Emma Rodríguez © 2025 /
Cuentos extraños, desasosegantes, visionarios, los que componen El comienzo del paraíso del escritor boliviano Edmundo Paz Soldán. “Si lo ocurrido no se puede explicar, utiliza tu imaginación”, leemos en el titulado La reserva del puma, sugerente relato en el que se intentan buscar respuestas a la misteriosa desaparición de dos jóvenes turistas en medio de una intrincada selva donde están teniendo lugar inquietantes procesos de cambio en lo que respecta a las especies que la habitan. Tomo esta frase para referirme a la totalidad de este libro en el que el autor mira a larga distancia, partiendo de lo que ya estamos observando, viviendo –la devastación del planeta debido a la acción humana– para trazar historias que se convierten en suposiciones de lo que podría llegar a suceder en un futuro tal vez no muy lejano.
Bastan nueve narraciones, nueve situaciones en forma de destinos, de caminos atravesados de senderos que se cruzan, para que acabemos preguntándonos qué momento de la historia estamos viviendo realmente, qué está en juego, hacia dónde nos dirigimos, que se puede ocultar detrás de los brillos y las sombras de la Inteligencia Artificial, de tantos adelantos tecnológicos que nos apabullan, que nos sorprenden con sus avances al mismo tiempo que nos atemorizan por lo mucho que desconocemos de sus posibles usos. Todo está abierto en estos tiempos que vivimos, en los que percibimos que los ejes de la humanidad se están resquebrajando, que algo desconocido está a punto de nacer, sin que seamos capaces de identificar el mapa, los paisajes por venir. Científicos, filósofos, historiadores, están en ello, intentando encontrar pistas, señales, del rumbo del mañana, y en medio de todos ellos está la luz que proporciona la literatura, la ficción, con todo el campo libre para la invención, sin ataduras a la hora de levantar otros horizontes, mundos posibles.
Bastan nueve narraciones para que nos preguntemos qué momento de la historia estamos viviendo, hacia dónde nos dirigimos, que se oculta tras los brillos y las sombras de la Inteligencia Artificial.
Ahí es donde se sitúa Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967), profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell, con una amplia obra a sus espaldas (once novelas y no pocos volúmenes de relatos), galardonada con premios como el Juan Rulfo de cuento y el Nacional de Novela en su país. Es en el océano de la incertidumbre, de lo inquietante, donde bucea, donde coloca a sus personajes, tantas veces perplejos, en fase de descubrimiento. Es hacia ese lugar, fruto de la invención, pero anclado en datos, en imágenes, en circunstancias que nos resultan familiares, porque ya están acaeciendo, hacia el que nos dirige, en un trayecto que se va armando con un sentido de unidad, haciéndose más atrayente a medida que avanzamos y vamos experimentando sensaciones diversas: desasosiego, curiosidad, temor, rechazo, resignación hacia el imparable devenir evolutivo, ciertas dosis de ternura, comprensión, empatía…
Reconozco que al comienzo de la lectura me dio la impresión de estar atravesando un páramo árido, frío, que despertaba mi atención sin llegar a conmoverme, circunstancia que varió al llegar al cuarto relato, Soy una tortuga, donde percibí la calidez, la proximidad, del personaje central, una veterinaria muda que se comunica gracias a “un chip implantado en la superficie del cerebro”. Me ganó su amor a los animales, su intento por comprender y proteger al gigante ejemplar de tortuga que aparece en su entorno y que tiene la particularidad de que todo se le pega: líquenes, peces, gatos, todo adherido a ella en formaciones extrañas, como si un nuevo animal estuviera empezando a emerger.

