De sueño en sueño siguiendo la ruta de Roger Caillois

Emma Rodríguez © 2020 /

Nada más personal que un sueño, nada que encierre más a un ser en la soledad irremediable, nada más reacio a ser compartido. En la realidad, todo es experimentado en común. El sueño, por el contrario, es una aventura que el soñador ha vivido solo y del que únicamente él puede acordarse: mundo estanco, impermeable, que excluye la menor comprobación…”

Quien lo escribe es Roger Caillois en el prólogo de Poder del sueño, una reconocida antología en la que dialogan relatos antiguos y modernos que tienen en común los territorios a los que se accede con los párpados cerrados. Editada en 1962 por el Club Français du Livre, la obra ha sido rescatada ahora por Atalanta, una editorial siempre atenta a los lenguajes de lo onírico, lo trascendente, lo mítico, lo visionario, lo fantástico. Imposible mejor lugar para albergar esta hermosa entrega que llega a nuestras manos en momentos en los que la actualidad nos ahoga, en los que necesitamos soñar en el más amplio sentido de la palabra.

Si bien es cierto que los sueños pueden acentuar nuestros miedos, también lo es que pueden convertirse en un refugio, en una puerta de huida. Los sueños, igual que las ficciones, son espacios alternativos en los que perderse. La literatura y los sueños comparten vuelo. La primera recurre a los segundos en muchas ocasiones, los atrapa y transforma, toma sus materiales para crear mundos enigmáticos, fuera de lo tangible. Muchos relatos nos parecen sueños y, en ocasiones, mientras dormimos nos parece estar dentro de un cuento.

Todo lo que tiene que ver con esa realidad paralela nos atrae porque somos incapaces de descifrarlo, porque escapa a los cálculos. Desde siempre el ser humano ha intentado descifrar las claves de los sueños, encontrar en ellos avisos, premoniciones, explicaciones a lo que vivimos o hemos de vivir. Los sueños son evanescentes, huidizos, inalcanzables. Pese a tantos adelantos científicos y tecnológicos, siguen siendo una gran incógnita. Aún no se ha inventado una máquina que proyecte lo que vivimos al cerrar los ojos, aunque la ciencia-ficción juegue con la idea. Los espacios virtuales ofrecen hoy experiencias impresionantes, pero determinados sueños van más allá, nos muestran la extrañeza de un lado de nosotros mismos, que rehúye el control, que nos eleva por encima de los reconocibles planos de lo concreto. 

En lo indescrifrable, en el misterio, se sumergen muchos de los autores de esta antología sumamente atrayente que se ha convertido para mí en una ventana desde la que asomarme a otros lados, olvidando el exceso de informaciones, de ruidos. Roger Caillois (Reims, Francia, 1913 – París, 1978), escritor, sociólogo y crítico literario, es autor de una singular obra que incluye ensayos como El mito y el hombre, El hombre y lo sagrado, La incertidumbre que nos dejan los sueños y La escritura de las piedras, entre otros títulos. Su interés por los sueños corre en paralelo al que siente por la literatura fantástica, a la que también dedicó una antología que, en muchos aspectos, se cruza con la que nos ocupa. 

El autor reconoce que en su colección de narraciones fantásticas se encuentran varios relatos que podrían haber entrado en este otro recorrido. “La connivencia del sueño y de lo fantástico es inevitable porque el sueño, que siempre es misterioso, puede volverse fácilmente terrorífico”, señala, explicando que a la hora de escoger las piezas que componen la entrega de la que os estoy hablando optó por rechazar escritos presentados en forma de sueños, demasiado literales, o que se dedican a  transcribirlos conscientemente.

He preferido reunir unos relatos que construyan, en los mejores casos con precisión de relojería, unos mecanismos delicados en los que el sueño, de una manera o de otra, proporciona el resorte decisivo”, va contando, aludiendo también a cuentos “puramente anecdóticos, destinados al puro solaz”, que ocupan su lugar en el conjunto y que conviven con otros “suspendidos de alguna visión o estado alucinatorio” que restituyen la atmósfera de los sueños. No se trata de acudir a las fantasías bautizadas como sueños, que responden a convenciones y artificios retóricos, sino de sumergirse en espacios más sutiles que se acerquen, por los cauces más inesperados, a impresiones y visiones que experimentan los durmientes. 

