Pasión por el monstruo

Nace la primera compañía teatral dedicada al género fantástico: Hijos de Mary Shelley

Por Pilar Ortega © 2016 / Todo empezó hace 200 años. Incluso antes. Pero nos vamos a trasladar en el tiempo hasta 1816 para ver cómo una pandilla de jóvenes amigos, capitaneados por Lord Byron, se reunieron en Villa Diodati, una mansión situada junto al lago Lemán, en las cercanías de Ginebra, para pasar una agradable velada entre charlas, risas y juegos. Dicen que por entonces había entrado en erupción el volcán Tambora, en Indonesia, y que el clima en todo el mundo era muy irregular, con un toque gris profundo en la atmósfera. Esa noche los allí reunidos, entre ellos Mary Shelley y el que después sería su marido, el poeta Percy Bysshe Shelley, además del médico y también escritor John Polidori, fueron testigos de una espectacular tormenta que les hizo divagar y fantasear sobre el miedo y los monstruos. Parece ser que, encerrados como estaban, Lord Byron retó a todos a escribir una historia de terror. Y así, de aquella iniciativa, nació Frankenstein. Surgió en la mente de una muchacha que apenas acababa de cumplir 19 años: Mary Shelley.

Vals de Mary Shelley. De Vanessa Montfort. Foto: Munoz Hermida

Dos siglos después de aquello, otra pandilla de amigos –muchos de ellos escritores-, se han asociado bajo el nombre de “Hijos de Mary Shelley” (www.hijosdemaryshelley.com) con el fin de rendir tributo a aquella aventura literaria nacida en Suiza. Se les ha ocurrido de todo –mesas redondas, concursos, talleres, antologías, festivales del libro…- y, entre otros muchos proyectos, han puesto en marcha, bajo esta denominación, la primera compañía teatral de género fantástico, con la que acaban de estrenar EL HOGAR DEL MONSTRUO. Han participado con propuestas muy personales en Avilés (Teatro Palacio Valdés), Alcalá de Henares (Teatro Cervantes), Buenos Aires (Centro San Martín), Gijón (Semana Negra)… y Madrid, nada menos que en el Teatro María Guerrero, el gran templo de la escena nacional.

Tenían tanto que mostrar al público que aquí ensamblaron dos programas diferentes en un montaje capitaneado por Vanessa Montfort y que pretende seguir subiéndose a las tablas de toda España, divulgando así, en distinto formato, textos escritos por la propia Vanessa Montfort, Fernando Marías, Espido Freire, José Carlos Somoza y José Sanchis Sinisterra. Todos reflexionan sobre los monstruos, cada uno a su manera, y algunos se atreven a salir (y de forma muy airosa) al escenario a representar sus creaciones y sus propios miedos.

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Fernando Marías. Maestro de ceremonias.
Fernando Marías. Maestro de ceremonias.

Fernando Marías, Premio Nadal y Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, acompaña al espectador, como un clásico maestro de ceremonias, por la singladura a la que éste se ha de enfrentar. Hay piezas que se presentan como monólogos, otras como testimonios y algunas como musicales, con referencias a Alicia en el País de las Maravillas, al Dr. Jekyll y a Mr. Hyde, al propio Frankenstein, a obras de Julio Verne… La forma y el contenido son diversos, pero todas pretenden despertar la fantasía del público y convocar a los monstruos, esas criaturas que se esconden de la luz del día y que sólo se detectan, siempre que se busquen, en la imaginación.

Vanessa Monfort, autora de la novela Mujeres que compran flores (Plaza y Janés), dice que “todos los monstruos son hijos de su tiempo. Frankenstein lo fue de la revolución científica del siglo XIX, Drácula del Romanticismo y quién sabe si los zombis surgieron de la sociedad de masas del siglo XX”. Precisamente de una pregunta, “¿qué monstruos nos traerá el siglo XXI?”, nace el proyecto fantástico (en su sentido  más literal) Hijos de Mary Shelley. Hasta ahora, se habían concentrado sólo en la literatura y cada cierto tiempo publicaban una antología de textos “monstruosos”… pero sus criaturas han ido creciendo y ahora cobran vida en escena… y es tanta la ilusión y tantas las ganas de emprender de quienes forman este equipo que, periódicamente, reproducen el encuentro de Villa Diodati en un entorno similar. Y lo abren al público interesado. “Diodati se mueve” es el lema de sus singulares viajes de aventura, a la manera de los poetas románticos.

