Fotografías de Izumi Suzuki ©︎ Foto por Nobuyoshi Araki /


Emma Rodríguez © 2025 /

La vida cotidiana es como una continuidad de escenas televisivas para los protagonistas de Aburridísima, una narración de la escritora japonesa Izumi Suzuki en la que se retrata a una sociedad sometida al control, donde patrullas policiales vigilan la calle e impiden que se permanezca más de veinte minutos en el mismo lugar; en la que cada vez más los jóvenes mueren de inanición porque se les olvida comer y padecen una especie de virus de la apatía, de la indiferencia, del cansancio, mientras no acaban de entender la energía que impulsa a los adultos.

La historia cierra un libro de relatos que incluye seis piezas más, traducidas por primera vez al castellano por Tana Oshima para la editorial Consonni, una oportunidad para abrir la puerta a un territorio singular, desconcertante, ajeno y la vez muy próximo, porque, aunque los cuentos fueron escritos en las décadas de los 70 y 80 del siglo XX, el desasosiego que provocan es muy del XXI, este tiempo en el que nos sentimos tan confusos y perdidos, en el que no sabemos aún hasta qué punto nuestras acciones pueden determinar el futuro.

Atrapa Suzuki esa percepción de pérdida, de desorientación, de cambio constante, que tanto tiene que ver con los avances de la tecnología, con la conexión permanente a dispositivos que marcan los ritmos y las pautas veloces de unas vidas en las que empieza a resultar muy difícil encontrar el equilibrio, la calma, la verdad entre tanta falsa noticia. Ha sido para mí toda una sorpresa descubrir a esta autora, adscrita al género de la ciencia ficción, cuyos temas esenciales (el tiempo y sus distorsiones; la exploración de nuevos mundos y culturas extraterrestres; el territorio paralelo de los sueños, las posibilidades de la mente…) domina e interpreta de un modo especial, llevándolos a su terreno, a la medida de su personalidad y experiencias. 

Sus relatos son como sacudidas emocionales que no se desvanecen, que afectan más allá de sus páginas. Las situaciones que se plantean son sombrías y extrañas. Podría referirme a los mundos que imagina, pero en realidad su interés no se centra en llevarnos a otros universos, pese a que hay viajes a planetas lejanos, sino en explorar lo que les sucede por dentro a sus personajes, en sus intimidades, en sus relaciones, en sus sentimientos y emociones ante determinadas circunstancias. 

toda una sorpresa descubrir a la escritora japonesa Izumi Suzuki, adscrita al género de la ciencia ficción, cuyos temas esenciales domina e interpreta de un modo muy especial, llevándolos a su terreno, a la medida de su personalidad, de sus experiencias.

El cuestionamiento de reglas y órdenes, hasta el punto de convertir en ridículas muchas de las costumbres que rigen la vida terrícola, define este conjunto de historias irreverentes, distópicas, marcadas por una sugerente tonalidad oscura, en las que se mezcla “el nihilismo punk y el feminismo ácido” (esto último lo tomo de la faja promocional del libro). En ellas, entre otros asuntos, se aborda la desigualdad entre hombres y mujeres, la indefinición de la identidad de género, la huida de la realidad a través del consumo de drogas y de la también adicción a aparatos tecnológicos que prometen a los personajes sacarlos de sus aburridas vidas, hacerlos sentir, caso del dispositivo que conecta el cerebro al televisor que aparece en Aburridísima.

Dejas de tener preocupaciones. Por ejemplo, te empiezas a dar cuenta de que esos problemas que tanto te pesaban tienen fácil solución. De repente se resuelven de una manera absurda, como en esas historias oportunistas. La realidad se vuelve una serie de televisión, y las series de televisión, la realidad. No hay una frontera clara entre ambas, es como estar viviendo en un sueño”, le dice el novio a la protagonista del cuento, la joven narradora, quien nos invita a entrar en su deprimente y precario presente, sin expectativas laborales de interés, apegada a series y películas que la hacen llorar, cosa que no le sucede ante las situaciones cotidianas que vive.

