Library Tapes (David Wenngren). Foto CC por Happolati /
Nacho Goberna © 2025 /
Prefacio LSDA 1×2025 |
Las estaciones /
Cuando el verano llega a su fin en la Antártida, en los entornos Bálticos lo hace el invierno. Para ocupar sus ausencias llegarán el introspectivo otoño en el continente de los pingüinos emperador, en el extremo sur, y la extrovertida primavera en las poco profundas aguas bálticas. Coordenadas alejadas 17.000 kilómetros protagonizando dos hasta prontos y dos bienvenidas consecuencia del fascinante cortejo mantenido por la Tierra y el Sol desde hace eones. Y una vez ambas vuelvan a abandonarnos, pasarán nueve meses, dos equinoccios y un solsticio hasta que el tiempo de las flores y el de los colores, Imbolc y Lughnasadh para los Celtas, Haru y Natsu en Japón, Xopan y Tlaxopanolti en la lengua mexicana Náhuatl, retornen a nosotros de sus meses escondidos. Tierra y Sol reiniciando el ciclo de la vida embarcados en el mágico bucle de las cuatro estaciones. Y entre los hemisferios norte y sur la latitud cero trazando una línea imaginaria que no debería ser muro o frontera de nada ni nadie.
Los meses /
Dejándome caer por un tobogán imaginario, deslizándome entre lo inabarcable y lo aparentemente asible, entre lo panorámico y el retrato, permíteme, por favor, partir del cosmos y el temperamento de planetas y dioses para llegar a los entrañables recipientes de tiempo que conocemos como “meses”. Una vez en ellos te propondré que nos dejemos llevar por su íntima vinculación al nombre y fases de nuestra más querida compañera de universo, la Luna. Será entonces que nos daremos de bruces con el Dios de la guerra, con Marte. Tomaremos aliento y llegaremos a su mes, a marzo, la tercera de las doce comunas de tiempo presentes en nuestros almanaques, la primera en el calendario de la iniciática Roma. Y siendo lo que somos sin excepción conocida, lunáticos militantes, pensaremos abrazados en una estrella llamada Sol, en nuestra pequeña Tierra, en las 8.000 millones de diminutas personas que la habitamos y en el apabullante resurgir actual de los perfiles más turbios de la condición humana.
Un Archivo lleno de cintas |

A 750 kilómetros al norte de Gentofte, localidad natal de la compositora danesa protagonista de nuestra anterior entrega susurrada, Agnes Obel, está la ciudad sueca de Gävle. Asomada al golfo de Botnia y separada de la Finlandesa Turku por 170 millas náuticas, este enclave Báltico asistió al nacimiento en 2004 de un sorprendente proyecto de construcción de puentes entre la música Clásica, el ambientalismo sonoro y el post-rock, una biblioteca de cintas introspectiva y minimalista que, con vistas a la perspectiva que aportan las dos décadas transcurridas desde entonces, resultó ser, además de llamativamente ignorada por mercados y mercaderes, una de las tentativas pioneras en aquel emergente mestizaje neoclásico de los albores del siglo XXI.
Las luces brillantes de una vida destrozada |
Library Tapes comenzó su navegación creativa de la mano de David Wenngren y Per Jardsell. De esos compases iniciáticos emergieron dos discos puede que hoscos, sin duda densos, por cierto inquietantes. Articulados en blanco y negro dentro y fuera de sus portadas, “Alone in the Bright Lights of a Shattered Life” en 2005 y ”Sketches” en 2007, supusieron dos prometedores ensayos paisajísticos asentados, diría, sobre la tristeza. Disonancias, pianos rotos, chelos fugaces y densos suelos sonoros en constante recomposición, magmáticos, todo ello engarzado en un laberíntico entramado de bucles.
