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Hablaba en la entrega anterior de este «Gramófono Azul» del Post Punk, ese género, o crisol de estilos muy diferentes, que se desarrolló a partir del Punk. Son muchos los grupos que se formaron más o menos alrededor de 1977, en plena eclosión del Punk, con formaciones como Sex Pistols marcando las modas y los tiempos, y que después fueron evolucionando en distintas direcciones. De allí salieron nuevos géneros como la New Wave o el ya mencionado Post Punk con todas sus ramificaciones, incluso efímeros estilos como los llamados New Romantics. Todo muy diverso, como puede verse, con bandas tan distintas entre sí como PIL, Talking Heads, Joy Division o The Cure.
Entre la catarata de nombres que nos dieron aquellos años hay uno que destacaba por su originalidad y personalidad: The Psychedelic Furs. El hecho de que escogieran la palabra “psicodelia” para su nombre, en una época marcada por el rechazo a los adornos y excesos de los 60, da a entender que no iban a ser del montón ni se iban a dejar arrastrar por la corriente mayoritaria. Donde sus compañeros querían romper con todo lo anterior, ellos no ocultaban su admiración por Bowie, Velvet Underground o Roxy Music. Referentes bastante aceptables para el Punk, todo hay que decirlo.
El grupo se formó en 1977 alrededor de los hermanos Butler: Richard (voz) y Tim (bajo). Junto a ellos en un primer momento estuvieron Duncan Kilburn (saxo), Paul Wilson (batería) y Roger Morris (guitarra). Por entonces todavía no tenían un nombre fijo: empezaron llamándose RKO, que luego convirtieron en Radio y más tarde en The Europeans. Durante un tiempo dudaron entre este último nombre y The Psychedelic Furs hasta que se quedaron definitivamente con esta última opción. Aquello coincidió con varios cambios, siendo reemplazado Paul Wilson por Vince Ely y añadiendo a la formación un segundo guitarrista, John Ashton.

En 1979 la banda entró a grabar su primer álbum, un disco homónimo que produjo Steve Lillywhite. Aunque entonces no había alcanzado la fama que logró a lo largo de los 80, Steve tenía ya bastante experiencia y había participado en grabaciones exitosas de Siouxsie and the Banshees y del injustamente olvidado grupo XTC. Algo de esas influencias se filtró en ese primer trabajo de The Psychedelic Furs, con canciones como India o Sister Europe, marcadas por la abrasiva voz de Richard Butler y por un tono oscuro que jugaba con las atmósferas y las texturas.
Podían resultar densos y pausados en ocasiones, y levantar todo un muro de sonido con las dos guitarras y el saxo en otros momentos. Era el sonido de un grupo buscando su propio camino, y ya entonces llamaban la atención entre otras propuestas similares. Steve Lillywhite, que los había visto en directo, quiso replicar en el estudio la poderosa energía que emanaban en vivo. Lo consiguió a medias, pero este primer álbum queda como uno de los hitos musicales de un 1980 que abría las puertas a una nueva década que se presentaba ecléctica y mágica. Las letras de Richard Butler resultaban tan ácidas y perturbadoras como su música.
Una de las curiosidades de posteriores reediciones del primer álbum de The Psychedelic Furs es la presencia de una desquiciada versión del clásico Mack the Knife, canción de los años 20 del pasado siglo popularizada por mitos como Ella Fitzgerald o Frank Sinatra. Es curioso que un movimiento tan rompedor, subversivo y reñido con la tradición como el Punk mostrara esa atracción, fuese en tono de burla o no, por las canciones de Sinatra: recordemos que Sid Vicious hizo una no menos enloquecida versión de My way, otro de los grandes éxitos del crooner de Hoboken.
Por cierto, los propios Furs en la canción We love you, de este disco, afirmaban estar “enamorados de Frank Sinatra”. También de Sofía Loren, Brigitte Bardot o The Supremes, aunque ya sabemos que hay que poner en cuarentena todo lo que Butler contaba en sus sarcásticas letras. Otra curiosidad: en Wedding song escuchamos a Richard Butler, entre carrasposos aullidos casi ininteligibles, hacer algo parecido a rapear. Recordemos que es 1980 todavía, así que estamos seguramente ante el primer rapeo de un artista blanco (junto a Rapture de Blondie, publicada ese mismo año) en un disco de Pop Rock.

