Jorge Carrión y su manifiesto contra Amazon y a favor de las librerías

Emma Rodríguez © 2019 /

Se define Jorge Carrión como “un turista cultural”, como un viajero enamoradizo que persigue topografías literarias. Su defensa de las librerías y de las bibliotecas, de esos espacios de lectura y de calma en los que aún cabe detenerse, prolongar silencios o iniciar diálogos, se ha convertido en una parte fundamental de su trayecto como escritor. En sus búsquedas, reflexiones y conversaciones en torno al mundo de los libros y de la lectura, este hombre se ha encontrado con muchos cómplices. Lo demuestra el hecho de que su ensayo Librerías (Anagrama) se haya convertido en una especie de obra de culto, de referencia. 

Quienes aman los libros han convertido su pasión en un ámbito casi sagrado, en una especie de resistencia a los embates del presente, de lo inmediato. Leer nos permite, al mismo tiempo, refugiarnos en nosotros mismos y abrirnos a los otros. Es una experiencia individual, altamente enriquecedora e inspiradora, que llevamos a cabo en silencio, pero que nos apetece compartir con los demás. De ahí que sintamos curiosidad por esas obras que nos hablan de todo lo que rodea a los libros. Como dice el periodista cultural francés Bernard Pivot, artífice de Apostrophes, un programa de televisión con el que durante años logró seducir a los telespectadores hablando de lecturas, “el público al que le gusta leer es reducido, pero de decisiones firmes y curiosidad valiente”.

Contra Amazon, publicado por Galaxia Gutenberg, es una nueva entrega que puede entenderse como una prolongación de Librerías. Carrión se presenta como un ciudadano del siglo XXI que no está dispuesto a perder ciertas costumbres. Reconoce que, como cualquiera, ve series y compra libros por Internet, cuando no encuentra otro modo de hacerse con ellos. Pero sin dejar de creer en “una resistencia mínima y necesaria” a la hora de preservar ciertos rituales, entre ellos la conversación, la visita a una librería, la escucha de las propias melodías y deseos, más allá de tendencias, de modas, de prisas.

En sus búsquedas, reflexiones y conversaciones en torno al mundo de los libros y de la lectura, Jorge Carrión se ha encontrado con muchos cómplices. Lo demuestra el hecho de que su ensayo «Librerías» se haya convertido en una especie de obra de culto, de referencia. 

Este libro del que os hablo es un compendio de artículos, entrevistas y breves ensayos, publicados por el autor en distintos medios. Juntos, todos los textos conforman un volumen coherente sobre la costumbre y el placer que supone recorrer librerías y disfrutar de los libros. Y también una visión de lo que buscamos hoy en esos lugares de descubrimiento y encuentro; de lo que nos pueden ofrecer en un mundo marcado por la velocidad, la banalidad y la productividad como meta. Se cierran librerías, es cierto, pero al mismo tiempo, estos espacios de la cultura se renuevan y transforman, hallando nuevas y estimulantes fórmulas de seducción.

Jorge Carrión en la Biblioteca Nacional de Argentina (Buenos Aires). Fotografía por Beto Gutiérrez

Autor de ensayos literarios sobre diversos temas, de libros de viajes y de una original obra narrativa, que incluye novelas como Los muertos, Los huérfanos y Los turistas, Carrión nos pone al día sobre un asunto que ocupa muchas de sus reflexiones, sobre el que medita y conversa continuamente. El recorrido empieza con un “manifiesto” que enumera distintas razones de peso para plantar batalla a Amazon, la plataforma digital que comenzó su existencia apropiándose “en un tiempo récord del prestigio que los libros habían ido acumulando durante siglos”. No encuentro mejor manera de empezar un ensayo sobre el universo de los libros en pleno siglo XXI, el siglo donde la tecnología lo está poniendo todo patas arriba, sin que seamos capaces de predecir del todo las consecuencias.

Porque no quiero ser cómplice de una expropiación simbólica”, se titula el primer punto de esta declaración reivindicativa en la que su autor empieza diciéndonos algo muy obvio: que “Amazon no es una librería, sino un hipermercado. Un enfoque de partida para levantar una argumentación que nos define como sociedad, como colectivo en vías de perder la capacidad de elección, de decisión.

