Las pioneras de la ciencia ficción, mujeres en busca de otros futuros

Emma Rodríguez © 2022 / 

Siempre que me pregunto por qué nos gusta tanto la ciencia ficción, por qué los adictos al género no nos cansamos de ella, vuelvo a las palabras, absolutamente inspiradoras, de Ursula K. Le Guin, quien refiriéndose a su propia obra, a su carácter utópico, aludía a la capacidad de este tipo de literatura para ofrecer alternativas imaginadas a nuestro presente, de llevarnos a cuestionar “la costumbre timorata de pensar que la manera en que vivimos ahora es la única manera en que se puede vivir”.

Ávidos por descubrir, por encontrar salidas, por hallar claros entre la espesura informativa, por separar la verdad de las mentiras, por vislumbrar horizontes de mejora en las sociedades que habitamos, de repente nos encontramos con relatos, con novelas, con películas o series de televisión, que plantean de manera singular, conflictos que nos tocan, que nos atenazan, llevándonos a identificarlos, a atravesarlos, de alguna manera. Acude a mí ahora la imagen de la luz de una linterna que ayuda a cruzar un túnel oscuro tras el que se abre otro lado, otra mirada, una percepción diferente.

La ciencia ficción no solo nos conduce a mundos lejanos, a realidades fuera de lo conocido, de lo convencional, sino que propicia viajes hacia dentro, a través de pasadizos subterráneos que conectan con los miedos, los anhelos, los deseos inalterables del ser humano a lo largo del tiempo. Sí, ya sé que este es uno de los dones de la buena literatura, pero, en el caso de la ciencia ficción, la mente se expande de una manera especial porque los paisajes que se muestran no resultan reconocibles; porque los personajes se enfrentan a circunstancias insólitas y las situaciones, tanto las de carácter global, que pueden abarcar mundos, como las más íntimas, se resuelven de una manera que seguramente no está a nuestro alcance, pero que nos lleva a pensar que tal vez, en algún momento, podría estarlo, para generaciones futuras, ojalá más afortunadas. 

Todo esto que os cuento no es más que un preámbulo, un hilo de reflexiones alrededor de una lectura, de un feliz descubrimiento. No conocía a las autoras de ciencia ficción que ahora me son presentadas gracias a la publicación de Mundos alternos, una selección de siete relatos fabulosos de siete pioneras del género. Nada sabía de sus aportaciones, de las corrientes que abrieron en los inicios y mediados del siglo XX. El conjunto, publicado por la editorial mexicana Almadía, es el primer tomo de la reveladora antología The future is female!El futuro es mujer!), elaborada por la especialista en la materia Lisa Yaszek, que reúne en total a 25 autoras estadounidenses, entre las que se encuentra, cómo no, Ursula K. Le Guin, una agitadora de mentes en este y otros mundos, una mujer convencida de la importancia de abrir los cauces de la imaginación para encontrar nuevos rumbos y sentidos.

Lisa Yaszek, profesora de Estudios de Ciencia Ficción en la School of Literature, Media, and Communication de Georgia Tech, nos conduce, en el ensayo introductorio que abre el volumen, a la época del boom de las revistas especializadas en el género, a partir de la década de 1920, avanzando hacia los años 70, cuando gran número de escritoras, cada vez más dueñas del espacio, enarbolaron la bandera de la ciencia ficción feminista. “Las mujeres, adoptando personajes que iban desde reinas guerreras y astronautas heroicas hasta amas de casa infelices y alienígenas, fueron pioneras en el desarrollo de nuestro sentido de la maravilla por los distintos futuros que podríamos habitar; compañeras en la formación de prácticas creativas asociadas con la mejor ficción especulativa y revolucionarias que expandieron el género para hablar  de los sueños y temores de las mujeres estadounidenses cuando fue necesario”, señala la antóloga. 

«Mundos alternos» Reúne siete relatos fabulosos de siete pioneras de la ciencia Ficción en los inicios y mediados del siglo XX en EEUU. El conjunto es el primer tomo de la reveladora antología The future is female!, DE la especialista en la materia Lisa Yaszek.

Las siete escritoras que acabo de conocer en estos Mundos alternos fueron capaces de construir relatos fuera del tiempo, de derribar muros, de despertar conciencias. Sus historias plantean experiencias insólitas, pero al mismo tiempo cercanas. Si hay un tema que domina el conjunto es el del poder de la mente y el conflicto que plantea la diferencia. Nos encontramos con personajes con dones especiales que les convierten en seres distintos y les apartan de los demás. La ocultación y la huida son sus modos de defensa, la búsqueda de un lugar de pertenencia, su deseo.

La especialista en ciencia ficción Lisa Yaszek, autora de la antología «The future is female!»