La misma formación, un sexteto, grabó el segundo disco de la banda: Talk Talk Talk. Publicado en 1981, el disco nos presenta a unos Psychedelic Furs algo menos oscuros y más pop. Si en su debut querían recrear la crudeza de sus directos, aquí aprovecharon más las posibilidades del estudio y de la producción. En este disco está la primera versión de Pretty in pink, su canción más comercial hasta la fecha, aunque su gran explosión se produjo años después, cuando la volvieron a grabar para la banda sonora de la película de John Hughes del mismo título (La Chica de Rosa en España). Otras canciones destacadas de su segundo álbum son Dumb waiters, con su sonido arrastrado y una voz frenética, y Mr. Jones, con un ritmo pegadizo que por momentos recuerda al del Glam Rock. También merece ser citada el polémico tema, por su letra un tanto sexista, Into you like a train. Esa es otra de las características reseñables del álbum, junto a un sonido denso pero melódico: unas letras ácidas que se mueven entre la provocación y el nihilismo.
1982 fue un año de muchos cambios en el grupo. Tras algunas convulsiones internas, Morris y Kilburn abandonaron The Psychedelic Furs. La banda decidió continuar adelante sin buscarles sustitutos, así que quedó reducida a cuarteto. Su sonido denso, profundo y crudo pero también sofisticado, corría peligro de resentirse. Para intentar darle una vuelta de tuerca, se trasladaron a los Estados Unidos buscando nuevas estrategias para su futuro disco. Además Talk Talk Talk había funcionado bastante bien allá, y el nombre del grupo empezaba a ser conocido.
Una vez en los USA entraron en contacto con Todd Rundgren, que entonces era un de los productores de moda. Rundgren había destacado como artista tanto con sus grupos Nazz (en los 60) y Utopia (en los 70 y los 80) como en solitario, con discos como Something/Anything? (1972) y A Wizard, a True Star (1973) que le dieron fama de imaginativo y concienzudo conocedor del estudio de grabación. Sus ideas novedosas y su talento los trasladó a su faceta de productor con discos como Straight Up de Badfinger, el debut homónimo de los New York Dolls o el épico Bat Out of Hell de Meat Loaf. Su apuesta por la innovación y la experimentación, sin despreciar la comercialidad, era del gusto del grupo, así que grabaron con él su tercer álbum, Forever Now (1982).

La jugada les salió bien. Aunque los seguidores más punk de su primera etapa añoraban el sonido crudo y menos trabajado de discos anteriores, Forever Now es considerado por muchos como la cima creativa del grupo. Más luminoso y pop, aumentando el protagonismo de los teclados y suavizando las guitarras, el disco cuenta sin embargo con algunos matices de producción que lo hacen interesante y atractivo. El tema titular, que además abre el disco, nos presenta a unos Furs renovados, exultantes, menos intensos y con un sonido más limpio. El primer sencillo fue Love my way, uno de sus grandes éxitos y el mejor ejemplo del nuevo camino emprendido por el grupo. Es necesario mencionar también una canción como President Gas favorita de los seguidores de la banda y su primera incursión en temas políticos. La progresiva sofisticación de su sonido queda de manifiesto en Sleep comes down, una canción que destaca por un ritmo y unas texturas diferentes, raras en el repertorio del grupo hasta ese momento.
Aunque en canciones como Goodbye parecen recuperar algunos rescoldos de su estilo inicial, con Forever Now redefinen el Post Punk como un género donde, además de la experimentación, tenían cabida también la comercialidad, el romanticismo y la melancolía. No sería exagerado decir que con este disco The Psychedelic Furs abrieron una puerta por la que se colarían grupos que, aunque ya estaban en activo, alcanzarían su pico de fama en años posteriores; entre ellos podríamos mencionar a Simple Minds o U2. Y buena parte de culpa la tuvo Todd Rundgren, aunque en un primer momento se le criticara por una supuesta domesticación de la personalidad sonora del grupo.