Roger Caillois parte de la inagotable literatura china, “que parece haber explorado de forma sistemática los problemas planteados por el sueño”. Las narraciones de autores orientales del pasado, con su capacidad para recrear atmósferas refinadas, enigmáticas, simbólicas, encuentran su reflejo en composiciones de escritores occidentales de los siglos XIX y XX. En las páginas introductorias, el ensayista, ofrece numerosos ejemplos de paralelismos, de coincidencias, entre relatos que se encuentran más allá de los tiempos. 

Roger Caillois parte de la inagotable literatura china, “que parece haber explorado de forma sistemática los problemas planteados por el sueño”. Las narraciones de autores orientales del pasado encuentran su reflejo en composiciones de escritores occidentales de los siglos XIX y XX.

Los sueños, con sus premoniciones y azares, con sus saltos al lado desconocido, el de la muerte, están presentes en las distintas culturas desde muy atrás. Roger Caillois, antes de invitarnos a entrar en las ficciones seleccionadas, nos pone en antecedentes y nos ofrece en el prólogo un itinerario que arranca del antiguo Egipto y de la remota India, donde tenemos constancia, a través de tratados versificados como el Atharvaveda, del afán por intentar atrapar presagios ocultos. 

En la Biblia también abundan los sueños, explicados por los profetas. Y en “la literatura posbíblica se abre paso la idea de que en sí mismo el sueño es indiferente, que es la interpretación lo que cuenta”; que lo soñado puede forzar la realidad, el futuro. El ensayista nos conduce, a través de los siglos, a obras tan significativas como La vida es sueño, de Calderón de la Barca (XVII) y constata que es en la segunda mitad del XIX cuando los estudios de lo onírico se multiplican. No en balde es en esta época cuando surgen los reveladores descubrimientos de Freud y el psicoanálisis

Llegados a este punto es el momento de prepararse para acceder a espacios extraordinarios, para olvidar la plana realidad y reconocer que no todo puede ser explicado, calculado, cuantificado, que la literatura es un lugar desde el que atisbar lo indescifrable, lo mágico. Como os decía, son los antiguos narradores chinos los que abren el recorrido, seguidos por un variado plantel de autores occidentales. Épocas, voces y estilos diferentes en torno a los sueños y sus caudales. Apuleyo, Prosper Mérimée, Edgar Allan Poe, Theóphile Gautier, Ambrose Bierce, Ksaver Sandor Gjalski, Jean Lorrain, Rudyard Kipling, H. G. Wells, Oliver Onions, W. Somerset Maugham, Bruno Schulz, Vladimir Nabokov, Louis Golding, Henry Kuttnner y C. L. Moore, Luisa Mercedes Levinson, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Bernard Groethuysen, nos acompañan en este intenso viaje hacia regiones que no se encuentran en los mapas de lo real. Lamentar la presencia de una sola mujer en el conjunto, muy acorde con los cánones que han movido las corrientes literarias durante demasiado tiempo. Apuntar que el orden cronológico resulta interesante por los cruces de caminos, de motivaciones y temáticas, que se van sucediendo; aunque, como ocurre siempre con los libros de relatos, cada cual puede empezar y terminar por las piezas que prefiera.

Theóphile Gautier

En una nota de advertencia, una vez concluidas las páginas de su prólogo, reconoce Caillois algo evidente, la existencia de lagunas –imposible abarcarlo todo–, y no duda en ofrecer una lista de títulos para quienes deseen seguir explorando. Confiesa que las obras que ha elegido para la antología, son las únicas que le hicieron sentir la impresión del sueño, las únicas que al cerrar el volumen o suspender la lectura le provocaron una impresión similar a la que se experimenta al despertar.

¿Sentimos lo mismo los lectores? La respuesta dependerá de la sensibilidad de cada cual, de las obsesiones, preocupaciones, y latidos particulares. Yo os invito a entrar, a abrir las puertas, a disfrutar del recorrido, a dejaros impregnar por el misterio, por los tiempos dislocados; a dejaros cautivar por historias insólitas, extravagantes, sutiles, poderosas… Os diré que la primera parte, la de los narradores chinos, me ha resultado muy reveladora. Me he acercado a ella como a una caja mágica que ir abriendo poco a poco, asombrada ante la elegancia, hondura, sabiduría y sutilidad de relatos que hablan de miedos y espectros, de viajes transformadores, de geografías entre el sueño y la vigilia, de experiencias oníricas paralelas, de lecciones de vida a través de elevadas experiencias o de encuentros casuales.

Confiesa Callois que las obras elegidas para su antología, son las únicas que le hicieron sentir la impresión del sueño”, las únicas que al cerrar el volumen o suspender la lectura le provocaron una impresión similar a la que se experimenta al despertar.

