Foto cabecera © Greta De Lazzaris /

Emma Rodríguez © 2024 / 

Maria Cristina se deja llevar en medio del viento y del frío, cierra los ojos como si no fuera a abrirlos nunca más, siente un dolor desgarrador y la abruma la repentina y clara conciencia de que no entiende nada, de que no conoce a las personas, de que es como un corcho que va y viene a merced de las olas…

Antes de empezar a escribir este texto sobre La vida íntima del escritor italiano Niccolò Ammaniti he pasado rápidamente sus páginas para refrescar las ideas, para recordar los fragmentos subrayados durante la lectura, y he elegido este párrafo como arranque, entre otros muchos posibles, porque para mí esta novela es la historia de un despertar, de la toma de conciencia de una mujer que se da cuenta de que lo importante es vivir con autenticidad, aceptando la vulnerabilidad, la imperfección, el dolor… Cautivadora, divertida, aparentemente ligera, pero capaz de conducirnos a la reflexión profunda sobre el mundo que habitamos, esta historia que no podemos parar de leer, traza un certero, afilado, retrato de un presente en el que las pantallas, las redes sociales, actúan como un muro que, cada vez más, nos aísla de la realidad en el sentido de inmunizarnos frente a ella, de convertirnos en meros espectadores.

Aunque muchos de los libros de Niccolò Ammaniti (Roma, 1966) han sido publicados por Anagrama, yo acabo de descubrirlo con esta entrega que me llamó la atención por los temas que aborda: las apariencias, los engaños, la excesiva influencia de los gurús tecnológicos… Fue suficiente para que me adentrase en sus páginas, para despertar mi curiosidad por la obra de este autor con una larga y fructífera trayectoria a sus espaldas, avalada con los principales premios literarios en su país (el Strega, el Viareggio), así como por la adaptación de algunas de sus novelas al cine y a series de televisión, caso de Tú y yo, que llevó a la gran pantalla Bernardo Bertolucci, o de Anna, dirigida por el propio autor a raíz de su novela del mismo título, que, capítulo a capítulo, durante 2021, mantuvo en vilo a los espectadores italianos con la trama de un virus mortal, una historia fraguada por el autor antes del estallido de la pandemia de Covid-19.

La capacidad del escritor para trazar un retrato certero de la Italia contemporánea desde distintos ángulos, uno de los aspectos que más se destacan en las críticas sobre su obra, es evidente en esta novela que traspasa las fronteras de su lugar de origen. La vida íntima es una entrega que actúa como un espejo. Las contradicciones, las distorsiones, de nuestro tiempo, quedan expuestas a través de las vivencias de la protagonista, Maria Cristina Palma, la esposa de Domenico Mascagni, un primer ministro italiano que no atraviesa sus mejores momentos en cuanto a popularidad. Ella, una ex modelo que ha sido elegida la mujer más bella del mundo, puede hacer que las cosas cambien a través de una serie de acontecimientos trepidantes que se van sucediendo durante un corto periodo de tiempo. 

Los diálogos ágiles, la tensión narrativa, el tono de comedia, la originalidad con la que el propio autor se introduce en la historia y entabla un diálogo con los lectores, son elementos que convierten en especial esta novela que se lee con placer. A título personal, como ya os he dicho, llegó a mis manos por sus temas, pero también hubo una suerte de intuición al elegirla, pues en ese momento necesitaba algo de ligereza, de frivolidad incluso. Teniendo muy claro que hay que hacer caso a los deseos, a los estados de ánimo, a la hora de emprender la lectura, abrí sus páginas y agradecí la diversión que me proporcionaba; pero pronto fui consciente de que la atracción que ejercía sobre mí tenía que ver con otras muchas cosas. El mérito de Ammaniti, de hecho, está ahí, en atraparnos en las tramas de una historia jovial que, en el fondo, es una convincente sátira social capaz de visibilizar y desmontar estereotipos, cargada, a la vez, de una gran carga de humanidad.

LA CAPACIDAD DE NICCOLÒ AMMANITI PARA TRAZAR UN RETRATO CERTERO DE LA ITALIA CONTEMPORÁNEA ES EVIDENTE EN ESTA NOVELA QUE TRASPASA LAS FRONTERAS DE SU LUGAR DE ORIGEN. «LA VIDA ÍNTIMA» ES UNA ENTREGA QUE ACTÚA COMO UN ESPEJO QUE REFLEJA LAS CONTRADICCIONES, LAS DISTORSIONES, DE NUESTRO TIEMPO.

