Foto Cabecera (Grace Jones, 2016, LosAngeles) por Dave Gould [CC] /

Fidel Oltra © 2024 /

No sé si nuestras lectoras y lectores más jóvenes sabrán quién es, y puede que incluso el resto tampoco lo recuerde, ya que fue un periodo muy concreto que duró apenas unos años, pero a mediados de los 80 Grace Jones fue una gran figura en nuestro país. Por supuesto también lo fue a nivel mundial, pero aquí, por diversas circunstancias, su impacto resultó más sorprendente. Imagino que todo empezó con su música, es de suponer. Sin embargo, lo que mucha gente de mi generación recuerda de Grace Jones son dos momentos que no están directamente relacionados con su carrera musical.

El primero es su deslumbrante aparición en la película Conan el Destructor (1984), donde encarnaba a Zula, una ladrona que se unió a Conan en una de sus batallas, prestando su estilizada, andrógina y magnética figura al personaje. El segundo, mítico para mi generación, fue un anuncio de televisión en el que de su boca mecanizada, que se abría como la puerta de un garaje, salía un coche. Un vehículo que posteriormente conducía la propia artista, y que al final regresaba a su interior, siendo nuevamente engullido. Tal vez no sea justo para Grace Jones que recordemos solo estos dos momentos, y no lo sería si hubiéramos olvidado el resto de sus numerosas aportaciones artísticas. Sin embargo, esas dos imágenes han quedado grabadas con fuerza en mi memoria y en la de muchos otros que vivieron los 80.

Grace Jones era entonces la reina del espectáculo: modelo, actriz, cantante… Incluso fue Chica Bond, algo que en aquella época tenía su relevancia. Más adelante, le perdimos un poco la pista; sus canciones dejaron de sonar tanto y sus películas no tuvieron el mismo éxito. No obstante, a sus alrededor de 75 años, sigue llenando escenarios allá donde va. En cualquier caso, antes y después de ese punto álgido en su carrera ocurrieron muchas cosas que vamos a intentar repasar.

Grace Beverly Jones nació en Jamaica en mayo de 1948. Como si fuera una señal de su futura y especial relación con España, lo hizo en una ciudad llamada Spanish Town. Pasó su infancia en la isla, pero antes de cumplir los 14 años su familia se trasladó a Nueva York, donde sus padres ya residían desde hacía algún tiempo. Allí finalizó sus estudios, sufriendo las burlas de sus compañeros por el color oscuro de su piel y su entonces desgarbada figura. A pesar de la estricta y religiosa disciplina familiar, o quizás debido a ella, Grace se escapaba, se maquillaba a escondidas y frecuentaba los clubs más oscuros y peligrosos de la ciudad.

Comenzó a beber y a experimentar con drogas, especialmente durante una estancia en Filadelfia, donde trabajó como bailarina en locales de mala reputación. Algunos de los clubs que frecuentaba, o donde trabajaba, eran los entonces semiclandestinos clubs gays, lugares prohibidos desde los cuales surgió y floreció la música disco que arrasaría en los años 70. Años más tarde la propia Grace Jones triunfaría con ese tipo de música y sería considerada un ícono gay. Pero no nos adelantemos.

De regreso a Nueva York tras su tiempo en Filadelfia, ya con 18 años, consiguió su primer contrato profesional como modelo. Pocos años después desfilaba en París para firmas como Yves Saint Laurent o Claude Montana (el «rey de las hombreras», un referente de los 80), y aparecía en las portadas de revistas como «Elle» y «Vogue». En la capital francesa compartió piso con Jerry Hall y Jessica Lange, y asistía a fiestas con diseñadores de renombre como Giorgio Armani o Karl Lagerfeld. Por supuesto, también frecuentaba todos los clubs gay de París.

Entre Nueva York y la capital francesa, Grace Jones se adentró en el mundo de la música de baile, en el hedonista reino que más tarde sería conocido como «música disco». Era solo cuestión de tiempo que se animara a lanzar un sencillo, o que alguien viera en esa combinación de intimidación y glamour el potencial para convertirla en una estrella. Un pequeño sello francés, Orfeus, fichó a la modelo a mediados de los 70 y la lanzó como cantante. Publicó dos sencillos: I Need a Man / Again and Again en 1975, y Sorry / That’s the Trouble en 1976.  Mientras seguía trabajando como modelo, esta faceta de cantante pasaba por ser un simple divertimento, un experimento para ver qué sucedía. Y bien, no sucedió casi nada. Los sencillos se distribuyeron en Francia, Alemania, Portugal y algún otro país europeo sin mayor repercusión. Sin embargo, su eco llegó hasta Nueva York, donde otro pequeño sello, Beam Junction, decidió publicarlas en Estados Unidos a raíz del éxito que una remezcla de I Need a Man tuvo en los ya no tan clandestinos clubs de baile.

