La noche que Nina Simone cantó su duelo por Luther King

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Por Fidel Oltra © 2018 / Un 21 de abril de 2003, acaban de cumplirse quince años, fallecía en el sur de Francia la pianista y cantante Eunice Kathleen Waymon, más conocida como Nina Simone. Allí llevaba casi retirada y aislada del mundo de la farándula desde hacía diez años, justo después de grabar su último álbum de estudio, A Single Woman (Elektra, 1993). Sus últimos años los pasó luchando contra un cáncer de mama, enfermedad que finalmente acabó con su vida mientras dormía, pero también contra ciertos desórdenes mentales que, aunque arrastrados durante casi 40 años, en esa última etapa de su vida se agravaron y provocaron algunas situaciones complicadas, con amenazas y armas de fuego por medio, en el mejor estilo Phil Spector. Quizás fueran exageraciones, puesto que gran parte de lo que sabemos sobre sus problemas mentales fue publicado tras su muerte y es posible que más de una anécdota fuese sobredimensionada o incluso inventada. En cualquier caso, a su funeral acudieron destacadas artistas y otras personalidades públicas para rendir homenaje a la que en su momento fue conocida como «La Gran Sacerdotisa del Soul». Su cuerpo fue incinerado, y sus cenizas diseminadas en varios lugares del continente africano.

También en abril, pero hace 50 años, Martin Luther King se encontraba en Memphis, Tennessee, a donde se había desplazado para dar apoyo a una huelga de trabajadores negros del sector de la limpieza y saneamientos públicos. Bajo el lema «I am a man», protestaban por sus peligrosas condiciones de trabajo y la discriminación racial. El día 1 de febrero dos trabajadores, Echol Cole y Robert Walker, habían muerto aplastados por una empaquetadora de basura. El 11 de febrero tuvo lugar una huelga de protesta, y asimismo fue convocada una manifestación para algunas semanas más adelante. A la misma acudió el Dr. King, pero su presencia no fue impedimento para que una dura carga policial acabara disolviendo la concentración. Una nueva marcha se programó para principios de abril, y Martin Luther King volvió a acudir en solidaridad con aquellos trabajadores. El 3 de abril, tras aterrizar su avión en Memphis, el Dr. King pronunció su célebre discurso «He estado en la cima de la montaña», en el que de alguna manera parecía prever su propia muerte:

Y bueno, yo no sé lo que pasará ahora; se nos vienen días difíciles. Pero de verdad, ahora no me importa, porque he estado en la cima de la montaña.

Y no lo tomo en cuenta.

Como cualquier persona, me gustaría vivir una larga vida – la longevidad tiene su lugar. Pero eso no me preocupa ahora. ¡Yo solo quiero hacer la voluntad de Dios! Y Él me ha permitido subir a la montaña. Y he mirado, y he visto la Tierra Prometida. Puede que no llegue allá con ustedes. Pero quiero que ustedes sepan esta noche, que nosotros, como pueblo, llegaremos a la Tierra Prometida.

Así que esta noche estoy feliz; No hay nada que me perturbe.

¡Yo no le tengo miedo a ningún hombre!

¡Mis ojos han visto la gloria de la venida del Señor!

Efectivamente, Martin Luther King no llegó a entrar en la Tierra Prometida. El día antes de la marcha prevista en apoyo de los basureros, King se encontraba en una habitación del Lorraine Motel cuando salió al balcón a tomar algo de aire. En ese momento un francotirador, más tarde aparentemente identificado como James Earl Ray, disparó una certera bala que impactó en la cabeza de Martin Luther King, causándole la muerte pocas horas después. Ray era un delincuente común, de poca monta, por lo que resulta bastante extraño que hubiese asesinado a King por iniciativa propia. Sin embargo, cuando fue detenido dos meses después en Inglaterra, confesó que así había sido. Confesión de la que, por cierto, se retractó algunos años después pidiendo un nuevo juicio, petición apoyada por la propia familia del Dr. King. Ese nuevo juicio no llegó a celebrarse, y James Earl Ray murió en prisión a los 70 años en 1998. También en abril.

