Emma Rodríguez © 2025 /

La filóloga, profesora de literatura vasca Miren Billelabeitia se refiere a las tertulias y conversaciones sobre literatura como “un territorio para la felicidad y el regalo”, reivindicando la capacidad de los libros para abrir el cauce de la comunicación y la reflexión. Muy motivador su ensayo Lo que una ama. Pensar la palabra, vivir la lectura, donde da cuenta de sus experiencias con jóvenes estudiantes, con adolescentes a los que ha intentado, curso a curso, contagiar la pasión por la lectura, abriendo el cauce del diálogo y del intercambio de opiniones.

Ganadora del Premio Euskadi de Ensayo en 2023, la obra de la que os hablo, es especialmente idónea para docentes. Puede actuar como una mecha que active la imaginación, la creatividad; que convenza de que es posible impartir clases de literatura dinámicas, participativas, más allá de la rigidez de los temarios marcados. Pero a la vez resulta atractiva para quienes creemos en la fuerza de la palabra, de las ficciones, para abrir compuertas cerradas en nuestro interior, para llevarnos a comprender realidades diversas, para modificar la mirada sobre el mundo, una idea en la que en Lecturas Sumergidas nos gusta insistir una y otra vez.

Por todo ello me alegró adentrarme en un recorrido que, más que teorías y argumentos, ofrece experiencias sobre el terreno, acciones prácticas. Aquí es la profesora la que nos habla sobre sus búsquedas, sus preocupaciones y sus métodos de trabajo, pero también lo hacen los alumnos. A través de sus pareceres, de sus aproximaciones a distintas obras, somos conscientes de la manera en la que los libros enriquecen la vida y actúan como espejos que reflejan las inquietudes más hondas. 

Acercándonos a las vivencias de Billelabeitia, una mujer que ha dedicado gran parte de su trayectoria profesional a explorar los dones de la lectura y a compartir sus beneficios, recuperamos escenas propias, esos momentos en los que fuimos conscientes de que sin libros –sin poemas, sin novelas, sin obras de pensamiento– nuestra vida sería mucho más pobre, que sin la complicidad con determinadas historias y personajes nos sentiríamos en cierto modo huérfanos… La lectura nos perturba e incomoda; nos conmueve y emociona. Una vez que descubrimos hasta qué punto mueve cosas dentro de nosotros, ya no podemos vivir sin el acto de inmersión, de interiorización, que supone pasar las páginas de un libro. La lectura nos acerca a los otros y despierta el pensamiento, a la vez que las ganas de transmitir aquello que nos ha cautivado tanto. 

El ensayo «LO que una ama» es idóneo para docentes. Puede actuar como una mecha que active la la creatividad; que convenza de que es posible impartir clases de literatura dinámicas, participativas, más allá de la rigidez de los temarios marcados.

No existen libros demasiado difíciles si se leen en comunidad, si se ponen en común las inquietudes y opiniones que generan”, señala la autora. Frente a tantos profesionales de la educación desencantados, que señalan el poco interés de sus alumnos, el deterioro de la comprensión lectora, la incapacidad para concentrarse, para detenerse, debido, en gran parte, a la rapidez que impone la sociedad de consumo, el uso exagerado de las tecnologías, ella ha comprobado –y nos lo hace saber– que los jóvenes leen más “de lo que muchos piensan, y mejor también de lo que creen”, con “atención y exigencia”. Me detengo en sus palabras y pienso en la importancia de los docentes que nos encontramos en los años de formación, en la suerte de que alguno de ellos consiga tocar esas teclas capaces de activar la pasión lectora.

Todo indica que Miren Billelabeitia (Mungia, Vizcaya, 1960) es una de esas profesoras de las que algunos de sus alumnos y alumnas dirán que fue una enorme suerte haberla encontrado. “Se dice que la lectura ha de ser voluntaria. Y es cierto, pero la voluntad también se puede ejercitar, y leyendo se promueve el deseo de leer más cosas y más tiempo”, argumenta quien, en un trecho del recorrido, se ve a sí misma como lectora y pasa a rememorar lo que le contestó a una alumna de quince años cuando le preguntó qué leía ella y con qué propósito.

