Leonard Cohen: “The Partisan”

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Entornos / Un Gramófono Azul /

Por Fidel Oltra © 2016 / 

El pasado 13 de octubre, cuando se dio a conocer el nombre del nuevo Premio Nobel de Literatura, se produjo en el mundo de la cultura un terremoto de magnitud casi desconocida. Jamás, que yo recuerde, el nombre de un premiado había suscitado tanta controversia, tantas furibundas posiciones encontradas, como el de Bob Dylan. Nada de medias tintas ni de opiniones tibias: fuese a favor o en contra, cada dictamen se divulgaba acompañado de certificado de veras veritas. Más allá de la idoneidad o no del premiado, cabe agradecer a la Academia Sueca, al menos, que por una vez el debate cultural haya estado en primer plano de la actualidad y no, como de costumbre, disimulado en las últimas páginas de los periódicos ni constreñido a los ilusorios salones de la élite intelectual.

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En no pocos de esos debates salió a relucir el nombre del también cantautor norteamericano, en este caso canadiense, Leonard Cohen. Fueron bastantes las miradas que se volvieron hacia el genial Québécois, la mayoría para preguntarse por qué Dylan y no Cohen que, al fin y al cabo, fue poeta y novelista muchos años antes de dedicarse a la música. Su primer disco, Songs Of Leonard Cohen, apareció en 1967, mientras que sus primeros poemas publicados se remontan a 1954. Desde entonces, sobre todo en la primera mitad de los 60, Cohen estuvo escribiendo tanto poesía como novelas, además de las letras de muchas de las canciones que verían la luz en sus primeros discos. Puestos a darle el Nobel a un músico, decían muchos, ¿por qué no Cohen? Lamentablemente el canadiense falleció el pasado mes de noviembre, con lo que, salvo reconocimiento póstumo, su candidatura queda irremediablemente descartada.

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Curiosamente, a pesar de la enorme cantidad de canciones que escribió Cohen, una de las que en primer lugar me llamaron la atención, y también una de las que todavía ahora más me estremecen de toda su obra, es una versión. Algo raro, dada la escasa disposición del autor a cantar canciones que no fueran suyas con algunas excepciones, siempre temas populares o poemas. Una de las más conocidas es Take this waltz, la adaptación musical que escribió para su disco I’m your man (1988) del poema Pequeño vals vienés de Federico García Lorca. No es, sin embargo, esa fenomenal traslación del poeta granadino la que quiero traer aquí, sino una canción aparecida en su segundo álbum, Songs of a Room (1969). Una canción extraña y desconcertante, sin cambios de ritmo, sin estribillos y sin apenas instrumentación, llamada The partisan.

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Según cuenta Ira B. Nadel en su libro Various Positions, A Life of Leonard Cohen, el canadiense entró en contacto con el folk de conciencia social y política en 1950, durante su estancia en un campamento de verano judío. Un amigo le pasó una copia de The People’s Songbook, un libro que recopilaba canciones de protesta y reivindicación de todo el mundo, desde España (allí aparecía Viva la quince brigada, histórico himno de las Brigadas Internacionales) hasta China, Alemania o Israel. También había en aquel libro canciones de la Resistencia francesa, una de las cuales se llamaba La complainte du partisan, compuesta en 1943 por Emmanuel d’Astier de la Vigerie y Anna Marly. El primero, autor de la letra, había sido combatiente de la Resistencia bajo el alias de “Bernard” y, tras la liberación de Francia, Ministro del Interior del gobierno provisional. Por su parte, Anna Marly había nacido en una familia noble de Rusia en 1917, trasladándose a Francia a muy temprana edad después de que su padre muriese, fuese asesinado, tras la Revolución de Octubre. Anna compuso la música de aquella canción, igual que hizo con Chant des Partisans, otra variación sobre el mismo tema más conocido hasta el punto de convertirse en himno oficioso de la Resistencia y llegar a ser propuesto como himno oficial de Francia tras la guerra. La complainte du partisan era la típica canción folk de lucha que desprendía cierta marcialidad y épica propagandística muy propia de aquella convulsa época, pero que también resultaba tremendamente poética y retrataba a la perfección la odisea, el sufrimiento, la incertidumbre y la generosidad (“la libertad volverá, y nosotros regresaremos a las sombras”) de muchos de aquellos combatientes por la libertad.