Fue entonces cuando los directivos de Island Records se pusieron en contacto con Grace Jones y decidieron apostar fuerte por ella. Tanto fue así que contrataron al productor de moda, Tom Moulton, para trabajar en su primer álbum. Moulton, curtido en el llamado «Sonido Philadelphia», se estaba consolidando como uno de los nombres más cotizados de la música de baile. De hecho, se le considera uno de los pioneros, quizá el más importante, de las remezclas largas para la pista de baile y, por tanto, del maxi single. Para el primer disco de Grace Jones, titulado Portfolio, se seleccionaron varias versiones que acompañarían a tres de las cuatro canciones que ya habían sido lanzadas como sencillos (la única que no se incluyó fue Again and Again). Entre esas versiones había tres temas ampliamente conocidos por haber aparecido en musicales de éxito: Send in the Clowns, What I Did for Love y Tomorrow. Todas fueron adaptadas al estilo de Moulton, extendidas y transformadas en canciones para bailar. Estas tres versiones componían la cara A de Portfolio, dejando las tres canciones originales para cerrar la cara B. Posiblemente, el disco habría pasado desapercibido si solo hubiera incluido estas seis canciones, pero aún faltaba la guinda del pastel.

Su estancia en Francia le confería a Grace Jones un toque sofisticado y cosmopolita, que, unido a su natural belleza felina y amenazante, creaba un halo de misterio exótico a su alrededor. En un movimiento que resultó ser una jugada maestra, se decidió que la cuarta versión, la que abriría la cara B del disco, fuese una reinvención soft disco de un clásico francés: La Vie en Rose, cantada en francés, por supuesto. Un atrevimiento que podía resultar un fracaso total o un éxito arrollador. Por suerte, se asemejó más a lo segundo. Aunque se lanzó una versión más corta como sencillo, con una duración de tres minutos y medio, la incluida en el álbum se extendía por más de siete minutos. Moulton ya había saboreado el éxito con una estrategia similar un par de años antes, cuando produjo la versión extendida (de nuevo, siete minutos) de Never Can Say Goodbye, incluida en el álbum debut de Gloria Gaynor. La Vie en Rose, con su desarrollo suave, sedoso y pausado, logró una gran repercusión en Europa y ayudó a que Portfolio obtuviera discos de oro en países como Francia e Italia.

La carrera musical de Grace Jones podría haberse detenido ahí, como ocurrió con otras actrices o modelos que probaron suerte en la música por aquella época, pero no fue así. Aunque en los Estados Unidos no tuvo tanto impacto como en Europa, Island, Tom Moulton y la propia Grace Jones decidieron repetir la fórmula solo unos meses después. Su segundo disco, Fame, seguía la misma estructura que su debut: una primera cara con tres canciones discotequeras enlazadas, formando un mix de casi veinte minutos, y una segunda cara que se abría nuevamente con una versión de un clásico francés, en este caso Autumn Leaves.

En realidad el original francés se titula Les Feuilles Mortes, siendo el autor de la versión en inglés el gran Johnny Mercer. Autumn Leaves se había convertido, desde su publicación a finales de los años 40, en un estándar del «American Songbook», grabado por leyendas como Frank Sinatra, Doris Day, Nat “King” Cole o Bing Crosby, entre muchos otros. La versión de Grace Jones, al igual que la de La Vie en Rose, se movía entre suaves aires lounge y se extendía algo más de siete minutos.

Esta vez, el disco tuvo más repercusión en Estados Unidos que en Europa, salvo en Italia. En Canadá, alcanzó el top 5 gracias a una versión específica que incluía dos canciones adicionales en francés. Cabe destacar que el éxito en Italia probablemente se debió a motivos similares, ya que la edición italiana del disco incluía el tema Anema e Core, también lanzado como sencillo. En Estados Unidos el álbum entró tímidamente en las listas, pero la canción Do or Die alcanzó el top 3 en las listas de música dance, gracias, una vez más, a su difusión en las discotecas.