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Nina Simone/ Estudios RCA / Nueva York / diciembre 1966 / Sesiones de grabación de su álbum “Nina Simone Sings The Blues” / Fotografía por David Hollander

Diez años antes del asesinato de Martin Luther King, la joven Eunice ya había adoptado el nombre artístico de Nina Simone, movida por su admiración hacia la actriz francesa Simone Signoret. El motivo del cambio de nombre fue para que su familia, sobre todo su madre, no supiera que la pequeña Eunice, de formación clásica y en la que había depositadas grandes expectativas, coqueteaba con la llamada «música del diablo» (el jazz, el blues) y tocaba con su piano en pequeños tugurios. Básicamente lo hacía para ganar algo de dinero con el que proseguir su formación, y así fue incluso cuando, tras grabar una versión de I loves you, Porgy, de George Gershwin, y el álbum de debut Little Girl Blue (Bethlehem Records, 1958), saltó a la fama. El éxito le valió para firmar un nuevo contrato con Colpix Records, donde consiguió mejores condiciones y mayor libertad creativa. De todos modos, Nina Simone parecía más interesada en la música clásica y en proseguir sus estudios que en la fama que le podían dar sus discos de música popular. En 1961 se casó con un policía de Nueva York, y desde luego por su cabeza no pasaban demasiadas ideas de discriminación ni injusticias raciales, o al menos no se veían reflejadas en su vida pública. Salvo una vez, siendo todavía pequeña, en la que daba un concierto y desde el escenario vio como sus padres tuvieron que dejar sus asientos a una pareja blanca. Sin ser demasiado consciente de lo que pasaba, la pequeña Eunice amenazó con no tocar si sus padres no volvían al lugar que les correspondía. Lo consiguió, y quizás sin darse cuenta había plantado por primera vez cara a la segregación. No sería la última, y aunque en sus discos había canciones que recordaban sus orígenes afro-americanos, hubo que esperar a 1963 para que Nina Simone despertara su conciencia y se convirtiera en una de las grandes luchadoras en favor de los derechos civiles.

El 12 de junio de 1963 el activista afro-americano Medgar Evers, un veterano de la II Guerra Mundial, fue asesinado por un miembro del Consejo de Ciudadanos Blancos, un grupo racista que luchaba contra la integración de los negros en la sociedad estadounidense como ciudadanos de plenos derechos. Tres meses después una iglesia baptista sufrió un atentado con bombas, supuestamente por miembros del Ku Klux Klan, en el que murieron cuatro niñas. Aquel acto de terrorismo supuso un punto de inflexión en la lucha por los derechos civiles que desembocó en la publicación del Acta de los Derechos Civiles de 1964, un documento que, aunque había sido propuesto por J.F. Kennedy antes de su asesinato, finalmente fue aprobado a instancias del nuevo presidente, Lyndon B. Johnson. Mientras los políticos se dedicaban a su particular tira y afloja, y el Senado discutía los pormenores de la nueva ley, Nina Simone daba una serie de conciertos en el Carnegie Hall. El entonces ya vetusto edificio siempre se había caracterizado por su apertura de miras: a finales del siglo XIX había actuado allí una cantante de color, desde sus butacas se pudo asistir al nacimiento del jazz, de los musicales, y también del rock and roll cuando actuaron allí Bill Haley and The Comets con su Rock around the clock como canción bandera. No es extraño, pues, que una de esas noches en las que actuaba Nina Simone el público fuera mayoritariamente blanco. Tampoco era raro que recibieran con vehementes aplausos su ya famosa interpretación del clásico I loves you, Porgy. Todo iba según lo previsto, también cuando Nina Simone empezó a tocar el piano alegremente mientras explicaba a la audiencia que «esta es una canción para un musical, solo que el musical todavía no ha sido escrito». El público la recibió con expectación, pero pronto se encontró con estas líneas:

Alabama’s got me so upset,

Tennessee’s made me lose my rest,

and everybody knows about Mississippi goddam

(Alabama me tiene tan disgustada, Tennessee me ha hecho perder el sueño, y todo el mundo sabe lo del Maldito Misisipi)

Era la forma de Nina Simone de protestar contra la discriminación, los atentados y los asesinatos de su gente, la gente de esa raza a la que parecía haberse dado cuenta de que también pertenecía. A pesar de toda su formación clásica, sus refinadas maneras, su buena educación, Nina Simone era en los 60 una mujer negra, con todo lo que ello implicaba. Su rabia, su frustración al darse cuenta de que por mucho que se esforzara jamás iban a verla como un igual, ni a ella ni a los suyos, vieron la luz en la canción Mississippi Goddam, escupida a la cara de aquel público blanco de la misma forma que John Lennon, meses antes también en un teatro, había hecho al pedir el apoyo de los espectadores para una canción: «los de las localidades más baratas pueden dar palmas, el resto basta con que muevan sus joyas». En su canción Nina Simone echa mano de toda su mordacidad para criticar a los políticos que pedían «ir despacio» en el tránsito hacia la igualdad y la globalización de los derechos civiles.

