Michael Caine, sus personajes «desacoplados» y otros temas

“(…) ¿por qué la física cuántica debería tener el monopolio de la contradicción y la dificultad?”

STEINER, G.,  Gramáticas de la creación

Óscar Hernández Arteaga © 2022

Escribe Baudelaire que la imaginación es la reina de lo verdadero. Que la imaginación es el ingrediente necesario que hace que ocurran milagros o rebeldías, hallazgos pero también atrocidades. Un memorioso como el Funes de Borges carecía de imaginación. El aburrimiento acompaña al individuo sin imaginación. Leyendo a Jordi Claramonte, su libro Los desacoplados, se me ocurre que estos desacoplados también lo son porque su imaginación no les permite aceptar lo preestablecido.

No tienen a su alcance un repertorio con el que conectar sus disposiciones (terminología de Claramonte). Es decir, no pueden aplicar sus habilidades, sean las que fueran. Por ejemplo, un Cowboy que no encuentra cómo ganarse la vida y está en tierra de nadie, o el Hamlet atormentado por querer ser fiel al espectro de su padre, se sitúan en un universo que ya no les quiere. Un desempleado, o yo mismo en muchas ocasiones, también somos desacoplados. Pero ojo, advierte el bueno de Jordi, estar algo desacoplado es hasta recomendable porque siempre habrá posibilidad de acoplarse. La inercia no es tampoco, pienso, un acoplamiento ideal. 

La capacidad que tenemos de recuperarnos de nuestras propias trampas psicológicas y resistir a los embates de la injusticia social y del capitalismo caníbal es una capacidad que se cultiva. Uno no nace Cowboy, se hace. Aunque yo, de Cowboy bastante poco. Sí que me gustan algunas películas del género, pero principalmente porque me recuerdan a mi padre y porque me parece que manejan un código, en términos generales, ya desaparecido, y me interesa esa especie de rebeldía o desacoplamiento donde hay que usar mucho la imaginación y la voluntad para resistir. Y luego está la resistencia de la frontera, de aquellos que siguen avanzando o huyendo hasta que se agotan como el personaje que interpretaba Al Pacino en Atrapado por su pasado.

Este año he visto bastantes películas de Michael Caine y suele hacer papeles de desacoplado. Me explicaré: son héroes que suelen estar en un momento difícil. El desubicado profesor que interpreta Caine en Educando a Rita es un alcohólico que ya no encuentra consuelo en la literatura. El que acompaña a Sean Conery en El hombre que pudo reinar busca un lugar donde ser rico, donde ser alguien importante. Pero todos estos intentos, igual que el realizado por el John Wayne de Centauros en el desierto, terminan por expulsar al propio desacoplado. Sin embargo esa es la vida (como diría aquél). La imaginación y su función narrativa, la ficción y su entretenimiento vital, no garantizan nada. Pero lo son todo. Leo un libro de artículos de Juan José Saer y me detengo en el primero que da título a la compilación, El concepto de ficción. Ahí no se habla de la verdad o la mentira, sino de la relación que hay entre la realidad y la ficción, y cómo la ficción puede ser una mentira con algo de verdad. 

En el último capítulo de la temporada cinco de la serie estadounidense Seinfeld, George empieza a hacer lo contrario de lo que le dicta su instinto y empieza a acertar. Su amigo Jerry le ha dado la idea. Y todo porque al principio del episodio escuchamos a un deprimido George diciendo a sus amigos que nada le ha salido bien en su vida, que todo lo que ha intentado (siguiendo sus instintos) le ha salido torcido.  A partir de ahí, y siguiendo el consejo de Jerry, el personaje empieza a actuar en contra de su instinto y del sentido común. Es tremendamente sincero y de esta forma consigue cambiar el rumbo de su vida, logra el trabajo de sus sueños y acaba por salir de la casa de sus padres. 

Una imagen de Seinfeld, con George y su amigo Jerry.

Paralelamente, en esta comedia de situación, vemos a Elaine (la otra gran amiga de George) padeciendo una sucesión de acontecimientos que provocarán la pérdida de su trabajo y la expulsión del piso en el que vive. Un equilibrado Jerry lo explica diciendo que todo a su alrededor se equilibra para quedarse igual, de manera que sus dos amigos no pueden triunfar al mismo tiempo. La mala suerte de George es transmitida, por este principio de balanza, a Elaine. Asistimos así al final del capítulo con una Elaine atónita llegando a la conclusión de que se ha convertido en George (por su mala suerte). Y escuchamos en uno de los momentos, a mi juicio, más divertidos de la serie, a una desencajada Elaine diciendo: “I’m George, i’m George”.

La vida tiene esos momentos en los que te das cuenta de que al intentar sobrevivir, y por miedo a que te hagan daño, empiezas a tomar decisiones que te entrampan, ocultando la verdad, inventando tu verdad, o relativizando lo que se puede considerar verdad o no, creando tu propia ficción. En ocasiones aciertas y otras, como en el caso de George, acabas pensando que lo opuesto a todos tus instintos de supervivencia, donde la mentira es habitual, es ser realmente honesto aunque eso pueda doler. Un cuento moral que se aleja de la realidad cotidiana pero que, a veces, es necesario recordar. “I’m George, i’m George”.

La imagen de cabecera es una imagen de la película «El hombre que pudo reinar», de John Huston, protagonizada por Sean Connery y Michael Caine.


POR ÓSCAR HERNÁNDEZ ARTEAGA

Nacido en Tenerife en 1978, cursa estudios de Filosofía y Filología hispánica en la universidad de La Laguna. Fue colaborador de varios blogs y de un programa de radio cultural llamado El ladrón de libros. Actualmente trabaja en la biblioteca universitaria donde estudió. Y ultima su primera novela. (+ info)