Os hablo de cuentos que podéis leer como un mero divertimento, claro que sí, y os encantarán. Pero también, si estáis predispuestos, os llevarán más allá, provocando el cuestionamiento, la reflexión. He ahí su gran mérito en mi opinión; el gran regalo de la buena ciencia ficción y ya, despojándonos de etiquetas, de la literatura con mayúsculas. Cuando seguimos las vicisitudes de los personajes, un sentimiento de empatía nos embarga y vemos reflejadas, a través del espejo de las páginas, a tantas personas que hoy se sienten diferentes y son rechazadas, por cuestiones de género, de raza…

Seres vulnerables, inmigrantes, pobres, desahuciados, que son mal vistos, que han de sobrevivir en sociedades entregadas a un individualismo salvaje, producto de los dogmas de la productividad, del consumo, del éxito material. Y no solo… También gente desacoplada, reacia a seguir el juego de las apariencias, a mostrarse en el escaparate de las redes sociales, a seguir los ritmos marcados, a adaptarse a las modas sociales, a las mediciones de estatus… Seguir adelante buscando equilibrios, silencios, salidas, maneras de estar, de convivir, sin llegar a asumir del todo los marcos impuestos, es una experiencia más común de lo que creemos, estoy convencida. No suele expresarse, nombrarse, pero encierra deseos de huida que pocas veces llegan a concretarse, pero que marcan un cauce mental y emocional.

Los relatos plantean experiencias insólitas, pero al mismo tiempo cercanas. Si hay un tema que domina el conjunto es el del poder de la mente y el conflicto que plantea la diferencia. La ocultación y la huida son los modos de defensa de muchos personajes.

En dos de mis relatos favoritos de la antología, asoma este tema: el de ser, sentirse diferentes. Uno de ellos es Ararat, donde Zenna Henderson (Tucson, Arizona, 1917-1983), nos cuenta la historia de una profesora peculiar, capaz de leer las mentes, que ha de  ocultar su verdadera identidad hasta llegar a un extraño pueblo, Cougar Canyon, donde, del mismo modo que ella, todos sus habitantes han de simular ser lo que no son, mantener en secreto su procedencia. Ambas partes tardan en reconocer lo que les une, mientras se van desarrollando situaciones sorprendentes. La autora, que combinó la escritura con el ejercicio de la docencia y que es recordada sobre todo por su serie de cuentos The People (El pueblo), a la que pertenece este relato, consigue conmovernos con esta historia que tanto nos atañe al hablarnos del rechazo al extranjero, de la no aceptación de costumbres, de tipos de vida y sociedades diferentes.

En Incógnito, de Wilmar H. Shiras (Boston, 1908-1990), Timothy Paul  es un niño prodigioso que se esfuerza por mostrarse como uno más, desarrollando una vida paralela a la que solo consigue tener acceso Peter Welles, un psiquiatra que se convierte en su amigo. Los efectos de una terrible explosión en una planta nuclear donde trabajó su padre (corría el año 1945) explica sus capacidades. En esta historia, la primera publicada por la escritora, ya se marca el rumbo de una obra en la que destaca la serie Children of The Átom (Hijos del Átomo), donde se siguen las aventuras de seres mutantes, surgidos por efecto de la radiación nuclear, considerados por los especialistas y devotos de la ciencia ficción precursores de la popular saga (cómics y películas) de los X-Men (Marvel).

Como os decía, el relato trasciende las circunstancias y nos habla de la no aceptación, de la diferencia. “Tengo miedo de ser descubierto (…) La única forma en que puedo vivir en este mundo es con un disfraz”, cuenta el niño protagonista, quien va tomando conciencia de hasta qué punto, “la gente odia a cualquiera que sea mejor o más brillante o más suertudo”. En sus conversaciones y encuentros con el psiquiatra, éste se maravilla ante su portentosa inteligencia, su capacidad de aprender, de razonar, de crear, pero al mismo tiempo percibe que, en medio de los humanos ordinarios, Timothy es una especie de “explorador” que vive entre “salvajes”, ha estudiado con atención sus comportamientos y trata de imitarlos.

Escucho a la gente hablar, en los autobuses y tiendas, mientras trabajan a mi alrededor. Leo sobre la forma en la que actúan, en las noticias. Soy como ellos, igual a ellos, excepto que es como si yo fuera cien años mayor, más maduro”, le hace saber Timothy al doctor Welles en un relato que también ahonda en la necesidad de la amistad.

