Jean-Pierre Castellani © 2023 /

Presentar, a estas alturas, un libro nuevo sobre el poeta malagueño Emilio Prados (1899-1958) supone un reto difícil,  que trata de superar Francisco Chica Hermoso. Ya anuncia el filólogo y ensayista, desde el mismo título de su trabajo, una ambición bastante original. Habla de “La visión de una totalidad”, lo que resulta extraño para hacer referencia a una investigación, precisando en el subtítulo: Poesía y biografía. De los orígenes a la culminación del exilio. La complejidad del trabajo crítico aparece, pues, ya en el título, que da idea de la importancia del estudio: 394 páginas que tratan de ahondar en la profundidad de la creación poética de Prados, el poeta más discreto, humilde y algo olvidado de la generación del 27; el más “difícil y misterioso” del grupo, según palabras de Jorge Guillén.

No estamos simplemente ante una tesis científica sobre la obra de Prados, ni tampoco ante una biografía documentada. Se trata de una  tentativa novedosa de establecer una relación entre su poesía y su trayectoria vital, desde su formación en la creativa Málaga de los años 30, crucial en el desarrollo de la poesía andaluza bajo la República, analizando su discurrir en paralelo al trabajo colectivo emprendido por otras destacadas figuras y, más adelante, siguiendo sus pasos en la vida solitaria a que le condujo el destierro en México. No se sitúa Francisco Chica fuera de la vida del poeta, trazando un discurso objetivo y neutro, sino que entra íntimamente en su vivencia, siendo evidente la empatía del crítico con el poeta. Casi diríamos que se establece una verdadera identificación entre los dos, complicidad que nosotros, los lectores, compartimos a medida que leemos este magnífico trabajo.

Un material completo

José Moreno Villa, en el centro, junto a Emilio Prados (izquierda) y Luis Cernuda, en la casa de Altolaguirre en México. Años 50.

Uno de los aciertos de este libro es la importancia del material documental aportado al final. Abarca más de 78 páginas en un Apéndice claramente organizado. Consta de la copia de muchas correspondencias entre Prados y un gran elenco de personalidades  muy conocidas en el mundo intelectual de la época, caso de  Manuel de Falla, Federico García Lorca, Gerardo Diego, León Sánchez Cuesta, María Zambrano… 

Algo más novedoso todavía es la lista que se ofrece –todo un regalo para los estudiosos– de los libros adquiridos en Alemania por  Prados, prueba de su inquietud por conocer autores y obras fuera de las fronteras de su país. Nos enteramos así de que el mundo germánico representó algo fundamental en su aprendizaje de la cultura en todos los campos: literatura, pintura, música… 

Muestra Chica una lista de las peticiones hechas por su protagonista al librero León Sánchez Cuesta, la cual nos da una idea precisa de sus deseos como lector y de su cultura universal. En ella destacan escritores como Guillaume Apollinaire, Blaise Cendrars, Pierre Reverdy, intelectuales  franceses como Jean Ricardou y revistas famosas de la época. También se reproducen los contratos de trabajo y acuerdos editoriales del autor y la transcripción de un poema inédito, escrito en 1946,  así como una selección de textos para la preparación de las Obras Completas, realizada por el propio poeta. 

ENLa visión de una totalidad”, Ensayo sobre Emilio Prados, no se sitúa Francisco Chica fuera de la vida del poeta, trazando un discurso objetivo y neutro, sino que entra íntimamente en su vivencia, siendo evidente la empatía del crítico con el poeta.

También se publican, por vez primera, unas dedicatorias de libros, que le enviaron otros escritores e intelectuales, y que Prados guardaba cuidadosamente en su biblioteca mexicana. Y también resultan valiosos los datos conservados en sus directorios, en su archivo; agenda y direcciones que nos permiten descubrir la lista de los amigos españoles, mexicanos y europeos del  poeta, que son muchísimos.

También se incluye en esta exhaustiva e interesante investigación el catálogo de los libros que se encontraban en la biblioteca de Emilio Prados. Comprados en México, son obras de poesía y narrativa, de pensamiento, de psicología, así como revistas, obras del autor, etcétera. Al mismo tiempo se reproduce una Antología Mínima de poemas de Prados para facilitar al lector actual el acercamiento a las obras citadas a lo largo del recorrido.