Precisamente ahí, en ese retrato colectivo, trazado certeramente, a partir de nuestros hábitos respecto a los libros; en esa apreciación de modos de vida que se nos imponen y que aceptamos sin ser del todo conscientes de lo que estamos dejando por el camino, es donde encuentro el mayor mérito de esta obra. Jorge Carrión nos invita a la reflexión a partir de experiencias propias y ajenas, de encuentros y revelaciones. Nos anima a echar un vistazo a lo que está sucediendo ahí fuera, en otros países, en la mente y la imaginación de gente que busca fórmulas para que nos levantemos del sofá, apaguemos la pantalla del ordenador, y sintamos la necesidad de acudir a una librería, a una biblioteca pública.

Consumimos libros a través de Amazon, pero no nos paramos a pensar que la plataforma nos induce a comprar sobre todo aquellas publicaciones más vendidas y valoradas por sus clientes. Nada que ver con «la cantidad y el riesgo» que caracteriza a las buenas librerías, como nos dice el autor. Compramos libros en Amazon sin tener en cuenta lo que hay detrás: el proceso de mecanización, el culto a la extrema rapidez y eficacia, la eliminación del factor humano y la prescripción en manos de algoritmos. A todos nos suena lo de: “Los clientes que compraron este producto también compraron…” Lo asumimos sin plantearnos la validez del criterio. 

Aparentemente lo único que importa es la rapidez y la eficacia del servicio. Parece que no hay mediación. Que todo es automático, casi instantáneo. Pero detrás de todas esas operaciones individuales existe una gran estructura económica y política. Una estructura que presiona a las editoriales para obtener el máximo beneficio del producto, como hace con los fabricantes de monopatines o con los productores de pizzas congeladas. Una macroestructura que decide la visibilidad, el acceso, la influencia: que está moldeando nuestro futuro”, vamos leyendo.

Compramos libros en Amazon sin tener en cuenta lo que hay detrás: el proceso de mecanización, el culto a la extrema rapidez y eficacia, la eliminación del factor humano y la prescripción en manos de algoritmos.

Compramos en Amazon y nos satisface que el precio sea algo menor que el que obtenemos en la librería física. “Pero ya sabemos que lo barato sale caro (…) Todo es tan rápido, tan transparente, tan fluido, que parece que no hay intermediación. Pero sí la hay. La pagas en dinero y en datos”, nos dice Carrión, trazando a continuación el crudo panorama de las grandes empresas tecnológicas. Amazon, Google, Facebook, nos ofrecen indudables ventajas, pero no es oro todo lo que reluce. En sus planes de expansión siguen estrategias para no pagar impuestos en los países donde se radican, para controlar y manipular. El proyecto de reparto de drones de Amazon, del que habla el autor en el capítulo que nos ocupa, creo haberlo visto en alguna serie de ciencia-ficción, pero está demasiado cerca como para ignorar su alcance.

Nos hemos ido convirtiendo en datos… Plataformas como Amazon operan a partir del espionaje de nuestros hábitos de consumo, de lectura. Todo es más serio de lo que parece. Y no se trata de convertirse en agoreros, de negar todo avance, pero sí de saber qué terreno estamos pisando para alcanzar un cierto equilibrio, para elegir lo que elegimos con conocimiento de causa, sabiendo por qué lo hacemos.

La gran ventaja del libro en papel no es su portabilidad, su duración, su autonomía ni su relación íntima con nuestros procesos de memoria y aprendizaje, sino su desconexión permanente. Cuando lees un libro en papel la energía y los datos que emites a través de tus ojos y tus dedos son sólo tuyos. El Gran Hermano no puede espiarte. Nadie puede quitarte esa experiencia ni analizarla ni interpretarla: es sólo tuya”, argumenta Jorge Carrión. 

Vivimos en un mundo en el que todo está a punto de suceder y de transformarse y en el que, sin embargo, necesitamos seguir contando con esos espacios de siempre, pequeños, modestos, en los que encontrarnos. Espacios a escala humana: bares, cines, parques, librerías… Hay un punto muy significativo al respecto en el “manifiesto” que nos ocupa, donde se alude a la lentitud y la proximidad.

“La gran ventaja del libro en papel no es su portabilidad, su duración, su autonomía ni su relación íntima con nuestros procesos de memoria y aprendizaje, sino su desconexión permanente», declara el autor de «Contra Amazon».

