puedes reflexionar un poco sobre esto?

– Si Vibración es, entre otras cosas, una novela de fantasmas es precisamente por eso. En España -también es el caso en muchos otros países, fíjate en Guatemala o en Colombia– no hemos dado digna sepultura a muchos de nuestros muertos. Literalmente durante la Guerra Civil, metafóricamente durante la Transición y en Euskadi en las últimas décadas, pero también durante la explotación colonial. Hemos hecho como si no existiesen, echar tierra por encima a toda prisa; y por eso se levantan una y otra vez a reclamarnos lo que les debemos, enturbian la convivencia y la vida política. Y ese es un lastre para cualquier transformación. La única manera de cambiar la realidad es mirarla antes de frente; no podemos cambiar lo que no conocemos. Pero no es fácil, porque los vencedores siempre influyen en cómo se transmite la historia y sus herederos necesitan ocultar parte de ella porque es la historia de los crímenes que les han beneficiado.

«En España -también es el caso en muchos otros países- no hemos dado digna sepultura a muchos de nuestros muertos. Hemos hecho como si no existiesen, echar tierra por encima a toda prisa; y por eso se levantan una y otra vez a reclamarnos lo que les debemos, enturbian la convivencia y la vida política».

– El tema de la herencia es muy potente en la novela, unido a la usurpación, a lo que los vencedores robaron a los vencidos durante la Guerra Civil española. No ha habido reparación. Esos bienes usurpados han enriquecido a los descendientes… Nadie pagó por ello. Se habla muy poco de todo esto. Es un tema que podríamos denominar tabú. ¿En qué sentido la literatura, insisto, tiene la capacidad de destapar, de visibilizar lo que tanto se quiere ocultar?

José Ovejero. Fotografías por Nacho Goberna © 2024.

– Sí, me interesa mucho el tema de la herencia, porque en buena medida nos convierte en lo que somos. Y la herencia entraña siempre una deuda, aunque solo sea la del agradecimiento. Pero también una deuda más pesada: la de la historia de los bienes, materiales o inmateriales, que nos legan, y cómo fueron obtenidos. Paul regresa al pueblo de sus padres porque está atravesando una crisis; él no tiene la sensación de deber nada a ese lugar. Y eso es lo que no puede soportar Germán, ese personaje convencido de que él y su familia han pagado un precio altísimo por pertenecer al pueblo. Mediante ese conflicto, y mediante la historia de los demás personajes que pululan por el libro, se desarrolla una reflexión implícita sobre la pervivencia del pasado, sobre su presencia fantasmal en nuestras vidas. Y sí estoy convencido de que la literatura, aunque no explique, desvela, revela lo que estaba ahí y no queríamos o no podíamos ver.

– Son muchos los aspectos, los conflictos de fondo, que se plantean en el libro. La situación de las mujeres, por ejemplo, los resortes del patriarcado, no es un tema menor. Hay una especial sensibilidad al abordarlo. 

– Hoy no me parece posible enfrentarte a las violencias del pasado y del presente sin dar espacio a la violencia contra las mujeres. No tengo un programa político, no tengo un mensaje (que no es esa la función de la literatura), pero si pretendo iluminar las grietas y las heridas de una sociedad, sería deshonesto dejar de lado las que atañen a las mujeres. Están ahí, nos interpelan. Son también voces fantasmales que nos dicen: mirad lo que nos habéis hecho.

– Es evidente que estamos ante una novela política, pero no es este su único registro. Si algo me resulta deslumbrante es la mezcla de registros, de tonos, de ángulos desde los que se mira y se cuenta. En este sentido resulta una obra abarcadora. Pasado y presente se unen. Hay grandes pasos hacia atrás en el tiempo, un propósito de narrar la sucesión, el proceso evolutivo. ¿Es tu novela más abarcadora? ¿Te movió un cierto afán de totalidad?