Por entonces Grace Jones se estaba convirtiendo en un nombre familiar entre los aficionados a la música de baile, pero no pasaba de ser otra artista más que, como mucho, aspiraba a convertirse en un «one-hit wonder» como tantas otras. Así pues, hubo un tercer intento de lanzar definitivamente a Grace Jones como diva de la música disco. La apuesta se dobló y, junto a Tom Moulton, se reclutó al islandés Thor Baldursson como arreglista. Puede que su nombre no les suene, pero Baldursson fue una pieza importante en éxitos de la música disco; por sus manos pasaron canciones de gente como Boney M. o Donna Summer, por citar dos nombres punteros del género en aquellos años. El tercer álbum de Grace Jones se tituló Muse y vio la luz en septiembre de 1979. Un año en el que los norteamericanos le dieron la espalda a la música discotequera y a la cultura de club, llegando a celebrar el infame “espectáculo” del Disco Demolition Night, donde se destrozaron miles de singles y discos de música de baile.

Aunque algunos autores ven esa jornada como el principio del fin de la música disco, es un hecho que en los 80 el género sobrevivió camuflado como pop en éxitos de Michael Jackson o Madonna, y menos encubierto en otros como los de Modern Talking o Rick Astley, por citar dos ejemplos. Sin embargo en septiembre de 1979, cuando vio la luz Muse, todavía estaban calientes los rescoldos de aquella estúpida noche, así que el disco pasó desapercibido. Ningún sencillo entró en las listas, y el álbum apenas pudo colarse entre los 200 primeros del Billboard estadounidense. La carrera musical de Grace Jones parecía definitivamente acabada, y desde luego no quedaba duda de que la fórmula, repetida hasta en tres ocasiones, estaba agotada. Pero fue entonces cuando Grace Jones decidió reinventarse, no darse por vencida. De hecho, estaba a las puertas de su época más gloriosa.

Island y Grace Jones decidieron que, ya que la música disco había dejado de estar de moda, quizás pudiesen mirar en otra dirección. Las raíces jamaicanas de la cantante les dieron la respuesta. A finales de los 70 y primeros 80 la música jamaicana se había puesto de moda en el Reino Unido, con grupos como Police picando del reggae para inventar la new wave, y otros como Specials o Madness llevando el ska y el 2 Tone al gran público. El nombre ideal para iniciar esa nueva etapa era Chris Blackwell, productor de la casa (de hecho fue el fundador de Island) y el hombre que había dado a conocer el reggae al mundo. Además venía de producir el fenomenal debut de los estadounidenses B-52’s. El equipo se desplazó hasta los recientemente creados estudios Compass Point, en las Islas Bahamas, y allí tomó forma el cuarto disco de Grace Jones y primero de su reconversión en misteriosa esfinge nuevaolera e icono de los 80: Warm Leatherette.

Aquí el ritmo sigue siendo protagonista, pero no está tan claramente orientado hacia el baile. Es un ritmo diferente, entrecortado y casi tribal, al estilo del que promulgaban los primeros grupos de post punk, que por cierto también miraban hacia Jamaica. La versión de Love is the drug (Roxy Music), y quizás también la del tema de Smokey Robinson The hunter gets captured by the game, son los únicos temas que enlazan de alguna manera con el pasado. En el resto se observa una clara voluntad de superar la etapa discotequera y adentrarse en terrenos más opacos y menos trillados.

Private life, canción de Chrissie Hynde (Pretenders), se convertía en un tema eminentemente reggae con toques de pop rock. Similar reinvención sufrió Breakdown, una canción del rockero Tom Petty. El hecho de escoger una canción como Warm leatherette, oscura y confusa creación de The Normal y escrita por Daniel Miller (fundador de Mute Records) no solo para abrir el álbum sino también para darle título, es una perfecta muestra del nuevo rumbo de Grace Jones como artista. Iba a labrarse su propio camino, y no sería uno sencillo ni tampoco uno que ya hubiesen pisado centenares de pies antes que los suyos. Con Warm Leatherette tampoco pasó gran cosa, a pesar de que casi todas las canciones salieron como sencillos, pero los cimientos estaban ya puestos y el rumbo marcado.

