Los Afectos del maestro Claude Debussy

Foto Cabecera: Debussy y Rosalie Texier (Lilly)

NACHO GOBERNA © 2021 /

El 23 de marzo de 1918, en el marco de una Europa desgarrada, exhausta tras cuatro años de enfrentamientos, el ejército alemán se encontraba a tiro de artillería de la capital francesa por primera vez desde 1914. Ese sábado fue el momento elegido por los altos mandos germanos para iniciar un bombardeo que se extendió por el frente durante una semana. Dos jornadas después del inicio de la ofensiva, en el atardecer del 25, falleció en París Claude Debussy como consecuencia de un cáncer que le obligó a compartir crecientes espacios y tiempos con el dolor y, llegado un punto de no retorno, la desesperanza. El funeral se celebró el día 28 y el entierro tuvo lugar el 29. El cortejo fúnebre, acompañado en su trayecto por la amenazadora banda sonora de los cercanos cañones alemanes, recorrió lento y doloroso las calles de la Ciudad de la Luz en dirección al cementerio Pére Lachaise. Al tiempo que leo estoy escuchando la primera Gymnopédie, Lent et douloureux, (Lenta y dolorosa), una bella obra publicada por Erik Satie en 1888, treinta años antes de la triste jornada de adiós a Debussy que nos narra Stephen Walsh en el crepúsculo de su recién publicada –noviembre 2020– entrega biográfica: Debussy, un pintor de sonidos. La pieza fue interpretada por primera vez en su forma orquestada por Debussy, bajo la batuta de Gustave Doret, en la Société Nationale de Musique, 1897.

En los compases previos al final del libro, traducido por Francisco López Martín y Vicent Minguet y publicado por la editorial Acantilado, es difícil no dejarse ganar por la tristeza ante la pronta pérdida de una vida tan joven y creativa, 56 años. Pero no solo, también por la suma interminable de tristezas, consecuencia de la cruel aniquilación, a lo largo de los cinco años que duró la I Guerra Mundial (1914-1919), de millones de futuros que dejaron huérfano de tantos y tanto a un continente entero. Un despertar de siglo lento, doloroso, el XX, que no aprendió, que se dejó caer, en apenas dos décadas tras la muerte de Debussy, en otra inaudita espiral de insoportable violencia.

Seguir leyendo hasta el punto final del último capítulo del libro, Lo que la Modernidad hizo de él; sumergirnos en el imperecedero legado del maestro, un tesoro afortunadamente a salvo de las miserias del tiempo perecedero, creo que es necesario para comenzar a sanar de la tristeza. Indica el biógrafo: “Transmitir asombro ante la riqueza del mundo que nos rodea y los diversos modos que nuestros sentidos nos ofrecen para responder a él (…) la música de Debussy carece de ideología y de doctrina. Como el mundo, se limita a ser, sin más”.

Iniciar la lectura de la Biografía recostado en un sillón morado, con generosa luz blanca focalizada en el pequeño mundo que supone un libro de estas características, con unas gafas cada vez más necesarias, sin nicotina de por medio por primera vez en lo que va de siglo, y arropado por un invierno recién llegado e irreconocible hasta para él mismo, ha sido para mí una reconfortante aventura que me ha permitido retomar la personal investigación sobre el artista que comencé en la sección Pasiones perteneciente a la edición 45 de Lecturas Sumergidas, junio 2018, donde vio la luz mi primer artículo alrededor de la vida del compositor (Claude Debussy: «Un artista es alguien acostumbrado a vivir entre sueños y fantasmas»). En esta nueva aproximación sumergida al músico, basada en este caso en la biografía publicada por Stephen Walsh, he tratado de focalizar en aspectos no profundizados entonces.

Debussy el día después del estreno de su celebrada obra Pélleas et Mélisande, en mayo de 1902. Imagen incluida en el libro.

A lo largo del recorrido Stephen Walsh nos asoma a las diferentes capas de la vida y obra de Claude Achille Debussy. Desde su nacimiento a su ocaso, la biografía se desliza entre sucesos y descubrimientos, palabras y acciones propias y ajenas, escenas cercanas y también en ocasiones aparentemente alejadas, que nos incitan a construir un contexto vívido y un perfil del protagonista probablemente afinado, alejado en general de la complacencia y cercano a su compleja humanidad.

En paralelo Walsh realiza una visita guiada a toda la obra del músico francés, invitándonos a celebrar su genialidad artística desde el sentimiento, pero también desde la técnica. En principio me atreveré a afirmar que es disfrutable por todas, por todos, recordando en cualquier caso que cada persona sentimos el arte, la belleza, de una manera propia, nuestra, de colores tu color, y que la manera de percibir del autor del libro, sus análisis o descripciones al respecto, siendo enriquecedoras, no tienen por qué ser compartidas. En lo que atañe a los análisis más atados al lenguaje musical, a las pautas técnicas presentes en la obra de Debussy y que Stephen Walsh describe, analiza, a lo largo del libro, poco que decir salvo que, especialmente para ajenos al idioma oficial de la música, pero no solo, pueden llegar a resultar un tanto cargantes.

«la música de Debussy carece de ideología y de doctrina. Como el mundo, se limita a ser, sin más”, EScribe Stephen Walsh en su biografía del compositor, «Debussy, Un PINToR DE SONIDOS».