Elementos claves

Son bastantes los elementos que podemos destacar del trabajo de Francisco Chica, uno de los grandes especialistas españoles de la Generación del 27, quien proporciona claves imprescindibles para alguien que quiera conocer a fondo a Prados y, de modo más general, aproximarse a la producción poética de la época. En primer lugar, el fracaso intelectual, espiritual y humano que supuso la Guerra Civil para los poetas del 27  y concretamente para nuestro autor.

Ver, como suele hacerse, la poesía de Emilio Prados, a partir de 1930, como un sencillo compromiso político no es lo más acertado. Solamente, a partir del 36 asoma de forma clara ese compromiso. Ya durante la misma contienda, el creador quiso romper con la imagen simplista de poeta de la guerra que se le atribuyó. Durante esos años, el autor de títulos como La voz cautiva, Memoria del olvido y Jardín cerrado,  llevó a cabo una importante labor como editor y fue notable su participación en el Congreso Internacional de Escritores para la defensa de la cultura. En 1937, recibió el Premio Nacional de Poesía.

Otro elemento significativo, en el que se detiene el ensayista, es el papel importante que jugó, en la formación humana e intelectual de los creadores del 27, la pedagogía institucionista, desarrollada por la Institución Libre de Enseñanza como modelo de una pedagogía activa, caracterizada por una mezcla de ética y de poética. Esa utopía educativa iba a convertirse posteriormente para Prados en una verdadera religión personal, herencia del ideario de Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío, que modelaron su visión del mundo. 

Ver la poesía de Emilio Prados, a partir de 1930, como un sencillo compromiso político no es lo más acertado. Solamente, a partir del 36 asoma de forma clara ese compromiso. Ya durante la misma contienda, el creador quiso romper con la imagen simplista de poeta de la guerra que se le atribuyó.

El poeta lleva a cabo su formación en la Residencia de Estudiantes de Madrid, a partir de 1918. La investigación de  Chica destaca también la gran su influencia de su hermano Miguel, figura importante de la psiquiatría española e internacional, que le abrió caminos nuevos. En el estudio se subraya también la importancia de la estancia del autor en 1921-1922 en Alemania y Suiza, que lo pone en contacto con el movimiento romántico y la vanguardia europea, sobre todo en Friburgo, un camino similar al del poeta y pintor, también malagueño, José Moreno Villa.

La imaginación y el sueño son protagonistas de la obra de Emilio Prados, con gran influencia del expresionismo alemán. El interés por esta corriente artística que distorsiona violentamente la realidad, nutre de manera muy singular sus composiciones. Su estancia, por motivos de salud, en Davos Platz (Suiza) y en la ya citada Friburgo (Alemania), en medio de un dinámico y rompedor ambiente social y cultural, dejará una profunda huella en su espíritu, alimentada con el conocimiento de la obra de filósofos como HusserlHeidegger. El poeta recogerá fundamentalmente el aliento revolucionario y utópico de la Alemania de aquella época.

Incluso llegó a enfrentarse a los planteamientos de la vanguardia que tenían amigos cercanos como Lorca, Dalí, Buñuel, Moreno Villa, produciéndose una ruptura que le llevó a iniciar un camino en solitario, primero alejándose de la Residencia de Estudiantes, en el año 1925-1926. A  partir de entonces, Prados desarrollará su actividad con independencia de criterio, guiado por el deseo de llevar a la práctica las ideas adquiridas durante su periodo de formación.  Enlazando con la experiencia de Alemania, se orienta hacia una síntesis de las artes, que se aprecia muy claramente en las revistas alemanas más destacadas del momento, donde conviven poesía, textos teóricos, narraciones, dibujos, grabados y música, traducciones de autores orientales y rusos e interés hacia el misticismo estético y revolucionario del arte primitivo. 

El primer ciclo de Prados, iniciado en Suiza y Alemania, abarca una serie de libros escritos entre 1925 y 1933. La revista Litoral (1926-1929), que entiende como un proyecto colectivo ejecutado por  un grupo libre, fue también un verdadero programa poético, iconográfico y musical, que refleja la utopía vitalista del Prados de entonces. 