Keep on sayin’ ‘go slow’…

to do things gradually would bring more tragedy

 Why don’t you see it? Why don’t you feel it?

I don’t know, I don’t know

 You don’t have to live next to me, just give me my equality!

( Seguís diciendo “¡más despacio!”…  Hacer las cosas GRADUALMENTE traerá más tragedia, ¿por qué no lo VEIS?, ¿por qué no lo sentís?, no lo sé, no lo sé, No teneis por qué vivir a mi lado. sencillamente dadme mi igualdad )

Según sus propias palabras, Mississippi Goddam es la primera canción de Nina Simone que podríamos considerar como abiertamente «de protesta». No sería la última: desde entonces hasta finales de los 60, en un movimiento del que posteriormente se arrepentiría diciendo que había lastrado su carrera, su música se volvió abiertamente reivindicativa y política. Aunque coincidió y habló con Martin Luther King en diversas ocasiones – en una de ellas, la marcha entre Selma y Montgomery, interpretó precisamente Mississippi Goddam  – la postura política de Nina Simone estaba ciertamente más cercana a las tesis violentas de Malcolm X que al pacifismo y la resistencia pasiva del Dr. King. De todos modos, su rabia siempre era canalizada hacia sus canciones, y también hacia las versiones que escogía para sus discos y conciertos. Canciones como Old Jim Crow, que se burlaba de las leyes de segregación; su versión de Strange fruit, terrible canción que hablaba de negros colgando de los árboles como si fuesen una “fruta extraña”; Four women, composición propia en la que protestaba porque las mujeres negras no tuviesen su propio canon de belleza y se viesen obligadas a arreglarse y vestirse como blancas; o To be young, gifted and black, con letra de Weldon Irvine, que se convirtió en una canción bandera del orgullo racial y en himno de la lucha por los derechos civiles.

El 7 de abril, apenas tres días después del asesinato de Martin Luther King, Nina Simone se encontraba de nuevo cargada de rabia y frustración frente a un público que esperaba con ansia su aparición, en este caso en el Festival de Westbury, en Nueva York. Ante su audiencia, la cantante expresó su voluntad de tocar una canción que apenas había sido escrita unas horas antes y que no habían tenido tiempo de ensayar. La introdujo diciendo «una canción escrita para él, por él; solo tuvimos un día para aprenderla, pero de todos modos quería que sonase hoy aquí». La canción llevaba por título Why? (the King of love is dead), y a lo largo de casi quince minutos Nina Simone acariciaba el piano, con el soporte de sus músicos, mientras cantaba letras de dolor, desesperanza y confusión e intercalaba algún discurso de recuerdo al Premio Nobel de la Paz asesinado tres días antes.

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Fue por entonces cuando Nina Simone decidió que los Estados Unidos nunca serían un país en el que podría vivir una vida plena, a gusto, en libertad. Se separó de un marido que había llegado a maltratarla e inició un largo éxodo durante el que vivió en Liberia, en las Islas Barbados y en diversos países de Europa. Un intento de regresar a su país se vio abortado cuando supo que estaba buscada por la justicia por fraude fiscal. También por entonces sus problemas mentales empezaron a agravarse, tuvo dificultades en la relación con su hija y empezó a alternar grandes conciertos con extraños episodios violentos o ridículos. Su carrera jamás volvió a ser la misma, algo que ella en alguna entrevista achacó a su posicionamiento político, a pesar de que alguno de sus discos, como Baltimore (CTI, 1977) gozan de gran prestigio entre sus seguidores. Sin embargo en 1987 un anuncio de perfume para la televisión utilizó la versión que Nina Simone había hecho en 1958, en su disco de debut, del estándar del American Songbook My baby just cares for me, un clásico del jazz escrito por Walter Donaldson y Gus Kahn, a principios de la década de los 30 para el musical Whoopee!. Apoyada por las sugerentes imágenes de la publicidad, la canción se vio de nuevo impulsada hasta lo alto de las listas, al menos en Europa. En 1993 Nina Simone se instaló definitivamente en Francia, donde residiría hasta su muerte, en 2003. Su legado, en canciones, versiones, discos, interpretaciones magistrales, lucha por los derechos civiles y por la dignidad, su dominio de géneros diversos y su personalidad, la convierten en una de las artistas más influyentes del siglo XX, no solo en lo que se refiere al soul y aledaños sino en el mundo de la música en general.

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  • Créditos Fotográficos: David Hollander. En las IMÁGENES, publicadas por primera vez en 2016, se puede ver a Nina Simone en las sesiones de grabación de su álbum Nina Simone Sings The Blues (Diciembre 1966), en los estudios RCA de Nueva York.

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