Os animo a descubrir, por ejemplo, El sueño en el interior de la almohada, de Shen Jiji (historiador, versado en el estudio de los clásicos, muerto en el 800), donde un viejo sacerdote del Tao coincide en una posada con un joven que se queja de su mala estrella, de su vida poco triunfal. El sabio anciano le interroga sobre lo que él entiende por satisfacción y le invita a dormir en una almohada muy especial, capaz de provocar sueños reveladores sobre lo esencial de la vida, tema que, con un desarrollo muy diferente, aunque de nuevo el sueño revela una existencia paralela, se repite en otro de los cuentos, El gobernador de la Rama del Sur, de Li Gongzuo (767?-848).

Son muchas las perlas que nos depara este trecho del recorrido. No quiero dejar de citar El dicho de los tres sueños, de Bo Xingjian (776?-826), hermano menor del poeta Bo [Bai] Juyi, que comienza de esta forma tan sugerente: “Hay sueños que se salen de lo corriente: uno encuentra a otro en el lugar al que este último ha ido en sueños; uno hace una acción con la que otro sueña; uno y otro tienen el mismo sueño”. Antes de dejar este trecho del camino, paso a transcribir una brevísima y filosófica pieza (apólogo) del más célebre de los escritores taoístas, Zhuangzi (275 a.C). Como se indica en la nota introductoria, “una gran parte de la recopilación que lleva su nombre fue redactada por sus discípulos”.

El filósofo-mariposa

   Antaño, cuenta Zhuangzi, fui una noche una mariposa que revoloteaba contenta con su destino. Luego me desperté siendo Zhuangzi. ¿Quién soy en realidad? ¿Una mariposa que sueña que es Zhuangzi? ¿O Zhuangzi que imagina que fue mariposa?

Ya en la segunda parte del trayecto, las sorpresas llegan de la mano de autores que bucean en el misterio de los sueños, en su capacidad para anticipar, para acceder a lo sobrenatural, en su poder para imaginar que hay al otro lado, tras la muerte, o para entablar cruces de caminos, paralelismos, ambigüedades… Roger Caillois ha elegido relatos de muy diverso tono, cercanos a lo fantástico, alucinatorios, audaces, ingeniosos, sorprendentes en su rareza… Los hay que persiguen las formas difusas del estado onírico, otros juegan con la idea de la sutil y confusa línea que separa el sueño de la vigilia, presente en las narrativas de todos los tiempos. 

Me desperté y supe que no era más que un sueño”, escuchamos al protagonista del desasosegante Lord Mountdrago, del escritor británico  W. Somerset Maugham . “Créame, doctor, no soy el hombre de mis sueños. No sería justo que me juzgara por ellos”, volvemos a las palabras del personaje central, perdido en un laberinto de pesares, de dudas. Os hablo de un relato en el que un psicoanalista intenta acceder a los males que aquejan a su paciente, un ilustre político que ve reflejado su lado más oscuro en lo que sueña, desquiciado por el paralelismo de lo que acaece mientras duerme con lo que va viviendo. La pieza resulta, además, curiosa porque refleja el tiempo en el que fue escrita, ya que alude a los descubrimientos llevados a cabo por personalidades como Freud y Jung, que son cuestionados por su colega en la ficción.

En el desasosegante «Lord Mountdrago» de W. Somerset Maugham , un psicoanalista intenta acceder a los males que aquejan a su paciente, un ilustre político que ve reflejado su lado más oscuro en lo que sueña.

H.G. Wells. Fotografía por George Charles Beresford (1920)

La cuento entre mis favoritas, como también La puerta del muro, de H. G. Wells, el autor de obras de ciencia-ficción tan célebres como La máquina del tiempo o La guerra de los mundos. Se trata de una narración enigmática que explora la otra realidad que se le hizo visible al protagonista en su infancia, tras cruzar un muro en el que le aguardaba un jardín que le mostraba la auténtica felicidad, la plenitud (“tan pronto se accedía a él, a uno lo invadía una alegría deliciosa, una dicha que sólo en escasas ocasiones, y cuando se es joven y feliz puede sentirse en este mundo. Y todo allí era hermoso…”) 

El muro vuelve a aparecer otras veces a lo largo de la existencia de  Lionel Wallace, pero las prisas, los quehaceres y aspiraciones le impiden volver a atravesarlo hasta que un día vuelve a abrir la puerta verde. “Para él, cuando menos, la puerta del muro era una puerta real, que a través de un muro real, daba acceso a realidades inmortales. De eso estoy ahora bastante convencido”, nos hace saber el amigo al que le es revelado el secreto. 