Ha llegado nuestro momento. Amazon se apropió de nuestros libros. Nosotros nos apropiaremos de la lógica Amazon”, expone el autor. Y nos ofrece algunas claves que nos pueden ayudar a conseguirlo: “Primero, convenciendo al resto de lectores de la necesidad del tiempo dilatado. El deseo no puede ser inmediatamente colmado, porque entonces deja de ser deseo, se vuelve nada. El deseo debe durar. Hay que ir a la librería; buscar el libro; encontrarlo; hojearlo; decidir si el deseo tenía razón de ser; tal vez abandonar ese libro y desear el deseo de otro: hasta encontrarlo…”, va exponiendo.

Y más adelante nos anima a apropiarnos de nuestro tiempo y nuestro deseo, a crear sentidos, itinerarios de lectura y de viaje a través de los anaqueles de libros, mezclando creativamente los géneros, de igual modo que las librerías de hoy pueden ser osadas y mezclar los libros con el café, con los buenos vinos… Más adelante Carrión nos ofrece estimulantes ejemplos de librerías y de bibliotecas que innovan creando espacios diferentes, especializados, lúdicos, geniales en su combinación de elementos. 

Se detiene el autor en distintos ejemplos de bibliotecas en Latinoamérica que resultan especialmente interesantes y que contrastan con la espectacularidad de instituciones como la Biblioteca Central de Helsinki, un “edificio hermoso y fotogénico” que acoge un innovador proyecto pedagógico y social. Resulta impactante, pero más allá de estos edificios realizados con presupuestos millonarios, la atención de Carrión se centra en otras experiencias más modestas, en “proyectos que luchan a través de la lectura, el estudio y el arte contra la discriminación, la violencia y la pobreza”.

Más allá de espectaculares bibliotecas realizadas con presupuestos millonarios, la atención de Carrión se centra en otras experiencias más modestas, en “proyectos que luchan a través de la lectura, el estudio y el arte contra la discriminación, la violencia y la pobreza”.

Se refiere a la red de Bibliotecas Públicas Móviles de Colombia, capaces de subir la alfabetización, contribuir a diluir los conflictos e incluso, según las estadísticas, disminuir los índices de criminalidad. Se refiere también al proyecto de bibliotecas infantiles en el departamento hondureño de Lempira, otro ejemplo de lucha y de compromiso frente a la violencia en un entorno poco favorecido. “Durante siglos las bibliotecas han sido espacios de aspecto pasivo, donde la actividad ocurría sobre todo en el cerebro de los lectores”, indica el autor, pero su camino hoy tiende a ser mucho más dinámico, tienden a convertirse en espacios performativos y “reclaman más compromiso que nunca”.

En lo que respecta a las librerías, como os decía antes, este libro es una invitación a conocer espacios abiertos, creativos, laberínticos y modernos. Pero sin perder la gran capacidad que siempre han tenido las librerías: su carácter de isla del tesoro, de descubrimiento. “Las buenas librerías son preguntas sin respuesta. Son lugares que te provocan intelectualmente, que cifran enigmas, que te sorprenden y te plantean retos…”, señala Jorge Carrión, quien a continuación nos habla de diferentes ejemplos de librerías que son a la vez editoriales y de originales territorios librescos en distintos lugares del mundo.

Es obvio que Amazon está comiendo terreno a las librerías tradicionales, pero no todo está perdido. “Las cadenas de librerías no van a poder competir con Amazon. En Estados Unidos se está demostrando que sólo las librerías independientes, ancladas en un barrio, pueden hacer frente a esa competencia. Como centros emocionales, como centros culturales, como centros de distribución de libros a todos aquellos que siguen prefiriendo comprarlos en persona…”, argumenta Carrión. Volvemos a la proximidad, a la necesidad de diálogo, de humanidad. Llegados a este punto me planteo lo mucho que nos estamos alejando de las experiencias reales, cercanas: ir a una librería y descubrir un libro. Ir al cine y sumergirse en una historia ajena en la sala oscura. Ir a un restaurante como algo excepcional en vez de que nos traigan la comida a casa. ¿Nos estamos encerrando, blindando ante los demás, ante el exterior? ¿No nos llegaremos a cansar de todo esto?

“Las buenas librerías son preguntas sin respuesta. Son lugares que te provocan intelectualmente, que cifran enigmas, que te sorprenden y te plantean retos...”, señala Jorge Carrión.

