Franco Battiato, En busca del «Centro de gravedad permanente»

Fidel Oltra © 2022 / 

Si hay un momento de los especiales fin de año en TVE que sigue siendo recordado por quienes lo vivieron en directo, ese es sin duda el de la empanadilla de Móstoles protagonizado por el entonces ya dúo Martes y Trece. Era la Nochevieja de 1985-1986, y millones de televidentes se atragantaban con un polvorón mientras no podían dejar de reír ante aquella historia de la empanadilla en el horno y el hijo haciendo la mili en Móstoles. Una historia que se iba deslizando hacia el absurdo hasta convertirse en tan delirante que al día siguiente todo el mundo hablaba de ella. Martes y Trece se convirtieron en fijos de los programas de fin de año, con algunas intermitencias, hasta 1997.

En su primer especial Nochevieja completo, el de 1989, Josema Yuste realizó una exagerada y desternillante imitación del cantante italiano Franco Battiato, rebautizado para la ocasión como Franco Nappiato por razones que resultaban evidentes en los primeros planos. A pesar de lo caricaturesco del asunto, hay que tener en cuenta que Martes y Trece no imitaban a cualquiera, con lo que aparecer en uno de sus divertidos sketches era síntoma de que se había alcanzado cierta fama. Era el caso de Battiato, cuyo paso por el estrellato en nuestro país fue breve, en comparación con su larga carrera, pero intenso. La relación con su país queda perfectamente explicada, con todo lujo de detalles, en el libro Diagonal Battiato (Editorial Muzikalia, 2022), de reciente aparición. Sin embargo el éxito en nuestro país, casi diría que el éxito en general, le llegó ya a una edad poco habitual, cuando ya llevaba década y media de carrera. Battiato era un artista especial, muy personal; era diverso, estaba rebosante de curiosidad y por eso mismo también mostraba variadas influencias culturales. Fue un personaje que disfrutó de una fama que muchos considerarían improbable, pero que desde luego fue totalmente merecida.

Franco Battiato nació en la zona de Catania, en la isla italiana de Sicilia, muy cerca del famoso volcán Etna. Desde muy joven se reveló como un gran trabajador y una persona muy curiosa. Compaginaba sus estudios con varios trabajos y un gran interés por la música. Con dieciocho años quedó huérfano de padre y se desplazó primero a Roma y finalmente a Milán, donde siguió trabajando en oficios tan diversos como cocinero o cartero, y también ocasionalmente como pianista de bares y ceremonias religiosas. Lo que ganaba debía repartirlo escrupulosamente entre las ayudas que mandaba a su familia, su formación musical y su supervivencia. Pronto empezó a hacerse un nombre y a grabar algunos discos que él mismo trataba de distribuir y dar a conocer. En 1965 participó en el Festival de San Remo, gran escaparate para cualquier artista de aquel país, y para finales de la década de los 60 ya había grabado algunas canciones románticas y versiones de éxitos del propio festival. Por entonces todavía publicaba como Francesco Battiato. 

Si algo caracterizaba al intérprete, como hemos comentado, era la curiosidad, el ansia de conocer, la obsesión por hacerse preguntas y por absorber como una esponja todo lo que sucedía a su alrededor, todo lo que escuchaba. También el inconformismo, la necesidad de estar continuamente evolucionando y no quedarse quieto demasiado tiempo en un mismo sitio. Prácticamente había empezado su carrera y Battiato ya estaba descontento con lo que hacía. Sentía que la música ligera no le llenaba, y al mismo tiempo también notaba que su vida, en general, no tenía un sentido específico y una dirección concreta. Ambas inquietudes se juntaron y generaron una explosión creativa cuyos ecos todavía resonaban cuando falleció, hace ahora casi justamente un año. En lo personal, se acercó a la filosofía y al misticismo; en lo musical, optó por experimentar con la electrónica y los sintetizadores, probando con el entonces muy en boga rock progresivo que tantos magníficos grupos italianos practicaron en aquellos primeros años 70. De aquella época son dos interesantes discos, sus primeros en formato LP: Fetus y Pollution, ambos publicados en 1972. Discos que, incluso para la época, resultaban enigmáticos y atrevidos. Ambos los publicó todavía como Battiato, sin más. Su sonido experimental y vanguardista alcanza su cenit en la segunda cara de Pollution, con canciones que combinan el «spoken word», el folk psicodélico, el rock progresivo, fusiones de folklore italiano con rock progresivo, chispazos orquestales y mucho sonido sintético.   

