Borja Hermoso, entrevista a entrevista, una conversación infinita

Foto Cabecera por Gorka Lejarcegi /

Emma Rodríguez © 2023 /

En un presente en el que tanto se opina, en el que tanto se miente; cuando la capacidad de la escucha parece estar debilitándose, se agradece recorrer las páginas de un libro lleno de diálogos en profundidad. La conversación infinita me parece un hermoso título para un compendio de entrevistas realizadas a lo largo del tiempo por Borja Hermoso. Con una amplia experiencia a sus espaldas, actualmente en activo en el equipo de “El País Semanal”, el periodista recopila sus encuentros con destacados protagonistas de distintos ámbitos de la cultura y de la ciencia. Cada uno de los capítulos de esta entrega, publicada por Siruela, cuenta una historia, un trayecto vital, una experiencia, pero en conjunto el recorrido se recibe como un hilo de diálogos sobre el presente, como una ventana abierta al mundo.

Es precisamente en la coherencia del trazado, en la unidad que va marcando el trayecto, donde radica el mérito y uno de los principales atractivos de la obra. Cada pieza por separado resulta sugerente; dependiendo de las querencias de cada cual unas lo serán más que otras, pero es el conjunto, el percibirlas como un todo, lo que realmente convierte la lectura en un disfrute. Entrevista a entrevista, Hermoso va construyendo una especie de mapa del ahora, entre luces y sombras, atravesado de senderos existenciales, espirituales. Lo que al parecer persigue una y otra vez el entrevistador es acceder al corazón de sus personajes, saber cuáles son los aprendizajes esenciales de sus trayectos; conocer cómo se sitúan ante la actualidad.

La creación como resistencia, como salvación; los desafíos de las sociedades de hoy, sometidas a la velocidad tecnológica, a los nuevos modos de comunicación, de relación; las vivencias transformadoras, son algunos de los temas-puente que conectan a los entrevistados, en total 28, empezando por el filósofo George Steiner y finalizando con la doctora en Neurociencia Nazareth Castellanos, dos intercambios, dos cercanías, que, a mi parecer, se encuentran entre las más interesantes aportaciones de este libro que incluye también reveladoras charlas con Jürgen Habermas, Gilles Lipovetsky, Adela Cortina, Marie-France Hirigoyen, Gao Xingjian, António Lobo Antunes, Javier Marías, Alberto Corazón, Clara Janés, José Ángel González Sainz, Juan Marsé, Pablo d’Ors, Irene Vallejo, Roberto Saviano, Philippe Lançon...

La creación como resistencia, como salvación; los desafíos de las sociedades de hoy, sometidas a la velocidad tecnológica, a los nuevos modos de comunicación, de relación; las vivencias transformadoras, son algunos de los temas que conectan a los 28 protagonistas de “La conversación infinita”.

Comparto con Borja Hermoso, con quien he trabajado, a quien conozco, el gusto por la entrevista detenida, pausada, preparada con antelación, con calma. Sé de su curiosidad y profesionalidad, de lo mucho que se preocupa por conocer a fondo a las personas que le abren las puertas de sus casas, de su intimidad, que le permiten acceder a sus conocimientos, a sus descubrimientos a lo largo de la vida, a sus trabajos, a sus búsquedas creativas. 

La entrevista tiene que ver con la curiosidad y con la capacidad de escucha, pero también con la necesidad de saber, de aprender de los otros, de admirarse. Todo va unido, en realidad. La entrevista tiene que ver con la complicidad y con la práctica de una cierta lentitud, tanto en el tiempo destinado a la misma (hablamos de encuentros presenciales) como en el posterior montaje o escritura, dependiendo del medio; algo que demasiado periodismo actual parece haber olvidado, más preocupado por el número de clics que reciben las publicaciones que por el interés de los contenidos.

La buena entrevista, en mi opinión, también exige buenas dosis de respeto y humildad. Lo primero tiene que ver con el acercamiento al entrevistado desde el conocimiento de sus quehaceres, de sus obras, de sus vicisitudes y logros; lo segundo atañe al lugar que se ha de ocupar, un discreto segundo plano, lo cual no impide que quien pregunta introduzca sus reflexiones y sus dudas (reflexiones y dudas de las que, posiblemente, se sentirán cómplices muchos lectores, oyentes, espectadores). 

Los textos de Borja Hermoso (San Sebastián, 1963) son un ejemplo de todo lo dicho. En el prólogo de la entrega, el profesor italiano Nuccio Ordine, recientemente fallecido –una gran pérdida para las humanidades– se refiere, no sin razón, a que “una entrevista es siempre una ocasión para hablar de uno mismo, un pretexto para relatar fragmentos de vida y de cotidianidad, una oportunidad para aclarar el propio pensamiento, o, mejor aún, para descubrir indicios sobre la misteriosa relación entre autor y obra”.