Federico García Lorca (en el centro) y Emilio Prados (a la derecha de Lorca) en la Residencia de Estudiantes junto a otros compañeros.

Tras el cierre de Litoral, el poeta sufrió una crisis moral y espiritual que lo llevó a refugiarse en el territorio de la meditación, con gran interés por las técnicas del impresionismo y de la abstracción. Incluso tuvo la tentación de ingresar en una orden religiosa, lo que se concretará en los textos escritos y publicados en los  últimos años vividos en México. 

En Málaga, tras la proclamación de la II República, se había entregado a una singular tarea social, con la que trataba de socorrer la miseria de los más necesitados, mientras llevaba a cabo una labor literaria y artística, lo que le convirtió en un poeta atípico.    

El estudio de su epistolario con el librero León Sánchez Cuesta, creador de La librairie espagnole en París, repasa una amplia correspondencia que se entabló entre 1925 y 1936, y que lo muestra como un incansable devorador de libros. Enfermo, instalado en Málaga en esa época, permanecía muy en contacto con el mundo de la cultura europea.  

Tras el cierre de La revista «Litoral» el poeta sufrió una crisis moral y espiritual que lo llevó a refugiarse en el territorio de la meditación. Incluso tuvo la tentación de ingresar en una orden religiosa, lo que se concretará en los textos escritos y publicados en los últimos años vividos en México. 

La ruptura dolorosa de sus relaciones amorosas con Blanca Nagel, que inspiró algunos de sus primeros versos, provocó en él una sensación de pérdida y desamparo que intensificaron una conciencia de homosexualidad que asomaba ya en las páginas de Diario Íntimo. Chica no duda en hablar, de modo muy púdico, pero sin ocultar esa realidad poco admitida entonces, de la homosexualidad del poeta, algo que sigue siendo el gran misterio de Prados. Un hecho que permite, sin embargo, entender su angustia permanente, ese  juego de presencia-ausencia  y la profunda duda que lo caracteriza. De ahí la temática de la culpa, de la caída y del resurgimiento, que prepara el soliloquio al que se abandona al final, abocado a un repliegue espiritual, a una búsqueda del sentido de lo sagrado, como valor supremo de experiencia humana. 

El periodo mexicano

De izquierda a derecha, sentados, Luis Cernuda y José Moreno Villa; de pie, Eduardo Ugarte, Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, México, noviembre de 1952.

En una segunda parte,  quizá la más documentada de su trabajo, Francisco Chica cuenta el exilio de Prados como culminación de su destino. El poeta sale de España para México en 1939, del mismo modo que otros cuatrocientos mil exiliados entre 1937 y 1939. Desde su llegada al país de acogida, participó en revistas destacadas y trabajó en antologías sobre poesía contemporánea. En 1944 publicó Mínima muerte, donde los temas predominantes son la meditación, el olvido, la introspección cercana a la filosofía oriental y la negación del racionalismo como única fuente de conocimiento. Solo el sueño y el olvido pueden ponernos en contacto con el ser absoluto de los místicos orientales, consideraba el poeta. 

La narración de los primeros pasos de Prados en México es muy interesante en el libro que nos ocupa, porque se aborda como una especie de reportaje vivo sobre la comunidad española refugiada en un país que siempre acogió con generosidad a los creadores de fuera. Chica nos da muchos detalles de cómo se formaron y organizaron los grupos de recién llegados, de donde vivían y de lo que hacían. Interroga a testigos, tiene acceso a la correspondencia de Prados, por ejemplo, con Juan Larrea o María Zambrano, confirmando la conexión que tenía su protagonista con el pensamiento de la filósofa, la auténtica afinidad intelectual entre ellos.

La narración de los primeros pasos de Prados en México es muy interesante en el Estudio de FRancisco CHica. se aborda como una especie de reportaje sobre la comunidad española refugiada en un país que siempre acogió con generosidad a los creadores de fuera.

