Emma Rodríguez © 2025 /
Hay días en los que me digo que, frente a tantas noticias abrumadoras, indignantes, sobre la crueldad del mundo en el que vivimos, debo hallar alguna alentadora, capaz de irradiar un poco de luz, de esperanza. No es fácil, pues los medios tienden a difundir lo más sombrío, a poner en primer plano a personajes poco ejemplares, aunque se les quiera presentar como tales, ya sean políticos corruptos, cínicos, belicistas, faltos de ética, ya sean famosos que se presentan como modelos de éxito, con vidas basadas en la acumulación de riquezas, la ostentación, la competición permanente por tener más, algo que, por desgracia, tantas personas, afectadas por las altas dosis de capitalismo salvaje, admiran, envidian, mientras que a otras –entre las que me cuento– nos resulta simplemente obsceno.
Me pregunto (soy consciente de que ya lo he hecho en otros artículos; es algo que me afecta mucho como periodista, como persona convencida de la importancia de las humanidades) por qué no se promueven debates sobre otros valores, sobre el lado de la humanidad que lucha por el bien común, por la paz, que valora la honestidad, que aspira a una existencia basada en el ser, no en el tener (aquí, inevitablemente asoma Erich Fromm, presente en otra de nuestras páginas). Imagino que algo cambiaría en las sociedades del ahora si en las pantallas de televisión, en las emisoras de radio, en los diarios generalistas, se difundieran entrevistas con pensadores, activistas, creadores, científicos, con una mirada diferente, lejos de los discursos y las modas impuestas.
Creo que, por supuesto, un poco de frivolidad, de ligereza, de indolencia, hacen falta para sobrellevar las responsabilidades y pesos cotidianos, pero sin que ello suponga dar la espalda a lo que está sucediendo cerca y lejos, a lo propio y a lo que afecta a los demás; sin que vaya acompañado de un no a la reflexión, al pensamiento pausado sobre nosotros mismos y lo que nos rodea. Menos influencers y más filósofos, poetas, cuidadores de la Tierra, de la paz, del hermanamiento entre pueblos diversos. Escribo todo esto después de haber descubierto a un hombre capaz de impulsar en nosotros la idea de que son posibles otros horizontes de futuro, una idea guía en Lecturas Sumergidas, que nos ha ido llevando a lo largo del tiempo a obras y diálogos enriquecedores, en esta dirección.
Se trata de Satish Kumar (Dungargarh, India, 1936), destacada figura del movimiento ecologista y tenaz defensor del pacifismo, hasta tal punto que en 1962, inspirado por el acto de desobediencia civil del pensador Bertrand Russell contra la bomba atómica, inició, junto a su amigo, el también activista E. P. Menon, una “Marcha por la Paz”, en la que recorrió más de doce mil kilómetros, a pie y sin dinero, rumbo a los principales países con armas nucleares (Washington, Londres, París y Moscú) para invitar a sus dirigentes a tomar una taza de té y pensar en las consecuencias nefastas que podría provocar el uso de las mismas. Un gesto que marca la biografía de este ex-monje jainista que no se ha quedado en el ámbito del pensamiento, sino que a lo largo de su trayecto ha puesto en marcha estimulantes proyectos.

Incansable conferenciante, editor de la revista “Resurgence & Ecologist”, centrada en temas sociales, medioambientales y espirituales, es, además, fundador de dos instituciones en Inglaterra (tiene su residencia en Devon, cerca de la costa, en una zona rural). Se trata de Schumacher College (centro internacional para estudios de ecología) y The Small School, una escuela para niños de 11 a 16 años en la que se promueve una enseñanza basada en la prioridad de la naturaleza y en la preparación para sociedades sostenibles y más armoniosas. En este sentido, por su capacidad para la acción y para el impulso de iniciativas de cambio, me recuerda a la naturalista Jane Goodall, otro faro a tener en cuenta, también protagonista de esta publicación.
En la biografía de Satish Kumar, destacada figura del movimiento ecologista y del pacifismo, Hay un capítulo importante: Su «marcha por la Paz», más de doce mil kilómetros, a pie y sin dinero, rumbo a los principales países con armas nucleares (Washington, Londres, París y Moscú) para invitar a reflexionar a sus dirigentes.
