El regreso necesario al Siglo de Oro

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Cervantes, Calderón, Lope o Tirso vuelven a triunfar en un corral de comedias levantado en Madrid en pleno siglo XXI

Por Pilar Ortega © 2017 / En el Siglo de Oro proliferaron los corrales de comedia como espacios para representar obras de teatro. Eran patios al aire libre, cerrados por casas en tres de sus lados, salvo el que servía para situar el escenario, cubierto por un tejadillo y sin ninguna escenografía. Los más antiguos de Madrid, y los más reconocidos, fueron el de la Pacheca, el de la Cruz y el del Príncipe. Este último ocupaba el espacio que hoy tiene el Teatro Español, en los aledaños de la plaza de Santa Ana.

Pues bien, en pleno siglo XXI, se acaba de levantar un corral de comedias, eso sí, temporal, en la Cuesta de Moyano de Madrid, para alojar, hasta el próximo 24 de septiembre, el festival “Fiesta Corral Cervantes”. Así, el Siglo de Oro se instala en la ciudad gracias a la Fundación Siglo de Oro, que ha conseguido “edificar” un corral a la antigua usanza, para poner al alcance de un público mayoritario a esos autores tan defenestrados, definidos injustamente como “clasicorros” y “algo rancios”. Y lo van a acompañar con actividades lúdico-festivas para todas las edades, de tal modo que, al igual que sucedía hace cuatro siglos, los asistentes puedan disfrutar de varias representaciones distintas cada día. A elegir. Todas las compañías han hecho un esfuerzo por presentar piezas frescas  y actuales, porque están seguros de que lo que preocupaba a los autores de la época sigue interesando a la sociedad de hoy. Y que, con iniciativas como ésta, la palabra del Siglo de Oro acabará calando en el alma popular.

DISFRUTAR, COMER Y BEBER

La programación no sólo cuenta con montajes teatrales y conciertos, sino que se brinda también la posibilidad de comer y beber en el patio del corral durante las funciones, algo que también sucedía en los antiguos corrales de comedias. “Fiesta Corral Cervantes” estará abierto todos los días, desde la mañana hasta la noche, y se habilitarán tres zonas. Una, para presentar obras de teatro, conciertos, talleres y actividades culturales; otra, para la restauración, y la tercera, para la artesanía.

¿Por qué es tan necesario poner nuestra mirada hoy en el Siglo de Oro y tener una experiencia intensa de esta época de esplendor de nuestro teatro? Rodrigo Arribas, director de la Fundación Siglo de Oro, nos da la respuesta. Dice que tenemos una gran suerte en nuestro país de poder acceder a ese momento estelar del teatro español, “una explosión que sólo sería comparable a la dramaturgia del teatro grecorromano”. Son textos los del Siglo de Oro, añade, que ofrecen un firme reflejo de la esencia del ser humano y de los conflictos que tiene el hombre consigo mismo y con los demás.

En la programación del Corral Cervantes, hay espacio para todos. Aparecen obras teatrales tan aplaudidas como Mujeres y criados y Los espejos de Don Quijote, se puede disfrutar del espectáculo de improvisación A nadie se le dio veneno en risa, a cargo de Impromadrid, y de una propuesta de teatro clásico a ritmo de hip hop dirigida por uno de los componentes del grupo Yllana. Los sábados y los domingos por la mañana y a primera hora de la tarde es el turno de los más pequeños con el teatro de títeres Y los sueños, sueños son y la función El coloquio de los perros. También hay espacio para la música con los conciertos de El teatro del arpa y Tonos humanos al ayre español, con músicos especialistas en la época: Sara Agueda en el primero, y Laberintos Ingeniosos, con Lucía Martín-Cartón y Xavier Díaz-Latorre, en el segundo.

TEXTOS QUE SORPRENDEN

Arribas reconoce que no todos los autores ni todos los textos del Siglo de Oro tienen la misma atemporalidad ni idéntica calidad: “No todos poseen esa capacidad de supervivencia en el tiempo, pero sí hay muchos que, subidos en un escenario, nos devuelven un espejo en el que podemos reflejarnos hoy igual que ayer”. Es el caso, y cita de memoria, de muchos de los textos de Calderón de la Barca, Lope de Vega, Sor Juan Inés de la Cruz… Considera que todos ellos nos siguen hablando desde el pasado de forma muy potente y que algunos siguen sorprendiéndonos, como El rufián dichoso, de Cervantes, o Mujeres y criados, una obra inédita de Lope de Vega que se encontró hace sólo tres años en la Biblioteca Nacional.

Hay que mirar al ayer. Lo dice con rotundidad Rodrigo Arribas. Y no sólo a los autores del Siglo de Oro, sino también a los posteriores. Por eso, el director de la Fundación Siglo de Oro nos invita a adentrarnos en la literatura dramática con  mayúsculas, en esos momentos de plenitud a la hora de contar historias que hoy nos siguen zarandeando, como un buen poema, como un hermoso paisaje, como un buen amigo, como una revelación. Un diamante que hay que cuidar y difundir en la calle, en los ámbitos académicos y de la investigación y en el mundo entero.