Quienes cultivamos la entrevista agradecemos enriquecernos –lo cual sucede a menudo y en ocasiones se convierte en todo un regalo– con las palabras, saberes y revelaciones de las personas a las que nos aproximamos, pero no son pocas las ocasiones en que un entrevistado llega a la conclusión de que determinadas preguntas, observaciones, le han llevado a captar obsesiones, visiones, ocultas en sus creaciones. Puede ser mérito de quien las plantea, pero, en gran medida, el milagro lo obra la conversación, el tiempo detenido, dedicado en exclusiva a la indagación a través del cruce de pareceres.

Borja Hermoso toma al lector de la mano y lo conduce al interior de una variada pinacoteca, en la que cada entrevista corresponde a un “retrato” que, en el transcurso de la conversación, acaba transformándose en un “autorretrato”, pintado con palabras del mismo entrevistado”, señala Ordine, quien se refiere a una de las claves ya mencionadas de la entrega, el reflejo de “algunos de los grandes temas que afligen nuestro presente”.

El autor de La utilidad de lo inútil, gran defensor de los clásicos y su capacidad para enseñarnos a vivir bien, honestamente, alude a los logros de este libro de conversaciones, capaz de transmitir, a través de diálogos que se van sucediendo, “tragedias colectivas y tragedias personales”, historias de superación y de supervivencia en las que, muchas veces, de fondo, planea la violencia. Borja Hermoso entrevista, por ejemplo, a una superviviente de los campos de exterminio nazi, la escritora húngara Magda Hollander-Lafon, autora de obras como Cuatro mendrugos de pan; escucha al escritor italiano Roberto Saviano contarle la  historia de persecución a la que se ha visto sometido por parte de la Camorra napolitana, a raíz de la publlicación de su libro Gomorra; se acerca al estremecedor testimonio de Philippe Lançon, periodista y escritor, superviviente del atentado (7 de enero de 2015) contra la publicación satírica francesa “Charlie Hebdo”, en el que murieron compañeros y amigos.

En el Prólogo el ensayista italiano Nuccio Ordine alude a los logros de este libro de conversaciones, capaz de transmitir, a través de diálogos que se van sucediendo, “tragedias colectivas y tragedias personales”.

Particularmente esta entrevista, en la que el protagonista recobra lo que sucedió aquel día terrible y sus vivencias posteriores (nueve meses en hospitales y dieciocho operaciones tras haber sufrido terribles heridas en el rostro), se cuenta entre las que más me han impactado. Lançon, que ha dejado París y se ha trasladado a vivir a Roma, ha escrito un libro sobre todo ello (Le lambeau, El colgajo) del que habla con el periodista. “Regreso poco a poco, con distancia, a una vida que ya no es la misma porque yo no soy el mismo (…) La idiosincrasia del atentado es una irrupción violenta y totalmente imprevista que destruye la continuidad de la vida (…) Porque hay algo que quedó destruido, y aquí no hablo de lo físico, sino de lo existencial”, confiesa, refiriéndose a la literatura como un proceso a través del cual “el escritor chupa la vida porque su misión es restituirla bajo una forma literaria” y posteriormente “la escupe”.

Otra experiencia transformadora es la que le revela a su interlocutor Magda Hollander-Lafon (Záhony, Hungría, 1927), quien no duda en afirmar que el infierno existe y que ella estuvo allí, concretamente pasó por “cinco infiernos sucesivos”, como señala Hermoso, por cinco campos de exterminio nazis. “Incluso allí, en los campos de concentración, todo el mundo quería vivir, se aferraba a la vida” (…) “Me salvó la bondad de algunas personas y hacerme preguntas” (…) “Fue en aquellos momentos, al salir de Auschwitz, cuando quise morir. En Auschwitz no, pero al salir sí. Pero un día me dije que no podía seguir concediéndole a Hitler el poder sobre mi vida”, recojo algunos fragmentos significativos.

Todas las piezas mencionadas se incluyen en el apartado cuarto del recorrido, titulado Exorcismo y terapia: Vivir para contarlo. A él pertenece también una charla con Irene Vallejo, la autora de El infinito en un junco, un éxito editorial inesperado que cambió su vida, un ensayo luminoso levantado pese a las dificultades (los cuidados de un hijo discapacitado; las consecuencias que ello tiene en el plano laboral…) Vallejo, como otros de los entrevistados, habla del efecto liberador, salvador, de los libros, de la escritura. “Los libros son espitas para que las ollas a presión no estallen”, apunta.

