“El mapa de los afectos” de Ana Merino: los potentes destellos del bien

Emma Rodríguez © 2020 / 

Después de una larga trayectoria marcada por la poesía, Ana Merino (Madrid, 1971) se ha decidido a transitar por las sendas de la novela. Nuevos paisajes, tránsitos, descubrimientos y vivencias la han impulsado a probar suerte en la distancia larga con El mapa de los afectos, una obra coral en la que los personajes se encuentran y desencuentran en un juego de vidas cruzadas, de paralelismos y coincidencias. Estados Unidos, concretamente Iowa, donde la autora vive desde hace 24 años –ejerce como Catedrática de Escritura Creativa en la universidad de este estado del Medio Oeste– es el escenario donde se desarrollan las historias que componen esta entrega con la que Merino se ha alzado con el Premio Nadal 2020.

Entornos rurales, procesos de crecimiento y transformación en los que muchas veces los gestos de bondad son los que salvan a los protagonistas de la rendición, de la oscuridad, conforman un recorrido lleno de tonalidades y texturas diversas. La escritora mezcla los géneros con soltura, adecuándolos a las peripecias que se cuentan. Su estilo es sobrio, contenido, medido. Su posición se asemeja a la de alguien que se queda mirando desde fuera, desde la ventana, contemplando lo que sucede sin acabar de meterse en escena. En ocasiones, mientras leía, llegué a desear que se adentrara más, que explorara con mayor profundidad las pulsiones de los personajes, la complejidad oculta tras las vivencias expuestas.

Pero la distancia, el bosquejo sutil, es parte de la manera de contar de esta narradora que, de repente, nos sorprende con una ráfaga poética, con una potente imagen que se apodera de determinados pasajes, relatos dentro del gran relato que es la novela, elevando, poniendo alas, a un conjunto narrativo hecho de piezas que dialogan entre sí y que componen un sugerente puzle narrativo. Sucede en El cazador de eclipses, un hermoso y trascendente capítulo en tonos nevados, o en Hacerse viejo, donde también aparece la nieve, la imagen repetida de “naranjas en la nieve”. En ambos la memoria y los recuerdos resultan cruciales. En ambos, hermanados por el hilo de la amistad, se alude a la vejez, a la etapa final del trayecto. “Hacerse viejo no sirve más que para recordar la tristeza”, piensa Curtis, uno de los protagonistas. 

la distancia, el bosquejo sutil, es parte de la manera de contar de esta narradora que, de repente, nos sorprende con una ráfaga poética, con una potente imagen, elevando, poniendo alas, a un conjunto narrativo hecho de piezas que dialogan entre sí.

La muerte es una de las constantes de este libro que refleja las distintas etapas de la vida y demuestra que al final lo que somos es la suma de los actos realizados, la alegría del viaje cuando se ha acometido el aprendizaje esencial de la bondad, de la generosidad. “¿Con qué clase de equipaje cargamos cuando morimos?”, se plantea Marcela en Despedidas, donde se habla de la capacidad para hacer daño, de la peor religión posible y del cultivo de un cierto tipo de perdón para poder seguir adelante.

Ana Merino juega a los contrastes. El ritmo, la colocación de las piezas, de los destinos que se van cruzando en su mapa de los afectos, es crucial. Las narraciones más líricas se contraponen a otras que adquieren forma de thriller, caso de Para enfrentar la muerte, una de las partes más duras del recorrido, junto con la brutal Un rezo propio. Referencias al cómic y matices, atmósferas, cercanas a los cuentos de hadas y a la ciencia ficción, conviven en una entrega donde se reflejan temáticas muy actuales.

En El mapa de los afectos nos encontramos con situaciones de ansiedad en las sociedades de la productividad y de las prisas; con mujeres enfrentadas a feroces campos de batalla en el terreno laboral, en inferioridad de condiciones en empresas que potencian a los hombres basándose más en el género que en la preparación. Pero también hay crítica al nuevo feminismo del “glamour”, de la impostura… En El mapa de los afectos entra el feminismo y la ecología, la lucha por parar la catástrofe natural. Esta obra busca apresar las contradicciones, falsas expectativas y sentidos del ahora.                                      

Rutas y vidas se cruzan en un camino que conduce a la búsqueda de orientación, de luz, en un presente en el que continuamente nos preguntamos qué puede salvarnos de la derrota, del desencanto. Esa es la cuestión que une a quienes recorren esta ruta tan particular en la que, en medio de la tragedia, de la catástrofe, de la pérdida, surgen personas dispuestas al cuidado, a la ayuda, personas como refugios, capaces de abrazar, de regalar una palabra amable, un gesto, una sonrisa salvadora. Personas capaces de levantarse tras la caída, de volver a empezar. “Personas a prueba de infiernos y hundimientos”, como leemos en un momento dado.