El reproche, la burla, hacia los diferentes, también está presente en el cuento que cierra el volumen, La estación de Mr. Sakrison, de Mildred Clingerman, (Oklahoma, 1918-Texas, 1997), donde se da cuenta de un viaje en tren, emprendido una y otra vez por la niña que narra y su amiga, la frágil y adorable Miss Mattie, en búsqueda permanente de una estación misteriosa en la que un día perdió al hombre con el que iba a casarse. El bucle temporal, la repetición de la historia de lo sucedido, conforman la estructura de una narración que profundiza en los prejuicios de la población hacia la mujer estrafalaria que viaja demasiado y que no olvida su increíble vivencia. Pero también en el racismo, que se muestra a través de los nobles deseos de superarlo, de avanzar hacia sociedades igualitarias, sin distinciones de raza, del personaje desaparecido, el visionario Mr. Sakrison. 

La escritora Mildred Clingerman.

Las circunstancias del tiempo en el que escribieron estas pioneras de la ciencia ficción entran en sus relatos. No solo el racismo, sino el sexismo, el ambientalismo, el colonialismo y el capitalismo, son explorados en sus narraciones, como indica la artífice de la antología ¡El futuro es mujer! en la introducción. El alcance de las tecnologías y su efecto en las vidas o el peligro nuclear y las consecuencias de las radiaciones, son temas que les preocupan. Que solo una madre, de Judith Merril, el relato que abre el recorrido de Mundos alternos, trata precisamente de esto último, con el gran mérito de hacerlo desde la más absoluta intimidad. Nada de escenarios espectaculares, apocalípticos. Basta una casa, un espacio cerrado, la relación de una madre con su bebé, un bebé diferente, víctima del terror de la guerra. Bastan las alusiones a los horrores de Hiroshima y Nagasaki en 1946 y 1947.

Judith Merril (Bostón, 1923-Toronto, 1997) fue una de las pocas mujeres que formó parte del grupo de los Futurianos, que contaba en sus filas con Isaac Asimov, entre otros destacados autores del género. La ciencia ficción le parecía “virtualmente el único vehículo de disidencia política” disponible para artistas durante la Guerra Fría, pues posibilitaba expresiones de protesta que los editores o las audiencias hubieran rechazado de otra manera”, señala Lisa Yaszek, que menciona también, por afinidad de ideas, a Joanna Russ, quien consideraba que la ciencia ficción podría “cristalizar una barbaridad de cosas [que las personas están] sintiendo yay podría ser particularmente útil para autores de minorías que desean transmitir nuevas perspectivas sobre la ciencia y la sociedad para audiencias más amplias”.

Judith Merril, autora del relato «Que solo una madre».

Russ, autora The Female Man (El hombre hembra), considerada una de las novelas esenciales de la ciencia ficción feminista, firma Salvaje, una historia de magia y tecnología que nos transmite la idea de amenaza, de peligro, de quienes creen tener en sus manos el destino de la humanidad, la capacidad de cambiar mundos. Aquí es una heroína, con sus virtudes y sus defectos a cuestas, la que lucha por la justicia y frena el mal. En otro de los relatos, El nacimiento de un jardinero, de Doris Pitkin (Nueva York, 1898-Maryland, 1980), muy significativo en cuanto al replanteamiento de los roles de género, la protagonista femenina impone su visión a la de su marido, un descreído científico que considera que ella no es capaz de seguir sus estudios y complejas formulaciones matemáticas y físicas, de añadir nada a asuntos tan supuestamente lejos de su alcance como la materia y la antimateria.

Las circunstancias del tiempo en el que escribieron LAS pioneras de la ciencia ficción entran en sus relatos. No solo el racismo, sino el sexismo, el ambientalismo, el colonialismo y el capitalismo, son explorados en sus narraciones.

El poder de la mente y los mundos paralelos entran en el relato de Doris Pitkin, quien comparte con C. L. Moore, autora de El beso del Dios negro, la idea de umbral, de paso a otro lado, así como el cuestionamiento de los roles de género tradicionales a través de una indomable heroína que no acepta la sumisión por el hecho de ser mujer.  Como curiosidad, extraigo de la ficha biográfica de Moore (Indianápolis, 1911-Hollywood, 1987) que su protagonista más célebre, Northwest Smith, un rudo aventurero de capa y espada, se convirtió en inspiración para otros personajes como el de Han Solo, el intrépido y rebelde contrabandista de Star Wars.

La escritora C. L. Moore.