Irene Vallejo. Foto por Jorge Fuembuena.

He aquí uno de los pilares de esta entrega que resulta profunda y muy amena en su diversidad. La mayoría de las entrevistas fueron experiencias positivas para el autor, pero también hubo encuentros incómodos, como el que mantuvo con Ernesto Cardenal (del que queda registro en el apartado tres del recorrido, De lo espiritual como opción). El poeta nicaragüense, fallecido en 2020 (la entrevista es de 2012), se negó a responder preguntas que no le gustaban, pero, aún así, hizo comentarios sin duda interesantes, a favor de la subversión, de la revolución que practicaba Jesús, de la necesidad de ejecutar cambios políticos y sociales de calado para hacer que otro mundo sea posible.

Todas las entrevistas que componen el volumen han sido publicadas en las páginas de cultura de “El País”, salvo la del escritor portugués António Lobo Antunes, realizada para “El Mundo”. En ellas se aprecia el cuidado estilo del periodista, su capacidad para el hallazgo, la acertada distancia desde la que se sitúa, la admiración que siente por muchos de sus entrevistados, y que, en gran medida, ya queda marcada en la selección de los perfiles elegidos. Borja Hermoso se vale de todo ello y de un trabajo previo de lectura, de investigación, para tirar del hilo, para alargar la conversación, para acceder a paisajes interiores, no siempre de fácil acceso.

La mayoría de las entrevistas fueron experiencias positivas para el autor, pero también hubo encuentros incómodos, como el que mantuvo con Ernesto Cardenal. El poeta nicaragüense se negó a responder preguntas que no le gustaban.

Destaca Nuccio Ordine el don del periodista para “conjugar actualidad y pensamiento, saber y vida civil. No olvida que la entrevista es también “un cuerpo a cuerpo con el interlocutor, una manera de acosarlo con preguntas, a veces insidiosas o impertinentes, para invitarlo a decir lo indecible, para empujarlo a mostrarnos lo invisible”. Señala que en ese “cerrado enfrentamiento también quien interroga,a  su vez, termina inevitablemente por descubrir sus cartas, por revelar su visión del mundo”. 

Lo que expresa el profesor italiano se aprecia en el recorrido que nos ocupa. Borja Hermoso rebate ideas, pregunta y vuelve a preguntar las veces que haga falta para que las posiciones de sus protagonistas ante determinadas cuestiones queden claras. Ordine habla de la impertinencia como rasgo que identifica a quien entrevista, yo añado tacto, suavidad, habilidad para generar confianza. En la presentación reciente de La conversación infinita en una librería madrileña, su autor se refería a la necesidad de “vencer el pudor” para dialogar con personas que muchas veces “llevan a sus espaldas experiencias muy traumáticas”, para adentrarse y reflejar las interioridades, los matices, de “vivencias complejas”. 

Al principio de este artículo, de esta Ventana abierta a los territorios del presente, a través de la conversación infinita de Borja Hermoso, os decía que para mí los encuentros con George Steiner, que abre el recorrido, y con Nazareth Castellanos, que lo cierra, se encuentran, además de los ya citados, entre los más interesantes del camino. El primero me aporta lucidez, sabiduría; la segunda me abre las puertas a temas que desconocía sobre las interacciones entre el cuerpo y la mente. 

En la charla con Steiner, que se incluye en el apartado primero (La selva de las ideas), el periodista nos cuenta que, tras intentos previos, hubo de enviar una carta postal al célebre filósofo y especialista en Literatura Comparada, para que accediese a concederle la entrevista, cuando ya casi había perdido la esperanza, debido a su delicada salud. El encuentro tuvo lugar en 2016 en Cambridge. A sus 88 años, Steiner le hizo saber a su compañero de charla que en ese momento lo que más le perturbaba era el miedo a la demencia y que para evitar que lo sorprendiese cada día cogía un libro y traducía un pasaje a los cuatro idiomas que controlaba (inglés, francés, alemán e italiano). 

Llevo dentro de mí mucha poesía; es, como decirlo, las otras vidas de mi vida”, le confesó también, en una conversación muy cercana, muy apegada al viaje personal y a la observación de la actualidad. “Estamos matando los sueños de nuestros niños” (…) “Los jóvenes ya no tienen tiempo…de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy” (…) “No hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Sólo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial”… 

A sus 88 años, George Steiner le hizo saber a Borja Hermoso que lo que más le perturbaba era el miedo a la demencia y que, para evitar que lo sorprendiese, cada día cogía un libro y traducía un pasaje a los cuatro idiomas que controlaba (inglés, francés, alemán e italiano).

