Foto de cabecera: Marguerite Yourcenar en 1954 /
Por Emma Rodríguez © 2025 /
“Es usted una fuente de lucidez permanente, en estos tiempos inciertos donde, lamentablemente, la barbarie triunfa a menudo. Quería expresárselo con toda sencillez. Y decírselo: creo que me hace un poco mejor persona”. Así termina el catedrático, hispanista y crítico literario francés Jean-Pierre Castellani, su libro Carta a Marguerite Yourcenar, a la que ha leído con pasión a lo largo de toda su vida, convirtiendo la divulgación de su obra en parte esencial de su trayecto profesional.
He comenzado este artículo por el párrafo final de la entrega, porque la declaración dice mucho de su carácter, de su desarrollo, porque me conmueve ese reconocimiento del lector entregado a quien, con sus escritos, con su visión del mundo, le ha hecho “mejor persona”. No se me ocurre una manera más hermosa que el agradecimiento para mostrar todo lo que nos puede aportar una obra literaria, toda la inspiración, compañía, consuelo, que nos llegan a proporcionar los personajes que habitan en las ficciones que amamos.
Jean-Pierre Castellani habla desde el corazón, desde el entusiasmo, alejado del tono academicista, trazando puentes de afinidad con una receptora ausente, que ha sido, sin duda para él, una compañera de rutas viajeras y existenciales. No la conoció personalmente, aunque tuvo oportunidades para el encuentro. Prefirió acercarse a ella a través de la lectura detenida de su obra, buscándola en sus paisajes, en sus reflexiones, en sus gestos nobles y en sus particularidades y contradicciones. Su personal misiva nos emociona porque, pese a esa sencillez y claridad buscadas, consigue profundizar en las corrientes secretas, íntimas, de afinidad que cualquier lector entregado conoce.
El caso de nuestro protagonista va mucho más allá, pues Marguerite Yourcenar ha marcado profundamente su vida; porque gracias a ella, en su misión de llevar sus libros, su palabra, a los otros, ha recorrido muchas partes del mundo; se ha enriquecido con las particularidades de entornos diversos y con la amistad de personas afines, de seguidores devotos de la autora de Memorias de Adriano. Ahora, al hilo de todo esto, pienso en Castellani como una especie de misionero laico, movido por el deseo de compartir sus experiencias de lectura, su adentramiento en una obra que le ha abierto las puertas hacia espacios de libertad, de dignidad, de plenitud, que le ha hecho “mejor persona”, vuelvo a insistir en este punto.

De todo esto trata este libro lleno de encuentros, de amistades, de descubrimientos, en torno a Yourcenar. Algunos de los tramos que ocupan sus páginas ya los conocíamos, pues Jean-Pierre Castellani, amigo y colaborador de Lecturas Sumergidas, nos ha ido entregando generosamente, a lo largo del tiempo, distintos artículos centrados en sus vivencias. En uno de ellos, con el bonito título de Una vuelta al mundo con Marguerite Yourcenar, se centra en sus recorridos por numerosos escenarios internacionales impartiendo conferencias, participando en tertulias y actos de aproximación a los escritos de la que para él ha sido siempre una fuente de inspiración.
jean-pierre castellani No conoció personalmente a marguerite Yourcenar, aunque tuvo oportunidades para el encuentro. Prefirió acercarse a ella a través de su obra, buscándola en sus paisajes, en sus reflexiones, en sus gestos nobles y contradicciones.
Autor de otra obra sobre la escritora, De un yo al otro, publicado en Francia en 2011, Castellani se asombra en el texto citado de lo que el destino le tenía preparado de forma inesperada y rememora los diferentes y curiosos lugares a los que acudió para hablar de ella: las antiguas bibliotecas de la Universidad de Bolonia o de Parma; el acogedor salón del Museo Malba de Buenos Aires; una cárcel de Málaga… Sus charlas ante los miembros cultos de asociaciones como los Amigos de Guillaume Budé o los Rotary Clubs en Francia; así como en distintas tertulias en los cafés del barrio de Alfama, en Lisboa. Cita viajes a Alemania, Irlanda, Reino Unido, Rumanía, Grecia, Chipre, Argelia, Túnez, Japón, Colombia o Brasil, siempre en compañía de sus libros queridos. Y da entrada a anécdotas, a encuentros novelescos, por ejemplo el de la chica a la que encontró en un tren rumbo a la ciudad de Pordenone, en el norte de Italia, ensimismada en la lectura de Memorias de Adriano, a la que no se atrevió a decir que en su carpeta llevaba los apuntes de su conferencia sobre la novela unas horas después.