En este libro hay muchos más planteamientos y encuentros realmente atractivos. Jorge Carrión nos habla de su propia biblioteca y de famosas e inspiradoras bibliotecas de ficción. Nos lleva a pasear por el Londres más desconocido y literario, en compañía del escritor de vanguardia británico Ian Sinclair. Entabla entrevistas en profundidad con otros devotos de los libros como Alberto Manguel, actualmente director de la Biblioteca Nacional de Argentina, la misma cuyo timón dirigiera Borges. Especialmente sugerente me ha parecido el relato de sus viajes a China, a Japón, a la tecnologizada Corea del Sur. En Seúl el negocio de las librerías está en alza y cada nuevo espacio busca conectar con la identidad de la zona en la que se ubica y dialogar con ella. 

En los últimos años ha habido una explosión de editoriales independientes, de revistas en papel y de pequeñas librerías, abrir un pequeño negocio unipersonal, vinculado con los libros es una buena manera de escapar de la presión neoliberal del mundo profesional coreano”, le dice la dueña de una original librería donde entrevista a Han Kang, la autora coreana de éxito tras la concesión del Premio Man Booker y la publicación en todo el mundo de su novela La vegetariana.

Las librerías toman la temperatura de los cambios, reflexiona Carrión más adelante, cuando visita otro local de libros donde el turismo es un tema destacado. “Después de que sus ciudadanos hayan recorrido el mundo, Corea se prepara ahora para ser ella misma un destino turístico. La frontera con el norte es una de sus principales atracciones. Y las librerías y las bibliotecas, que no dejan de multiplicarse, están camino de serlo”.

Las librerías, sus transformaciones, lo que buscamos en ellas en cada momento, reflejan los cambios sociales y nos retratan. Las librerías actuales apuestan por lo híbrido y esto se ve claramente en las ciudades más de vanguardia. El carácter híbrido y el regalo de experiencias caracterizan a esos espacios que ya son presente, aunque puedan parecernos sacados de una película del futuro. En algunas de las que visita Carrión, por ejemplo en Japón, se cobra entrada para que los clientes disfruten de su tiempo descubriendo selecciones de libros especializados y tomando un café en ambientes especialmente sugerentes.

Las librerías, sus transformaciones, lo que buscamos en ellas en cada momento, reflejan los cambios sociales y nos retratan. Las librerías actuales apuestan por lo híbrido y por el regalo de experiencias, algo que se ve claramente en las ciudades más de vanguardia.

La arquitectura se pone al servicio de espacios transversales, multimedia. Espacios que se alquilan y que hoy son una librería y mañana otra totalmente diferente. Lugares donde los lectores se sienten privilegiados, que van cambiando de aspecto y proporcionan encuentros, vivencias y recuerdos inspiradores, “tentaciones, estímulos, reactualizaciones”.

Se trata de singularizarse. De buscar opciones nuevas, porque las fórmulas tradicionales son las responsables de que cierren librerías a diario”, señala Carrión. La lectura de Contra Amazon nos ofrece una visión altamente estimulante. La imaginación puede salvar a las librerías. Una buena noticia. Más allá de las modas y la espectacularidad, volver a ellas, recuperarlas como lugar de encuentro, diálogo y descubrimiento, es una opción con la que soñamos los que seguimos confiando en la posibilidad de sociedades mejores, más despiertas. A Jorge Carrión le he formulado algunas preguntas, a través de correo electrónico, alrededor de esta entrega que, entre sus muchos méritos, tiene el de llevarnos a reflexionar sobre los libros y sobre nuestras tomas de postura en relación con ellos.

Jorge Carrión: “Las librerías son espacios bastante eróticos”

Teniendo en cuenta su trayectoria hasta ahora, se le puede considerar un «activista» en defensa de las librerías, las bibliotecas, la lectura. Un territorio en peligro de extinción. ¿Lo ve así? ¿Se siente cómodo en esa imagen? ¿Activismo, obsesión, pasión?

– No me encadenaría a una librería para evitar su cierre ni pediría el boicot a Amazon: no me siento activista de nada y, además, creo que el activismo cancela la dimensión crítica que es necesaria para el periodismo y para la literatura. Las librerías me interesan mucho, no es sólo una implicación emocional, sobre todo es una cuestión intelectual. Las veo como laboratorios o plataformas que permiten interpretar nuestro momento histórico. Son uno de los últimos espacios de un tipo de cultura que se basa en la confianza, en el contacto, en la conversación y en el papel.