Ante nosotros el lado oscuro del avant-garde, la deconstrucción del post-rock, oscuridad ambiental revelada en gelatina de plata fuera de fecha. Y entre medias pequeños mares interiores aportando reflejos de resonancias melódicas que tal vez llevan a otras escuchas, a instantes de los Gregor Samsa de Richmond, de su extraordinario disco ”55:12” (2003), o al oscuro neofolk de los alemanes Kloster. Embrionaria música experimental invocándose para afrontar un futuro incierto, tanteando contornos creativos en pos de formas compositivas aún por asentarse.
Fragmentos de un verano bajo los árboles |

Con Wenngren ya en solitario, a lo largo del año 2008 despertaron en Library Tapes los colores con la publicación de dos discos brillantes, su “Verano bajo los árboles” (A Summer Beneath the Trees) y ”Fragmentos” (Fragment), ambos espectaculares declaraciones de intenciones presentes, pero no solo, también claves para desencriptar los horizontes sonoros del proyecto creativo en curso. Cuerdas por doquier, armonías sobrias, tonos y texturas por momentos prístinos, bucles recomenzándose y un marcado alejamiento de las disonancias y ásperas resonancias armónicas presentes en los inicios junto a Jardsell. Los panoramas lanzados sobre nuestros oídos no paran de sugerirnos ambientes y estados de ánimo que David desliza entre memorias sonoras de trenes, campanas e imágenes húmedas, acuáticas: ”Y la lluvia calló”, y ”la frágil marea”, y ”el río que se convirtió en un camino empedrado”, ”por encima de la inundación”, ”Fragmentos I”, II… títulos evocadores que invitan a ser imaginados en 17 sílabas distribuidas en tres versos, con un esquema de 5-7-5 sílabas, esto es, en Haikus.
Escucho el bello primer álbum “Book of Leaves“ (2009) de la magnífica compositora de Louisville Rachel Grimes y pienso en doce meses antes, en el Báltico del 2008, en Gävle, en una biblioteca llena de cintas.
Hierba, Cielo, Sol y Ella |
En la segunda década del XXI, entre 2009 y 2018, llegan una acogedora serie de grabaciones. Introspectivas, reflexivas, hipnóticas. ”Como hierba verde contra un cielo azul” (2010), ”Un Sol que se asoma” (2012), Europa Ella Ama” (2016), ”Patrones” (2018)… son entregas que persisten en el creciente perfilado de los paisajes musicales de Library Tapes. Texturas electrónicas trenzando densas superficies sobre las que tanto las evocadoras cuerdas como los trazos de pianos mantienen un permanente diálogo. Quizás con cada álbum se va sumando más paz y menos inquietud, más dulzura y menos tensión. Quizás. Y en la meridiana de ese fructífero marco temporal, un polifacético David creando junto a Mattias Nilsson el sello independiente 1651 Recordings: “La idea primigenia era publicar música cinemática, pero es verdad que en nuestro primer año lo publicado ha sido principalmente música clásica moderna basada en el piano” –extracto de una entrevista a Wenngren realizada por Seb Chan y publicada en la revista web Cyclicdefrost en abril de 2016-. En paralelo, colaboraciones con perfiles afines a los espacios creativos en los que Wenngren se encuentra sumergido. Suena el precioso ”Escapismo” (2016) junto a la chelista canadiense Julia kent y el abarcador ”Los meridianos de la Longitud y los Paralelos de la Latitud” (2016) con el también canadiense Christopher Bissonnette. Puestos a practicar el muy detectivesco arte de la deducción, imaginemos a Wenngren en ese año, quién sabe, embarcado en una creativa visita al otro lado del Atlántico Norte. Especificamente a un país con bosques interminables y multitud de alces ensimismados.