Todo esto, y mucho más, entra en la Carta que le envía a Yourcenar, donde se cita a otros creadores a los que nuestro hombre se fue encontrando por el camino, que bajo el influjo de la escritora, inspirados por ella, crearon sus propias obras. A todas esas historias accedemos los lectores con curiosidad y avidez por conocer los detalles de un devenir lleno de complicidades. La misiva se inicia con una fecha clave, el 6 de marzo de 1980, día en el que la Academia Francesa elige a Yourcenar como su nuevo miembro, convirtiéndola en la primera mujer en ocupar uno de sus asientos. Se encontraba entonces Castellani en España, a punto de dar una conferencia sobre los territorios yourcenianos en un anfiteatro de la Universidad de Valencia, y podéis imaginar el entusiasmo con el que recibió la noticia, a la que se refiere como “un hecho histórico”. En las páginas de su libro da cuenta de cómo transmitió ese entusiasmo a los asistentes al acto, que aplaudían frenéticamente.
“Ahora sé que solo aceptó entrar en la Academia Francesa porque era la primera mujer admitida allí. Nunca acudió a las reuniones…”, señala el autor, quien nos hace visualizar a la escritora ese día, de visita en el Caribe con su amigo el fotógrafo Jerry Wilson, lejos de la euforia en Francia. El día de la ceremonia oficial de su toma de posesión, el 22 de enero de 1981, la autora impuso condiciones. “Rechazó el uniforme y la espada, como es la costumbre, y prefirió una moneda romana, un “aureus” estampado con la efigie del emperador Adriano”, indica Castellani, quien le dice a su protagonista: “En el fondo es usted un clásico subversivo, lo que puede parecer paradójico, pero la fórmula la define a la perfección. Y me satisface a mí, que siempre he favorecido la marginalidad”.
La personalidad de la escritora, sus nexos familiares, su manera de vivir, de afrontar la creación, se van poniendo de manifiesto a medida que avanzamos en la lectura. La vemos obstinada y disciplinada con la calidad de las traducciones y la edición de sus escritos. Nos damos cuenta de hasta qué punto odiaba los encasillamientos, las etiquetas. No se declaraba feminista, pero en su discurso de entrada en la Academia Francesa afirmó “que se sentía acompañada por “una tropa invisible de mujeres que tal vez deberían haber recibido este honor mucho antes”, hasta el punto de tener “la tentación de desaparecer para dejar pasar sus sombras”, citando a Madame de Staël, George Sande, Colette.
Sus acciones hablaban por ella. “Respaldó las principales reivindicaciones del movimiento feminista; defendió la legitimación de la homosexualidad y del derecho al aborto; estaba o estaría en contra del acoso sexual, en contra de toda violencia contra las mujeres; se mostraría a favor de que las mujeres pudieran tomar la palabra”, escribe el autor de la Carta, planteándose cómo hubiera reaccionado ella antes hechos de actualidad como el movimiento “Me Too”.
en su discurso de entrada en la Academia Francesa Yourcenar afirmó “que se sentía acompañada por “una tropa invisible de mujeres que tal vez deberían haber recibido este honor mucho antes”, citando a Madame de Staël, George Sande, Colette.
“Soy un ser humano antes que un sexo”, solía decir Yourcenar, a quien, como indica Castellani, irritaban las preguntas sobre su homosexualidad, que vivió siempre con naturalidad, “serenamente”, sin necesidad de convertirlo en tema prioritario. Son bellas las páginas dedicadas a su vida, junto a su pareja, Grace Frick, en la casa de Petite Plaisance, en la isla estadounidense de Mount Desert, lejos del norte de Europa, de sus orígenes.