Le dije que desde pequeña me gustaba leer, que las historias me fascinaban. Le dije que a su edad leía impulsada por el deseo de conocer lo que me iba a contar esa novela, qué sucedía en su interior. También por la curiosidad de aprender. Pero añadí que cada vez leo más por el placer estético del texto, fijándome en lo bien expresado que está, y por el deseo de que me lleve a reflexionar. Para mí, leer, escribir, es una vía para la reflexión”, transcribo sus palabras, con las que tanto me identifico.

Este ensayo, que voy repasando, permite acceder a las dinámicas de enseñanza, de trabajo, de la profesora de lengua y literatura vasca y universal, a su capacidad para generar cauces de entendimiento, de expresión de opiniones, sentimientos y complicidades, alrededor de los libros y del aprendizaje de una lengua como el euskera. Promover la lectura en euskera no es una tarea fácil, pues los jóvenes están más acostumbrados al castellano, pero el desafío es posible. Son muy reveladoras las prácticas, los esfuerzos realizados para conseguir que los alumnos acaben hablando y leyendo en una lengua en la que, afortunadamente, cada vez hay más traducciones.

“Se dice que la lectura ha de ser voluntaria. Y es cierto, pero la voluntad también se puede ejercitar, y leyendo se promueve el deseo de leer más cosas y más tiempo”, señala Miren Billelabeitia.

Escuchar a los jóvenes lectores, como os decía antes, es otro de los alicientes que proporciona este libro. Los capítulos que, particularmente, más me han atraído, son aquellos en los que se va dando cuenta de las distintas lecturas que se llevan a cabo en los cursos y que después dan lugar a tertulias, encuentros en los que la docente se convierte en un participante más, que orienta los temas de conversación, pero sin imponerse, un plan desarrollado a través de los años con indudables buenos resultados. 

Las troyanas, de Eurípides, una obra sin duda compleja, es una de las lecturas con las que se trabaja, con las que se inicia el curso. Es muy hermosa la reivindicación de los clásicos que hace Miren Billelabeitia en las páginas dedicadas a esta tragedia griega que enseña a los alumnos a vencer las dificultades, a ir abriendo espacios de comprensión en la lectura que finalmente les procuran satisfacción y les permiten mirarse “en un espejo más lúcido”, tendiendo un puente entre el ayer y el ahora.

 “En el teatro antiguo todo es terrible y bello. Y en las páginas de los clásicos, a pesar de la distancia de siglos, todavía tenemos ocasión de sentir el latido de la vida en sus distintas formas. Los clásicos siempre han sido muy críticos con su mundo, pero también lo son con el nuestro. Todavía pueden responder a nuestras preguntas y mostrarse como una herramienta muy valiosa de conocimiento y sabiduría. Nos ayudan a vivir, ciertamente, en la medida en que nos revelan aspectos ocultos de la existencia. Tienen mucho que decir del arte de vivir...”, vamos leyendo.

Y proseguimos: “El famoso trágico Eurípides sitúa su  tragedia al día siguiente de la guerra mítico-mitológica de Troya, junto a las murallas incendiadas de la ciudad. El tema principal no son los héroes, ni celebrarlos, sino las consecuencias de la guerra y el sufrimiento que ocasiona. Para ello pone el foco en las mujeres, en los perdedores (…) Parece ser que las cosas no han cambiado mucho en los siglos posteriores (…) Eso es lo que hace de una obra un clásico, que coloca ante nuestros ojos un conflicto que ha atormentado a la humanidad a través de los siglos…” 

En las tertulias alrededor de una obra como Las troyanas los jóvenes perciben el posicionamiento del autor, su toma de partido por los perdedores y los perseguidos, la manera en la que refleja la crueldad de los vencedores. “Resulta evidente que al largo invierno de la conciencia en que vivimos le conciernen obras de este tipo, donde encontramos ocasión de alimentar la esperanza contra la barbarie actual, para que podamos conservar en la memoria hechos injustamente condenados al olvido (…) Gracias a la lectura de muchas de las obras consideradas clásicas, podemos hacer frente a la desertificación de la mente y el espíritu. Estos libros, estas lecturas conviven con nosotros. Hablan y nos instruyen; alivian nuestras penas en la desgracia”, argumenta la autora. 

