Fidel Oltra © 2024 /
Zambullirse en la geografía de la música popular es un pasatiempo de lo más interesante. Uno sitúa más o menos en los mapas ciudades como Liverpool, Manchester y Londres en Inglaterra, y también Chicago, Detroit, Nueva York, Los Ángeles o San Francisco en Estados Unidos. Pero lo más interesante es descubrir esas otras ciudades pequeñas cuyo nombre no suele mencionarse salvo para hablar de artistas y grupos importantes que han salido de allí. Pienso por ejemplo en Athens, ciudad norteamericana del estado de Georgia con apenas cien mil habitantes. Hay al menos otras 20 Athens en Estados Unidos, pero los muy aficionados a la música conocemos solo esa, la de Georgia. ¿Por qué? Porque de allí surgieron grupos como R.E.M. o The B-52’s.
Pocos europeos habrían oído hablar de Hoboken si no fuera porque allí nació Frank Sinatra, o de Tupelo de no ser por Elvis Presley, o de Duluth si no hubiese existido Bob Dylan. En Inglaterra es algo más sencillo, ya que el país es más pequeño y los grandes centros de la música son las ciudades más grandes, de Liverpool a Londres pasando por Manchester. Pero hay otras: entre los melómanos Sheffield nos remite a Richard Hawley, Pulp o Arctic Monkeys; lo mismo que Bristol como cuna del trip-hop es casi sinónimo de Portishead o Massive Attack. Pero hay una ciudad incluso más pequeña y poco conocida llamada Basildon, que se encuentra en el condado de Essex, a unos 40 kms. de Londres, y que posiblemente solo les suene a los historiadores especializados en la emigración a Norteamérica (dicen que allí fue la reunión previa a la salida del Mayflower) y también a los fans de la música electrónica. Y es que en Basildon surgió la gran banda del género, la que hizo subir el synth pop hasta los primeros puestos de las listas de éxitos. Hablamos, claro, de Depeche Mode.

Las raíces de Depeche Mode se encuentran en varios grupos formados en la segunda mitad de los 70. Por un lado tenemos a Vince Clarke, que creció en Basildon, aunque había nacido en otra ciudad del Condado de Essex, militando en un dúo de música cristiana llamado Kev & Vince. Allá por 1978 Vince Clarke le sugirió a su compañero, Kevin Walker, que podrían pasarse a un estilo más moderno, por ejemplo la música electrónica en la que Clarke estaba muy interesado. Ante la negativa de Kevin, Vince formó No Romance in China junto a Andrew Fletcher, Sue Paget y Pete Hobbs. Un grupo de breve vida que luego se convirtió en The Plan y poco después en Composition of Sound.
Por otro lado tenemos a otro chaval de 17 años llamado Martin Gore, quien curiosamente tampoco era nacido en Basildon, pero se trasladó allí de pequeño. Gore y Fletcher fueron juntos a la escuela, pero después separaron provisionalmente sus caminos. En 1979 Martin Gore formó French Look junto a Rob Marlow y Paul Redmond. Composition of Sound y French Look tocaron juntos en varias ocasiones, y de hecho Martin Gore hacía doblete algunas noches. Finalmente reducidos a trío, Clarke, Fletcher y Gore incorporaron en 1980 al jovencísimo cantante Dave Gahan. Lejos de sentirse intimidado al llegar a un grupo con cierta experiencia, Gahan fue quien sugirió un cambio de nombre tras echarle un vistazo a unas revistas francesas de moda. El nombre escogido fue Depeche Mode. Ahora solo faltaba encontrar a alguien que apostara por ellos.