En conjunto, el libro del que os estoy hablando resulta esclarecedor porque permite vislumbrar los inicios de la ciencia ficción, su consolidación y las aportaciones femeninas al género. Quienes buscamos en la literatura otras miradas; quienes creemos en su poder para transformar las percepciones sobre el mundo y para llevarnos a reflexionar, a profundizar en nuestras propias complejidades, nos sentimos cautivados por esta entrega en la que los relatos, siendo muy diferentes, entablan motivadores diálogos. En mi caso, el gusto por la ciencia ficción y por las antologías de cuentos –disfruto cruzando territorios, pasando de una voz a otra, de un estilo a otro, en apenas unas páginas– han convertido la experiencia de lectura en algo gozoso, con el añadido, además, del descubrimiento de nombres de mujer, de narrativas, que no conocía. Y, además, en este caso, está el aliciente de que la aventura no ha concluido, de que quedan dos tomos por publicar, para completar los veinticinco relatos que componen ¡El futuro es mujer!, para seguir sorprendiéndonos. 

Ya fuese atravesando vacíos interestelares, pilotando enormes naves espaciales o explorando planetas exóticos tan ágilmente como los escritores hombres de CF, las mujeres de la CF temprana también construyeron mundos más íntimos y realistas para la especulación y la reflexión”, escribe en la introducción Lisa Yaszek. La importancia de su antología radica, como ella misma argumenta, en visibilizar los orígenes, el punto de partida. Todas estas mujeres, que tanto nos siguen asombrando en la actualidad, argumenta, “son el eslabón perdido” entre los experimentos pioneros de Mary Shelley y su Frankenstein, escrita en 1918 y “considerada uno de los textos fundacionales de la ciencia ficción”, y las escritoras que, a día de hoy, siguen atisbando futuros, abriendo grietas, ampliando miradas y mostrándonos que otros mundos son posibles.

“Ya fuese atravesando vacíos interestelares, pilotando enormes naves espaciales o explorando planetas exóticos tan ágilmente como los escritores hombres de CF, las mujeres de la CF temprana también construyeron mundos más íntimos y realistas para la especulación y la reflexión”, escribe Lisa Yaszek.

¿Lo tuvieron fácil nuestras pioneras? es una de las preguntas a las que responde Yaszek en su análisis, llegando a la conclusión de que, pese a encontrarse con resistencias por parte de los varones, consiguieron conquistar a importantes editores de revistas tan destacadas como “Amazing Stories”, “Weird Tales”, “The Magazine of Fantasy and Science Fiction”..., dispuestos a encontrar buenas historias, independientemente de que hubiesen sido escritas por hombres o mujeres. En cuanto al hecho de que muchas de las autoras utilizaran sinónimos andróginos o masculinos para firmar sus relatos, la investigadora sostiene que sus razones no tenían tanto que ver con sus trayectorias en el territorio de la ciencia ficción, como con “razones profesionales complejas”, por ejemplo no arriesgar sus trabajos en otros ámbitos. No hay que olvidar los patrones de discriminación sexual que dominaban la cultura estadounidense, ni tampoco que, en sus comienzos, el género no gozaba de prestigio social (incluso hubo autores hombres que optaron por escribir con pseudónimos). 

En lo que respecta al volumen que ahora tengo entre las manos, merece atención el hecho de que la traducción, por primera vez al castellano, de Mundos alternos, ha sido realizada por el Colectivo Falsos Amigos, formado en su mayoría por mujeres. Un proceso colaborativo que se adapta al espíritu de la ciencia ficción, a su capacidad para romper moldes, para arriesgarse. En el texto que firman en el inicio del libro, se explica el criterio seguido para seleccionar los relatos de cada uno de los tomos, concretamente del primero, atendiendo a sus trazos esenciales, a sus afinidades. “La premisa ciencia ficcional de estos cuentos parten de imaginar mundos alternos; este lugar es el de las ucronías, la fantasía, las historias donde el universo nos es familiar pero solo como fachada de lo extraordinario, siendo lo extraordinario el mundo en sí mismo o sus habitantes”.

Ser altavoces que transmitan y suban el volumen de esas voces que no se escuchan tanto”, es, según explica el colectivo, la intención de su trabajo. “La ausencia en español de las voces de estas mujeres de los primeros años de la ciencia ficción es el mejor ejemplo de nuestra tarea. Traer a tus manos este libro es poner peso en el lado más subestimado de la balanza, es sumar a las relaciones horizontales dentro de un género que está reclamando el lugar que le corresponde en la literatura universal con cada vez más fuerza”, sigo leyendo. No se me ocurre mejor manera de concluir este texto, absolutamente cómplice de una intención que también compartimos en Lecturas Sumergidas, siempre atentos a los descubrimientos: “Ser altavoces que transmitan y suban el volumen de esas voces que no se escuchan tanto”. 

Mundos alternos. Selección de cuentos escritos por las pioneras de la ciencia ficción del siglo XX a partir de ¡El futuro es mujer! ha sido publicado por Almadía. Antologadora: Lisa Yaszek. Traducción: Falsos Amigos.

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