También el amor por la naturaleza, el espíritu ecologista de la autora sale a relucir. “No violentar la Tierra. Es lo esencial”, recuerda sus palabras su devoto admirador, quien alude a la condena que hizo del uso de la bomba atómica en Hiroshima en 1945; a cómo se asustó “por las consecuencias sobre el equilibrio natural y la salud pública de la explosión de Chernóbil en 1986”. Yourcenar acusaba a la acción humana de la creciente degradación de la naturaleza, le “echaba la culpa al capitalismo, a la fe ciega en la tecnología, a la sociedad de consumo…”
Profesor emérito de Filología Hispánica en la Universidad François Rabelais de Tours, Jean-Pierre Castellani, cuya vida ha transcurrido entre esta ciudad francesa y Córcega, su isla natal, se refiere en su entrega a la manera en que siempre rehuyó los espacios cerrados de los especialistas en literatura comparada; de su búsqueda de un tono personal alejado del discurso académico; de su apuesta por una manera más abierta de difundir el placer por la obra de Yourcenar entre públicos diversos. Nos habla de su implicación en la formación de la SIEY (Sociedad Internacional de Estudios sobre Marguerite Yourcenar), en la que ocupa el cargo de vicepresidente. Para los lectores españoles son especialmente interesantes las páginas en las que da cuenta del apetito cultural que había en el país en los años de la Transición, del que fue testigo; del interés que despertó Yourcenar, especialmente su obra Memorias de Adriano.
Él se lo explica por los temas que aborda esta extraordinaria, inolvidable novela: “una reflexión sobre el poder” y “una larga meditación sobre la paz y la guerra”, que transmite “el mensaje de la libertad en todos los ámbitos; político, religioso y sexual”, siendo también “un cuestionamiento doloroso sobre la enfermedad y la muerte cercana”. Y a partir de ahí argumenta: “Los jóvenes españoles liberados, pacifistas, escépticos, sensuales, animados por el deseo de vivir intensamente sus libertades apenas estrenadas, adoptaron con entusiasmo este libro, porque correspondía exactamente con su estado de ánimo en ese momento”.
Otro tramo muy motivador es el dedicado a la puesta en escena en Buenos Aires –2010– de Alexis o el tratado del inútil combate, una adaptación teatral y musical, proyecto impulsado por Castellani que contó con muchas complicidades, sobre todo la de la pianista Marcela Roggieri, que interpretó a Chopin, compositor elegido para una pieza literaria donde la música es esencial. A partir de aquí entran en el texto las relaciones de Yourcenar con personalidades de la vida cultural argentina como Borges, a quien tanto admiraba, o las hermanas Ocampo.
el espíritu ecologista de la escritora sale a relucir. “No violentar la Tierra. Es lo esencial”, decía, acusando a la acción humana de la creciente degradación de la naturaleza, «al capitalismo, a la fe ciega en la tecnología, a la sociedad de consumo.
La sensación de proximidad, que abre hondas conexiones, con quienes vivimos la lectura como un ingrediente esencial en nuestras vidas, es uno de los grandes valores de este libro que se convierte en un diálogo profundo, donde sobresale la experiencia del docente, pero sobre todo del lector que se va formando, que va creciendo y enriqueciéndose con las obras literarias de una mujer a la que cada vez conoce y celebra más. Los procesos de identificación con ella son evidentes. En muchos aspectos Castellani se reconoce en los textos, en las opiniones, en las pasiones de Yourcenar. Y nos lo cuenta de forma cristalina, cercana.

En el prólogo de la entrega el catedrático Enrique Baena se refiere a “un monodiálogo lleno de viveza y proximidad”, así como a la “conversión del propio autor en una proyección que no solo trae la visión y la mentalidad de su destinataria, integrándose en ellas, sino que asimismo su voz como autor traslada el eco del innúmero de lectores de Yourcenar, haciendo figuradamente de su yo los otros en la admiración de la gran escritora a quien homenajea”. Por su parte, el filósofo Christophe Di Caro, destaca en su texto-prefacio, la “mezcla de pasión y erudición” que se da en un recorrido que “sabe poner de relieve las singularidades humanas y literarias de una mujer fuera de lo común”.