A la visión del mundo, a las creencias de Satish Kumar, me asomo en esta Ventana Propia, que se abre en esta ocasión a paisajes verdes, luminosos, a través de la lectura del libro Somos naturaleza, Activismo, espiritualidad y regeneración, publicado por Icaria editorial. Una recopilación de textos, todos escritos para ”Resurgence & Ecologist”, que se convierte en un magnífico punto de partida para acceder a su territorio, un campo abierto en el que se acompaña de figuras como Gandhi, del que es un gran seguidor, así como de E. F. Schumacher, el autor de obras como Lo pequeño es hermoso y Una guía para los perplejos, obra que ocupa otra página de nuestra revista.
El pensamiento de este economista-filósofo acudió a mí en cuanto me sumergí en los ensayos de Kumar, que sin duda bebe en sus fuentes, en su noción de una economía hecha a escala de las personas, aliada de la simplicidad, no desconectada del bienestar interior, de la espiritualidad. Cuando leí a Schumacher fui consciente de lo alejadas que están las sociedades capitalistas de sus ideas, consideradas incluso ingenuas. He vuelto a tener esta impresión al pasar las páginas de Somos naturaleza. ¿Hasta qué punto se nos quiere hacer creer que hablar de paz, de bondad, de amor, de sobriedad, de solidaridad, de derechos humanos, de integridad, es ingenuo, cursi? ¿Cómo ha podido distorsionarse tanto el rumbo? Pienso, al hilo de todo esto, en los negacionistas, los racistas, los inventores del concepto “woke”, tan en boga y tan dañino.
Kumar es consciente de ello. Ha tenido que enfrentarse a argumentaciones negativas sobre sus principios, sobre sus supuestamente imposibles propuestas, multitud de veces a lo largo de su vida. Una y otra vez en el libro argumenta lo siguiente, con ligeras variantes: “Lo que propongo puede ser tratado como idealista, pero ¿a dónde nos condujo hasta ahora su realismo [de los gobernantes del mundo]. Si el resultado del realismo es gastar enormes cantidades de recursos controlando, encarcelando, torturando y matando y produciendo armas nucleares, entonces ese realismo no beneficia ya a nadie. Llegó el momento de darle una oportunidad al idealismo. Llegó el momento de abrirnos a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad”.
Uno de los méritos de este libro del que os estoy hablando es su sencillez, la manera en que grandes temas, conflictos y desafíos que nos atañen profundamente en este complicado tramo del siglo XXI que pisamos, son tratados de manera clara, con un lenguaje transparente. Ya resulta muy edificante el artículo que abre el recorrido, donde el autor incluye el email que le ha enviado un amigo artista y activista, muy desmotivado por la inacción de los líderes políticos del mundo ante “los asuntos medioambientales cruciales que estamos viviendo”, nada dispuestos a aceptar un crecimiento económico más lento, a desacelerar las producciones de sus fábricas para reducir la contaminación. “Nuestra avaricia será nuestra perdición”, le dice, angustiado, pidiendo un poco de optimismo.
La comprensión acompaña la respuesta, un mensaje en el que se trasluce un llamamiento a no rendirse, a seguir insistiendo y, pese a la emergencia planetaria en la que estamos instalados, seguir actuando “con mucha paciencia”. Kumar introduce un discurso que a mí particularmente me ha resultado altamente inspirador, tal vez porque en la vorágine del día a día solemos olvidar principios que, por otra parte, no suelen inculcarse en nuestras competitivas y aceleradas sociedades. “Hacemos algo porque vale la pena hacerlo. Actuamos sin querer obtener frutos por nuestra acción” (…) “Nuestra acción es una expresión de nuestro amor por la Naturaleza y por los demás. Como nuestro amor es incondicional e ilimitado también nuestras acciones son incondicionales y no tienen fin. ¿Cuál es el fruto de nuestro amor? El amor y nada más. ¿Cuál es el fruto de nuestra acción? ¡Más acción! Acción al inicio, acción en el medio, acción al final. Vivir es actuar. Tenemos que disfrutar nuestra acción y encontrar la plenitud en ella. ¡Sin decepciones y sin angustia! El activismo no es cambiar el mundo. El activismo cambia el mundo” (…) “Actuamos por amor, no por nuestro deseo de tener éxito. El éxito es un regalo del universo. Si viene, nos alegramos, si no viene, no lo reclamamos, no lo buscamos. Agradecemos al universo por elegirnos como canales de servicio y activismo. Con esa humildad y esa libertad interior absoluta actuamos. Si somos esclavos de nuestro deseo de éxito, entonces no somos libres”, va desplegando nuestro protagonista sus argumentos en respuesta a su amigo.