– Antes decía que tenía la impresión de estar aprendiendo mucho en los últimos tiempos. Y a lo que he aprendido, sin duda, es a darme libertad, a no partir de ideas preconcebidas de lo que debe ser una novela o de cómo debo escribir. Y esa libertad se ha desatado en Vibración más que nunca hasta ahora, lo que ha llevado a esta riqueza que señalas de registros, tonos, ángulos, voces. Yo no pretendía escribir la novela total (que sería una presunción), sino dar rienda suelta a todo lo que podía hacer, y eso ha concedido a Vibración una potencia y una intensidad particulares.

«No me parece posible enfrentarte a las violencias del pasado y del presente sin dar espacio a la violencia contra las mujeres. Sería deshonesto si pretendo iluminar las grietas y las heridas de una sociedad. Están ahí, nos interpelan. Son también voces fantasmales que nos dicen: mirad lo que nos habéis hecho».

José Ovejero. Fotografías por Nacho Goberna © 2024.

– ¿En qué sentido has querido narrar la vida humana como continuidad? Se alude a ruinas, a necrópolis enterradas, a señales de pueblos antiguos, muy antiguos, a desplazamientos humanos, a cambios de costumbres, de culturas, a desapariciones…

– Estoy convencido de esa continuidad en el tiempo (la herencia, los ecos, las vibraciones que pasan de una generación a otra), de que somos sujetos históricos; no somos hijos de nuestro tiempo, como se suele decir, sino hijos de los tiempos pasados. Por eso abro con la cita de Ulises, según la cual Hamlet sería el fantasma de su padre. Lo que sucede, como decía antes, es que no podemos narrar esa continuidad sin imponerle una interpretación prisionera de nuestros prejuicios. Por eso yo me limito a sugerir esa continuidad, a revelar momentos que despiertan asociaciones con otros posteriores o anteriores. Creo que no se puede hacer más.

Hay dos capítulos, pasajes, que me resultan especialmente sobrecogedores. Uno de ellos es Guijarros, que comienza con esta frase tan esclarecedora. “Los ricos solo conocen lo suave; los pobres, lo áspero”. ¿Me puedes hablar un poco de esa parte, con qué ánimo, en qué circunstancias, la escribiste, cómo llegaste a ella?

– Ese pasaje viene de un descubrimiento: en la zona en la que me estaba inspirando hubo también un campo de prisioneros franquista, que solo estuvo allí unas semanas. No queda ningún rastro de él, tampoco en la memoria de la gente. Y por eso jugué a rescatar las voces de los prisioneros. Pero no quería recurrir al realismo impostado de tantas narraciones de la Guerra Civil, que suelen sucumbir al deseo no tanto de reflejar una época como de hacer que diga lo que queremos que diga, lo que siempre conlleva una drástica simplificación. Por eso recurrí a una manera de narrar que ya había practicado en otra de mis novelas, La comedia salvaje: construir una narración tan disparatada que nos permite atisbar el disparate feroz que puede ser la realidad, como sucedería con un espejo deformante. Lo grotesco puede mostrar el terror de lo real mejor que el realismo más descarnado.

El otro capítulo es Origen, que me parece central en el conjunto. En él se cuenta un crimen brutal, se traslada el odio de una manera absolutamente descarnada, se da cuenta de la usurpación… Pienso en las muchas historias así que estrána sepultadas, en tantos restos aún en las cunetas; en la complejidad de subsanar a día de hoy el horror del pasado… Este capítulo remueve muchas cosas. ¿Qué significa para ti?

– También está inspirado en un suceso concreto, como sucede con la mayoría de las historias que van componiendo la novela. Ahí, sin embargo, sí opté por el realismo, pero no tanto para centrarme en el sufrimiento de las víctimas como en la rabia del verdugo. Es un suceso que luego se retoma -como culpa, como vergüenza, como herencia- en otros momentos de la novela. Y me parecía que reflejaba muy bien esa idea de que el pasado no nos abandona tan deprisa como pensamos. Atraviesa nuestras vidas, condiciona nuestras sociedades. Más aún en un pueblo, donde, más que en la ciudad -que, por supuesto, cuenta con violencias no menores-, las familias guardan memoria de lo que ha ido sucediendo generaciones atrás: las rencillas y las deudas tienen allí una mayor capacidad de pervivencia.