Pero volvamos a escena, porque EL HOGAR DEL MONSTRUO invita al espectador a soñar de una manera activa y a introducirse en el terreno del misterio. Por eso, el escenario que propone Vanessa Montfort está casi desnudo, despojado de efectismos: apenas un par de espejos dañados, un inmenso baúl polivalente y un juego de luces y de sonidos evocadores. Nada más. Con estos elementos básicos, se obra el milagro de evocar sobre las tablas a los espíritus de la fantasía.

Fotograma del film
Fotograma del film “El doctor Frankenstein” (1931). Producida por Universal Pictures y dirigida por James Whale, fue una adaptación de la obra de teatro de Peggy Webling que a su vez estaba basada en la novela “Frankenstein o el nuevo Prometeo” de Mary Shelley.

“El terror, lo fantástico o lo gótico son expresiones de la soledad del alma humana que inspiraron a los autores de hace 200 años e inspiran hoy a la compañía Hijos de Mary Shelley”, apunta Fernando Marías, quien resalta el elevado componente humano que habita en cada monstruo. “Soy malvado porque soy desdichado”, decía Frankenstein, mientras reivindicaba el cariño de su creador, Victor Frankenstein. Por eso, Fernando Marías entiende su estado emocional, se pone en su piel y manifiesta que le hubiera encantado formar parte de la reunión de Villa Diodati en aquel ya lejano 1816, cuando Mary Shelley gestó el embrión de uno de los seres fantásticos más fascinantes de la literatura universal y John William Polidori, el médico personal de Byron, dio a luz El vampiro, que después sirvió de inspiración, al parecer, a Bram Stoker para escribir Drácula. Hay que recordar que, para Mary Shelley, la Villa Diodati, donde nació su criatura, era un lugar culturalmente sagrado, porque allí habían estado nada menos que John Milton, Rousseau y Voltaire.

Lo cierto es que los amantes del género están de suerte, porque, como si se hubieran puesto de acuerdo, los monstruos parecen haber despertado y hacen sentir su presencia en otras expresiones creativas. Ya fuera del teatro, el Espacio Fundación Telefónica (Fuencarral, 3) se ha rendido también ante el monstruo como emblema cultural y mitológico con la exposición Terror en el laboratorio: de Frankenstein al doctor Moreau, donde han “resucitado” personajes clave de la literatura de terror.

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Y de la sala de exposiciones, al cine, a ver la película de Juan Antonio Bayona Un monstruo viene a verme, que tiene a un adolescente de 13 años como protagonista. El niño, víctima del acoso escolar en su colegio, debe atender a su madre gravemente enferma. La realidad le resulta tan difícil de aceptar que se refugia en un mundo de hadas, duendes y criaturas maravillosas hasta que, un día, el árbol que divisa desde su ventana se transforma en un monstruo que le ayuda a enfrentar sus problemas.

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El director de El orfanato y Lo imposible se ha basado en el libro de idéntico título de Patrick Ness para armar esta cinta protagonizada por Lewis MacDougall (el niño), Felicity Jones (la madre), Liam Neeson (el monstruo), Sigourney Weaver (la abuela) o Geraldine Chaplin (la tutora de la escuela).

Resulta curioso que en un mundo tan pragmático y tecnológico como el siglo XXI los monstruos aparezcan con tanta fuerza y reivindiquen su espacio en la literatura, el arte, el teatro y el cine de hoy, como ya lo hicieron en tiempos pasados. Si Frankenstein levantara la cabeza, seguramente se hubiera sentido mucho menos solo. Y más comprendido.

  • Portadas de algunas de las ediciones de “Frankenstein o el moderno Prometeo” de Mary Shelley.
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