Hay secretos, equívocos, amores furtivos, lunas de miel fallidas, crímenes y traiciones en una novela que gana en intensidad a medida que avanzamos por sus páginas y que sigue una estructura de capítulos independientes, más bien paralelos, superpuestos, que funcionan como senderos que se bifurcan y se van encontrando.

en medio de la tragedia, de la catástrofe, de la pérdida, surgen personas dispuestas al cuidado, a la ayuda, personas como refugios, capaces de levantarse tras la caída, de volver a empezar. “Personas a prueba de infiernos y hundimientos”.

Resulta placentera la lectura de esta obra aparentemente sencilla y luminosa, pero en la que, no nos engañemos, emergen los fondos de la perversidad y la negrura, siempre en contraste con los tonos claros. De hecho, en medio de las escenas de sombra se hace más potente la energía de los blancos. “¿La gente mala necesita razones para actuar del modo que lo hace”?, se pregunta una de las protagonistas. Y hay otra cuestión, como ya he planteado, que nos hacemos mientras vamos leyendo: ¿Quién nos salva de la derrota; cómo se salvan las personas de la derrota?

Lo decía antes, El mapa de los afectos, es una novela sobre las caídas y los levantamientos, sobre las nuevas oportunidades. Merino es capaz de hacernos rozar, a través de sus relatos cruzados, losingredientes de la felicidad cotidiana”. Su literatura bucea en las penumbras del presente y visibiliza esos gestos salvadores que tantas veces pasan desapercibidos en medio del ruido que caracteriza a las sociedades en las que vivimos. A sus búsquedas literarias, a sus preocupaciones, se refiere la autora en las respuestas a las preguntas que le planteé –vía correo electrónico– a raíz de la lectura de su libro, aún pensando en los “destellos potentes” de la “esencia del bien” a los que se alude en el capítulo titulado Desprendimientos

Ana Merino: “Los superpoderes son esa disposición para pensar en los demás y ayudar”.

Fotografías © Xavier Torres-Bacchetta

¿Qué primeras imágenes y pulsiones te llevaron a fraguar El mapa de los afectos? Habías escrito nueve libros de poesía y también teatro, ¿Qué necesidad te ha impulsado a dar el salto a la novela?

– El impulso de escribir siempre me ha acompañado, pero la trama tan compleja de El mapa de los afectos surge cuando me doy cuenta de que he interiorizado la experiencia americana y necesito reformularla en un espacio amplio de muchas miradas simultáneas. El flujo de voces, de sensaciones, y la atmósfera que he construido desde la ficción, pedía que se desarrollara en el espacio literario de la novela. Era la mejor estructura para representar las diferentes introspecciones temporales de una comunidad amplia de personajes que contemplan el mundo y la vida.

– Me ha llamado la atención la variedad de registros, de texturas, de tonalidades, de tratamientos y abordaje de géneros diversos, en las distintas narraciones que componen la novela. Hay thriller, historias con un amplio componente de crítica social que abordan el feminismo, el capitalismo, la ecología, el mundo del trabajo… ¿Qué me dices al respecto?

– La literatura te permite modelar muchos estilos en un mismo proyecto. Al ser una novela de personajes, cada uno se construye desde la trama de su experiencia. El presente que vivimos es un caleidoscopio donde un sencillo gesto transforma muchas realidades. Todo puede darse dentro del espacio de la novela como una introspección que se enfrenta a muchas realidades sociales y a sus aspectos ideológicos. En nuestro presente está la ecología, está el capitalismo y el feminismo. Todos esos temas dan movimiento a la novela y a sus personajes.

– Cada capítulo puede funcionar como un relato independiente, pero los personajes pasan de uno a otro, se relacionan, se van desarrollando a través de sus encuentros con los demás. Y están los paisajes comunes. ¿Cómo te planteaste la estructura?

– El cuidado y la precisión en el ritmo de la estructura narrativa me viene de la poesía, en donde nunca pueden sobrar palabras. Cada capítulo busca un ritmo propio, una musicalidad que armonice con toda la novela, y que celebre a su vez las peculiaridades vividas por los protagonistas. Sin embargo, solo cuando cierras el libro y escuchas a todos los personajes dar su perspectiva puedes entender la complejidad final de toda la trama. Los capítulos se necesitan unos a otros para dar sentido profundo al texto en su totalidad.