Un sonido que recibió una vuelta más de tuerca en su tercer álbum, Sulle Corde di Aries (1973). Battiato había comenzado a interesarse por la música concreta y los trabajos de gente como Stockhausen, al mismo tiempo que por los versos de Santa Teresa de Jesús y San Juan de la Cruz. Añadamos a todo ello el hecho de tener sus raíces en la isla que separa el Mediterráneo Oriental del Occidental, así como Europa de África, y tenemos ya los ingredientes (cruce de culturas, misticismo, inquietud, filosofía, curiosidad) con los que se irá cocinando su magnética y esquiva personalidad musical y también la no musical.

Clic, su disco de 1974, estaría dedicado explícitamente a Stockhausen. En los años siguientes Battiato transitaría por esta mezcla de estilos, combinación de música popular y culta pero con más presencia de esta última, con discos como Battiato (1977), Juke Box (1978) y L’Egitto Prima Delle Sabbie (1978). Por este último recibió, precisamente, el premio Stockhausen. En todos estos años estuvo acompañado por el productor Pino Massara, seguramente un punto de apoyo esencial para conseguir el sonido que el autor deseaba ofrecer. 

Tras su fichaje por el sello EMI, Franco Battiato publicó un disco que hacía presagiar nuevos tiempos musicales: L’Era del Cinghiale Bianco (1979). El tema que le daba título y abría el álbum se acercaba al pop comercial, en un movimiento que ilusionó a la discográfica. El resto del disco, sin embargo, juega todavía el papel de puente, de cordón umbilical que ata a Battiato a su pasado vanguardista. Aunque las canciones son más breves (no más de cinco minutos y medio) y su formato más ortodoxo, hay todavía detalles como cambios de ritmo inesperados, letras crípticas y esotéricas, fusiones extrañas, recuerdos de su época progresiva e incluso un tema cantado en latín: Pasqua Etiope. Aun así, es el disco más accesible de Battiato hasta la fecha y el primer escalón en su subida hacia una cumbre que ya no dejaría de hollar en las siguientes décadas. El genial siciliano había descubierto que le interesaba tanto la «new-wave» británica (Costello, Nick Lowe) como la música clásica del siglo XX, aunque en uno de sus grandes éxitos se desdijera de ello.

Su siguiente disco, Patriots (1980), empieza a mostrar ya claros signos de movimiento hacia algo que para Battiato podría parecer una música comercial. Para el resto de mortales, sin embargo, siguen siendo canciones desafiantes, con letras rebuscadas que, para añadir más complejidad, incluyen cambios constantes de idioma (árabe, inglés, italiano, alemán…) Nada que fuese fácil de deglutir para el gran público, pero curiosamente sobre estos mismos cimientos se construiría un éxito que no tardaría mucho en llegar. De hecho en este Patriots ya figuran dos canciones clásicas de su repertorio: Up patriots to arms y sobre todo Prospettiva Nevski. Esta última es de una belleza casi intangible, en un estilo entre el recitado, la melancolía y el intelectualismo (con referencias a Eisenstein, Stravinski o Nijinski), que construye otra de las patas sobre la que se asentará su reconocible y exitosa obra de los 80. La combinación de un «synth-pop» muchas veces simplón y reiterativo con letras repletas de cultismos, palabras en diferentes idiomas y referencias culturales poco usuales iba a ser, en contra de lo que uno podría esperar, la clave de su éxito popular. Un éxito popular que, al menos en Italia, le llegó con su primera obra maestra: La Voce del Padrone (1981).

