Aventuras en el mar, en África… y en el teatro

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Por Pilar Ortega © 2018 / Escenarios exóticos, acción, peripecias, héroes, valentía, fuerza, piratas, paisajes de otro mundo, ríos misteriosos, barcos que zozobran y mares insondables. Parece mentira, pero todo ese inagotable universo de los relatos de aventuras clásicos se puede trasladar a un escenario de teatro si existe empeño, creatividad, herramientas profesionales y algo de locura. Puede ser producto de la casualidad, o también de la mayor necesidad de volver los ojos a la fantasía, pero el caso es que estos días coinciden en la cartelera una serie de títulos míticos –El corazón de las tinieblas, Moby Dick, La isla del tesoro– que nos retrotraen a la infancia, a ese espacio singular y misterioso en el que lo soñado se mezclaba, sin fisuras, con la realidad. Así que la aventura está lista. Nos vamos a asomar a ella a través de la escena.

¿Pero quién es capaz de trasladar a las tablas el extraño mundo de esas grandes hazañas de héroes que un día descubrimos, sin saber que era gran literatura, en un libro de papel? ¿Cómo reproducir ese universo completamente alejado de cualquier escenario cotidiano, donde el riesgo nos asaltaba en cada línea, donde la acción de los protagonistas producía vértigo, en la que todos, menos los malos, eran valientes a rabiar?

Río Congo arriba

El Corazón de las Tinieblas en Teatros del Canal, la Sala Verde

El director Darío Facal, responsable de la versión escénica de El corazón de las tinieblas, nos va a conducir hasta las entrañas de África tomando como base el argumento de esta mítica novela de aventuras y con los actores Ernesto Arias, Ana Vide, KC Harmsen y Rafa Delgado en los papeles principales. Para su puesta en escena utiliza  un lenguaje propio del siglo XXI, con música en directo interpretada por José Luis Franco (piano) y Ass Saber (percusión), performances, proyecciones visuales… todo ello para acompañar al marinero Marlow en su aventura, río Congo arriba, en busca de un misterioso personaje de nombre Kurtz que se dedica a comerciar con el marfil y cuyo rastro desaparece después de introducirse en la selva.

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En palabras de Facal, más allá del relato de aventuras, “esta obra nos enfrenta con una de las grandes paradojas morales con las que tenemos que vivir en Occidente. ¿Con qué derecho intervenimos en el resto de países y a qué precio?”.  Porque, en su opinión, la historia de El corazón de las tinieblas nos va a permitir “vertebrar reflexiones sobre el papel de la civilización occidental  en el mundo y sobre la relación que establecemos con nuestra propia moralidad”.

Y es que Metatarso Producciones, la compañía que sube a las tablas la novela de Joseph Conrad, ha centrado su trabajo, desde su creación en 2001, en dar vida a textos de alto nivel literario sin renunciar, por ello, a la emoción y a la belleza plástica y poética de sus montajes, en los que siempre se exploran expresiones artísticas más vanguardistas y arriesgadas, como la instalación o la videocreación. En palabras de Darío Facal, el teatro tiene que ser una experiencia doble, dramática y plástica que contribuya, como cualquier otro sector de la cultura, a producir conciencia. Y, eso sí, con el compromiso moral como bandera.

Joseph Conrad no es el único autor que, después de fascinar a generaciones enteras con sus relatos, ha inspirado a directores de teatro. También Alejandro Dumas, Julio Verne, Emilio Salgari, Edgar Wallace o Robert Louis Stevenson han sido impulsores de montajes escénicos invadidos de sentimientos que han servido también para divulgar argumentos tan atractivos como los que nos regalan títulos del calibre de La vuelta al mundo en 80 días, Robinson Crusoe, Los viajes de Gulliver, Veinte mil leguas de viaje submarino o Las minas del rey Salomón.

El Corazón de las Tinieblas en Teatros del Canal, la Sala Verde

Hay que recordar que, en el caso de El corazón de las tinieblas, Charles Marlow pudo ser perfectamente un alter ego del propio Joseph Conrad, quien también hizo un viaje por el Congo, en 1890, que iba a transformar su vida. Una aventura que al parecer, además de resquebrajar su salud, le hizo cambiar su ocupación de marinero por la de escritor. Conrad había anotado todas las peripecias de aquel peligroso periplo en su Diario del Congo y después desmenuzó aquellas notas en dos relatos de ficción: Una avanzada de progreso (1898) y El corazón de las tinieblas (1902). Y hasta el propio Conrad describió la explotación occidental del Congo como “el saqueo más vil de la historia de la conciencia humana y la exploración geográfica”.