El investigador, como decíamos, tiene acceso a la biblioteca del poeta en México, donde encuentra libros muy significativos que reflejan sus inquietudes: la Biblia, textos del pensamiento griego, de Heráclito, Platón, Plotino, y también de San Agustin, sin olvidar la poesía judeo-árabe hispánica y a autores como Spinoza, Novalis, Nietzche, Teilhard de Chardin

Los exiliados formaron  un grupo endogámico en una ciudad de dos millones de habitantes. La obra de Chica explora con detalle la actividad de los republicanos que se vieron obligados a huir de España en 1939. Son capítulos esenciales los dedicados a las librerías Porrúa o Cristal, la editorial Séneca, fundada por Bergamín, donde Prados trabajó como director tipográfico y publicó muchos de sus libros, entre ellos las Obras Completas de San Juan de la Cruz con cubiertas que compuso él mismo.


A pesar de su aislamiento, Prados desarrolló su obra poética: Memoria  del Olvido (1940), Jardín cerrado (1946), Circuncisión del sueño (1957), La piedra escrita (1961). En México vivió su propio destierro de forma singular, dentro del destierro con mayúsculas, pues se mantuvo lejos de la actividad política de los españoles desterrados. Habitó un apartamento pequeño y humilde; trabajó, además de en las labores editoriales citadas, en el instituto Luis Vives, uno de los centros de enseñanza fundados por los republicanos. Allí ejerció la  tutoría de los alumnos y transmitió el espíritu de la Institución de Libre Enseñanza.


En su camino lejos de casa, el poeta buscó nuevos horizontes a partir de autores fundamentales como Manrique, Quevedo, Calderón, San Juan, Bécquer, Machado, Unamuno, Juan Ramón. Afirmando su propia autonomía, en 1942 fundó con León Felipe la revista Cuadernos americanos, una reinterpretación activa del entorno hispánico basada en un concepto del mundo interdisciplinar de la cultura, con aportaciones internacionales de grandes intelectuales.  

El mismo concepto también se pone de manifiesto en Litoral, que vuelve a publicarse en 1944, dando acogida a la poesía y la prosa, que se hacen acompañar de dibujos y partituras musicales. La correspondencia con su hermano Miguel ilustra perfectamente esa evolución.

Emilio Prados observa, desde México, cómo su figura de escritor va quedando al margen de la historia literaria de España. No pertenece a ninguna escuela o grupo. Su concepto de la palabra poética tiende a converger con los lenguajes de la pintura y de la música. En un momento dado comienza a almacenar diversos objetos del arte popular mexicano, sobre todo de procedencia indígena: objetos de madera, cestos de palma, exvotos, cerámicas, artesanía…

Para él no hay diferencia o distancia entre poesía y pensamiento y esa actividad religiosa interior lo conduce a una radical mística en la que culmina su obra. Prados tiene, según señala Francisco Chica, una “visión teológica del destierro” y aspira a una pureza ecológica. El periodo mexicano vino a ser, en definitiva, como una ampliación en profundidad de lo que le había pasado antes en España. El análisis del estudioso demuestra cómo se va observando en el creador un desdoblamiento del ser y una anulación del propio “yo” en favor de un proceso místico activo que abarca por igual vida y obra.

En México Prados vivió su propio destierro de forma singular, lejos de la actividad política de los españoles desterrados. Habitó un apartamento pequeño y humilde y Trabajó, además de en labores editoriales, en el instituto Luis Vives, uno de los centros de enseñanza fundados por los republicanos.

El poeta comenzó a preocuparse por la realización de su obra y publicó en 1954, Poesía, selección antológica de su obra lírica hasta 1938. Frente a la creciente abstracción de su poesía, la historia de su vida cotidiana actúa como un espejo en el que se consolida el sentido de la trama humana. A pesar de la ansiedad que lo perturbaba, trabajó en la edición futura de sus Obras Completas, un proyecto del que Chica ofrece todos los detalles, que llegó a concretarse en 1975, con la publicación de Poesías Completas por Carlos Blanco Aguinaga y Antonio Carreira (México, Aguilar).

En aquel periodo lo visitaron su sobrina María del Rosario y su marido, coincidiendo con las crisis periódicas, provocadas por la enfermedad pulmonar, que padecía entonces, unidas al sentimiento de soledad que experimentaba y que se acentuó con el casamiento de su amigo Paco Sala. El testimonio de Julia Crespo Iglesias, que fue amiga del poeta durante los últimos años de su vida, es esencial para entender la situación anímica de Prados. A partir de distintas entrevistas con ella, en 1991, Chica reconstruye su vida cotidiana en el espacio monacal de su casa.