La Voce del Padrone es uno de los discos más importantes de la música italiana, y para muchos el mejor de toda la carrera de Franco Battiato. A sus 35 años se convirtió en el primer artista italiano en vender un millón de copias de un álbum, y sus conciertos empezaron a convertirse en eventos multitudinarios. Un éxito en principio inaudito, puesto que la propuesta de Battiato no ha variado esencialmente, pero las canciones de este álbum culminan el proceso de hermanamiento entre la vanguardia, las letras inaprensibles con sus extrañas referencias culturales y un extraño encantamiento pop. Todo ello aderezado con una imagen impropia de una estrella de la música, más parecida a un oficinista desgarbado o, como le dijo un periodista en una entrevista, una especie de seminarista intelectual.

Cuando pude ver sus vídeos, años después, me pareció que su imagen era casi calcada a la del también famoso Inspector Gadget, solo que el famoso personaje de animación francés fue creado dos años después de que Battiato saltara a la fama en casi toda Europa. La Voce del Padrone contenía siete enormes canciones, saliendo casi todas como sencillo en algún momento. Brilla con luz propia, por supuesto, Centro di gravitá permanente, todo un hito en la carrera del italiano cuyos ecos llegaron hasta España. Casi sin duda alguna fue la primera vez que en nuestro país, salvo quizás un puñado de seguidores del progresivo italiano, se escuchaba el nombre de Franco Battiato. EMI lanzó sus sencillos con títulos adaptados para diferentes países europeos, aunque, al menos en el caso de España, las canciones se comercializaban en su idioma original. Incluso se lanzó una versión del disco traducida como La Voz de su Amo, pero de nuevo con las canciones en italiano. 

Centro de gravedad permanente y posteriormente Cuccurucucù entraron en las listas españolas, aunque su presencia y su éxito masivo en nuestro país todavía tendrían que esperar unos años. Antes de proseguir, sin embargo, es necesario mencionar otras canciones de La Voce del Padrone que con el tiempo se ganarían un puesto entre mis favoritas y las de mucha gente seguidora de Battiato: las fenomenales Bandiera bianca y Sentimiento nuevo. Esta última era un puro canto poético en el que prostitutas libias y el sexo tántrico convivían con Ulises y el coro de sus sirenas. Bandiera bianca, por su parte, ofrecía uno de esos ritmos repetitivos y facilones, sin apenas variaciones melódicas, tan típicos de Battiato, sobre los que recitaba frases chocantes sobre Beethoven, Sinatra, Vivaldi, ensaladas, críticas al capitalismo y a la música moderna para acabar con una coda (Mínima inmoralia) que, es de suponer, hace referencia a la obra del filósofo alemán Theodor Adorno, uno de los máximos representantes de la corriente de pensamiento de orientación marxista conocida como la Escuela de Frankfurt. ¿Alguien da más en una canción de pop (más o menos) comercial?

Entre 1982 y 1985, año de la gran explosión Battiato en España, el cantante tuvo ocasión de grabar tres discos y participó en los festivales de San Remo y Eurovisión. En San Remo triunfó en 1981 con Per Elisa, canción compuesta junto a la cantante Alice (también intérprete de la canción a dúo con Battiato) y el violinista Guisto Pio. Ambos serían muy importantes en este periodo del cantante siciliano. De nuevo formando pareja con Alice repitió en Eurovisión con I treni di Tozeur. Esta vez no ganaron, pero la canción alcanzó cierta fama y en los siguientes años aparecería en varios de sus discos. Los tres álbumes que publicó Battiato en este periodo fueron L’Arca di Noé (1982), Orizzonti Perduti (1983) y Mondi Lontanissimi (1985). 