– ¿Te basaste en historias reales para narrar algo tan atroz? En el capítulo de agradecimientos hablas de tu madre, de las historias de su pueblo que te ha ido contando…

– Eso es, parto de narraciones orales, de observaciones sobre el terreno, de lecturas… pero no he querido escribir una historia local; por eso no se menciona el lugar ni hay localismos en el habla. He tomado como referencia un lugar concreto, pero para contar historias que son comunes, aunque con variaciones formales, a buena parte de Europa. Y, por supuesto, también está lo imaginado a partir de todos esos descubrimientos.

José Ovejero. Fotografías por Nacho Goberna © 2024.

– “¿Se puede ser feliz en un pueblo en el que han sucedido cosas tan terribles?”, se plantea en un momento de la novela. Ahora, ya con perspectiva, desde fuera, ¿que te contestas?

– Si no tuviésemos esa capacidad, no seríamos felices nunca.

– El pueblo como espacio cerrado, la vida rural, ya casi extinguida, los conflictos de la España vaciada, son claves en la novela. Supongo que el haberte trasladado a un pueblo [José Ovejero dejó Madrid y vive desde hace algún tiempo en un pueblo de la Sierra de Gredos, en Ávila], ha tenido que ver en el proceso de creación, de escritura, de la novela. ¿En qué manera te ha cambiado como escritor y también como persona este hecho? “Todo cambio te da y te quita algo”, leemos en una de las páginas. ¿Cómo ha sido en tu caso?

– El cambio en mi propia vida obviamente me da otras perspectivas, me permite ver realidades que no veía antes. Incluso desde un punto de vista sensorial mi percepción del mundo ha cambiado. Eso se ha plasmado en novelas como Humo y Vibración. Pero esto no significa que solo podamos escribir sobre lo que nos rodea en un momento dado. El libro de relatos Mientras estamos muertos también está escrito cuando ya me había mudado y es muy urbano. Y mi próxima novela se desarrollará en un contexto que no tiene que ver con el de ninguno de mis tres últimos libros. Estamos en el mundo con nuestros sentidos, pero también con nuestra imaginación.

«El pasado atraviesa nuestras vidas, condiciona nuestras sociedades. Más aún en un pueblo, donde las familias guardan memoria de lo sucedido generaciones atrás: las rencillas y las deudas tienen allí una mayor capacidad de pervivencia».

– La tradición de la narrativa española, del realismo, está presente en el libro, se adapta a lo que se quiere contar, pero hay otras corrientes muy presentes, ese paso hacia lo no visible, hacia posibles realidades paralelas, hacia presencias fantasmagóricas. ¿Qué latidos, qué literaturas, qué herencias, te animaron mientras escribías?

– En algunas críticas ya se han establecido relaciones muy diversas de Vibración con otras novelas y otros autores: se ha mencionado a Faulkner, a Henry James, a Rulfo. Por supuesto también habría que añadir numerosas obras del realismo español. Y sí, seguro que hay esa herencia -esa deuda-, pero quizá lo peculiar dentro de la narrativa española es la mezcla de lo muy realista con lo inexplicable, con lo oculto, con lo misterioso. A ello contribuye también la estructura dislocada de la narración. Quizá el secreto sea que el comportamiento que observamos en los personajes -que sin duda nos recuerdan a personas que conocemos- es perfectamente normal, pero sus sensaciones no lo son. Asisten a escenas que no vemos o nos parecen imposibles, perciben cosas que no percibimos, están llenos de secretos…; aunque, bien mirado, ¿no es también así en la vida real?

José Ovejero. Fotografías por Nacho Goberna © 2024.


Vibración ha sido publicada por Galaxia Gutenberg.

Las fotografías fueron tomadas por Nacho Goberna en una visita de José Ovejero a Madrid.


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