Es curioso que un ensayo como Librerías se haya convertido en un libro de culto, en una especie de pequeño best-seller, un fenómeno muy interesante teniendo en cuenta la temática. Podemos hablar de un territorio en peligro de extinción, como decía antes, pero también con una gran capacidad de resistencia. Hay una idea romántica alrededor, una especie de sacralización, un apego que viene de muy atrás… ¿Hay algo en los libros que, en el fondo, no queremos perder?

– El libro en papel, las librerías y las bibliotecas forman parte de nuestra memoria común, son un gran patrimonio compartido. Cuando se quema una biblioteca nacional, arde parte de la memoria del mundo. Suena a tópico, pero es absolutamente verdad. Por supuesto que alrededor de los mundos librescos hay cierto romanticismo rosa, que a veces se manifiesta en películas y libros muy bobos, pero yo prefiero fijarme en los rasgos del auténtico romanticismo, el histórico: la importancia del individuo, de su gusto, de su destino labrado a fuerza de lecturas y de viajes y de decisiones personales, quien busca experiencias sublimes y a veces las encuentra, pero otras tiene que conformarse con fragmentos o ruinas.

«Veo las librerías como laboratorios o plataformas que permiten interpretar nuestro momento histórico. Son uno de los últimos espacios de un tipo de cultura que se basa en la confianza, en el contacto, en la conversación y en el papel».

¿Hasta qué punto el territorio de los libros, de la lectura, es una forma de resistencia frente  al neoliberalismo extremo, a las prisas de una sociedad donde la productividad está en el centro de todo, es el gran objetivo? «Mientras leemos o escribimos no estamos consumiendo…», algo así dice el escritor Hanif Kureishi. También incide en ello una librera de Seúl que aparece en el libro. «Abrir un pequeño negocio, unipersonal, vinculado con los libros es una buena manera de escapar de la presión neoliberal del mundo profesional coreano«. ¿Los libros pueden salvarnos de algo?

– En un momento en que la expansión del reconocimiento facial parece inevitable, yo prefiero que me reconozca Xavier Vidal, el librero de mi barrio. En un momento en que Facebook no para de pedirme mi teléfono móvil, supuestamente por motivos de seguridad, y de ofrecerme cada año para mi cumpleaños una supuesta recaudación de dinero que podría donar a una ONG, para hacerse con datos bancarios de mis «amigos», yo prefiero pedirle a Xavi un libro por Whatsapp y darle a él ese dinero y no a Amazon. En la suma de esas innumerables decisiones micropolíticas se está jugando el futuro. Hay algunas cosas que son inevitables, pero podemos retrasar su llegada. Yo pienso hacerlo con los libros en papel y las librerías. Que cada cual decida sus minúsculas batallas.

Hablamos continuamente del ruido, del exceso de información… Las librerías son espacios de silencio, de reflexión… ¿Habría que reivindicarlo más?

– No hay duda de que cada vez son más necesarios los espacios y los horarios de desconexión. En las librerías no debería de haber wi-fi. Estás todo el día conectado en casa, si sales a dar un paseo o a hojear libros, no necesitas para nada consultar tu correo electrónico, tu WhatsApp o tus redes sociales. Es raro: hace quince años pasábamos la mayor parte de nuestras vidas sin estar localizables ni geolocalizados. No sé si éramos más felices, pero lo que sí sé es que, al igual que a veces miras un álbum de fotos o ves una vieja película, a veces necesitas dejar el móvil en casa.

¿Cómo inculcar a los más jóvenes, a los hijos, el placer de la lectura? ¿Algún consejo a padres preocupados por el tema?

– El recuerdo, consciente o inconsciente, de los primeros años de tu vida es fundamental y es para siempre. Si en esos años hay tacto de papel, hay ilustraciones y hay historias, la lectura ya ha sido plantada. Por otro lado, hay que relajarse, lo que importa es la información, el conocimiento, la reflexión, la crítica, no los soportes o los formatos. Tu hijo puede encontrar todo eso en las series de televisión, los cómics, los videojuegos o las redes sociales; pero necesitará tu ayuda y la de sus profesores para entenderlo y para buscarlo.

– En este libro se ofrecen muchas claves sobre las librerías del futuro, del rumbo que las más avanzadas están siguiendo: espacios dinámicos, activos, abiertos, experimentales. ¿También espacios de diálogo, de encuentro en un presente donde se está perdiendo el sentido de comunidad?

