Autor: Pablo Matilla

Pablo Matilla (Mieres, 1986) es licenciado en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Sus relatos forman parten de las antologías Tiempo Narrado (Paralelo Sur, 2010), Relatos 02 (Tres Rosas Amarillas, 2011), Paraguas para el diluvio (Paralelo Sur, 2012) e Iceberg (Leqtor Universal, 2014). En 2013 gana el Premio Internacional de relato Corto Energheia, otorgado en Matera (Italia) por el relato Los que huyen, que posteriormente fue publicado en la revista de Lietratura Quimera. También ha colaborado con la revista del Ateneo Obrero de Gijón, Lunula, en la que se han publicado varios de sus relatos. Desde 2015 mantiene el blog www.historiasminimalistas.com donde habla sobre creatividad, desarrollo personal y literatura. En 2017 ha publicado su primer libro de relatos, “La sabiduría de quebrar huesos” (Témenos edicions).

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El Transiberiano: en movimiento con Gógol, Chéjov, Tolstói…

Por Pablo Matilla © 2017 /  Quise viajar a Rusia y atravesar 10.000 kilómetros a lo largo de la ruta transiberiana para satisfacer la curiosidad de la literatura. Con este viaje quería pensar sobre una cuestión en concreto: quería saber cuál de los grandes autores rusos había conseguido llegar a describir mejor su extenso país. La Rusia actual, ¿es chejoviana, tolstoiana o gogoliana? ¿De Dostoyievski, o de Bulgákov?…

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Mijaíl Bulgákov: “Si un verdadero escritor se calla, morirá”

Por Pablo Matilla © 2017/ Había oído hablar muchas veces de El maestro y Margarita de Mijaíl Bulgákov; sabía, también, que había servido de inspiración para Sympathy for the devil, de los Rolling Stones, canción que nunca me cansaba de escuchar (Please allow me to introduce myself/ I’m a man of wealth and taste…), y que, de hecho, escucho ahora mientras escribo estas palabras. La cuestión es que la novela había estado rondándome durante un par de años hasta que, finalmente, decidí leerla a finales de 2015…

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Andréi Tarkovski: la creencia en sí mismo contra viento y marea

Por Pablo Matilla © 2016 / La primera vez que oí hablar de Tarkovski tendría 18 años. Me dijeron: “Es aburrido y no hay quien lo entienda”. Así que enseguida lo quité de mi lista de próximos avances cinéfilos. Lo encasillé, sin mucha más reflexión, como “director pesado”. Pasaron un par de años y, finalmente, con un poco de reticencia y esperando algo incomprensible, me decidí a ver Stalker…