Y concluye su mensaje mencionando a Jesucristo y Buda. Ni siquiera ellos “pudieron establecer un reinado de amor y compasión en la Tierra”, le dice, y le plantea a continuación: “¿Considerarías esto un fracaso? ¡No! Sus vidas y sus enseñanzas tienen un valor que perdura. Sus acciones iluminan como luceros de esperanza e inspiración a millones de personas en el planeta tierra. Seamos como Budas y actuemos desinteresadamente, con amor y compasión”.
Este texto, titulado El activismo es un viaje, define muy bien el camino seguido por Satish Kumar. A lo largo del libro del que os hablo son muchas las ocasiones en las que sentimos estar accediendo a otro tipo de comprensión. Vuelvo a pensar de qué manera cambiaría nuestro mundo si estos principios se difundieran más, si llegaran a los medios, a las escuelas… Kumar hace un constante llamamiento por la paz en este tiempo tan dado a defender las armas; por el cuidado de la Tierra, de la naturaleza, a quien considera “nuestra mayor maestra”; por el cultivo de la espiritualidad, hoy tan desdeñada, malentendida. Al respecto señala: “Espiritualidad suele sonar como una palabra sospechosa. La gente la asocia con religión, superstición y dogma. ¡Su sentido se corrompió! Tenemos que reivindicar esta palabra y rescatarla de las malas interpretaciones. La materia es lo que puede medirse. El espíritu está más allá de cualquier medición”, explica, haciendo hincapié en la necesidad de atender ambas cosas, lo exterior y lo interior. “El rol de la religión”, añade, “es mejorar nuestro sentido del espíritu”.
“Espiritualidad suele sonar como una palabra sospechosa. La gente la asocia con religión, superstición y dogma. ¡Su sentido se corrompió! Tenemos que reivindicar esta palabra y rescatarla de las malas interpretaciones», SEÑALA EL AUTOR.
Del mismo modo que Schumacher, el autor de este libro del que os hablo marca el rumbo hacia una economía para las personas: ecológica, sostenible, más centrada en lo local, acorde con las pautas de la naturaleza. Hay artículos que parten de las crisis recientes provocadas por restricciones crediticias y préstamos hipotecarios, que han puesto en evidencia “la debilidad subyacente de nuestro sistema monetario”, un sistema que necesita ser reformado, indica, porque lo que “fue creado para facilitar las transacciones económicas, ahora está creando tragedias económicas”.
“Seamos claros. El dinero no es riqueza. Es una ilusión pensar que el dinero es riqueza. La verdadera riqueza es el buen suelo, animales sanos, bosques florecientes, agua limpia, trabajo honesto, creatividad abundante e imaginación humana (…) El propósito del dinero fue y debería ser estar al servicio de la comunidad humana como así también de la comunidad de la Tierra. Sin embargo, pareciera que el propósito original quedó revertido. En vez de que el dinero esté al servicio de la gente y el planeta, ahora la gente y el planeta están al servicio del dinero (…) Mientras se genere dinero todo está justificado, la máquina del dinero tiene que estar en movimiento, cueste lo que cueste”, vamos leyendo.
La riqueza está en manos de unos pocos. No hay recursos para los que sufren carencias, pobreza; siempre escasean para la educación y otros servicios públicos; lo vemos en nuestro día a día. Pero “nunca falta dinero para las guerras y las armas”, apunta el activista, quien lamenta que el dinero sea “un instrumento de injusticia y explotación, no sólo un medio de intercambio” y sigue argumentando: “El dinero no es un elemento otorgado por Dios: nosotros lo creamos, por tanto, nosotros podemos cambiarlo. A menos que reformemos y rediseñemos nuestro sistema monetario, la idea de sustentabilidad, justicia social y renovación espiritual, seguirá siendo un espejismo”.
