Acerca de Emma Rodríguez

Emma Rodríguez © karina beltrán. 2013

Hola, soy Emma Rodríguez, directora de Lecturas Sumergidas. Nací un 13 de junio en Buenavista, el pueblo más al norte del Norte de la isla de Tenerife, un entorno agreste, asilvestrado, con vistas a los impresionantes acantilados de Los Gigantes desde la Punta de Teno, el lugar donde se juntan los dos mares de un océano, la bravura y la calma. Estudié Periodismo en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid y, en contra de la opinión generalizada, me encanta ese edificio gris de tan marcada personalidad.

Después de unos primeros años como “free-lance”, una situación que disfruté, escribiendo artículos de cultura y sociedad para publicaciones diversas (entre ellas los periódicos “Ya” y “Diario 16” y las revistas especializadas “Quimera”, “Qué Leer” o “DeLibros”) entré a formar parte del equipo del diario “El Mundo” desde su nacimiento. Allí trabajé durante 23 años como redactora especializada en libros en la sección de Cultura, a excepción de un período como coordinadora del suplemento “La Esfera”. Durante todo ese tiempo tuve la oportunidad de entrevistar a algunas de las personalidades más atrayentes de la literatura y el pensamiento, desde Gabriel García Márquez a Roberto Bolaño, quien siempre me decía que mi letra tenía la cadencia de las olas, pasando por Adolfo Bioy Casares, Ernesto Sábato, José Saramago, Michael Ende, Günter Grass, Miguel Delibes, Francisco Ayala, Salman Rushdie, Mario Vargas Llosa, Augusto Monterroso, Juan Marsé, Emilio Lledó, Carlos Fuentes, Carmen Martín Gaite, Josefina Aldecoa, Camilo José Cela, Francisco Umbral, José Luis Sampedro, Ana María Matute, José Manuel Caballero Bonald, Javier Marías, Antonio Lobo Antunes, Gay Talese, Bret Easton Ellis, Martin Amis… La lista sería interminable y no precisamente los más célebres han sido los que más huella me han dejado. Ahí debo añadir a cuatro autores, todos de mi tierra, que no puedo olvidar: Isaac de Vega, Rafael Arozarena, Domingo Pérez Minik y Manuel Padorno, con el que charlé largamente en una casa con vistas al mar que me daba la impresión de navegar en un barco. Muchos de los citados ya no están, pero recuerdo las circunstancias de los encuentros, el impacto de sus palabras, la manera en que me ayudaron a crecer y a amar un género como la entrevista. En la actualidad (2015) también realizo colaboraciones para la revista cultural TURIA y para EL PAÍS SEMANAL.

Curiosa, soñadora, reflexiva, disfruto leyendo, paseando, compartiendo pensamientos. Aunque me resulta muy difícil elegir, si me preguntan por mi película, mi compositor, mi pintor y mi serie favorita digo: “El río”, de Jean Renoir; Erik Satie; Marc Rothko y “Star Trek”, en todas sus variantes -si de mí dependiera la introduciría en los planes de estudio-.

¿Y un libro, un escritor? Muchos, de unos cuantos de ellos os iré hablando en estas “Lecturas Sumergidas.

Fragmento de la entrevista realizada a Emma Rodríguez -directora de Lecturas Sumergidas- por el Escritor y Poeta Manuel Rico, y publicada por el diario digital Nueva Tribuna el 13 de Febrero de 2014:

Manuel Rico: La literatura de calidad va perdiendo espacio en las mesas de novedades de las librerías, sobre todo de los grandes almacenes. El best-seller de encargo, las tramas vaticanas o catedralicias, las novelas pensadas para convertirse en series de tv o las series que se convierten en libros ocupan un lugar cada vez más amplio y significativo en esas mesas. ¿Cómo ve Lecturas ese fenómeno? ¿Y el panorama editorial?

Emma Rodríguez: Te voy a contar una anécdota que expresa muy claramente cómo ha ido cambiando el panorama. Un día descolgué el teléfono y cuando escuché, por enésima vez, que alguien me intentaba vender una novela con el argumento de que llevaba vendidos miles de ejemplares, no pude evitar el enfado y le contesté que me llamase cuando tuviese algo más que decirme del libro en cuestión. Cuando empecé en el periodismo cultural, hace ya más de 20 años, desde las editoriales aún te intentaban convencer de la calidad de un autor hablándote de la originalidad de su estilo o de la historia que había escrito, pero a partir de un momento determinado, que no puedo concretar en el tiempo, el argumento cambió completamente: la calidad, la originalidad, se dejaron de lado. Sólo importaba el número de ejemplares vendidos o los idiomas a los que iba a ser traducido un libro en concreto. Ese cambio, ese fenómeno, está ahí. Es fruto de las sociedades en las que vivimos. Las mesas de novedades de las grandes librerías se llenan exclusivamente de best-sellers. Se busca vender, se promueve el oportunismo, se ignora el libro de calidad, diferente. Pero también es cierto que cada vez hay más pequeñas librerías, independientes, que ofrecen otras cosas y que están conectando con ese público inquieto del que hablábamos antes. Es el modelo de Tipos Infames en Madrid, un lugar al que puedes ir, tomarte un café o una copa y dejarte seducir por los libros, magníficamente seleccionados. Cada vez están surgiendo más iniciativas de este tipo en toda España y a la vez otras librerías de toda la vida se están renovando, activando, ofreciendo atractivas actividades paralelas que acercan a los autores a su público, caso de la Rafael Alberti o de la Antonio Machado, en Madrid, o Jarcha, en Vicálvaro, un magnífico ejemplo de la fuerza que generan los libros, la cultura, en la vida de un barrio. Hay espacios muy interesantes, sí. También está La Central, en Madrid, en Barcelona, un lugar dinámico, de encuentro, de actividades, en el que los libros se convierten en toda una tentación. Acudir a cualquiera de estos sitios, y hay muchísimos más, es un verdadero placer…