Por entonces Grace Jones conoció al fotógrafo y diseñador gráfico Jean-Paul Goude, con quien inició una relación tanto artística como sentimental. Una relación fructífera, puesto que Jean-Paul le dio a Jones el impulso final para que su reinvención fuese completa. Un nuevo estilo necesitaba una nueva imagen. Y así llegó la imagen de Grace Jones que todos tenemos en mente, más cercana a un robot, una pantera negra o a una estrella de los clubs londinenses, como el famoso Blitz, que a las estrellas discotequeras como Diana Ross, Donna Summer o Gloria Gaynor. Una imagen que siempre había estado ahí, pero que ahora explotaría como nunca aprovechando la libertad, el atrevimiento y la innovación estética de los primeros 80. Esa es la imagen, por ejemplo, que aparece en la portada de Nightclubbing, su quinto álbum, publicado en 1981.

Grabado también en Bahamas, prácticamente con el mismo equipo, estamos ante el que muchos consideran su mejor disco. La elección de canciones, y su realización final, es fenomenal. Aquí están Demolition Man (cedida por Sting antes de que la publicara su grupo The Police), Pull up to the bumper (un espectacular tema que fusiona música disco y funk con electrónica y post punk, además escrito por la propia Grace Jones) o la inverosímil versión del Libertango de Astor Piazzola, balanceada en la cima de un aire parisino y a la vez jamaicano (la culminación de la sofisticación y el cosmopolitismo de Jones). También, por supuesto, está Nightclubbing, la canción que le da título al álbum, donde coge el tema de Bowie / Iggy Pop y lo europeíza más todavía llevándolo al terreno de espíritus libres del post punk como, por poner un ejemplo evidente, Nina Hagen.

Nightclubbing, el álbum, es el lugar y el momento en el que todo cuadró, donde todas las piezas encajaron. La música, la imagen, el misterio, la elegancia, la sofisticación, su mirada animal, su cuerpo de ébano tallado por los dioses… Este disco de Grace Jones nos dejó algunas de sus imágenes más icónicas, desde la portada hasta su pose con el acordeón o sus estudiados vídeos, justo en unos años en los que todo lo visual era más que importante y los videoclips iban a matar a la estrella de la radio. Esta vez Grace Jones consiguió escalar hasta los primeros puestos de las listas en media Europa, y rozar el top 30 por primera vez en los Estados Unidos y en el Reino Unido.

No menos icónica resultó la portada de Living my Life, su siguiente disco, publicado en 1982 (¡Grace Jones seguía con su ritmo de un álbum al año desde 1977!) y el último de su segunda trilogía (la llamada Compass trilogy). También sería el último producido por Chris Blackwell. En esta ocasión Grace Jones se animó a componer la mayoría de las canciones del disco, generalmente en colaboración con Barry Reynolds o Sly Dunbar. En cuanto a sonido el álbum es bastante continuista, lógicamente, aunque con un estilo algo más comercial. Canciones como My Jamaican guy o Nipple to the bottle, un tema en el que resuenan ecos de Talking Heads y su banda paralela, Tom  Tom Club, fueron publicados como sencillos con bastante éxito. Curiosamente la canción que le daba título al disco, Living my life, fue lanzada también como sencillo, pero finalmente no se incluyó en el álbum. Aunque el efecto sorpresa se había diluido un tanto, la inercia llevó a Living my Life hasta más allá del puesto 20 en varios países, entre ellos el Reino Unido, Países Bajos, Noruega o Suecia. En la lista R&B del Billboard también llegó alto, aunque no ocurrió lo mismo con la general. En todo caso se trata de un buen disco, muy de su época pero fresco y con un estilo que no ha quedado desfasado con el tiempo.

Después de Living My Life vendrían unos años de parón musical en los que Grace Jones se dedicó a otra actividad artística: el cine. En 1984 apareció en la antes mencionada película Conan el Destructor, y en 1985 hizo lo propio en Panorama para Matar, la nueva entrega de James Bond, como antagonista principal del famoso agente secreto. En esos dos años Grace Jones apareció además en varios vídeos musicales (de otros artistas y grupos), y posó desnuda para «Playboy» junto con su entonces pareja, Dolph Lundgren. Además, por esa época fue protagonista de otra famosa sesión fotográfica, en este caso nada menos que con Andy Warhol y Robert Mapplethorpe. Finalmente Grace Jones había alcanzado el estatus de artista global en todos los sentidos: donde todavía no habían llegado las canciones llegaron las películas, las imágenes, los vídeos o las fotos. Y, poco después, los anuncios de televisión.