Hay quien cree ver en El corazón de las tinieblas una condena intencionada de la doble moral europea de la época, además de una reflexión sobre la violencia y la locura. Y hay quien, incluso, va más allá y considera que se puede considerar como un aviso de los horrores que el ser humano iba a cometer en el siglo XX.

En busca de la ballena blanca

Moby Dick. Gira por diversos escenarios de Cataluña

También en el mar transcurre la novela de Herman Melville Moby Dick, que, de una forma muy arriesgada, ha puesto sobre las tablas el director Andrés Lima en una adaptación del relato que firma Juan Cavestany. En este montaje, como es lógico, no vamos a ver el océano en escena, pero sí a percibir la pasión y las aventuras de la mano del capitán Ahab, prototipo de héroe volcánico y emblemático de la literatura universal.

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En este caso, es el magnífico actor José María Pou el que se mimetiza con el solitario capitán y nos va a conmover con la pasión y el empeño que pone en su intento de dar caza a la ballena blanca. Con él nos vamos a subir al inquietante pesquero Pequod y vamos a sumergirnos en su locura, ya que lo vemos dispuesto a cometer cualquier barbaridad con tal de cumplir su propósito. “Yo no estoy loco, pero soy demoníaco. Soy la locura enloquecida”, afirma el capitán Ahab en el texto legado por Herman Melville.

Con el fin de traducir algunas claves de la esencia del hombre, Andrés Lima se centra en el misterio de la ballena blanca y se pregunta cómo alguien tan obsesivo y odioso como Ahab, tan blasfemo, tan invadido en sus entrañas por volcanes a punto de explotar, puede despertar empatía y hasta admiración. Él considera que el capitán es una metáfora de la cara oscura del ser humano y en su rebelión contra la naturaleza nos hace intuir que los hombres somos capaces de todo. De lo mejor y de lo peor.

Hay que valorar, en este caso, el esfuerzo de titanes que ha realizado Juan Cavestany para resumir las más de 800 páginas de la novela de Melville en un texto para ser representado durante 90 minutos. Asegura que le ha costado casi tres años adaptar esta obra monumental, pero cree que ha merecido la pena, porque, gracias a su empeño, el público podrá acercarse a la utopía que capitanea Ahab con su pierna de madera.

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También hay videocreaciones en este montaje que nos deja adentrarnos, desde la butaca,  en el pesquero Pequod y vislumbrar, incluso, la ballena, que intuimos y vemos asomar, enorme y por sorpresa, gracias a un impresionante y evocador juego realizado con una tela blanca de tamaño descomunal.

¿Y qué más decir de Moby Dick después de las palabras que dedicó Borges a la mítica ballena? “Moby Dick es un relato que se agranda página tras página, hasta usurpar el tamaño del cosmos”, dijo el autor de El Aleph. Y Harold Bloom fue mucho más allá: “Moby Dick no es una novela, es un milagro”.

De un mar a otro

La Isla del Tesoro en la Sala Sanpo

Y de un mar a otro mar, porque nos hemos tropezado con La isla del pirata, de Robert Louis Stevenson, en dos salas teatrales: el Teatro San Pol y el Estudio 2 Manuel Galiana, ambos en Madrid. En los dos escenarios se representa una de las historias de aventuras más universal y divertida, en la que todos los personajes, desde el joven Jim Hawkins hasta el capitán Alexander Smollett, pasando por el inspector Dance y el criado Thomas Redruth, desean encontrar el tesoro que un día enterró el temible pirata Flint. Por eso, su antigua tripulación y el aventurero Jim Hawkins, quien recibe el plano del tesoro de un viejo marinero de nombre Billy Bones, van a cruzar el océano en la fragata La Hispaniola.

En la adaptación musical que ha hecho Esther Echevarría para el Estudio 2 Manuel Galiana de este clásico de aventuras, los actores interactúan con el público para hacerle sentir la magia del teatro, mientras se escuchan la música y las canciones de Félix Román. También es musical la adaptación del mismo título que ha hecho la compañía La Bicicleta para el Teatro Sanpol y que está dirigida a un público familiar dispuesto a disfrutar de la emoción y la sorpresa. Así que pasen y vean. Grandes y pequeños están invitados a gozar de la aventura. En el papel y en la escena.

 


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La Isla del Tesoro en la sala Estudio 2

 


  • “El corazón de ls tinieblas”. Teatros del Canal. Madrid. Hasta el 13 de mayo.
  • “Moby Dick”. Gira por diversos escenarios de Cataluña. Hasta el 7 de junio.
  • “La isla del tesoro”. Teatro San Pol. Madrid. Hasta el 13 de mayo.
  • “La isla del tesoro”. Estudio 2 Manuel Galiana. Madrid. Hasta el 27 de mayo.
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