Fidel Oltra © 2025 /

En el último Gramófono dejamos a Depeche Mode en lo que parecía ser la cumbre de su carrera, situados entre las más reconocidas bandas del mundo. En menos de diez años habían publicado seis discos a cada cual mejor, un recopilatorio imbatible (The Singles 81>85) y un directo excitante y maravilloso, 101. Sin embargo los 80 llegaban a su fin, se abrían nuevas puertas y se cerraban otras. Estábamos en unos años bisagra que iban a dar paso a una nueva vuelta de tuerca, un regreso al rock sucio, el fin del hedonismo y la sustitución de los sintetizadores (más o menos, tampoco exageremos) por las guitarras. Todo ello pintaba en contra de los de Basildon, que habían llegado a un punto desde el que parecía que ya solo podían ir cuesta abajo. 

Sin embargo, no fue así. En el verano de 1989 Depeche Mode y el productor de referencia del sello Mute, Mark Ellis (conocido como Flood), unieron fuerzas para trabajar en un nuevo álbum. Flood venía de ejercer como ingeniero en el aclamado The Joshua Tree de U2 y también había producido a Erasure -grupo en el que no olvidemos que estaba Vince Clarke– así como a Nine Inch Nails en su aclamado Pretty Hate Machine. Buenos mimbres para conseguir un digno sucesor a sus trabajos anteriores. Y no solo fue digno: el lanzamiento de los dos primeros sencillos, Personal Jesus y Enjoy the silence, causó un gran impacto.

Sonaban en la radio a todas horas, escalaron las listas de éxitos y consolidaron a Depeche Mode como una de las bandas del momento. Entonces, el 19 de marzo de 1990, vio la luz Violator, el nuevo disco. Si faltaba un pequeño empujón para convertir al grupo en ídolos mundiales, ya estaba aquí. Violator no solo contenía los dos grandiosos sencillos antes mencionados sino también temas como Policy of truth, World in my eyes o Halo. Las canciones eran fabulosas, por supuesto, pero fue el perfeccionamiento de la fórmula, el refinamiento de ese sonido pop industrial pero también profundo, severo y melancólico, lo que nos cautivó a muchos.

Canciones como World in my eyes desprendían un romanticismo oscuro que tendía puentes entre el synth pop, el post punk, The Smiths y los ambientes majestuosos que The Cure llevarían hasta el infinito en Disintegration, que salió poco después. Violator fue el disco más aclamado de Depeche Mode, el que les convirtió definitivamente en un grupo puntero a nivel mundial y el que les abrió de par en par las anheladas puertas de los Estados Unidos. La gira posterior, el World Violation Tour, ya prácticamente solo iba a pasar por estadios. Violator es un álbum cuya escucha, incluso hoy, sigue siendo una experiencia intrigante y conmovedora a pesar de que ya nos lo sabemos casi de memoria.

Después de contribuir en 1991 a la banda sonora de Until The End Of The World, película de Wim Wenders, junto a otros grandes nombres del momento como REM, Nick Cave o los propios U2, el grupo se tomó un pequeño descanso durante el cual ocurrieron varias cosas. Entre ellas, que un pequeño sello de Seattle y un puñado de grupos desarrapados habían tomado al mundo por sorpresa. El grunge era el nuevo hype, y todo lo que olía a sintético iba a quedar para un pequeño nicho de seguidores. Dave Gahan se interesó por esa nueva escena, por grupos como Nirvana, Alice in Chains, Soundgarden… De hecho tampoco había tanta distancia entre lo que hacían y lo que hacía Depeche Mode, aunque estos usaran más sintetizadores que guitarras. ¿Y sí invirtieran la proporción? De esas reflexiones surgió Songs of Faith and Devotion, el nuevo disco del grupo, publicado en 1993. Como novedades, baterías tradicionales, guitarras eléctricas, distorsión, coros góspel y arreglos de cuerda. Un nuevo giro a su sonido que parecía arriesgado después de sus éxitos anteriores.

A primera vista Songs of Faith and Devotion puede parecer un disco menor en comparación con su antecesor, algo entendible dado que Violator fue, seguramente, el punto álgido de la carrera de Depeche Mode. Sin embargo contiene canciones que, sin ser quizás tan universales como Personal Jesus o Enjoy the silence, sí que tienen su gancho. Entre ellas están la mística I feel you, que seguía de alguna forma los pasos de Personal Jesus, o Walking in my shoes. Esta última, que se promocionó con un provocador vídeo del ya habitual Anton Corbijn, no acabó de convencer en el Reino Unido y Estados Unidos, pero sí en el resto de Europa.