Llegada a este punto acude a mí Clásicos para la vida, de Nuccio Ordine, otro profesor convencido de la necesidad de las humanidades para ennoblecer la existencia, quien, a través de lecturas de obras de grandes autores, consigue trazar un recorrido que ilumina los grandes temas de siempre: la amistad, la desigualdad, la solidaridad… El conocimiento por delante de la productividad y el dinero; la curiosidad y el talante crítico para detener la indiferencia ante las injusticias del mundo son esenciales en la obra del ensayista italiano. “Si no salvamos a los clásicos y a la escuela, los clásicos y la escuela no podrán salvarnos”, señala en su entrega más conocida, La utilidad de lo inútil, que una vez más vuelvo a recomendaros (a los dos títulos citados dedicamos espacio en las páginas de Lecturas Sumergidas).

Es muy hermosa la reivindicación de los clásicos que hace la autora en las páginas dedicadas a «Las troyanas» de Eurípides, UNa obra cuyo tema principal no son los héroes, sino las consecuencias de la guerra y el sufrimiento que ocasiona.

Miren Billelabeitia parte de los mismos principios. “Las actitudes e injusticias antiguas permanecen vivas entre nosotros hoy en día”, escribe en el tramo dedicado a Las troyanas. En sus clases recurre a escenas, noticias, acontecimientos de actualidad, que conectan con las historias que se leen; intenta que se disfrute de la lectura como puerta de acceso a otras realidades, como cauce para la identificación y el debate; que se extraigan lecciones para ir por la vida con los ojos abiertos. 

En las páginas de su libro se da cuenta de las lecturas compartidas con los estudiantes de, entre otros libros: Las mil y una noches; Hamlet; Frankenstein; los poemas de Kaváfis; los cuentos de Edgar Allan Poe; Una habitación propia de Virginia Woolf; La metamorfosis de Kafka… Esta última obra merece especial atención, pues se le dedica un amplio capítulo en el que se van intercalando las opiniones de estudiantes de quince y dieciséis años, que leyeron la historia en su versión en euskera. La experiencia de la que se da cuenta corresponde al curso de 2020, que coincidió con el confinamiento por la pandemia de Covid. El aislamiento que sufre el protagonista de Kafka, convertido en un horrendo insecto, rechazado por su familia, coincide con el encierro de los alumnos, que se comunican a través de la pantalla de sus ordenadores, lo que añade nuevos elementos a un intercambio cargado de emociones.

En años anteriores, el aislamiento de Gregorio se comparaba con el sufrido a causa del sida, o con el desprecio a quienes revelaban su homosexualidad. Más próximamente también con quienes han vivido la falta de aceptación por sus procesos de cambio de sexo, relacionado siempre con los problemas de un grupo social. Pero en las reuniones virtuales de marzo y abril de 2020, se ha relacionado más con el aislamiento que vive casi toda la sociedad a causa del confinamiento y la pandemia…”, apunta la profesora.

Hay otro trecho del camino, igualmente interesante, en el que se habla de las prácticas llevadas a cabo en las clases sobre el tema de la memoria. Se constata la senda de la literatura para preservarla y de nuevo se da entrada a las voces de los jóvenes, a los que se les pidió que rescatasen los recuerdos familiares sobre la Guerra Civil, que abrieran un diálogo con sus mayores (posteriormente se publicó un libro con sus trabajos). Todo comenzó, como explica Billelabeitia, a partir de la lectura de la novela La educación de Lili (Lili eta biok, en euskera), de Ramon Saizarbitoria

¿Había adolescentes como Lili en la vida real? ¿Era cierto lo que su abuelo contaba de la Guerra Civil? (… ) Les pedí a mis estudiantes que se pusieran en el lugar de Lili (…) Aunque los adolescentes no son conscientes de ello, la realidad devastadora de la guerra de 1936-1939 fue real en su país no hace tanto tiempo. De hecho, todos tienen algún familiar que vivió aquella época, a pesar de que arrinconaron sus recuerdos en lo más profundo de sí mismos. Los relatos de familiares y vecinos acercan a los alumnos a una situación no tan lejana en el tiempo, y hacen que sus mayores recuerden su contexto, el continente europeo…”, explica la profesora. 

la LIteratura como Vía para preservar la memoria entró en las clases a partir de la lectura de una novela de Ramon Saizarbitoria, a partir de la cual se pidió a los alumnos que rescatasen los recuerdos familiares sobre la Guerra Civil española.

Este tramo nos hace ver la importancia de trazar puentes generacionales para luchar contra el olvido. “Los nietos hacen posible restaurar la vía de transmisión, dejando claro que la guerra y los conflictos,e l recuerdo de las pérdidas y del miedo no es algo que esté tan lejos de nosotros”, sigo leyendo.