– El poder de los afectos, de los cuidados, de la compasión, de la bondad, está en la base de las distintas historias narradas. ¿Consideras que ya está muy manoseada la idea de que a la literatura la bondad no le parece atractiva? 

– Los lectores de literatura de calidad nunca van a pensar que la bondad no sea atractiva. El mundo real depende de la bondad, la existencia de las bibliotecas y sus bibliotecarios es un acto de bondad colectiva. Nuestra supervivencia es posible gracias a la fraternidad humana. Los hospitales o las escuelas, las infraestructuras vitales que heredamos de nuestros antepasados surgen por un esfuerzo colectivo, un acto de amor a los demás donde la imaginación ha sido fundamental. Lo que hay que analizar es por qué las ficciones de ahora se regodean en el lado oscuro sin celebrar la parte luminosa que permite la continuidad del mundo. Tal vez sea, porque no se ha sabido entender lo que realmente significa la bondad y todos los matices que tiene y lo que ofrece en el ámbito de la creatividad literaria.

«Lo que hay que analizar es por qué las ficciones de ahora se regodean en el lado oscuro sin celebrar la parte luminosa que permite la continuidad del mundo».

– ¿Podrías elaborar un itinerario literario que desmienta el poco atractivo de la bondad? ¿Podrías nombrar al respecto autores y libros que te hayan marcado?

– Una cosa fundamental es ser un lector desde el ámbito de la niñez. Los cuentos de hadas establecen un espacio clave donde se reconoce un tipo de bondad, por ejemplo, el Hada Azul de Pinocho le ayuda en todo su proceso existencial. En la tradición española ha sido clave el Quijote. Sus protagonistas son dos perfiles que se construyen desde la bondad poliédrica. Don Quijote tiene una intencionalidad de bondad, está tocado por la locura, pero, en su forma de razonar anhela el bien y ofrece perspectivas filosóficas fundamentales. También en Sancho hay mucha bondad y ambos son dos estereotipos paradigmáticos. De niña me marcaron mucho una serie de novelas juveniles como Heidi, Momo, Mujercitas, Ana de las Tejas Verdes y Las aventuras de Huckleberry Finn. Luego, de adolescente, el Galdós de las novelas sociales con personajes como Nazarín o Benina. Venimos de una tradición literaria donde la bondad es incluso una fascinante construcción poética. Pienso, por ejemplo, en San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús. Pero también en la mirada de Juan de Mairena que inventó Antonio Machado, o en la poética de Gabriela Mistral.

– ¿Necesitamos más historias sobre el bien; perder los prejuicios a la hora de narrarlas; ponerlas en el primer plano?

– Cada escritor va a buscar su espacio literario. En mis propuestas la bondad es una sustancia literaria que crece y da sentido a mis personajes. Las tramas tienen muchos ingredientes y para que una novela funcione hay que saber conjugar la tensión dramática, la verosimilitud, la atmósfera… Un buen escritor no debe tener prejuicios porque lo que busca es literatura. En mi caso me interesan los personajes que dialogan con dilemas donde la bondad da sentido a la trama literaria y funciona porque desarrollan emociones y construyen empatía. Necesitamos que la literatura siga siendo un amplio lugar que represente todos los pliegues de nuestra inteligencia. Los prejuicios no vienen del lugar de la inteligencia.

– «Los adultos se olvidan de que fueron niños, se olvidan de la capacidad de inventar y ser felices«, leemos en el capítulo dos, Luna de miel. La infancia, el paso de la adolescencia a la edad adulta está muy presente en la novela. Y va unida a las historias desarrolladas en los cómics, a los superhéroes que creen en la construcción de mundos mejores. 

– En la novela todas las edades tienen sentido y se representan. Vemos la evolución de un adolescente que se siente cobijado leyendo cómics de superhéroes y espía a los adultos e interpreta sus vidas con el filtro de sus lecturas; la de un niño que crece sin su madre y se imagina el futuro y piensa que la humanidad se salvará con los avances científicos; la de una mujer que tiene que hacerse responsable del entierro de su tía y recuerda los momentos difíciles que vivió de niña y sin embargo tiene una mirada esperanzada porque todavía habita en ella la capacidad de perdonar. En estos personajes los superpoderes son esa disposición para pensar en los demás y ayudar. Valeria, la maestra con la que arranca la novela, es la que formula este pensamiento y sabe lo importante que es la educación. Ella ve la imaginación efervescente de los niños y la conciencia colectiva fraternal que debe fraguarse desde la infancia.