La fórmula que adopta para su libro, la epístola, ya indica afinidad, pues dos de las obras fundamentales de la escritora tienen forma de carta: Memorias de Adriano y Alexis o el tratado del inútil combate. El estudio de las correspondencias de destacados creadores ha sido central también en el trayecto de investigación del catedrático y crítico. En su Carta tienen espacio los cruces de misivas entre Yourcenar y la poeta argentina Silvia Baron Supervielle y el horticultor Paolo Zacchera (hay otro artículo en Lecturas Sumergidas sobre estas relaciones). Se inscriben estos intercambios en el último tramo de su vida, que finalizó un 17 de diciembre de 1987, a los 84 años de edad, cuando aún estaba llena de proyectos. Poco antes había planeado un largo viaje con Zacchera, rumbo a la India…
El trayecto de Jean-Pierre Castellani, en compañía de Marguerite Yourcenar, de sus libros, está lleno de semejanzas entre dos miradas abiertas. Se identifica el ensayista con la Yourcenar viajera, ciudadana del mundo; con el ser de isla que fue sin haber nacido en una. Entabla paralelismos entre sus vivencias en su lugar de nacimiento, Ajaccio, Córcega, geografía a la que se siente profundamente ligado, y la isla de Mount Desert, el entorno donde la escritora encontró la tranquilidad y el contacto con la naturaleza salvaje que anhelaba. Hay muchas bellas reflexiones aquí, así como en el tramo en el que Castellani rememora su visita a la tierra natal de Yourcenar, en el corazón de las montañas del Flandes francés.
Se identifica el ensayista con la Yourcenar viajera, ciudadana del mundo; con el ser de isla que fue sin haber nacido en una. Entabla paralelismos entre sus vivencias en su lugar de nacimiento, Ajaccio, Córcega, y la isla de Mount Desert, elegida por ella.
Es uno de mis favoritos del recorrido por lo mucho que sugiere, que revive; por los hermosos fragmentos extraídos de la obra de la escritora. “La visita que hice a la Maison du Mont Noir, en noviembre de 2013, fue un gran momento para conocerla mejor (…) Para mí fue conmovedor ver en la vida real todos esos paisajes, esos árboles, esas flores, esa naturaleza, esos pájaros, que evoca extensamente en “Recordatorios” / Imaginé su vida solitaria de niña en contacto con los animales: un poni, una cabra, un cordero, los conejos de los que habla con tanta ternura. Tuve la impresión de vivir sus textos, de entrar en ellos con usted, los entendí mejor que con todas las sutiles herramientas del análisis literario. El tiempo fue abolido y sentí la misma identificación física y espiritual con un autor que había experimentado ya visitando las ruinas de Tipasa cantadas por Albert Camus”, le hace saber Jean-Pierre Castellani a su destinataria.
El autor se asoma, descubre los paisajes que contemplaba Yourcenar desde su ventana, y quienes leemos nos imaginamos observándolos también. Yo he abierto esta “Ventana propia” a esos entornos inmortalizados por la literatura. He leído unas cuantas veces esta Carta a Marguerite Yourcenar, editada ahora en castellano por la editorial malagueña Azimut, pues he tenido la satisfacción de colaborar con el autor en su traducción, y debo deciros que en todas las ocasiones me he emocionado ante determinados pasajes del camino, como los que acabo de citar, ante las reflexiones en torno a los viajes, a las islas, al influjo sobre la vida que ejercen determinadas obras literarias. En este último punto esta entrega dialoga con Lo que una ama, el ensayo de Miren Billelabeitia que ocupa otro espacio en la edición 86 de Lecturas Sumergidas. Otra de esas felices coincidencias que tanto me gusta que acaezcan en las páginas de nuestra, vuestra, revista.
“Hay una escritura de la lejanía, del otro lugar, en su obra” / “Toda su existencia, desde la infancia y los años pasados junto a su padre, en Europa primero y luego sola a través del ancho mundo, no ha sido más que una alternancia de viajes voluntarios, organizados, planificados, a lo largo de los años, llenos de descubrimientos estéticos, intelectuales o afectivos”, le hace saber, entre otras muchas cosas, Jean-Pierre Castellani, a quien tan presente ha estado, y sigue estando, en su trayecto, en su corazón.

Carta a Marguerite Yourcenar ha sido publicada por Ediciones Azimut, traducida del francés por su autor, Jean-Pierre Castellani. Incluye prólogo de Enrique Baena y prefacio de Christophe Di Caro.









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