Categoría: De Tierra Fuego a Tijuana

De Tierra Fuego a Tijuana

Ruta Sumergida en la Literatura Latinoamericana
10.000 kilómetros de creciente, edición tras edición, travesía lectora

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¿Recuerdas? «Farabeuf», de Salvador Elizondo

Alberto Trinidad © 2019 /¿Recuerdas? El viento comenzó a excitarse a primera hora de la tarde, fui consciente de ello por el golpeteo que la ventana (que no me había decidido a cerrar todavía) ocasionaba intermitentemente sobre su quicio una vez tras otra. Yo me había sentado a la mesa del escritorio a escribir mi artículo para el próximo número de la revista Lecturas Sumergidas, que trataría sobre Farabeuf, el artefacto literario de Salvador Elizondo. No lo habrás olvidado porque fuiste precisamente tú, durante una mañana de verano, quien me descubrió el libro depositándolo sobre la arena de una playa…

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Antonio Ortuño: «La vida del escritor suele ser, por lo general, patética»

Por Emma Rodríguez © 2017 /  Escribiendo relatos es muy conciso, mide las palabras, pero hablando su discurso resulta torrencial. Como interlocutor Antonio Ortuño es muy generoso. Le gusta explicarse largamente, ofrecer argumentos, hacerse entender. Su última entrega, La vaga ambición, resulta sorprendente por la originalidad, autenticidad, ironía y lucidez con que se ahonda en la grandeza y la miseria del oficio de la escritura…

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Laura Restrepo: “En esta época la acechanza del mal se siente muy fuerte”

Por Emma Rodríguez © 2016 /
Asegura la autora colombiana Laura Restrepo (Bogotá, 1950) que en el presente se dedica a escribir lo que vivió en el pasado. Entusiasta, decidida, vehemente, esta mujer acostumbrada a bregar en mil batallas, que en la década de los 80 participó activamente en las negociaciones con la guerrilla para alcanzar la paz en su país, llegó a la literatura porque el periodismo se le quedó corto para contar lo que quería contar, para explorar más hondamente los aconteceres, los conflictos, las pasiones y contradicciones del ser humano…

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Samanta Schweblin: “La espuma de los días”, de Boris Vian, me impulsó a escribir”

Por Emma Rodríguez © 2015 / 
Solemos mirar a las cosas, a las personas, desde los ángulos más cómodos y correctos, pero basta un ligero movimiento, un cambio de posición, para que las percepciones se modifiquen. En los relatos que componen Siete casas vacías Samanta Schweblin consigue alterar los puntos de vista para acceder a zonas de una perturbadora extrañeza. Las piezas que componen el libro con el que la autora argentina se alzó con el IV Premio de Narrativa Breve Ribera del Duero, tienen en común la exploración de los límites entre la normalidad y la locura…

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Julio Ramón Ribeyro: Un hombre a un cigarrillo pegado

Por Javier Goñi © 2015 / Así lo recuerdo. Un hombre a un cigarrillo pegado. Enflaqueciendo las mejillas. Absorbiendo –con rabia, con convicción, tanto da- el humo de su cigarrillo. Entonces, se fumaba en las librerías, se fumaba en todas partes. Se fumaba. El equipo de TVE –principios de los años ochenta, no había otra televisión-, abundante. Abundante como si fuera el Real Madrid en estado de gracia…

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Octavio Paz: una mirada sostiene en vilo al mundo

Por José de María Romero Barea © 2015 / Mi primer contacto con la poesía de Octavio Paz (México 1914  –  1998) fue la lectura del poema “Piedra de sol”. Aún recuerdo el impacto de su lenguaje visionario, de marcada influencia surrealista, de una poesía que es “una mirada que sostiene en vilo/al mundo con sus mares y sus montes, /cuerpo de luz filtrada por un ágata/piernas de luz, vientre de luz, bahías/roca solar, cuerpo color de nube”…

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Inmersión en Roberto Bolaño

Por Emma Rodríguez © 2015 / Una y otra vez en sus cuadernos anotó Roberto Bolaño que se sentía feliz, feliz escribiendo, feliz ante la libertad que le proporcionaba la hoja en blanco. La escritura era para él una especie de anarquía total, porque no había reglas ni imposiciones, porque ante las palabras, las invenciones, se sentía ajeno a las miserias de lo cotidiano y olvidaba los malos momentos, las precariedades económicas, los exilios, las orfandades, las ciudades dejadas atrás y los amigos diciendo adiós en tantos lugares y geografías hirientes…

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Adolfo Bioy Casares: la ficción seductora

Por Emma Rodríguez © 2015 / Hay viajes y nombres de la literatura que se convierten en territorios sagrados, en lugares que se quedan registrados en la memoria como mágicos, especialmente placenteros, reveladores. Son lugares que no desaparecen, que pasan a formar parte de lo que somos, de la misma manera que los paisajes que nuestros ojos vieron por primera vez con conciencia de estar asistiendo al nacimiento de algo nuevo, igual que esas poderosas vivencias de los afectos que experimentamos un día y que, de algún modo, siempre seguimos buscando. Adolfo Bioy Casares es para mí uno de esos lugares…

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El otro, Borges y yo

Por Clara Obligado © 2014 / Hay un cuento de Borges, que se llama «El otro», en el que el autor, ya viejo, se encuentra con un muchacho que es él, pero de joven. El texto dice: «al recordarse, no hay persona que no se encuentre consigo misma». Así me siento yo al escribir estas líneas donde me veo con poco más de veinte años y a Borges muy anciano, casi en la proporción y distancia del cuento aunque, en realidad, no era tan viejo, tendría unos 70 y aún viviría una quincena más. Sucedió en Buenos Aires, y el clima de mi historia es el previo al golpe militar del general Videla…

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Carta a Julio Cortázar a propósito de los 50 años de “Rayuela”

Por Emma Rodríguez © 2013 /
Querido Julio Cortázar, quizás esta carta tendría que habértela enviado hace muchos años, cuando leí por primera vez “Rayuela”. Te hubiera contado entonces que durante un par de semanas casi no salí de mi oscura habitación de estudiante, que me olvidé de las clases, de los amigos, de cualquier tipo de compromiso cotidiano, y me sumergí de manera febril en el mundo caótico de Oliveira, de La Maga, de todos los miembros del Club de la Serpiente, respirando, primero, las atmósferas de París cuando llovía: la humedad del río, el aliento a alcohol y tabaco de las buhardillas… Y después los ambientes más abiertos, calurosos, de un Buenos Aires lleno de pliegues, de huecos, de pasadizos hacia el otro lado. Ambientes de circo y de psiquiátrico. Puentes de madera improvisados, palanganas de agua como muro defensivo ante el miedo…