– El cómic y la ciencia-ficción, están muy presentes en el recorrido. ¿Tiene que ver con tu formación lectora? ¿En qué medida te ha influido tu padre, el escritor José María Merino?

 – Crecí disfrutando de una extraordinaria biblioteca en la casa de mis padres, donde todos los libros tenían sentido. Allí los cómics y la ciencia ficción eran también importantes. Ese respeto y aprecio por la literatura me ha formado. Además, tener un padre escritor ha permitido que el taller y la reflexión sobre el proceso creativo fueran parte de la conversación cotidiana. Valoro mucho la suerte que he tenido y por eso me preocupo por reivindicar la infancia lectora, y que los maestros tengan todo el apoyo para promocionar la lectura y llevarla a todas las aulas.

– El hecho de que la bondad haga acto de presencia en esta novela y sea el motor que impulse a la acción a muchos de los personajes, no quiere decir que no sucedan acontecimientos de violencia, de destrucción. El bien siempre en oposición al mal. Tenemos la idea de que la oscuridad es siempre más poderosa, pero en ocasiones pequeños gestos de luz son capaces de transformarnos como personas, de transformar el mundo en el que vivimos. ¿Fue esa una de tus motivaciones a la hora de escribir El mapa de los afectos?

– En mi caso no había una motivación consciente. Me interesaba una comunidad de personajes auténticos a la hora de expresar sus emociones y afectos. Afortunadamente en nuestra cotidianeidad sobresale la gente buena. Si viviéramos rodeados de gente mala y miserable nuestra vida sería un infierno y ya nos habríamos extinguido. Ahora, con la crisis sanitaria el espíritu de la vecindad bondadosa es el que ha destacado. No, la oscuridad no es más poderosa, eso hubiera significado que ya no estaríamos en el mundo.

– Muchas de las historias del libro son historias de transformación, de descubrimiento, de crecimiento… Ahí tenemos el capítulo titulado Hacerse viejo, la idea de que la vida es un viaje hacia la mejora personal, hacia la búsqueda de los momentos excepcionales, de las buenas experiencias de la vida.  Por cierto, es un capítulo muy visual, muy poético, con la imagen de las naranjas en la nieve. Pasa lo mismo con El cazador de eclipses.

– He buscado también el efecto de las viñetas y los colores dentro de la novela. Que el lector encontrase espacios de contemplación y reflexión, imágenes poéticas con fuerza gráfica. La vejez en ambos capítulos era parte del entramado y una forma de celebrarla era construyendo plenitud estética. Además, los personajes que salen en esos capítulos han sido amigos. Todos tenemos que enfrentar la vejez y el deterioro de nuestro cuerpo. Yo quería celebrar la vida en todos los instantes. Hay una tendencia a olvidarse de la vejez, como si en la vida solo pudiéramos ser protagonistas desde la efervescencia juvenil. La literatura permite profundizar en la belleza de todos los instantes vividos.

«con la crisis sanitaria el espíritu de la vecindad bondadosa es el que ha destacado. No, la oscuridad no es más poderosa, eso hubiera significado que ya no estaríamos en el mundo».

– EE.UU, los paisajes del mundo rural de Iowa, están muy presentes en la novela… Háblame un poco de esos paisajes, de su influencia.

Cuando me mudé a vivir al Medio Oeste me impresionaron muchísimo los cielos azules, la luna llena, las carreteras rodeadas de sembrados y los bosques con todo tipo de animales escondidos. La pequeñez y la fragilidad que sentía con las tormentas, con las nevadas, con los climas extremos, me hacía reflexionar mucho sobre lo que significaba la vida en ese mundo rural. Todos esos paisajes, a lo largo de los años, me han acompañado, se han transformado en la atmósfera que me rodea. Por un lado, estaba mi añoranza de España y por el otro este paisaje de inmensos sembrados y granjas del Medio Oeste.

– En las sociedades de la productividad, del capitalismo salvaje, vislumbramos la salida de la empatía, de la solidaridad, de la compasión, de los cuidados. El personaje de Rita representa muy bien todos esos valores. Rita y su «talante optimista a prueba de las peores catástrofes. A prueba de infiernos y hundimientos«.