Qué más me daba si ocurría en la realidad o dentro de una serie de televisión. Lo importante era sentir placer y no tener que hacer esfuerzos, y ese era un raro estado en el que rara vez me encontraba. Estaba siempre aburrida”, reflexiona ella, quien acaba comprobando que necesita de las experiencias extremas, para emocionarse, llorar, sentirse viva.

Suceden muchas cosas en cada uno de los relatos de Izumi Suzuki. Principalmente construidos a base de diálogos punzantes, son intensos, como lo fue su corta existencia. Nacida en 1949 en la prefectura de Shizuoka en Japón, puso fin a su vida en 1986, con apenas 36 años, convirtiéndose en una de esas figuras rodeadas de un halo de malditismo, que, indudablemente, siempre añade atractivo a la obra de creación, llevando a que, al mismo tiempo, corra el peligro de verse eclipsada ante la presencia poderosa de sus hacedores.

El cuestionamiento de reglas y órdenes, hasta el punto de convertir en ridículas muchas costumbres que rigen la vida terrícola, define «Aburridísima», conjunto de historias irreverentes, distópicas, marcadas por una sugerente tonalidad oscura.

Modelo y actriz, además de autora de ciencia ficción, impacta la imagen de esta mujer, inmortalizada en fotografías por Nobuyoshi Araki y conocida por sus intervenciones en películas independientes –mezcla de erotismo, violencia, subversión– de Koja Wakamatsu, a las que prestó su personalidad y su bello cuerpo. Figura clave de la contracultura japonesa de los años 70 y 80, presencia imprescindible en cualquier relato de la escena musical underground de Tokio, junto a su pareja, el saxofonista de jazz Kaoru Abe, que falleció de una sobredosis en 1978, y con el que tuvo una hija, Suzuki es todo un mito de la cultura de su país, pero el carácter sensacionalista de su biografía no puede tapar la calidad de una obra que incluye relatos, novelas, ensayos… 

De ahí que, reacia a alimentar la tendencia periodística de convertirlo todo en clichés de moda, de fijar en exceso la atención en lo morboso, lo espectacular, lo epatante, haya empezado este artículo hablando de su literatura, que ha llegado a cautivarme hasta el punto de despertar mis ganas de seguir leyendo más. Ojalá que las puertas no se cierren aquí y sigan llegando hasta nosotros otras entregas de la autora. 

Dicho esto, en el caso que nos ocupa, no podemos dejar de dar entrada a la vida, pues, desde un primer momento, percibimos que hay mucho de ella en lo que leemos. El inconformismo, la no aceptación de las convenciones, de los moldes sociales, así como la fascinación por la música, especialmente el pop y el rock, son rasgos de la escritora que emergen en sus narraciones, donde se exploran relaciones de pareja complicadas, se recurre a la experiencia de las drogas como medio de escape al vacío y al tedio vitales; se pone de manifiesto el interés por la psicología, y se alude con insistencia al suicidio.

Modelo y actriz, además de autora de ciencia ficción, impacta la imagen de esta mujer, inmortalizada en fotografías por Nobuyoshi Araki y conocida por sus intervenciones en películas independientes de Koja Wakamatsu.

Es evidente que la posibilidad de elegir el momento de la propia muerte atraía fuertemente a Izumi Suzuki. El tema, por otra parte tan presente en la literatura, en la cultura nipona, aparece en más de un relato, aunque hay uno en el que adquiere especial relevancia. Se trata del que lleva por título Olvidado, donde las costumbres y la manera de percibir las cosas de los habitantes de la Tierra se contraponen a las de quienes proceden de un planeta denominado Mir, entre cuyas características está la de percibir que les ha llegado el momento de irse, de desaparecer, motivados por un sentimiento de desesperación; algo que no es común a todos, pues los hay que pueden vivir hasta seiscientos años. 