L’Arca di Noé rebajaba algo la euforia nuevaolera de La Voce del Padrone, resultando en un disco algo más introspectivo y ambiental que, como mayor fruto comercial, generó otra de las grandes canciones de Battiato: Voglio verte danzare. En este tema aparecían de nuevo todas las señas de identidad del Battiato de principios de los 80: el sintetizador como de juguete, la melodía simple y repetitiva, las letras ingeniosas y repletas de referencias, en este caso, a bailes orientales (los derviches danzantes de Turquía, las danzas búlgaras, los Kathakali hindúes). El año siguiente vería la luz Orizzonti Perduti, un disco que redobla su apuesta por la electrónica y que tomaba su nombre de una frase extraída de la canción más conocida del álbum: La stagione dell’amore. Finalmente, en 1985, Battiato publicó Mondi Lontanissimi, un disco más o menos conceptual sobre los viajes (a pesar de estar formado principalmente por temas no compuestos para el álbum) con canciones como Via Lattea, la antes mencionada I treni di Tozeur, No time no space, L’animale o la genial Chan-son egocentrique. En esta última Battiato se hace las preguntas esenciales que nos hacemos todos los humanos, quizás de una manera irónica o tal vez totalmente en serio, algo que el cantante siciliano nunca muestra a las claras. 

Fue ese mismo año 1985 cuando EMI decidió apostar por lanzar a Battiato en otros países, principalmente en el Reino Unido y en España. Para ello publicó dos discos, uno en castellano y otro en inglés, con algunos de sus éxitos de su nueva etapa. La versión en castellano se tituló Ecos de Danzas Sufí (1985), y es todo un grandes éxitos del periodo 1981-1985: Centro de gravedad permanente, Sentimiento nuevo, La estación de los amores y Cuccurucucú paloma, junto a Chan-son egocentrique, Up patriots to arms, El animal, Los trenes de Tozeur y No time no space. La mayoría de las letras fueron traducidas al castellano en un cuidadoso proceso en el que tuvo un importante papel Carlos Toro.

España era un mercado apetitoso que dio los primeros signos de resultar interesante cuando, en 1984, Battiato fue llamado por Ángel Casas para participar en su nuevo programa de la también nueva TV3. Tras publicarse Echos de Danzas Sufí en 1985, las canciones adaptadas al castellano empezaron a sonar en todas las radios y televisiones. Los estrambóticos vídeos de Battiato triunfaban, los programas musicales (bendita época) se lo disputaban. Aquel año apareció un par de veces en Tocata, repitió en el Ángel Casas Show y apareció en un programa de la 2 titulado Momentos. Un par de años después, en pleno boom Battiato en España, fue entrevistado en programas como La Tarde, El Gran Musical, A Uan Ba Buluba Balam Bambú, 3×4, La Estación de Perpignan y apareció en el programa de variedades Sábado Noche. Era ya 1987, y la fama de Battiato había ido en aumento. Para entonces se había publicado un nuevo álbum de adaptaciones al castellano de sus canciones, Nómadas.

Esta vez se incluían Bandera blanca, Yo quiero verte danzar, Via Láctea, La era del jabalí blanco, Perspectiva Nevski, Despertar en primavera, Mal de África y Otra vida. Como regalo para el público español, en agradecimiento por la gran acogida dispensada hacia su obra y su figura, Battiato incluyó una canción que todavía no había grabado en italiano, Nómadas. Este periodo 1985-1987, con Battiato omnipresente en radios y televisiones, fue el de mayor éxito del siciliano en nuestro país. No solo el gran público quedó fascinado por las interpretaciones y coreografías de Battiato, también muchos artistas o aspirantes a serlo. En el mencionado libro Diagonal Battiato, aparecen docenas de testimonios de grupos y cantantes que reconocen su influencia directa o indirecta, además de multitud de versiones que, en las últimas décadas, han hecho de las canciones de Battiato gente como Chico y Chica, Xoel López, La Monja Enana, Pachi García Alis, Los Caramelos, Germán Coppini o Triángulo de Amor Bizarro

Battiato, como hemos comentado, era bastante refractario al éxito masivo. Quizás por eso tras un periodo tan agitado empezó a interesarse por la ópera, publicando discos como Genesi (1987), Gilgamesh (1992) o Messa Arcaica (1994). También compuso música para algunas películas italianas. En 1988 publicó Fisiognómica, un disco que también tuvo adaptación al castellano y que nos dejó como mayor éxito la canción Y te vengo a buscar y que también traía un regalo inédito para el público español: Mesopotamia. De esa época es también su primer disco en vivo, Giubbe Rosse.