Las constantes que encontramos ahora en el mundo del escritor son: una dualidad entre espíritu y materia, el mito de la caída y de la redención, la idea de renacer, de bautismo, el rechazo de normas e instrucciones, el uso del lenguaje iniciático, la fuerte conciencia de sí mismo, la valoración de la libertad interior… 

Entre 1958 y 1960 trabaja en un nuevo libro, La piedra escrita, que repasa su propia historia personal, pero en un tono mucho más abstracto. Animado por Gerardo Diego y Altolaguirre, decide recopilar sus Obras Completas. La selección de 1959 lo obliga a buscar un corpus coherente, con un criterio selectivo riguroso y la tentación de eliminar su extensa producción de la guerra.

Francisco Chica insiste en algo poco destacado hasta ahora por la crítica en su estudio de la producción de muchos poetas del destierro: la curiosidad por la filosofía y la literatura orientales. Prados desea cada vez más profundizar en esos ámbitos, que lo conducen hacia una visión ética del mundo. Ve en su cuerpo la reproducción, la réplica del universo. La palabra poética nace del silencio, siendo ante todo una mediación entre vacío y plenitud.  Es importante ese permanecer en contacto con los ritmos de la naturaleza, siguiendo las normas de los textos budistas.

EN SU ETAPA FINAL, EMILIO PRADOS deseó, cada vez más, profundizar en La filosofía y la literatura orientales, que lo conducen hacia una visión ética del mundo. La palabra poética nace del silencio, siendo ante todo una mediación entre vacío y plenitud.

Ya estamos lejos de la inspiración propiamente andaluza. El destierro ha transformado al poeta de los años 20. Ahora propone un radicalismo ético y religioso como respuesta al horizonte de escepticismo que lo invade. 

Prados muere el 24 de abril de 1962.  Es muy emocionante la evocación por Chica de sus últimos años en México. Desgraciadamente, habrá que esperar a los años 70 para que aparezca una aproximación crítica ajustada a su poesía con los trabajos de Carlos Blanco Aguinaga, Antonio Carreira y José Sanchis Banus, que fueron pioneros en analizar y promover la poesía de Prados y sacarla de un olvido injusto. 

Conclusiones

No es, por tanto, como decíamos al principio, la obra que hemos recorrido, una biografía tradicional, sino una reconstitución literaria original, muy distinta a las entregas de este tipo a las que estamos acostumbrados.  Concebida así, la biografía viene a ilustrar un análisis muy profundo de la obra del biografiado, siguiendo a la par obra y vida, no a través de una visión parcial, sino buscando la coherencia del trayecto creativo. Francisco Chica permite descubrir que la producción de  Prados, que descubrimos muy abundante,  es una de las aportaciones centrales de la poesía hispánica contemporánea. El poeta malagueño se opuso siempre al afán de notoriedad de algunos, prefiriendo la comunión a la comunicación. Bien merecía el Homenaje que supone, comunica y regala por fin este libro. 

Emilio Prados. Una visión de la totalidad (Poesía y biografía. De los orígenes a la culminación del exilio), de Francisco Chica Hermoso, ha sido publicado por Fundación Unicaja, Málaga, 2022.

Cabe recordar, por otra parte, la publicación de un Homenaje a Emilio Prados titulado Vida y Poesía de Emilio Prados, con una magnífica iconografía, dirigido por Francisco Chica. Junta de Andalucía, 2021

Recomendamos: Poesías completas, ed. de C. Blanco Aguinaga y A. Carreira, México, DF: Aguilar, 1975-1976, 2 vols. Y Poesías completas, ed. de C. Blanco Aguinaga y A. Carreira, Madrid: Visor, 1999, 2 vols.


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Una respuesta a «Emilio Prados, memorias de un olvidado»

  1. Avatar de Manuel Ávila
    Manuel Ávila

    Muy buena reseña. Prados y los filósofos: el emanantismo de Plotino, la naturaleza de Spinoza con infinitos atributos de los que sólo conocemos dos o el Dasein de Heidegger. Lo existente como singularidad irreductible o como queramos llamarlo.

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