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Portada del libro “The People’s Songbook” que contiene la canción “Song of the French Partisan”. Edición de 1948. Boni & Gaer ed.

No fue, de todos modos, Cohen quien adaptó la letra de La complainte du partisan al inglés. La versión inglesa es obra del compositor Hy Zaret, un letrista del Tin Pan Alley cuyo mayor éxito fue firmar la famosa Unchained melody a medias con Alex North. La adaptación de Zaret, con algún cambio posterior, fue la que Cohen interpretó ante Bob Johnston, el productor a sueldo de Columbia que se encargó de darle brillo a Songs of a Room. Un brillo que, al escuchar The partisan, consideró innecesario: tal como salía de su guitarra, desnuda, cruda, desoladora, era perfecta. La única licencia que Johnston se permitió fue desplazarse a Francia (¡nada menos!) para grabar a un trío de cantantes francesas que hicieran coros e interpretaran una parte de la canción en francés, con la letra original.

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“Anna Marly, Troubadour de la Resistance”

El resultado es fantasmal, mágico. Imposible no sentir escalofríos al escuchar la canción (y leer la letra), una letanía cadenciosa como un pelotón de combatientes arrastrando sus pies cansados por el barro pero con la cabeza alta.

The partisan es, a la vez, un llamamiento a luchar por la libertad y un lamento. Es un canto de orgullo, de resistencia, y en la descarnada versión de Cohen es también una plegaria, una súplica para que, si alguien está escuchando, disponga que no vuelva a suceder una catástrofe como aquella y que la lucha por las libertades, aunque todavía necesaria, pueda realizarse en cualquier parte del mundo de manera pacífica.

 

COMPLAINTE DU PARTISAN

Les Allemands étaient chez moi
On m’a dit résigne toi
Mais je n’ai pas pu
Et j’ai repris mon arme.

Personne ne m’a demandé
D’où je viens et où je vais
Vous qui le savez
Effacez mon passage.

J’ai changé cent fois de nom
J’ai perdu femme et enfants
Mais j’ai tant d’amis
Et j’ai la France entière.

Un vieil homme dans un grenier
Pour la nuit nous a cachés
L¹ennemi l’a su (Les Allemands l’ont pris)
Il est mort sans surprise.

Hier encore nous étions trois
Il ne reste plus que moi
Et je tourne en rond
Dans la prison des frontières.

Le vent souffle sur les tombes
La liberté reviendra
On nous oubliera
Nous rentrerons dans l’ombre

Paroles : Emmanuel d’Astier de La Vigerie dit “Bernard”. Musique : Anna Marly. écrit en 1943, à Londres.

THE PARTISAN

When they poured across the border
I was cautioned to surrender
This I could not do
I took my gun and vanished.

I have changed my name so often
I’ve lost my wife and children
But I have many friends
And some of them are with me

An old woman gave us shelter
Kept us hidden in the garret
Then the soldiers came
She died without a whisper.

There were three of us this morning
I’m the only one this evening
But I must go on
The frontiers are my prison.

Oh, the wind, the wind is blowing
Through the graves the wind is blowing
Freedom soon will come
Then we’ll come from the shadows.

Les Allemands étaient chez moi
Ils me dirent “résigne toi”
Mais je n’ai pas pu
J’ai repris mon arme.

J’ai changé cent fois de nom
J’ai perdu femme et enfants
Mais j’ai tant d’amis
J’ai la France entiere.

Un vieil homme dans un grenier
Pour la nuit nous a cachés
Les Allemands l’ont pris
Il est mort sans surprise.

Oh, the wind, the wind is blowing
Through the graves the wind is blowing
Freedom soon will come
Then we’ll come from the shadows.

Paroles : Hy Zaret, adapté d¹Emmanuel d¹Astier de la Vigerie (a.k.a. “Bernard”). Musique : Anna Marly

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