Izumi Suzuki ©︎ Photo by Nobuyoshi Araki.

Sin embargo, yo diría que la vida de los terrícolas es más trágica que la nuestra porque ellos se enfrentan al límite de la vida con el envejecimiento y la muerte”, señala Sol, el miriano protagonista del relato. Como sucede en Aburridísima, todo lo que acaece se expresa a través de conversaciones, en este caso entre Sol y Ema, su pareja, natural de la Tierra. De nuevo, como ocurre en otras de las historias, hay un cuestionamiento, una crítica, a las sociedades humanas, centrada aquí en su avaricia y el afán de expansión, de colonización.

El personaje alienígena sospecha que su planeta está a punto de ser absorbido y lucha contra ello, sin importarle comprometer a su chica, con la que las cosas están lejos de ser idílicas. Ema no consigue entender, acceder a los fondos de Sol. Las reflexiones y observaciones de su compañero le molestan. Él arremete contra la capacidad para olvidar y el exceso de velocidad que mueve a los terrícolas, contra su interés enfermizo por el trabajo, la productividad, el éxito, características tan propias del capitalismo. Proviene de un mundo en el que la “gente es profunda y buena y tranquila”, más pobre, pero con una capacidad para la comprensión mutua mucho más desarrollada,  y le resulta complicado explicarse el afán por mantener guerras continuas.

He investigado los archivos históricos desde 1950. Tanto tu madre como tu padre son japoneses y viven en Tokio, así que quería saber qué impacto habían tenido las guerras de Corea y Vietnam sobre la conciencia de gente como ellos. También miré los archivos de EE. UU. / Hoy en día ya no se habla de Japón en relación con EE. UU. / Ahora tenemos un presidente mundial, aunque algunos digan que solo está de adorno...”, escuchamos al miriano protagonista de este relato con final inesperado, algo que a Izumi Suzuki le gusta cultivar.

Es evidente que la posibilidad de elegir el momento de la propia muerte atraía fuertemente a Izumi Suzuki. El tema, por otra parte tan presente en la literatura, en la cultura nipona, aparece en más de un relato.

Podría decir que las dos historias que he mencionado hasta ahora son mis favoritas, pero me resulta difícil elegir, pues las siete que componen Aburridísima me han atrapado e impactado por uno u otro motivo, me han trasladado a situaciones ajenas en las que, sin embargo, reconocemos, como ya he apuntado, señales muy próximas: la alienación y sumisión de las poblaciones; el pensamiento uniformado a través de los relatos oficiales expandidos por los grandes medios; el castigo de la disidencia, aunque tenga que ver con la defensa de causas tan justas como la salvación del planeta y el intento de parar guerras y genocidios en marcha; la vigilancia y degradación de las democracias…

En la narración que abre el libro, Un mundo entre mujeres, se retrata una sociedad distópica, en la que los hombres, “unas criaturas incontrolables” y que probablemente fueron “quienes inventaron las guerras y las armas para luchar,” se extinguen, pues sus genes han quedado muy dañados por la contaminación; cada vez nacen menos y los pocos que quedan son aislados, encerrados en Áreas Especiales de Residencia, donde son utilizados para la procreación. 

Todo se cuenta aquí desde un futuro en el que se observa lo que fue el mundo cuando la convivencia entre los sexos era lo normal, en el que la gente tenía televisores y la contaminación era una de las consecuencias negativas del progreso. El control, las leyes restrictivas, se imponen. Ver series y películas que visibilicen el pasado está prohibido, es castigado, y son consideradas criminales las mujeres que llegan a establecer relaciones con los escasos hombres que logran escapar a su cautiverio, caso de la protagonista del cuento, que vive esta situación, interrumpida por la acción de su abuela.