El árbol de relaciones cultivadas en su trayecto vital por Debussy es una de las vetas conductoras que se extiende con atractiva minuciosidad por las páginas del libro. En lo afectivo, el primer círculo concéntrico al que se hace referencia es el que el joven Debussy comenzó a trazar en 1880 con Marie Vasnier, esposa de Henri Vasnier y considerablemente mayor que el músico de 18 años.  La esperanza de cierta discreción en el manejo del asunto, algo que sin duda los padres de nuestro joven protagonista, Manuel y Victorine, a quienes horrorizaba la situación, hubieran agradecido profundamente, no se vio acompasada por las acciones de su aún adolescente hijo. Entre 1880 y 1884 Debussy compuso una serie de canciones para que fueran interpretadas por Marie en su condición de soprano aficionada. Las letras dejaban poco espacio para la duda respecto a la naturaleza de la relación que ambos, Marie y Claude, mantuvieron.

Marie Vasnier en un retrato que realizó Paul Baudry. Imagen incluida en el libro.

La siguiente parada sentimental que se deja ver en el libro, en esta ocasión sin la seguridad del consenso de los expertos en el tema, fue la que Debussy quizás mantuvo, y en todo caso de manera fugaz, con la escultora Camille Claudel, a quien probablemente el músico conoció en alguno de los cafés de Montmartre que ambos frecuentaban en 1890. Parece ser que Debussy, sincero admirador de la obra de Camille, comentó con algunos amigos la posibilidad de una relación con ella. ¿Rivalizaron durante unos meses Auguste Rodin, con quien Camille había tenido a ciencia cierta una larga vinculación laboral y sentimental, y Debussy? Quién sabe.

Camille Claudel

En ese mismo año, 1890, fue cuando llegó a la vida de Claude Debussy una mujer pelirroja de 24 años procedente de Normandía. Se trataba de Gabrielle Dupont, Gaby ojos verdes como él la llamaba. Meses después de conocerla inició con ella una convivencia que duró ocho años, hasta entrado 1898. Según nos dice el autor de la biografía: “hay razones para suponer que su relación con Gaby fue la más cara para su corazón, la más honrada para bien o para mal, la que mejor colmó su necesidad de contar con un apoyo que soportara su obsesión monomaníaca por su obra creativa y compartiera su lecho y estilo de vida bohemio sin quejarse”.

No tuvo que ser un compartir nada fácil para Gaby. En las páginas del libro podemos encontrarnos, fruto del carácter del músico, con muestras repetidas de esa dificultad. En 1894 Debussy se promete con la soprano Therese Roger. El compromiso apenas dura una semana. Dos años, después, en 1896, pide matrimonio a la hija del pintor belga Alfred Stevens, Catherine Stevens, pero no es correspondido. A finales de ese mismo año tuvo una aventura con Alice Peter…  En todas las ocasiones acababa volviendo con Gaby. En todas las ocasiones era recibido, aceptado, ¿bienvenido? En 1898 Debussy rompió definitivamente con ella.

Gabrielle Dupond («Gaby ojos verdes). Imagen incluida en el libro.

Ese mismo año, llegado a los 35, Debussy conoció a Rosalie Texier, Lilly, con la que contrajo matrimonio en 1899. De nuevo en esta ocasión no debió ser fácil para la compañera del compositor. El final resultó tormentoso. Lilly intentó quitarse la vida disparándose en el pecho. Aunque no le pudieron extraer el proyectil, consiguió sobrevivir.

En algún momento de 1903, Debussy había conocido a Emma Bardac, una menuda mujer de cuarenta años, esposa de un acomodado banquero y madre de un aspirante a compositor, Raúl Bardac. Inteligente y culta, era una buena música, aficionada cantante y antigua amante del maestro Gabriel Fauré. Es probable que, en los primeros meses de 1904, aun conviviendo Claude con Lilly, ya estuviera manteniendo una relación con Emma.

El escándalo, consecuencia de lo sucedido, hizo que la familia de Emma Bardac la repudiara. Debussy se vio alejado de no pocas personas cercanas que sentían un sincero aprecio por Lilly. Maurice Ravel, con el que Debussy siempre mantuvo una competición creativa y frecuentes desencuentros personales, se unió a otros antiguos amigos de Debussy para contribuir a un fondo de apoyo a la abandonada Lilly.

Rosalie Texier (Lilly) en 1902. Imagen incluida en el libro.

Llegado 1905, Emma Bardac y Claude Debussy se divorciaron de sus respectivos cónyuges. Ese mismo año, el 30 de octubre, nació la hija de ambos, Claude-Emma (Chou Chou). Se casaron en 1908 y permanecieron juntos hasta el triste día con el que abrí este artículo. Un año después del fallecimiento del maestro, el 14 de julio de 1919, la pequeña Chou chou, a la que el compositor adoraba y que contaba con 13 años, también murió, en su caso por una difteria mal tratada. Lento y doloroso destino.

Emma Bardac y Claude Debussy en 1913. Imagen incluida en el libro.

Richard Wagner, Maurice Ravel, Eric Satie, Gabriel Fauré, Modest Músorgski, Ígor Stravinski, Richard Strauss, Edgar Allan Poe, Charles Baudelaire, Stéphane Mallarmé, Jean Cocteau, Edgar Degas, Camille ClaudelImpresionismo, Simbolismo, Música, Literatura, Arte, pasado, presente, futuro. Por supuesto, el festival de trazos perpendiculares o paralelos a la vida y obra de Claude Debussy que encontramos en esta biografía continúa mucho más allá de lo que he compartido con ustedes en este artículo, pero prefiero que sea el propio libro el que, directamente de la mano del autor, de Stephen Walsh, les abra las puertas al resto de estancias de la entrega. No me cabe duda de que las encontrarán llenas de vida: de admiraciones y admiradores, de envidias, egoísmo y también de generosidad, de encuentros y desencuentros, de amor y dolor, de mentiras y confesiones… pero, sobre todo, de arte y belleza, la de un legado musical a prueba del lento y doloroso transcurrir del tiempo.

Debussy y su hija Claude-Emma (Chou chou) en Houlgate, 1911. Imagen incluida en el libro.

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