Ésa es la razón de la existencia de la Fundación Siglo de Oro. Es tanto y tan bueno el patrimonio literario del Barroco que se hace necesario promover su conocimiento allá donde se pueda. No importa, dice Arribas, que los puristas critiquen a los actores cuando no se ajustan exactamente al texto, porque el erudito siempre va a tener su espacio y puede acceder a la fuente original para sus legítimos objetivos. “El debate siempre es interesante”, añade. “Son dos mundos separados, el erudito y el escénico. Ya lo sufrió Adolfo Marsillach con la Compañía de Teatro Clásico. Sin embargo, hay sabios conciliadores, como Alberto Blecua, que promueve una mayor conexión entre estos dos mundos, siempre dentro de unos parámetros de calidad, claro”.

PASEO POR EL MADRID DEL SIGLO DE ORO

El Festival Corral Cervantes tiene su sede junto a la glorieta de Carlos V, a un paso de la estación de Atocha y del Parque del Retiro, junto a la literaria Cuesta de Moyano. Desde aquí se alcanzan algunos de los escenarios que perviven del Siglo de Oro en el paisaje de Madrid. Y, por eso, nos vamos a echar a andar y a callejear en busca de las huellas de Cervantes, Lope, Góngora, Calderón

Para ello, vamos a dirigir nuestros pasos hasta el vecino Barrio de las Letras, situado a sólo un tiro de piedra del nuevo Corral Cervantes, para hacer una inmersión completa en el Madrid del Siglo de Oro. En este barrio, también conocido como de las Musas o del Parnaso, nacieron Quevedo y Leandro Fernández de Moratín, aquí vivieron Lope de Vega, Cervantes y Góngora; aquí recibieron sepultura Cervantes y Lope de Vega, aquí se levantaron los primeros corrales de comedias y aquí estuvo la imprenta de donde salió el primer ejemplar del Quijote.

Los adoquines de la calle de las Huertas reproducen hoy, grabadas en oro, citas de, entre otros, Luis de Góngora, Miguel de Cervantes, Francisco de Quevedo, Lope de Vega y Nicolás y Leandro Fernández de Moratín, el primero poeta y el segundo, dramaturgo. Una mezcla de heterogéneo talento que sirve para ilustrar la riqueza de la abundante literatura que se alimentó de Madrid.

Bien merece una parada la Casa Museo Lope de Vega. En este inmueble habitó el dramaturgo los últimos 25 años de su vida, hasta su muerte en 1635. Es un edificio de dos plantas que, desde su construcción en 1578, ha sufrido numerosas transformaciones pero sin perder su esencia ni el jardín que Lope inmortalizó en sus versos y en el que tantas horas pasó

Por el Barrio de las Letras, naturalmente, se pueden seguir los pasos de Miguel de Cervantes, el escritor español más universal de todos los tiempos. Aunque nació en Alcalá de Henares, donde se halla su casa museo, vivió en distintos lugares de Madrid: en la calle de la Magdalena, en la del León, en la plazuela de Matute, en la calle de las Huertas y en la esquina de León con Francos (hoy Cervantes). Esta última casa fue demolida en el siglo XIX, a pesar de la lucha baldía de Mesonero Romanos por evitarlo, batalla en la que fue apoyado incluso por el rey Fernando VII. Al menos, el nuevo edificio recuerda, con una placa conmemorativa, que allí vivió el autor del Quijote.

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Muy cerca se halla la Imprenta de Juan de la Cuesta (Atocha, 87, esquina San Eugenio), que se hizo mundialmente famosa por la edición, en 1605, de la primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, cuyos primeros ejemplares los vendió el librero Robles en la calle Mayor.

GENIALES CON LA PLUMA

Eran geniales con la pluma, sin duda, pero aquellos escritores que pasaron a la posteridad por sus méritos literarios a veces se portaban, en el tú a tú, de una manera muy poco ejemplar. La historia de la literatura está plagada de bofetones reales y figurados. Lope y Cervantes se llevaban francamente mal, pero Quevedo y Góngora, seguramente, les superaban. Como ejemplo, basta decir que el autor de El buscón compró la casa donde vivía Góngora, quien pasaba apuros económicos, sólo para desahuciarle por impagos del alquiler y quedarse finalmente con la vivienda. Era un piso muy pequeñito y Góngora solía decir que era tan pequeño y tan caro como un dedal de plata. Ésta es la razón por la que la casa que habitó Góngora se halla, curiosamente, en la calle de Quevedo.

Cada uno de estos escritores contribuyó parcialmente a formar ese gran puzzle que es el Madrid literario del Siglo de Oro. No nos podemos olvidar de Calderón de la Barca, quien vivió sus últimos 20 años de vida en el número 61 de la calle Mayor, en una de las casas más estrechas de Madrid. Allí murió el autor de La vida es sueño. Con su desaparición, la historia de la literatura da por finalizado el Siglo de Oro. Ese diamante único y tan singular del que habla Rodrigo Arribas. Y que, por necesario, hay que conservar y difundir.

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