De este periplo cinematográfico regresó Grace Jones con una renovada ambición artística, con ganas de experimentar. En el otoño de 1985 vio la luz su nuevo disco, Slave to the Rhythm. Un trabajo para el que Island le rodeó de nuevos colaboradores como Stephen Lipson, Bruce Woolley o el productor Trevor Horn, uno de los más adecuados para el aire experimental que se le quería dar al disco. Slave to the Rhythm se lanzó con el subtítulo de A biography y de hecho incluía numerosos fragmentos de entrevistas y declaraciones de Grace Jones.

El concepto del disco iba más allá: todas las canciones serían variaciones, con diferente título, sobre un mismo tema musical. Todo alrededor del nuevo álbum implicaba riesgo, novedad, un alejamiento de la comercialidad. Grace Jones volvía a mostrarse como una artista inquieta, poco interesada en hacer lo mismo durante demasiado tiempo. Curiosamente, a pesar de todo, Slave to the Rhythm fue su disco más exitoso comercialmente. También el primer sencillo, una canción que en el disco se titulaba Ladies and gentlemen: Miss Grace Jones, pero que se lanzó como Slave to the rhythm (con gran confusión para los compradores del álbum, puesto que en este el tema citado era otra versión distinta), fue un gran éxito.

Con independencia de su repercusión comercial, estamos ante un disco muy interesante por su idea de presentar la misma canción en versiones muy diferentes, desde el art pop hasta el synth funk, con letras o instrumental, haciendo uso del spoken word o con ritmos bailables. La portada nos ofrece otra de las imágenes icónicas de Grace Jones, una foto igual o similar a la que ilustraba su anterior álbum pero con la boca abierta de forma antinatural. Una portada que inspiró (¿o sería al revés?) el famoso anuncio de coches del que hablaba al principio del artículo. Otra imagen inolvidable es la de la portada del recopilatorio Island Life, que se publicó también a finales de 1985. Se trata de otra foto obra de Jean-Paul Goude, inmediatamente reconocible si la buscáis, que mostraba a Grace Jones casi desnuda en una posición físicamente imposible para el común de los mortales.

Foto (Grace Jones, 2016, LosAngeles) por Dave Gould [CC]

Para su siguiente álbum, Inside Story, Grace Jones buscó darle otra vuelta de tuerca a su sonido. Después de dejar Island para fichar por Manhattan Records, fue Nile Rodgers el elegido para crear un disco que sería lo opuesto a Slave to the Rhythm: más accesible, de nuevo con elementos de baile, un R&B contemporáneo con toques de jazz muy del gusto de la época. A pesar de ello el disco funcionó peor en listas, aunque el primer sencillo, I’m not perfect (but I’m perfect for you), fue uno de los mayores éxitos de la artista. El resto de temas no acompañaron, y de nuevo obtuvieron mayor eco en Europa, principalmente en la continental, que en los Estados Unidos.

Peor todavía le fue a su continuación, Bulletproof Heart, publicado en 1989, después de otro pequeño parón en el que la cantante retomó su faceta de actriz. Todo parecía indicar que el gran momento de Grace Jones había tocado a su fin, y de hecho así fue. Tendrían que pasar casi 20 años para que viese la luz un nuevo álbum de la jamaicana, Hurricane, un disco sorprendentemente bueno a pesar de ser poco conocido para el gran público. En esas casi dos décadas Grace Jones actuó en algunas películas, lanzó unos cuantos sencillos principalmente para sus bandas sonoras, y estuvo a punto de volver a trabajar con Tom Moulton en un nuevo disco que finalmente no llegó a publicarse. Lo que nunca dejó de hacer, cuando sus otras ocupaciones se lo permitían, es actuar. De hecho cada vez era más reclamada para aparecer en todo tipo de eventos y actuar en vivo, llegando a aparecer en diversos festivales en los últimos años. Grace Jones, contra todo pronóstico, sigue de moda y sigue en forma, aunque su legado más importante nos lo dejara en aquellos cinco años mágicos a principios de los 80.

Foto (Grace Jones, 2015, Carriage Works) por Bruce [CC]

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