No nos podemos olvidar tampoco de otras canciones como Condemnation, con la que Depeche Mode sigue explorando su particular visión de la religiosidad, o In your room, favorita de Alan Wilder. Songs of Faith and Devotion, largamente esperado, se encaramó directamente al número 1 tanto en las listas norteamericanas como en las británicas. Sin embargo, fue también el principio del (relativo) declive del grupo. 

El éxito estaba pasando factura a un grupo que empezaba a comportarse ya más como una suma de individualidades. Mucho tiempo grabando, y muchas giras mundiales, empezaban a crear fricciones. Alan Wilder meditó dejar la banda incluso durante la grabación del álbum, comparando su situación, en algunas entrevistas, con los últimos años de los Beatles. Nada más publicar el disco Depeche Mode se embarcó en otra intensa y larga gira, filmada por el propio Corbijn y de donde también salió un nuevo álbum en vivo, Songs of Faith and Devotion Live. En 1994 tuvo lugar otra gira mundial y un nuevo tour por los Estados Unidos. En aquellas actuaciones ya empezaban a ser evidentes los problemas internos del grupo, tanto colectivos como individuales. La crónicas hablan de un Gahan que en algunos momentos no se sostenía en pie, de un Gore alcoholizado y de un Andrew Fletcher que lidiaba con la depresión y fue incapaz de participar en algunos de los conciertos. Fue sin embargo Alan Wilder el que, como decíamos antes, tuvo más claro que el grupo no iba por buen camino, anunciando finalmente en 1995 su marcha de Depeche Mode. 

Los siguientes años fueron duros para el grupo. Dave Gahan se encontraba en un estado bastante deplorable y peligroso incluso para sí mismo. Gore, a pesar de sus propios problemas, intentaba mantener unida a la banda. En 1996 Gahan tuvo un grave percance, una sobredosis que lo llevó al filo de la muerte. Aquello supuso un punto de inflexión: el cantante accedió a pasar por un proceso de rehabilitación para superar sus adicciones, y, de hecho, menos de un año después Depeche Mode estaba grabando un nuevo disco.

Un álbum titulado Ultra que vino precedido, de nuevo, por dos grandes sencillos: It’s no good y Barrel of a gun. En Ultra el grupo explora sonidos típicos de los 90, desde el rock alternativo, que ya se intuía en su anterior disco, hasta el emergente sonido cinematográfico del trip hop. Otras canciones destacadas del álbum son Home o Useless, ambas publicadas también como sencillos. A pesar de que en su segunda mitad el nivel baja un poco, Ultra es un gran álbum dadas las circunstancias que precedieron su grabación, con el grupo más cerca de la disolución que de entregar un nuevo trabajo más que aceptable como fue el caso.

Los problemas no habían desaparecido por completo, así que esta vez no hubo gira tras el lanzamiento. Habría que esperar algo más de un año, tiempo durante el cual el grupo lanzó un segundo recopilatorio de sencillos, The Singles 86>98. Otro enorme compilatorio que incluía sus grandes canciones de ese periodo, además de un tema nuevo, Only when I lose myself, y una arrasadora versión realizada en vivo de Everything counts. Tras publicar The Singles 86>98, ahora sí, Depeche Mode anunció una nueva gira. 

Tras la convulsa travesía de los 90, la formación se tomó las cosas con más calma. Así, su siguiente disco tuvo que esperar otros tres años. Exciter salió en 2001 y entró directamente en el top 10 a ambos lados del Atlántico. A pesar de ello, la crítica recibió el disco con puntos de vista muy diferentes. Su minimalismo, muy en la línea de las corrientes electrónicas del cambio de siglo, así como su pronunciado eclecticismo, fue alabado por unos medios e incomprendido por otros. Lo cierto es que canciones como Dream on, When the body speaks, Free love o I feel loved, que podríamos considerar entre las más destacadas del disco, suenan vacías y a medio hacer si las comparamos con cualquiera de sus sencillos de los 90, no digamos ya de los 80. Pero los miembros de Depeche Mode no querían estancarse, nunca lo habían hecho, y Exciter hay que apreciarlo en su contexto, en el momento de la música en general y en particular en el de la banda. Si se hace así, se escucha de otra forma y se disfruta de una manera diferente. 