Después del atardecer viene el anochecer |

”Canciones para el Verano”, ”La Ciudad Tranquila, ”Anochecer”, ”Atardecer”… 2020, 2021, 2022. Nuevos años, nuevos discos y una evolución tranquila, pausada, ausente de sobresaltos, en la que no hay reconstrucción o giros abruptos. Escucho a un Weengren levantando la mirada sobre lo ya construido y sumando millas recorridas a su personal cuaderno de bitácora sin rasgar páginas ya escritas. Agradezco que Libray Tapes se quieran, que David respete su obra, así como agradezco la profundidad sonora, frondosidad cinematográfica y el fantástico orgullo instrumental que, generoso, nos sigue regalando en cada una de las piezas desperdigadas por los sucesivos álbumes publicados. Hace muchas estaciones que el post-rock dejó de estar. Y el piano cada vez más presente, más autosuficiente. En todo caso, para quien escribe nos encontramos ante un bello paisajismo avant-garde con raíces en el gran manitú del minimalismo vanguardista, en John Cage, que a su vez se va convirtiendo, sin rastro de pretensión, en una especie de proyector de luminosidad disponible para los procesos de fotosíntesis creativa que otros quizás reformularán en el futuro, un código creativo abierto a ser revisitado, remodelado, modificado, adaptado.
Escuchen el evocador álbum ”The Wind” (2022) de la banda tejana Balmorhea y piensen en todos los discos publicados desde 2008 por nuestro protagonista báltico. Simbiosis.
Trece nocturnos y las estaciones |
En 2023 aparece ”A new Context”, un nuevo contexto en el que el piano arpegiado toma todos los espacios de las grabaciones, y los hace suyos, suyos y nuestros. Una caja de música, sencillez y cadencia. Cuerdas, guitarras y electrónica guardan silencio. Melancolía. 13 canciones que me transportan al evocador género de los nocturnos, ese iniciado en el siglo XIX por el compositor irlandés John Field y popularizado por Chopin. 28 minutos sin segundos en los que, de manera transparente, concisa y sobria, el compositor nos habla, sin necesidad de palabras ni alambicadas construcciones sonoras, de las estaciones, del verano, del aire, del Sol, del Cielo, del Mar, del Bosque, de la lluvia por la mañana, del lecho del río. Como en su disco ”Dusk” (atardecer), en la grabación se puede escuchar el hipnótico golpear de las teclas, los crujidos de la madera, desnuda rítmica, quizás en homenaje a otro músico Báltico, el espectacular Nils Frahm, pianista alemán con el que no duden que nos encontraremos en Antártica llegada la estación y el año elegidos. Pienso en su obra “Felt” (2011), siento el estremecimiento. ¿Saben que David Wenngren compartió escenarios con Frahm en Berlín allá por 2006, estando los dos en sus inicios?
Espera, por momentos me ha parecido estar escuchando los cadenciosos pianos de Agnes Obel en su primero, en ”Philharmonics”. Sonidos y sueños compartiendo cuna y entrelazándose a través del tiempo y el espacio: La orilla y el lecho de un río, ”Riverside” de Obel y ”Riverbed” de Wenngren, Dinamarca, Suecia… paradójico mar el Báltico, cuna de tantísima belleza sonora y a su vez teatro de operaciones de la peor humanidad posible, la articulada por la maldita violencia.

Epílogo |
Desde hace ya muchas estaciones es complicado discernir entre el circundante estruendo militarista y el sonido de las mareas, el silbido del viento trenzando las corrientes en la superficie o el hipnótico golpeteo de las gotas de lluvia sobre las aguas Bálticas. Costosas infraestructuras marinas siendo voladas por “amigos”, submarinos bajo falsa bandera para prefabricar miedos irracionales, industria de guerra salivando ante proyecciones de inminentes dividendos… Como especies invasoras, los ruidosos engranajes de la guerra devoran a las bandas sonoras nativas. Los motores de barcos, submarinos, drones y oleadas electromagnéticas, escribas y traductoras de la demente desconfianza que está envenenando de nuevo el continente europeo, apabullan cualesquiera palabras de fraternidad y concordia, enterrando bajo cacofónicas amenazas la necesidad de armonía, de futuro, de alegría. Insensatos líderes-monigotes, inauditos, a su vez cómplices necesarios del insoportable genocidio al que el pueblo palestino está siendo sometido en su madre tierra. En el oeste el Sol desaparece. Por occidente la luz se esconde.
Vínculos Antárticos |
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Autor (Nacho Goberna):
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