¿Cuáles son esos estereotipos, o mejor esos mitos de la actualidad, a los que me refiero? Fundamentalmente el del culto a la belleza, a la juventud, a la perfección. La protagonista de esta novela es el modelo de la mujer objeto, de la mujer florero, nacida para gustar, para complacer a los demás. En tiempos de indudables avances feministas seguimos viendo, a través de la prensa rosa, de revistas y suplementos dominicales, de programas televisivos, de redes tan adictivas como Instagram, representaciones de mujeres así, en sus casas perfectas, en sus mundos de ensueño. Puede ser una modelo, una actriz, una influencer, una empresaria, una rica heredera, la hija o la mujer de alguien poderoso convertida en foco mediático…

Maria Cristina Palma tiene todos los bienes materiales, todo el lujo, a su disposición para ser feliz, pero no lo es; representa todo lo que tanta gente parece admirar, querer imitar; al tiempo que es repudiado, considerado obsceno desde otros ángulos, bajo otras miradas. Es un personaje irreal, construido a base de imposturas, de maquillaje, que esconde a una mujer herida, marcada por un pasado de tragedias que no se atreve a mirar de frente, anestesiada, incapaz de reconocerse, de saber quién ha sido, quién es realmente. Ammaniti se vale de ella para hablar de las sociedades de la apariencia, del escaparate, donde las vidas están expuestas continuamente, donde lo que importa es lo que se ve, lo que se muestra, independientemente de su veracidad. 

Llegada a este punto me permito reflexionar sobre la importancia que se sigue dando al aspecto físico en la mujer, sobre las imágenes erróneas de belleza vendidas desde el mundo de la moda, de la publicidad, del espectáculo. Las mujeres han demostrado que pueden ser magníficas profesionales en cualquier campo, pero se sigue valorando que sean guapas, jóvenes, sumisas; mensaje que la propaganda patriarcal sigue proclamando aún hoy, y que, sin duda, ha sido inoculado con tal profundidad que sigue calando en el tejido social. Como señala la escritora Siri Hustvedt, en uno de sus ensayos sobre la misoginia, la autoridad de la mujer «se tolera mejor si se muestra cooperativa, si suaviza sus conocimientos con sonrisas, miradas deferentes y complacientes o, mejor aún, si atribuye el mérito de su trabajo a otras personas o declara que ha sido muy, pero que muy, afortunada«.

Volviendo atrás, a los estereotipos femeninos, recuerdo que hace poco el tema salió a la luz a propósito de una miniserie en la que la actriz Kate Winslet aparecía con sus arrugas, sin maquillar, con aspecto descuidado, al interpretar a una policía de pueblo en la miniserie Mare of Easttown. La poca costumbre de ver a la actriz alejada del glamour, tal cual es a sus cuarenta y tantos años, sin retoques digitales de ningún tipo, hizo correr ríos de tinta e incluso hubo quienes queriendo utilizar el ejemplo para criticar los estereotipos, los prejuicios al respecto, acabó enredándose, argumentando desde los mismos, definiendo a la actriz desde connotaciones tan negativas como gorda y vieja. Un ejemplo de la manera en que se filtran, se pegan, determinadas ideas.

La protagonista de esta novela es el modelo de la mujer objeto, de la mujer florero, nacida para gustar, para complacer a los demás. Maria Cristina Palma representa todo LO que tanta gente parece admirar, querer imitar; al tiempo que es repudiado, considerado obsceno desde otros ángulos, bajo otras miradas.

En La vida íntima todo gira en torno al personaje central, pero a su alrededor late toda una sociedad, un país, una clase política que acaba admitiendo como un mal menor el recurso a la mentira, al cinismo; el juego de los algoritmos, la construcción de relatos falsos, tendentes a sostener el poder. Todo vale con tal de posicionarse bien en las encuestas, de seguir convenciendo a la opinión pública. Las fronteras entre seducir y engañar están cada vez más diluidas. Las estrategias de comunicación lo determinan todo, construyen un mundo paranoico en el que se busca mover, en una u otra dirección, las emociones de la ciudadanía.

En la novela adquiere relevancia la figura de El Bicho, quien dirige el gabinete de prensa del primer ministro italiano y es una especie de oráculo para él. Se trata de un personaje que no se deja ver, que se mantiene oculto, sin rostro, analizando constantemente “el flujo y polarización de la opinión”, al mando de “herramientas de monitorización”, que permiten “entender los sentimientos de los usuarios y anticipar sus comportamientos”. Es él quien maneja lo que debe hacer y decir en cada momento Maria Cristina, cómo debe vestir y peinarse… “¿Es mi pelo un peligro para la estabilidad del gobierno?”, llega a preguntar ésta, ya en fase de cierta rebelión, mucho antes de su encuentro con el enigmático personaje, uno de los momentos más disparatados e intensos de la novela. 

Niccolò Ammaniti en Final del Premio Chiara 2012. Foto (Creative Commons) por Asociación de Amigos de Piero Chiara.