La enseñanza de la literatura, insisto, puede convertirse en una actividad  dinámica, creativa, más allá de los márgenes de los libros de texto, según demuestra la experiencia de Billelabeitia en el Instituto de Mungia. Su libro puede servir de estímulo para otros docentes, a quienes la autora anima a afrontar retos, a adentrarse en obras que pueden parecer complejas en un principio, pero en las que merece mucho la pena sumergirse. “Con la excusa de que al alumnado le incomoda, no intentamos ver la calidad del texto, su interior. No miramos la lectura, la historia, el libro, como un cofre de tesoros lleno de misterios y desafíos, que deberían ser descubiertos poco a poco”.

Miren Billelabeitia. Foto por Lide Billelabeitia.

Lo que una ama es una obra sobre el afán de contagiar el placer de la lectura y sobre los libros que se leen en comunidad, lo cual supone un elogio de las conversaciones en torno a ellos, de las tertulias, dentro y fuera de los centros educativos. Sumergirse en un libro, compartir la experiencia, es una manera de luchar contra el individualismo que impera en nuestras sociedades y también de rebelarse contra lo material, lo productivo, la cadena frenética del consumo que nos rodea. “Leer, querer leer y saber leer son costumbres cada vez más menos garantizadas. Leer libros no es algo natural y necesario como caminar, comer, hablar o usar los cinco sentidos. No es una actividad vital, ni en el plano fisiológico ni en el social. Viene después, implica una atención especialmente consciente y voluntaria hacia uno mismo. Leer literatura, filosofía y ciencia, si no se hace por trabajo, es un lujo, una pasión noble o ligeramente perversa, un vicio que la sociedad no censura. Es tanto un placer como un propósito de mejora. Requiere cierto grado y capacidad de introversión y concentración. Es una forma de salirse de uno mismo y del ambiente que nos rodea, pero también es un medio para conocerse mejor, para ser conscientes de nuestro orden y desorden mental”, señala el crítico italiano Alfonso Berardinelli, en Leer es un riesgo

Sumergirse en un libro, compartir la experiencia con los demás, es una manera de luchar contra el individualismo que impera en nuestras sociedades y también de rebelarse contra lo material, la cadena frenética del consumo que nos rodea.

El libro de Miren Billelabeitia se hermana con esta obra y con otras de Daniel Pennac (Como una novela), Bernard Pivot (De oficio, lector), a las que nos hemos referido en otra página de Lecturas Sumergidas. Pero también quiero introducir aquí otro ensayo: Enseñar pensamiento crítico, cuya autora, bell hooks, escritora, activista y docente estadounidense, celebra que, en su caso, fue la lectura la que la “empoderó para viajar a numerosos lugares con la mente y la imaginación”; la que amplió su conciencia y logró hacer “posible lo imposible”, al tiempo que lamenta que cada vez haya más estudiantes que perciben el aprendizaje como un simple medio para alcanzar el éxito económico, sin disfrutar del placer y de los beneficios para la vida de la lectura (una idea en la que insiste Nuccio Ordine).

La adquisición de criterio propio, en un tiempo dominado por las mentiras, por la manipulación a la que estamos sometidos a través de las redes sociales y de determinados espacios mediáticos, es un tema al que también se refiere Billelabeitia, quien señala: “Lo más fácil y rápido es recurrir a las opiniones más difundidas o generalizadas, ya que el desarrollo de una opinión personal requiere trabajo, aprendizaje y reflexión” / “La lectura, la literatura, el debate nos llevan al esplendor de la palabra y, por medio de ella, deberíamos lograr ser personas libres, sabias, críticas y autónomas, capaces de reflexionar”. 

Nuestra autora ha dedicado su trayecto como docente a demostrar que la lectura importa y aporta experiencias para nada inútiles (vuelvo a La utilidad de lo inútil, de Ordine), como quieren hacer creer quienes solo ven la educación como un medio para ganar estatus y dinero. Por eso este ensayo resulta tan interesante y especial por su cercanía, por ofrecer, más allá de argumentos y teorías, experiencias, testimonios, diálogos alrededor de los libros.

 Lo que una ama. Pensar la palabra, vivir la lectura, ha sido publicado por la editorial Consonni, con traducción del euskera de Ángel Erro.


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