Entre 2001 y 2004, con Gahan publicando su primer álbum en solitario y Gore haciendo lo propio con su segundo disco, de nuevo parecía que Depeche Mode iba a quedar relegado por los nuevos grupos del revival rock que representaban grupos como White Stripes, The Strokes y otros similares. En 2004 salió un nuevo recopilatorio, esta vez de remezclas. Pero Depeche Mode no se resignaba a vivir solo del pasado, así que en 2005 volvieron al estudio y en otoño publicaron Playing the Angel, su undécimo disco de estudio. Un nuevo cambio de producción y Dave Gahan escribiendo algunas canciones, por primera vez, fueron las novedades del álbum.

El arranque de Playing the Angel dejaba bien claro que Depeche Mode miraba hacia delante, que no estaban acabados ni mucho menos. Las tres primeras canciones son espléndidas: A pain that I’m used to, John the revelator y Suffer well . Y Precious, lanzada como sencillo, parece devolverles a sus años más gloriosos con un sonido nítido y cristalino más propio de un grupo fresco y con ganas, con las ideas claras, que de uno que ya cumplía 25 años de vida. De hecho habían vuelto a su dinámica previa de disco-gira: su Touring the Angel duró nueve meses, pasó por algunos de los más grandes festivales del mundo y abarcó más de 30 países. El propio grupo hablaba con entusiasmo de aquellos conciertos, que no tenían nada que ver con algunos de los que precedieron a la marcha de Wilder. 

Uno podría pensar que el ánimo y la fórmula se agotaría en algún momento, pero Depeche Mode parecía haber vuelto con una energía renovada. Un nuevo recopilatorio vio la luz en 2006, el grupo recogía premios sin parar, Dave Gahan grababa su segundo disco y, casi inmediatamente, la banda estaba en marcha de nuevo con otro trabajo discográfico, Sounds of the Universe, y otra gira multitudinaria.

Puede que Depeche Mode ya no produjeran grandes éxitos como en el pasado, aunque canciones como Wrong mantienen el pulso, pero a cambio ofrecían discos compactos, abiertos a la experimentación y a las novedades, exprimiendo la capacidad compositora de Gore y con cada vez más aportaciones de Gahan. De hecho Sounds of the Universe fue nominado al Grammy en la categoría de mejor disco de música alternativa. Algo que habla bien de la trayectoria del grupo, nada convencional y siempre estimulante, pero que también es muestra de lo abierto y poco etiquetable que resultaba su sonido. Es más, Depeche Mode ganó un premio en Alemania a mejor grupo de pop rock internacional. Lo cierto es que el suyo es un caso curioso de adaptación y supervivencia. 

Los siguientes años estuvieron marcados por más giras, más premios, más discos de remezclas y también por los problemas de salud de Dave Gahan, quien tuvo que suspender una gira para ser operado de un tumor, no demasiado agresivo pero aun así peligroso. Desde entonces el grupo no ha dejado de ser noticia ni de publicar discos. Cierto que quizás ya sin provocarnos ese nudo en la garganta, ese cosquilleo de anticipación, pero gozando igualmente de gran éxito.

De álbumes como Delta Machine (2013) o Spirit (2017) todavía pueden extraerse unas cuantas canciones interesantes. Su último disco hasta la fecha, Memento Mori (2023), fue publicado tras el fallecimiento de Andy Fletcher. De nuevo nadie daba un duro por la continuación de Depeche Mode como dúo, y de nuevo supieron salir airosos de la prueba con un trabajo que puede situarse perfectamente entre lo mejor de su producción del siglo XXI. No es poca cosa, de nuevo, dadas las circunstancias. Y es que, me reafirmo, Depeche Mode es uno de los grupos que mejor han sabido adaptarse al paso del tiempo y a las adversidades. Supervivientes natos

Depeche Mode ya forma parte del Rock and Roll Hall of Fame y a estas alturas debería estar disfrutando de lo conseguido sin más pretensiones. Sin embargo, en 2024 Gahan y Gore seguían girando y arrasando por donde pasaban. Nadie espera que superen lo ya conseguido, pero con ellos nunca puede uno estar seguro de lo que va a suceder. Tal vez sucedan a los Rolling Stones como banda mítica que sigue girando con 80 años, tal vez no. O incluso puede que todavía guarden una última (o penúltima) bala en la recámara. Iba a escribir aquí “su enésima resurrección”, pero en realidad Depeche Mode nunca ha muerto del todo, y de hecho sigue muy vivo, aunque sea en formato dúo con espléndidos músicos de acompañamiento. Si pueden verlos en directo lo comprobarán.


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