Los sentimientos, los conflictos, las complejidades humanas, asoman especialmente en esta narración y en las que la siguen. Todos los relatos de El comienzo del paraíso están atravesados por la ciencia ficción. Muchos de los temas, de las encrucijadas que plantea, ya están presentes en las grandes obras del género: las mutaciones, los robots, la búsqueda de salidas ante la contaminación, la extinción humana... Es la manera en la que se cuentan, en la que se exponen, lo que nos atrapa: el cruce de miradas, de voces, de de argumentos, de tramas que se enredan unas con otras.
Los puntos de arranque son reconocibles, pero a partir de ahí los hechos se desatan y las vidas humanas se truncan, toman rumbos imprevisibles. El autor se maneja bien en el terreno de lo probable, del enigma. Llegada a este punto, recuerdo una entrevista reciente con otro autor, Juan Jacinto Muñoz-Rengel que también lanza la mirada lejos en su novela La transmigración, donde imagina el fin de nuestro mundo debido a un fenómeno extraordinario, inexplicable, que hace que de un día para otro las personas se encuentren en cuerpos que no son los suyos, debiendo adaptarse a hechos y circunstancias extremas.
“Vivimos en un mundo donde todo cambia y todo es volátil (…) Nadie entiende lo que ocurre (…) todo va cada vez más rápido. Por eso los escritores especulativos o de anticipación ahora estamos casi en el mismo sitio que los realistas, sin habernos movido un solo paso. En solo una década, acumulamos más cambios globales drásticos que antes a lo largo de miles de años. Por eso, de repente, tenemos la impresión de que la distopía ya está aquí, de que estamos viviendo a los pies del futuro…”, señala Muñoz-Rengel, y a partir de sus palabras, me atrevo a trazar un punto de afinidad con las búsquedas de Edmundo Paz Soldán, quien en la nota informativa proporcionada por la editorial Páginas de Espuma dice ser consciente del gran interés que existe en la literatura por “narrar el cambio climático, el desastre ambiental”, citando a autores hispanoamericanos como Fernanda Trías, Joca Reiners Terron, Verónica Gerber…, dejando claro que, en su caso, lo que le interesa es atrapar la complejidad de las situaciones, para nada lanzar mensajes facilones, pedagógicos.
Paz soldán es consciente del gran interés que existe en la literatura por “narrar el cambio climático, el desastre ambiental”, dejando claro que a él lo que le interesa es atrapar la complejidad de las situaciones, para nada lanzar mensajes facilones, pedagógicos.
Sin duda, los relatos de este libro cuyas páginas voy pasando en busca de impresiones, de subrayados e ideas que he ido anotando en sus márgenes y páginas en blanco, participan de esa convicción expresada por el escritor. Empecé este artículo refiriéndome a uno de ellos, La reserva del puma, quinto del recorrido y el que da título al conjunto, pues El comienzo del paraíso es el nombre de un memorial que se encuentra en un parque/reserva protegida en la zona de la selva del norte de la ciudad de La Paz, cerca de Villa Esperanza, donde se desarrolla la historia. El mismo tiene como fin la celebración “de las plantas y animales recuperados o descubiertos en el planeta desde su inauguración”, poniendo el “énfasis en la conservación y restauración ecológica”, en un “intento de alejarse de tanto pesimismo ambiental”.
Los visitantes anotan en una pantalla sus experiencias, caso de Katja y Lina, quienes, antes de su desaparición, escribieron sobre la reaparición de las libélulas y el mayor brillo de las luciérnagas en los jardines daneses de sus infancias. Es uno de mis cuentos favoritos. Está lleno de senderos, de interpretaciones sobre la misteriosa pérdida de las jóvenes mientras paseaban por el parque, seguramente al internarse en la parte más oscura de la selva. Tiene un sesgo detectivesco, alude a teorías conspiratorias, desarrolla, a través del personaje de Nekane y su podcast, leyendas de horror que se vuelven virales en Internet y que atañen a curiosas especies como el gigante “árbol estrangulador”, denominado así porque asfixia a la gente con sus innumerables brazos.