 “Y si ya no puedo volver a ser feliz ahora que sé que lo otro existe? Al fin y al cabo, cuestionar el mundo es un delito. Todo el mundo cree en esta realidad, en este mundo, sin cuestionarlo ni un momento...”, escribe en su diario la joven, aludiendo a que en un futuro tal vez no le quede más remedio que involucrarse en el “Movimiento de Resistencia Subterránea”, un dato que abre una brecha de esperanza, pienso mientras escribo estas líneas.

Izumi Suzuki ©︎ Photo by Nobuyoshi Araki.

Y vuelvo a las páginas del libro, concretamente a las de You May Dream, un relato donde se trata el tema de la criogenización, que se desenvuelve, de forma sumamente atractiva, entre el sueño y la realidad, pues la gente criogenizada, seleccionada aleatoriamente, puede migrar a los sueños de los que permanecen despiertos. Opto por transcribir un párrafo muy significativo del mismo: “Lo que quiere el Gobierno es regular la tasa de población porque ha aumentado demasiado. Entonces te ponen a dormir la siesta. Lo más aterrador es este ambiente de optimismo que respiramos; el estado anestesiado en el que vive la gente y su falta de opinión propia sobre nada. Son incapaces de tomarse en serio el hecho de vivir...”

El estado del sueño es esencial también en El inolvidable club náutico, donde existe un tratamiento para llevar a la gente a un planeta ilusorio en el que revisitar sus errores y poder empezar de cero. Muy sugerente esta historia sobre las variaciones infinitas, la imposibilidad de borrar lo que somos, la resignación. Igualmente interesante la manera de tratar la adicción a las drogas para huir de las preocupaciones, del aburrimiento, en El humo en tus ojos, donde el tiempo se acelera y la protagonista envejece rápidamente debido a una sustancia que consume sin importarle sus peligrosos efectos secundarios. Aquí la cuestión del género, la confusión de los cuerpos –el hecho de ser hombre o mujer– es abordado por Suzuki. 

«Lo más aterrador es este ambiente de optimismo que respiramos; el estado anestesiado en el que vive la gente y su falta de opinión propia sobre nada. Son incapaces de tomarse en serio el hecho de vivir…”, leemos en el cuento titulado «You May Dream».

Y ya solo me queda deciros algo de Picnic nocturno, donde seguimos la extraña experiencia de una familia de terrícolas que han sobrevivido en un planeta lejano, rodeado de seres monstruosos, pero tranquilos, que no se meten con ellos. Han perdido las coordenadas y viven imitando las reglas, costumbres y vestimentas de sus antepasados, que conocen a través de las series y películas que ven. Pero nada es lo que parece…

Llegada a este punto me dedico a dar vueltas a los motivos por los que estos siete relatos me han resultado tan atrayentes y me quedo con el interés de sus temáticas, tan propias de un género que me ha resultado fascinante desde siempre, la ciencia ficción, en el caso de la autora japonesa condimentado con un toque surrealista (los mecanismos de lo onírico, el subconsciente, los recursos del psicoanálisis), y naif, que aminora el desasosiego que provocan las situaciones que plantea. Este último trazo me lo encuentro, por ejemplo, en el juego-persecución, que se entabla entre los supuestos terrícolas y los alienígenas en Picnic nocturno, o en momentos como este de Olvidado, donde Ema cierra los ojos y piensa: “Cómo esperan que viva en este mundo con la cabeza lúcida. Es imposible. Me pasaría el día irritada, desde por la mañana hasta por la noche. Y puede que eso me llevara a ser activista política y saliera a protestar, entonces menudo disgusto se llevarían papá y mamá. Seré un desastre, pero me importan mis padres”.