«Seamos claros. El dinero no es riqueza. Es una ilusión pensar que el dinero es riqueza. La verdadera riqueza es el buen suelo, animales sanos, bosques florecientes, agua limpia, trabajo honesto, creatividad abundante e imaginación humana», nos dice Satish Kumar.
La visualización de las tres dimensiones que nos constituyen como seres humanos, natural, espiritual y social, son esenciales en el pensamiento de Satish Kumar, del mismo modo que en el de Schumacher. Ya están presentes en el Bhagavad Gita, texto sagrado hindú, y nos conduce a hallar la integración y el equilibrio de los elementos externos y los íntimos, porque todo está conectado. El cuidado y defensa de la naturaleza debe ir a la par que el compromiso con la justicia social y los derechos humanos, y ambas cosas, a su vez, deben estar impregnadas de “compasión, generosidad, humildad, amor y otras cualidades del alma”. He aquí la reflexión de Kumar: “Si tenemos un buen orden social y un medioambiente limpio pero no tenemos alegría ni empatía, ni amor, ¿qué sería de la vida? (…) Necesitamos espiritualidad, un sentido de lo sagrado y del amor en nuestros corazones para sentirnos plenos”.

Son muchos los temas analizados en los distintos artículos que componen Somos naturaleza, donde Kumar hace, como ya hemos visto, una defensa del activismo tenaz, combativo, que practica la resistencia no violenta, recurriendo a figuras que han sido capaces a lo largo de la historia de impulsar transformaciones, de modificar visiones y conciencias. “Todos los grandes cambios en la historia sucedieron porque hombres y mujeres visionarios hicieron sacrificios por el bien mayor de la humanidad”, señala, y cita a Emmeline Pankhurst, figura clave en la lucha por el sufragio universal, así como a grandes faros en su camino como Mahatma Gandhi, Bertrand Russell, Martin Luther King, Rosa Parks, Nelson Mandela, y acercándonos al ahora Greta Thunberg, a quien califica como “una gran fuente de inspiración” para él, y “los valientes activistas de Extinction Rebellion”.
Contrasta el agradecimiento que siente hacia los que han sido y siguen siendo compañeros de ruta, con la corriente de desprestigio que actualmente se dirige contra sus acciones desde los medios de comunicación, desde la política conservadora e incluso desde los entornos judiciales. Acabar con los relatos engañosos, maledicentes, es urgente y por eso es necesario que libros como este lleguen cada vez a más personas. Es necesario que la dignidad ocupe portadas, primeros planos en los medios audiovisuales.
Satish Kumar no se detiene en las ideas, en el pensamiento, da cuenta de propuestas que nos conduzcan, tanto a título colectivo como personal, hacia esos mejores horizontes de futuro que anhelamos. Plantar más bosques y proteger los que ya existen; priorizar la inversión en energías renovables, detener el fracking de una vez por todas; cancelar todas las expansiones de aeropuertos; reducir la producción y consumo de plástico no reciclable; respaldar la agricultura ecológica, son algunas medidas que se podrían aplicar de forma inmediata.
Enfrentar la crisis climática, cuando ya percibimos sus efectos y cuando todo apunta a un empeoramiento escalonado e intenso, es una de las mayores preocupaciones de este hombre que aboga por superar la obsesión por el crecimiento económico y pensar en otros medidores del bienestar más allá del PIB, por ejemplo la “Felicidad nacional bruta”, que se ha puesto en práctica en un pequeño país como Bután y que puede ser una propuesta a la que darle vueltas, analizando de qué modo nos haría sentir más satisfechos desarrollar trabajos que realmente nos gusten o que podamos realizar con orgullo, no solo encaminados a obtener un salario. ¡De qué manera nuestras vidas ganarían en plenitud si, en vez de desear ganar cuanto más dinero mejor ,nos preocupásemos por identificar las cosas realmente importantes, por tomar las riendas hacia sociedades marcadas por “el crecimiento en sabiduría, realización y felicidad y no por los resultados económicos”, donde seamos capaces de crear comunidades y volver a conectar con la naturaleza!
aboga Satish KUmar por superar la obsesión por el crecimiento económico y pensar en otros medidores del bienestar más allá del PIB, por ejemplo la “Felicidad nacional bruta”, que se ha puesto en práctica en un pequeño país como Bután.