– En las comunidades pequeñas es cuando descubres ese tipo de personajes tan auténticos y necesarios. Rita representa la madurez, la responsabilidad, la capacidad para generar una convivencia empática. Es como un hada madrina de los cuentos, y es un tipo de perfil que suele estar en la vida de todos nosotros. Es como la vecina que nos ayuda, que recoge animales desamparados, que no se asusta de nada porque ya tiene una edad para decir lo que piensa y lo hace de forma natural y saludable. Es alguien que sabe ser feliz, y parte de esa felicidad está en generar alegría a su alrededor.

– El mundo está lleno de Ritas, pero no son noticia. ¿Necesitamos más ejemplos? ¿hasta qué punto crees que la literatura y sobre todo los medios de comunicación son culpables del silenciamiento de la bondad? ¿Por qué las historias de altruismo, de generosidad, de cuidados, ocupan muchísimo menos espacio que las del egoísmo y la codicia? ¿Por qué los grandes modelos de esta sociedad suelen ser personas que se enriquecen a costa de las desigualdades, de la explotación de los demás?

– La cuestión sería preguntarnos por la forma en la que se construyen las noticias. El periodista no dialoga con la literatura o la filosofía, busca acontecimientos recientes que construyan noticias inmediatas y, además, tengan un impacto instantáneo y no nos obliguen a pensar. Las catástrofes y el dolor rompen con la armonía y son noticia. Es la literatura la que desarrolla pensamiento crítico y empático y abre reflexiones y diálogos amplios sobre la humanidad. La literatura tiene un papel clave para conectar percepciones y tratar de comprender los tiempos del presente. Los medios de comunicación no son literatura, y su agenda no se compromete con la inteligencia fraternal. Para sacar conclusiones sobre las temáticas que eligen los medios de comunicación tendríamos que analizar aspectos concretos. Es en el colegio, en los institutos de secundaria, en las bibliotecas, donde la literatura aparece de forma clara y trata de compensar desde el espacio educativo las graves carencias que hay en otros entornos sociales. La existencia de reportajes donde se valoren las formas de la bondad dependen de las agendas de los medios de comunicación. Pero no debemos olvidar que las agendas de esos medios están siendo desarrolladas por personas concretas. Tal vez habría que preguntarles a esas personas por qué no les interesa hablar de la bondad con todos sus matices y posibilidades.

«Es la literatura la que desarrolla pensamiento crítico y empático y abre reflexiones y diálogos amplios sobre la humanidad. Es en el colegio, en los institutos de secundaria, en las bibliotecas, donde la literatura aparece de forma clara y trata de compensar las graves carencias que hay en otros entornos sociales».

– ¿El cultivo de la bondad se aprende? Dios aparece en algunos de los capítulos de esta novela de diversas maneras. ¿La religión sigue siendo hoy un asidero frente a la incertidumbre? 

– El concepto de Dios en la novela se ofrece desde una iconografía muy amplia, porque la espiritualidad de las personas tiene muchas texturas y es fruto de los siglos. Eso también está en la trama: la vemos en la condensación de todos los tiempos que siguen en el presente, o en la imaginación esperanzada que construye una espiritualidad propia, y ayuda a varios personajes a enfrentar el sufrimiento. La idea de la bondad espiritual también es parte de la novela y dialoga con la genealogía judeo-cristiana y las maneras en las que se interpreta.

– ¿La bondad exige más valor y más riesgo, ya que supone muchas veces ir en contra de opiniones generalizadas, se asocia con debilidad y fragilidad y no tiene interés mediático? 

La bondad exige empatía y conciencia colectiva. Exige una inteligencia con sentido de la responsabilidad y generosidad. Ser generoso requiere un esfuerzo porque te obliga a entender que nuestra existencia es brevísima y que somos parte de un todo, y que el sentido del mundo está en los demás, e incluye a los que ya no están y a los que llegarán. Los que se olvidan de los demás ocasionan graves catástrofes. A algunos medios les interesan las catástrofes porque hay sentido de inmediatez trepidante en esas noticias, pero eso no significa que los medios no tengan también una responsabilidad educativa para ayudarnos a pensar y a ser mejores. Los medios deben apoyar la literatura y la cultura, y si lo hicieran de forma constante nuestra sociedad sería más empática.


El mapa de los afectos, de Ana Merino, novela ganadora del Premio Nadal en su edición 2020, ha sido publicada por Destino.

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