– Totalmente. La soledad se extiende, imparable. Las librerías son lugares de conversación, de compañía, de terapia. Un buen club de lectura puede ser mucho mejor solución que una sesión con un psicólogo. Por eso, si puedes, es mejor no comprar en Amazon, porque es importante salir de casa y encontrar buenas razones para hacerlo. No es bueno para tu cerebro que no abandones a tu zona de confort.

«Las librerías son lugares de conversación, de compañía, de terapia. Un buen club de lectura puede ser mucho mejor solución que una sesión con un psicólogo».

¿Las librerías de hoy tienen que seducir? «Las experiencias que te brindan esos espacios tampoco tienen una alternativa digital», leemos en “Contra Amazon”. Y conocemos librerías de Japón donde se cobra entrada por acceder al local, donde se paga por la «experiencia». Algo impensable en España…

– Sí, las librerías tienen que ser sexis. De hecho son espacios bastante eróticos, a juzgar por la cantidad de películas y de series que han mostrado enamoramientos en librerías (e incluso buenos polvos). En Amazon no puedes encontrar amigos o amores, en las librerías y en las bibliotecas, sí.

En toda la argumentación sobre Amazon me quedo con algunas ideas: Amazon está influyendo en nuestros gustos y deseos lectores, imponiendo unos libros, invisibilizando otros, en base a las prescripciones de un algoritmo. Comprar en Amazon es cómodo, pero la mayoría de la gente no es consciente de esto. ¿Habría que hacer una campaña de concienciación, de movilización al respecto? ¿Cómo contrarrestarlo?  Bueno, en cierto modo, se contesta en el apartado VI del «Manifiesto». ¿Algo más concreto?

– Tal vez habría que recordar ciertos valores de la democracia y de la izquierda. Recordar qué es la precariedad laboral, qué es el neoliberalismo salvaje, qué es la evasión de impuestos, qué es el monopolio, qué es la censura algorítmica. Si defiendes la democracia y eres de izquierdas, ¿tiene sentido que compres en Amazon?

¿Podemos evitar la robotización, la deshumanización de nuestro mundo, con libros?

– En un futuro no muy lejano las inteligencias artificiales serán parte de nuestra vida cotidiana. Creo que el destino de la humanidad pasa por la alianza con las máquinas. Pero también pasa por delimitar espacios, entre los ámbitos humanos y los robóticos o algorítmicos. Esa frontera se ha desdibujado con la amistad (Facebook) o el amor y el sexo (Tinder). No me extrañaría que surja un movimiento de regreso a las experiencias tradicionales, físicas, corporales, en esos ámbitos. En las librerías ese regreso es totalmente posible, porque es puro presente. 

«Creo que el destino de la humanidad pasa por la alianza con las máquinas. Pero también pasa por delimitar espacios, entre los ámbitos humanos y los robóticos o algorítmicos».

¿Por qué en España no se apoya más a las librerías desde las instituciones? ¿De qué países tendríamos que tomar ejemplo?

– No soy un experto en cuestiones políticas y económicas de la industria del libro. Sé que en Francia hay un apoyo más decidido, pero también hay una gran tradición cultural, mucho más sólida que la nuestra (y mucho más nacionalista, para bien y para mal). En las crónicas sobre Seúl, China y Japón observo que allí se han convertido casi en una cuestión de estado, una estrategia de «soft power». 

¿Tal vez no se hace porque, como dice Nuccio Ordine, «la cultura es peligrosa para la clase política»? 

– Que José María Aznar y Quim Torra han escrito y publicado libros. No idealicemos la cultura. En un capítulo de Librerías cuento que Hitler, Stalin, Mao y Pinochet eran amantes de los libros. Mao fue incluso librero.

¿Últimas impresiones, descubrimientos sobre librerías y bibliotecas? ¿Alguno posterior a la publicación de este libro?

– Si tuviera que escoger uno sería la sección Bebeteca de la biblioteca Eugenio Trías de Madrid. Es muy importante incorporar a las personas de todas las edades a los espacios del libro. Que todos nos sintamos convocados, bienvenidos. También los bebés, las madres que dan pecho, los padres primerizos. 

Contra Amazon, de Jorge Carrión, ha sido publicado por Galaxia Gutenberg.

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