Tras todo este ajetreo Battiato decidió volver a Sicilia, a las faldas del Etna, y entra en un periodo de introspección que queda reflejado en su siguiente disco, Come Un Cammello In Una Grondaia, que también se adaptó al castellano con el nombre de Como Un Camello En Un Canalón. En este caso los miembros de El Último de la Fila participaron en la traducción de algunas canciones como Pobre patria, que a la postre resultó ser la más conocida del disco junto a la tremenda Sagradas sinfonías del tiempo. La cara B de aquel disco estaba ocupada por adaptaciones de obras de Beethoven, Mahler, Wagner y Brahms, mostrando a las claras que Battiato estaba ya en otro universo que no era el de sus grandes éxitos de los 80. Empezó entonces a colaborar con el filósofo Manlio Sgalambro y trabó estrecha amistad con el escritor y pensador Umberto Eco. Sus siguientes discos, por algún motivo, no son ya traducidos al castellano hasta 1997, en que publica La Emboscada. Un disco que le devuelve a la actualidad de las listas con la canción La cura (traducida al castellano como El cuidado). Seguramente la decisión de volver a publicar en castellano vendría dada por el repunte en popularidad de había tenido Battiato en nuestro país en 1996, con el lanzamiento de un disco de grandes éxitos. 

Aunque sus siguientes trabajos ya no tuvieron tanta repercusión en España, en Italia Battiato siguió siendo considerado un ídolo. Hay que decir, de todos modos, que su especial relación con nuestro país no decreció con el tiempo, solo hay que recordar los llenos de sus conciertos en la primera década del nuevo siglo. En 2013 Battiato reapareció en castellano con Ábrete Sésamo, un disco con inspiraciones tan diversas como diversos textos de Santa Teresa, obras de poetas árabes o la música de Rimsky-Korsakov. Vale la pena de todos modos indagar en discos anteriores como Dieci Stratagemmi, Il Vuoto o sus volúmenes de versiones Fleurs. Incluso trabajos más experimentales como Telesio (2011) o Joe Patti’s Experimental Group (2014) tienen su encanto, aunque lejos ya de sus grandes éxitos de los 80.

Suponemos que consciente ya de su delicado estado de salud, Battiato dedica sus últimos años en activo a lanzar un fastuoso recopilatorio, Le Nostre Anime, que en su formato más completo incluye canciones de todas las épocas del cantante, así como a grabar un disco con la Royal Philarmonic Orchestra de Londres con un tema nuevo, Torneremo ancora, que le daría título al álbum. Torneremo ancora se puede traducir como Volveremos de nuevo, lo que da una idea de que Battiato era consciente de que se estaba despidiendo, al tiempo que afirmaba sus creencias místicas y sobre todo la posibilidad de la reencarnación. El disco fue publicado en 2019 aunque la voz de Battiato había sido grabada dos años antes, en 2017. Sus últimos años fueron de retiro en Catania, rodeado de los suyos, hasta su fallecimiento en mayo de 2021.

El nombre de Franco Battiato ha quedado así, para la posteridad, como el de un artista inclasificable e insobornable, siempre dispuesto a explorar las carreteras secundarias y hacer las canciones que en cada momento le apetecía sin importarle las consecuencias comerciales. De hecho el éxito fue solo una de las facetas del Battiato artista, creador, pensador y persona. Puede, de hecho, que ni siquiera fuera la más importante.

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