Ese encuentro tiene que ver con un giro radical que cambia la vida de la mujer del primer ministro, cuando se ve expuesta a un vídeo pornográfico, que protagonizó en su juventud, un divertimento con Nicola Sarti, un antiguo novio –personaje curioso, capaz de confundir, con la habilidad de influir en ella y en el discurrir de los acontecimientos– con el que se reencuentra y que se convierte en el detonante de su toma de conciencia, del despertar al que me refería al principio del texto. Todo puede irse al traste, su imagen, su reputación, su matrimonio, el afecto de su querida hija… Pero lo que para ella es lo más terrible que puede suceder, para El Bicho es una oportunidad para hacer olvidar todos los errores del marido y ganar las elecciones gracias a la complicidad de la gente, sobre todo del electorado femenino, que rechazaría de plano la utilización del vídeo como chantaje.

En «La vida íntima» todo gira en torno al personaje central, pero a su alrededor late toda una sociedad, un país, una clase política que acaba admitiendo como un mal menor la construcción de relatos falsos, tendentes a sostener el poder. Todo vale con tal de posicionarse bien en las encuestas.

 “Tendría un impacto global, se difundiría a velocidad supersónica, en seis horas llegaría a todo el mundo y se vería más veces que ningún otro vídeo jamás hecho por un ser humano, subvertiría todas las reglas y estrategias comunicativas, todas las campañas electorales (…) Tú, virgen de infinita hermosura, esposa callada, madre atenta, violada y chantajeada por el diablo, expuesta al mundo en su intimidad como una santa al martirio. El amor de la gente te envolvería y sanaría todas las heridas…”, argumenta el gran experto en estrategias comunicativas.  

Niccolò Ammaniti lleva al extremo las paranoias del presente, destapa la crueldad, la falta de rumbo de un mundo en el que todo es susceptible de convertirse en una farsa, donde pocos representantes públicos mantienen la coherencia y se abstienen de defender posturas que poco antes rechazaban, o viceversa, únicamente por seguir las cambiantes corrientes de la opinión pública, de los poderes mediáticos.

Este libro del que os estoy hablando, es capaz, en mi caso, de llevarme a hechos cercanos y a otras ficciones que tanto reflejan el ahora y que me han impactado especialmente, caso del primer episodio de la visionaria serie televisiva Black Mirror. Un episodio grotesco donde, para liberar del secuestro a una princesa de la familia real, un primer ministro británico es chantajeado y obligado a mantener sexo con un cerdo, mientras es grabado para ser visto por miles de espectadores. ¿Dónde están los límites ante la sobreexposición a la que cada vez más estamos sometidos? ¿Hasta qué punto estamos inmunizados frente al horror? ¿Cuánto de nuestra vida, de nuestra intimidad, estamos dispuestos a vender? ¿Dónde ha quedado nuestro respeto hacia la vida de los otros, que consumimos con total naturalidad?

Hay un interesante ensayo de la autora argentina Julia Lescano, titulado Vida escaparate, al que me he referido en otro artículo de Lecturas Sumergidas, que aborda con lucidez todos estos temas que asoman, con las herramientas de la ficción, en La  vida íntima, novela en la que, por encima de todo, planea, como os decía, una luminosa carga de humanidad. La historia que se nos cuenta se va engrandeciendo a medida que el escritor va explorando la mente de su protagonista, sus registros interiores, sus secretos más ocultos, sus pensamientos, sus miedos… Hay una entrevista que se convierte para ella en todo un desafío, en una vuelta de tuerca, donde Maria Cristina acaba demostrando que no es una tonta, ni una frívola, ni una belleza vacía. Hay una reveladora vuelta al pasado en el que la protagonista, a la que los italianos han bautizado como “Maria Tristina” por las tragedias que envuelven su vida, se enfrenta a algo de lo que lleva huyendo desde siempre, la muerte de su hermano Alessio en el mar Egeo…

Suceden muchas cosas en esta novela que tanto nos hace reír y que tanto refleja las derivas del presente, pero hay un momento clave en el que se toma conciencia de la fuerza de la aceptación, de la verdad, de la imperfección, de la fragilidad. El mensaje le llega a Maria Cristina Palma de un modo inesperado y se convierte en una llave para abrir todo lo que ha estado cerrado, silenciado, oprimido; para desbloquear la vergüenza, la culpa, incluso el temor a ser insultada, destrozada por la posible difusión del comprometedor vídeo. El miedo acaba donde empieza la verdad, leemos en un momento dado. Y pensamos en el efecto liberador que tiene la frase. He aquí el sentido más hondo de esta novela que tanto nos acerca a lo que estamos viviendo sin aún ser capaces de reconocer del todo sus efectos.
 
La vida íntima, de Niccolò Ammaniti ha sido publicada por Anagrama, con traducción de Juan Salmerón Arjona.


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