Son muchos los cuentos que me han cautivado por distintos motivos. Las tiendas de color canela, del escritor polaco Bruno Schulz produce realmente la sensación de que estamos dentro de un sueño, pérdidos como el protagonista en calles que son como laberintos, ante “escenas nocturnas repletas de una fascinación misteriosa”. Y lo mismo sucede con La visita del museo, del célebre autor ruso Vladimir Nabokov, donde el protagonista es testigo de que los sueños se pueden hacer realidad tras la rocambolesca búsqueda de un cuadro. 

Vladimir Nabokov (1899 – 1977) en Roma para trabajar en el guion de la película basada en su libro «Lolita» (Photo by Keystone/Getty Images)

El camisón azul cielo de Louis Golding cuenta con un prefacio muy revelador en el que el autor, nacido en Manchester en 1895, cuenta que el relato parte de un sueño cuyos personajes se le quedaron grabados y llegaron a ser para él tan reales como en el momento en que los soñó. “En un plano, yo había tenido un sueño; en otro plano, mi yo consciente de literato lo tomó como material literario. En otro plano más, uno de los personajes con los que soñé perseguía, él mismo, un sueño que era el que daba a todo ese episodio la fuerza y el impulso que necesitaba, así como el lógico desenlace”, explica.

Hay otra entrega que que me ha parecido verdaderamente deliciosa, por la que me decantaría si tuviera que regalar uno solo de los cuentos de la antología. Resultándome tremendamente difícil elegir, optaría, sí, por El chico de los matojos, de Rudyard Kipling. Reconocido por obras de aventuras como El libro de la selva o Cuentos de la India, en esta ocasión el autor construye una pieza en la que un niño y una niña juegan y experimentan lo mismo dentro de sus sueños hasta acabar encontrándose en la realidad. 

Edgar Allan Poe

Y cómo no mencionar Historia de las montañas escarpadas, de Edgar Allan Poe, un relato lleno de sucedidos y fenómenos extraños muy propio de este maestro del terror, de lo fantástico. Cómo no mencionar El sueño del doctor Misic, del croata Ksaver Sandor Gjalski, que trata el clásico tema de los espíritus y fantasmas, explorando lo que acontece más allá de lo racional. “El alma humana, durante el sueño, tiene el poder de ver el mundo de manera más clara que en la realidad, y mucho más allá de esta”, expone uno de los personajes.

Tampoco puedo poner el punto final sin hablaros de las aportaciones de los tres autores en nuestra lengua incluidos en el recorrido, los tres argentinos, entre ellos la única mujer seleccionada por Caillois, Luisa Mercedes Levinson, a la que acompañan Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. La pieza de Levinson, El sueño violado, es original, breve y extraña. Trata sobre una mujer que no puede escapar del “círculo del sueño”, con toques de alucinación, de pesadilla. La de Borges, Everything and nothing, aborda el tema de la identidad, indaga en los muchos yoes que nos habitan, en la capacidad de la literatura para imaginar, para soñar mundos. La identidad y sus complejidades centra también la entrega de Cortázar, Lejana. Diario de Alina Reyes, una historia de desdoblamientos, de búsquedas y encuentros en torno a lo que realmente somos, tememos o soñamos ser. 

Jorge Luis Borges junto a Roger Caillois

Os invito a que entréis en estos relatos, dispuestos a tirar del hilo de los sueños. Como dice el antólogo en las páginas de su prólogo, las creaciones literarias propician un diálogo, una meditación análoga entre el escritor que las compone y los lectores que, por breves instantes, se introducen en mundos ficticios. Para terminar, yo me atrevo a añadir que esos momentos breves, fugaces, de la lectura, en ocasiones pueden permanecer mucho más tiempo entre nosotros, en forma de destellos, atmósferas, revelaciones, complicidades… Pueden llegar a ser en el discurrir de nuestras vidas tan poderosos como algunos sueños.

Poder del sueño. Relatos antiguos y modernos reunidos y presentados por Roger Caillois, ha sido publicado por Atalanta. El trabajo de traducción, teniendo en cuenta la variedad de las lenguas de partida, ha sido realizado por: Mauro Armiño, Soledad García, Alejandro Coroleu, Amelia Pérez de Villar, Rubén Martínez Giráldez, Dubravka Suznjevic, Inga Pellisa, Jordi Fibla, Elzbieta Bortkiewicz y María Lozano.  

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