Tal vez no he hablado demasiado de la importancia de la música (hay muchas canciones en los relatos), ni de la exploración psicológica de sus personajes que realiza Izumi Suzuki: su interés por la voz interior, por los estados emocionales, por la confusión de las mentes, por el mundo paralelo al que nos conducen los sueños. Lo que está escondido, muy adentro, lejos de la apariencia, de lo superficial, es esencial en las siete piezas que componen el volumen del que os hablo. Encuentro en los extractos de críticas que se incluyen al principio de la entrega referencias a autores como Haruki Murakami, George Saunders, Philip K. Dick, Joanna Russ, Thomas Dish, Kobo Abe, Ryu Murakami… Yo pienso en la saga de Star Trek, en su capacidad para adentrarse en la psicología humana, en su llamamiento a la apertura a otras posibles formas de vida, lejos de la cortedad de los horizontes establecidos. 

Curiosamente, la lectura de este libro ha coincidido para mí con la inmersión en la magnífica primera temporada de la serie de televisión Pluribus, de Vince Gilligan, donde los seres humanos pierden la individualidad y se convierten en una conciencia colectiva dócil y feliz. Como la buena ciencia ficción son amplios y abundantes los cauces que abre a la reflexión. ¿Estamos dispuestos a perder la identidad personal a cambio de la felicidad? ¿Qué hay de la libertad de decidir por nosotros mismos? Pienso que podría ser una historia de Izumi Suzuki.

Os invito a descubrir lo mucho que revelan sus relatos, pero no sin hacer alusión a algunas de las cosas que destaca en el prólogo del libro Chenta Tsai, “artista español-taiwanés cuya obra abarca música, performance y artes visuales”, cuyo “universo cuestiona las normas sociales en torno a raza, clase, identidad y disidencia sexual y de género”, transcribo este perfil de la página final del libro.

Izumi Suzuki ©︎ Photo by Nobuyoshi Araki.

Queda clara su afinidad con Suzuki. En su texto introductorio Tsai parte de una impactante escena de una película de Koji Wakamatsu  en la que ella se corta un dedo del pie en su cocina y sin inmutarse comienza a freír un huevo para su marido, y escribe: “No solo estaba disociada de sí misma; también lo estaba del Japón de posguerra y de la ocupación estadounidense, refugiada en la escena underground musical de Tokio en la década de los setenta, de los movimientos contraculturales importados  y la juventud “American Graffiti coded”, del capitalismo agresivo y del vacío existencial. Tan desfasada como lúcida, hurgaba en el cadáver de su tiempo y lo embalsamaba sin anestesia, con el mismo desapego con el que freía los huevos...”

Y más adelante nos dice: “Para Izumi Suzuki, escribir no fue una forma de explicarse la vida, sino de sobrevivirla. Un ejercicio de autodestrucción lúcida, donde su yo se desprende del cuerpo y se introduce en sus personajes para poner orden en el caos de su cabeza. Para construir, al menos en su ficción, un contexto histórico y emocional que le diera sentido a su existencia”. 

Estas palabras, el texto completo del prologuista, donde se alude al vacío que experimentó la autora tras la muerte de su pareja, tras las que escribió todas las historias que componen el libro que nos ocupa, es clave para aproximarse a ella. He leído en algunos artículos sobre Suzuki que se adelantó a su tiempo. Estoy de acuerdo. Supo ver, con su mirada visionaria, los derroteros crueles y oscuros del siglo XXI. Escribo esto cuando ya está cerca un nuevo año y pienso que debemos seguir confiando en la apertura de zonas de luz.

La esperanza está mal vista en los cuentos de la autora japonesa, se pone de manifiesto especialmente en Aburridísima, pero creo que sus personajes desearían tenerla para enfrentarse al tedio, a la crudeza de la indiferencia. Al reflejar, al destacar la falta de espíritu crítico a la que se alude una y otra vez en sus cuentos, Izumi Suzuki consigue que valoremos más la necesidad de cuestionar, de ejercer la rebeldía, porque de un gesto de rebeldía, de muchos gestos unidos, puede depender que mejoren los horizontes de futuro.

“Aburridísima” ha sido publicado por la editorial Consonni, traducido por Tana Oshima y con prólogo de Chenta Tsai. 


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