En 1983 el grupo volvió a sufrir cambios. El principal, la salida del batería Vince Ely. En unos meses el sexteto inicial había quedado reducido a un trío formado por los hermanos Butler y el guitarrista John Ashton. Nuevamente decidieron no incorporar nuevos miembros al grupo, optando por músicos de sesión o incluso algún colaborador más habitual para completar su sonido. Recuperada la estabilidad, grabaron su cuarto disco, Mirror Moves, entre finales de 1983 y principios de 1984.
Un disco que genera debates, puesto que por una parte les consolidó en un puesto privilegiado en el aspecto comercial, con varios singles de éxito, y por otro lado les muestra ya como adscritos abiertamente al pop y sin apenas concesiones al riesgo que mostraban en sus primeros trabajos. Claro que, para quienes gusten del sonido oscuro, pero a la vez cristalino más característico de los 80, es difícil ponerle pegas a un conjunto de canciones donde brillan piezas como The ghost in you, Heaven, Heartbeat o My time, sin desmerecer otras canciones como la hipnótica Here come cowboys, especialmente pensada para triunfar en los Estados Unidos. O ese cierre más oscuro y sofisticado con Highwire days, canción menos conocida, pero que a la postre resulta ser una de las más estimulantes.
La incorporación como saxofonista de Mars Williams despierta recuerdos de su primera etapa, aunque es cierto que el estilo de Williams es muy diferente, más ortodoxo. En cualquier caso, su saxo brilla en canciones como la mencionada Heartbeat. En la batería estaba Keith Forsey, quien también produjo el disco aportando su experiencia en el dominio de las nuevas tecnologías de grabación. El resultado es un trabajo donde apenas hay asperezas y todo suena limpio y ordenado. The Psychedelic Furs habían conseguido el éxito popular a la vez que sonaban en emisoras alternativas y en las radios universitarias. Un equilibrio difícil de mantener entre comercialidad y prestigio que pronto saltaría por los aires.

En 1986 se regrabó Pretty in pink para la banda sonora de la película del mismo nombre. Por supuesto publicaron la canción como single, consiguiendo su mayor éxito a ambos lados del Atlántico. Según han contado posteriormente los miembros del grupo, aquello les presionó a entrar inmediatamente al estudio y grabar un disco con el que aprovechar el buen momento. El nuevo álbum se tituló Midnight to Midnight, salió a principios de 1987 y estuvo a punto de llegar al top 10 en el Reino Unido. Impulsado por la repercusión de Pretty in pink, también triunfó en España o en los Estados Unidos.
Sin embargo el álbum es recordado de manera bastante unánime como un paso en falso, incluso por los propios miembros del grupo. El mismo Richard Butler confiesa ponerse enfermo cuando recuerda la grabación del disco, o aquella foto de portada con la que nunca llegó a identificarse. Habían alcanzado un estatus que, aunque deseado, les resultaba incómodo. Actuaciones en escenarios móviles, poses forzadas, ropas de moda… En lo musical, Midnight to Midnight es un disco que adolece de los peores defectos de los 80, con una producción excesiva y canciones que se elaboraron teniendo demasiado presente el gusto norteamericano y las radios comerciales. Incluso así, destellos de grandeza aparecen con cuentagotas, sobre todo en la grandiosa (en todos los sentidos) Heartbreak beat, en Shadow in my heart o en la más contenida Angels don’t cry Dicho todo esto, estamos ante el pico comercial de la banda, así que en 1988 sacaron su primer recopilatorio, All of This and Nothing. Un conjunto que recogía algunas de sus mejores canciones (no todas, como bien se encargó de recordar la crítica en su momento), además de un tema nuevo, el titulado All that money wants.