Nekane no es la única que quiere descubrir lo sucedido. A ella se unen una periodista danesa que intenta añadir racionalidad a los hechos y un criminólogo paceño que apuesta por la tesis de un asesinato. Todo queda abierto, se cierra con un enigmático susurro. Una de las características de este libro es su capacidad para sugerir, para lanzar señales de transformaciones que pueden estar cerca. La simbiosis entre especies, que también incluye a los humanos, está presente en el asfixiante cuento que abre el trayecto, El increíble hombre del pantano, donde un piloto cae en un territorio vegetal, hecho de algas, de microorganismos, que lo acaba absorbiendo (“Todo tomado, también su conciencia. Quedaban rastros de una confusa inteligencia con una vaga sensación de sí misma, intentando entender ese nuevo mundo que lo rodeaba”).
En La reserva del puma hay otra especie que llama la atención, el “árbol plástico”, que se llama así por la absorción de microplásticos en sus raíces, haciendo que sus hojas y ramas adquieran una textura sintética. Las mutaciones de los árboles, igual que las de los animales, están presentes en gran parte de las historias y tienen que ver con los cambios del clima, con los desastres naturales, como incendios e inundaciones, cada vez más frecuentes. “Es el clima (…) los veranos son cada vez más largos, la humedad se ha puesto insoportable, las lluvias no paran. Desaparecen especies, pero también es natural que aparezcan otras. O que las hay que se adapten a los cambios”, dice uno de los personajes de Sideral, donde se habla de “entender el universo como una red de interconexiones” y se desarrolla un nada agradable proceso de mutación hacia una nueva especie.
Las mutaciones de los árboles, igual que las de los animales, están presentes en gran parte de las historias y tienen que ver con los cambios del clima, con los desastres naturales, como incendios e inundaciones, cada vez más frecuentes.
Pienso que, en cierto modo, Edmundo Paz Soldán saca a la luz pesadillas y miedos colectivos, tal vez encerrados en el subconsciente. En La madre, relato sobre una especie de secta que opera en la semiclandestinidad y que promete vidas sanas a través de tratamientos de purificación con plantas, se habla de la obsesión por la juventud, de “desacelerar el proceso de envejecimiento de nuestras células”. Y también del temor a las enfermedades y de la expansión del miedo como mecanismo de control.
En Mi problema con los fantasmas, otra de las narraciones que más me gustan, acaece una sucesión de incendios que enloquece, o conduce a un estado de metamorfosis, a algunos de los protagonistas. De nuevo se cruzan distintos senderos en este cuento que nos lleva hasta los tiempos de la fiebre del oro en Estados Unidos y que nos habla de la lengua andina del “aymará”. Me atrapa la figura del hombre que acoge a los fantasmas de quienes han perdido la vida en los incendios, que se convierte en refugio para ellos, incluyendo al búho manchado que se posó un día en su jardín; así como la del sacerdote que se convierte en exorcista. Es un cuento sobre extrañas historias de fantasmas que nos hace reflexionar sobre los extraños tiempos que vivimos.
El relato está muy conectado con el siguiente, Animales de la península, donde el tema de la pérdida, de la desaparición, presente en todo el recorrido, se convierte en central, a través de las historias de ciervos enfermos, de lobos que acompañan y cuidan a los peregrinos, sin ser salvados por ello de la persecución de avariciosos cazadores. El destino de muchas especies es acabar embalsamadas en los museos, revividas a través de simulaciones de Inteligencia Artificial.
Un fin que podría ser el mismo para los humanos, como se apunta en Aire, el cuento final, donde se desarrolla una trama que desde siempre ha interesado a la ciencia ficción, la imposibilidad de sobrevivir en un planeta contaminado, la búsqueda de alternativas y la evolución hacia un mundo automatizado en el que las máquinas, los robots, acaban reinando. “Quienes nos crearon decidieron que en ciertas cosas no debíamos imitar a los humanos: “fuimos hechos a su imagen y semejanza”, dice el texto sagrado, “pero con cada nueva versión nos hemos ido alejando de ellos. Amemos a nuestros antepasados, pero sepamos ser otros”, me detengo en este párrafo.

En la nota final de agradecimientos, Paz Soldán da cuenta del origen de las narraciones, de sus referencias y guiños. Se refiere a noticias que inspiraron algunas de ellas; cita la influencia de autores como Bora Chung, Stephen King, Jonas Eika, Alberto Rangel, Brad Fox, James Hatley, Brian Evenson, Ursula K. Le Guin, Olga Ravn… Pienso en los caminos de la creación que se conectan, que se nutren unos a otros, y en la capacidad visionaria de la ficción.
Yo también he encontrado conexiones mientras leía estos relatos. Las atmósferas de algunos de ellos, caso de El increíble hombre del pantano, me recordaron la lectura de hace algún tiempo de una curiosa novela del autor portugués Manuel Bivar, La charca, publicada en castellano por la editorial De Conatus, que fue saludada como todo un descubrimiento en su país y que en España pasó bastante desapercibida.
En esta historia irreverente, gamberra por momentos, que juega a la idea del cambio que se está desarrollando en la naturaleza que conocemos, a través de la historia de un hombre que huye de la urbe y se enfrenta a la vida salvaje, casi metamorfoseado en animal en medio de los entornos más inhóspita, he encontrado puntos de conexión con los cuentos de El comienzo del paraíso, que también me ha hecho recobrar escenas de la serie estadounidense Silo (de momento dos temporadas), particularmente el último de los relatos del libro, Aire, donde la contaminación afecta incluso a los robots. Basada en la saga de novelas Crónicas de Silo, del autor norteamericano Hugh Howey, tiene lugar en un futuro distópico en el que la contaminación del aire obliga a las comunidades humanas a refugiarse en ciudades subterráneas, ajenas al desarrollo de su historia anterior.
Término este artículo con las imágenes etéreas de algunas fotografías y videocreaciones de la creadora madrileña Isabel Muñoz en las que, a través de la enigmática danza de bailarines bajo el agua, enredados en plásticos, denuncia la catástrofe medioambiental en marcha, la fatal presencia de este elemento cuyos componentes, según estudios recientes, se han encontrado ya no solo en el pescado que consumimos sino incluso en el feto humano. Paz Soldán habla de futuros poco alentadores o, si lo preferimos, de adaptación, de supervivencia. Las señales ya están aquí.

El comienzo del paraíso ha sido publicado por la editorial Páginas de Espuma.









Deja un comentario