“Estamos viviendo en una era de ansiedad. La falta de satisfacción con la vida personal y laboral está generando desilusión e incluso depresión”, nos dice Kumar. La defensa de la simplicidad, la constatación de que la dicha no depende de las cosas que tenemos, sino de cuán satisfechos estemos con nosotros mismos, son algunas de las ideas que definen su recorrido, ideas cargadas de tanta sencillez como de autenticidad. Insisto en que uno de los grandes valores de su obra es llevarnos a identificar conceptos básicos que tal vez hemos olvidado porque apenas se nombran en nuestros entornos laborales, sociales, familiares.
¿En cuántas conversaciones salen a relucir temas como la necesidad de tiempo para nosotros, para nuestro bienestar espiritual, por ejemplo? ¿Quién se plantea que el verdadero genio consiste en “vivir bien y vivir simple”? ¿Cuántas veces escuchamos, frente a los discursos triunfalistas sobre el poder de la tecnología como respuesta a todo, que somos parte de la naturaleza y no dueños de la misma y que le debemos respeto y gratitud? ¿En las tertulias que tanto abundan en las cadenas televisivas se valora a los líderes que viven y actúan “con integridad y sin miedo”?

Somos naturaleza es una entrega que nos anima a mirar de otra manera al presente, a desmontar relatos sumamente peligrosos, destructivos. “Un sistema económico sano debe asegurar justicia y paz para la gente como así también un manejo sustentable del entorno natural. La sociedad será más segura si reposa en los dos pilares de la ecología y la economía. Por el contrario, a mi parecer, lo que tenemos hoy en día es una economía de la guerra. En las guerras se busca apoderarse de los recursos y controlarlos. La búsqueda del poder político forma parte de ellas, pero lo que genera una política de guerra es la codicia de más y más lucro derivado de la posesión de recursos naturales como el petróleo, el gas, el agua y la tierra”, expone el veterano activista, quien también se refiere a la violencia ejercida por las naciones contra la naturaleza, contra los animales, que son tratados cruelmente, únicamente como medios de un lucro alejado de la moderación, la cual debería ser la regla a seguir.
En contrapartida, la paz, nos dice, “no es solo la ausencia de guerra. La paz es una forma de vida, una vida basada en la frugalidad voluntaria y la simplicidad elegante. En vez de una búsqueda ilimitada de prosperidad material, las sociedades pacíficas deben buscar el bienestar personal, social y medioambiental”.
Aquí pongo el punto final a este texto, consciente de que me queda un buen puñado de asuntos sin mencionar. Os dejo que los descubráis por vosotros mismos. Yo he tenido muy presente la enorme sombra del genocidio del pueblo palestino; las mentiras e injustificables argumentos sionistas; las deleznables políticas de Trump y otros líderes destructivos, mientras leía esta entrega que reivindica todo el tiempo el amor, la comprensión, la empatía… Siento pena, impotencia, vergüenza, indignación… Me planteo si sigue habiendo lugar para el idealismo que proclama el autor. ¿Qué nos quedaría sin idealismo, sin sueños, sin fe, sin convicciones?, me pregunto y me pongo del lado de Satish Kumar en su respuesta afirmativa. “Es hora de decirles adiós a los realistas y dar una oportunidad a los idealistas”, dice, animando a todas las corrientes de activismo a unirse y construir juntos, con convencimiento, “un movimiento de benevolencia”. Le agradezco su don para iluminar el camino, para que sigamos creyendo que otros mejores horizontes son posibles, que tenemos el derecho a soñar con ellos, a desearlos, a impulsarlos con nuestros pequeños-grandes gestos, desde donde podamos.
Somos Naturaleza. Activismo, espiritualidad y regeneración, ha sido publicado por Icaria editorial, traducido por Ezequiel Martínez Kolodens.









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