Midnight to Midnight había dejado una sensación agridulce, incluso más agria que dulce, en el seno del grupo. Parecía claro que el precio pagado por el éxito masivo había sido demasiado alto en el aspecto artístico. Tanto fue así que para su siguiente trabajo decidieron renunciar a todo lo que habían conseguido y volver a sus orígenes. En Book of Days (1989) apenas queda rastro alguno de la grandilocuencia ni de la épica de sus últimos discos, volviendo el sonido más crudo y las atmósferas más densas. Además se produjo el regreso del batería Vince Ely, así que la recuperación del cuarteto que podríamos definir como clásico, aunque solo había grabado dos de sus cinco discos anteriores, contribuyó a recuperar un ambiente propicio para volver a los viejos tiempos.
Aquí el grupo le dio la vuelta a la tortilla, coproduciendo el disco junto a David M. Allen, eliminando los arreglos efectistas (el saxo fue el gran damnificado) y recuperando en parte a los seguidores de su primera etapa. Además, más importante todavía, recobraron también la credibilidad en ellos mismos. A cambio, sacrificaron el éxito comercial. De hecho en su siguiente recopilatorio de 1991, The Collection, no aparece ninguna canción de este disco. No obstante, temas como Shine, Entertain me o House no merecen caer en el olvido.
Un camino similar siguieron con World Outside, de 1991, disco con el que The Psychedelic Furs se despidieron de la publicación de álbumes de estudio durante casi 30 años. Su último trabajo del siglo XX sigue la senda del anterior, siendo un disco más de atmósferas y detalles que de grandes éxitos aunque contenga maravillas como Until she comes. La formación había recuperado el aprecio de la crítica al tiempo que desaparecía silenciosamente de las listas de éxitos. Un retorno a sonidos menos vistosos y a esa tierna melancolía que desprendían en sus inicios, además con la voz de Richard Butler menos cáustica, más acogedora. En temas como Get a room sorprenden volviendo a una especie de art rock nada pretencioso y alejado de los canales comerciales. En esas canciones que pasaron casi desapercibidas, The Psychedelic Furs demuestran que su talento para las melodías, las atmósferas emotivas y las texturas originales seguía intacto. Habían tomado nota de sus resbalones anteriores, pero sobre todo habían tomado nota de que no todo valía para alcanzar el éxito.

Llegó el momento de tomarse un descanso, durante el que los hermanos Butler fundaron el proyecto paralelo Love Split Love y el mercado se inundó de recopilatorios de un grupo al que muchos daban ya por desaparecido. Sin embargo en el año 2000 Richard Butler, Tim Butler y John Ashton volvieron a juntarse para una gira que dio como fruto un álbum en directo. Desde entonces han seguido actuando en vivo, recuperando sus grandes éxitos como no podía ser de otra forma. En ocasiones, de manera algo decepcionante, como cuando tuve la suerte de verlos en el FIB de 2009. Me pareció que volvían a caer en los mismos errores de mediados de los 80, con el saxo de Mars Williams, recientemente reingresado en el grupo, que prácticamente copaba todo el protagonismo de las canciones. En cualquier caso es lógico que le dieran a su público lo que este quería escuchar de forma mayoritaria.
De manera sorprendente, The Psychedelic Furs volvieron al estudio y grabaron un nuevo disco que, tras un pequeño retraso por la pandemia, vio la luz en el verano de 2020. Titulado Made of Rain, contaba con alguna composición en la que había participado John Ashton, aunque el guitarrista no figuraba ya como miembro oficial del grupo. El disco fue muy bien recibido por la crítica, resaltando el excelente estado de forma de la banda y unas canciones que, en general, mostraban lo mejor de todas las caras del grupo.
Wrong train es una excelente actualización de su sonido clásico, la lucha entre la tensión y la melodía está en perfecto equilibrio y la voz de Butler está en buenísima forma. No-one es otra de las grandes canciones del disco, así como Don’t believe o The boy that invented rock & roll, esta última con un llamativo estilo narrativo y unos efectos electrónicos que le dan a la canción un aire misterioso. Un retorno por todo lo alto que no cae en la tentación de recuperar sus días de llenar estadios sino que, al contrario, apuesta por una continuidad respecto a sus dos últimos discos, ofreciendo esa combinación entre melancolía y agresividad en la que el grupo destacaba tanto o más que cuando se adentraba en terrenos más épicos y sobreactuados.

The Psychedelic Furs no ha vuelto a grabar ningún disco desde 2020, pero sigue girando y ofreciendo a sus seguidores la oportunidad de escuchar sus grandes canciones en directo. Eso sí, sin Mars Williams, fallecido en 2023. Los hermanos Butler son conscientes de su posición como adalides de un estilo que ha influido en grupos potentes del siglo XXI como The Killers o Interpol, y en general en toda la nueva camada de bandas que beben del Post Punk de los 80. Veremos qué nos depara el futuro, si el grupo tiene todavía más cosas que decir o simplemente se dedicará a recordar, y esperamos que respetar, su legado pasado.









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