Os invito a adentraros en este diálogo, en todos los diálogos que componen este libro que podéis leer linealmente o siguiendo el orden de vuestras preferencias, según el interés que os despierten los entrevistados, los temas tratados. Podría haberme detenido en los encuentros con Adela Cortina, quien afirma que “se puede trabajar para ser feliz”; en el intercambio con escritores como Gao Xingjian o Monika Zgustova; en el loco diálogo con Fernando Arrabal, en tantos otros rincones de esta obra abarcadora que descubriréis, estoy segura, con gusto.

Si abrís sus páginas por el final, en la conversación con Nazareth Castellanos, licenciada en Física Teórica y doctora en Neurociencia por la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid, os enteraréis, entre otras muchas cosas, de que nuestro cerebro es un vagabundo” y de que tiene una gran capacidad para reorganizarse. Realmente es muy interesante todo lo que expone esta mujer que, frente al panorama oscuro del presente, trazado por muchos de los personajes entrevistados, aporta optimismo. Cuando se le plantea el alarmismo y dramatismo con que los medios transmiten las noticias, señala: “Estamos manipulando mucho a las personas y llevándolas a resaltar todo lo mal que estamos. Sin embargo, no veo que se resalte la enorme capacidad de resiliencia del ser humano”. 

Castellanos declara quela felicidad se aprende cuando aprendemos a cuidarnos” y está relacionada con un concepto que “tendríamos que desarrollar mucho más en la sociedad”, la intimidad. La intimidad “de verdad, la que trata de cosas como saber estar conmigo, mirarme, pensarme, cuidarme, acompañarme (…) Pascal decía que uno de los grandes problemas de la humanidad es que no sabemos estar con nosotros”, expone.

Para conocernos por dentro, la especialista aconseja la meditación, práctica en la que profundiza, en otra pieza destacada en el conjunto, el novelista, ensayista y teólogo Pablo d’Ors, quien se refiere a la cultura del rendimiento en la que estamos inmersos. “Valoramos las cosas no por lo que son, sino por lo que producen (…) Esto nos hace vivir con una tensión innecesaria, convencidos de que el tiempo hay que aprovecharlo. Pero no es que haya que aprovecharlo, sino vivirlo, que no es lo mismo”, argumenta.  

En el texto introductorio que escribe para iniciar Una conversación infinita, Borja Hermoso se retrata a sí mismo. Es el lugar para hacerlo, para reconocerse en sus preocupaciones y fragilidades. “No es misión fácil citarte con alguien que sabes sabio, preparar el momento intensiva, obsesivamente, atemperar la tormenta que arrecia en el estómago, en el cerebro y en el corazón hasta la descomposición física y mental como si de un lobezno en prácticas se tratase y hasta el punto de que tu familia no te aguante, llegar, establecer el imprescindible intercambio protocolario de cortesía, saludos y parabienes, encender la grabadora, mirar a los ojos, obviar lo posible todo cuestionario previo –si lo hay– y acometer la entrevista con preguntas y repreguntas como si nada, como si fuese una conversación”. 

Señala el periodista que en su formación influyó “un tocho extraordinario de entrevistas de 600 páginas titulado “Las grandes entrevistas de la historia”, publicado en su día por Aguilar. Revela que la primera que hizo, en Madrid, 1987, fue de todo menos ejemplar. Era becario en la sección de cultura del desaparecido “Diario-16”. Le llamaron, de prisa y corriendo, para que se acercara a hacerle unas preguntas a un escritor ruso que resultó ser nada menos que Joseph Brodsky. “Fui a un hotel de la plaza de España a entrevistar a un Premio Nobel de Literatura no ya sin haber leído un poema suyo, sino sin tener claro si era un poeta o responsable de seguridad del Kremlin”, dice, medio en broma, pues una compañera de documentación le había dado alguna pista.  

Es muy normal en la carrera periodística vivir situaciones así. Como cuenta Borja Hermoso, de esas experiencias se aprendecomo no hay que afrontar, ni hacer, ni publicar una entrevista. El intenso proceso de preparación, el preludio a los encuentros, siempre se lo hace pasar fatal, pero, casi siempre, le mejora como persona, reconoce en el prólogo de una entrega que encuentra equilibrios, tiende puentes, entre la tragedia y la alegría de vivir, como indica Nuccio Ordine en su prólogo.
 
La conversación infinita. Encuentros con la escritura y el pensamiento, de Borja Hermoso, ha sido publicado por la editorial Siruela.

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