La primera persona que lo hizo fue Stevo Pierce, quien había fundado una discográfica independiente llamada Some Bizarre Records. Su primera referencia fue un recopilatorio de grupos noveles que no estaban en ningún sello pero tenían alguna canción interesante. En ese recopilatorio se encontraban tres grupos que pronto se convertirían en los grandes motores del entonces incipiente synth pop: Soft Cell, B Movie y los propios Depeche Mode. De ellos Soft Cell fueron los únicos que siguieron ligados a Some Bizarre, ya que B Movie ficharon por Phonogram/Deram, mientras que Depeche Mode consiguieron que su canción de aquel recopilatorio, Photographic, llamara la atención de otro emprendedor de la época, Daniel Miller, quien estaba tratando de sacar adelante su sello Mute Records.
Miller había rechazado a Depeche Mode en un primer momento, pero acabo convencido de que merecían una oportunidad, así que les propuso grabar primero un sencillo, Dreaming of me, al que siguieron otros dos: New life y Just can’t get enough. A cualquier fan del synth pop de la época se le pondrán los pelos de punta, pues hablamos de dos de los pilares fundacionales del género tal como fue concebido a principios de los 80. Ambas canciones llegaron bastante alto en las listas británicas (New life al puesto 11 y Just can’t get enough al 8).
El imprevisto éxito animó a todas las partes a sacar un álbum. El debut en formato largo de Depeche Mode se tituló Speak & Spell y, por supuesto, incluía los tres sencillos además de otras canciones interesantes como Boys say go! o I sometimes wish I was dead. Todos los temas, excepto Tora! Tora! Tora y el instrumental Big muff, que compuso Martin Gore, eran obra de Vince Clarke, el gran artífice del sonido de Depeche Mode en sus inicios. Aunque el synth pop o electro pop no era un estilo completamente nuevo (por ahí andaban ya Kraftwerk, YMA, Human League, OMD, Gary Numan / Tubeway Army o Visage), los sencillos de Depeche Mode tenían un estilo fresco y directo que los convertía en auténticas apisonadoras para las pistas de baile.

Lamentablemente (o quizás no, ganamos varios grupos con la ruptura) el idilio duró bien poco. Apenas acabar la gira de promoción de su primer disco, Vince Clarke empezó a sentirse descontento con la dirección, musical y vital, que estaba tomando la banda. A finales de 1981 se consumó el divorcio, con Vince Clarke formando Yazoo con Alison Moyet, y quedando Depeche Mode como trío con Marti Gore como compositor principal. Suyo fue el cuarto sencillo del grupo, See you, una canción continuista con el sonido que Clarke había creado para Depeche Mode. Pronto quedó de manifiesto que hacía falta un teclista que reemplazara la labor que hacía Vince Clarke, algo que no era nada sencillo.
El escogido fue Alan Wilder, primero para los conciertos y poco a poco introduciéndose en la banda como miembro de total derecho. De hecho, en el segundo álbum de Depeche Mode, A Broken Frame, todavía no aparece en los créditos, aunque sí que tocó el sintetizador apoyando a Andrew Fletcher y Martin Gore. Aunque canciones como la mencionada See you o The meaning of love seguían una senda similar a la de sus éxitos anteriores, el hecho de que Martin Gore cogiera las riendas de la composición empezó a notarse. Gore era más experimental y abierto que Clarke, así que muchas de las canciones prácticamente tomaron su forma definitiva en el estudio de grabación. Además se empezaba a vislumbrar una cierta oscuridad que contrastaba con el tono juvenil y bailable del primer álbum. Aunque el disco en conjunto quizás no sea tan bueno como su debut, al menos no tan sorprendente, canciones como Leave in silence mostraban el nuevo camino que les llevaría a una gloria incluso mayor de la que alcanzaron con sus primeros sencillos.

La mano de Gore se notó muchísimo, por supuesto, pero también lo hizo la incorporación definitiva de Alan Wilder como miembro del grupo con voz y voto. La primera canción que grabó con el grupo fue Get the balance right, pero fue cuando empezaron a trabajar en su tercer disco, Construction Time Again, cuando Wilder se atrevió a hacer sugerencias y el resto del grupo a escucharlas. De hecho Wilder llegó a compartir labores de producción junto a Daniel Miller, además de incluir dos de sus canciones en el disco: Two minute warning y The landscape is changing. Pero, como decía, fue Gore quien marcó principalmente el nuevo camino que, a partir de entonces, iba a tomar Depeche Mode.
En este tercer disco ya se vislumbraban los principales cambios: Construction Time Again, lejos de ser juvenil y desenfadado, era un disco conceptual sobre el socialismo que sonaba oscuro, profundo, influido por la música industrial en la que Martin Gore se estaba empezando a interesar. Había algo como de expresionismo ruso en esas canciones, en la forma en que los samples de Wilder y la percusión electrónica sonaban como un martillo percutor, como una fábrica a medio gas. La canción que mejor aunó las dos caras del grupo, la pop y la industrial, fue Everything counts, primer sencillo del álbum, que llegó al puesto 6 en las listas británicas.
Era sorprendente el cambio en el sonido, en el ritmo, en la introducción de efectos industriales y de instrumentos analógicos en ciertos momentos, pero también era notable la evolución en la voz de Gahan y en las letras, más agresivas y críticas. Para los más puristas del synth pop quizás pareciera un paso atrás, pero en realidad estaban creando un nuevo sonido más futurista, en un sentido quizás distópico, una semilla que daría frutos como el techno de finales de los 80 y principios de los 90. El otro sencillo de Construction Time Again, titulado Love, in itself, no tuvo tanto éxito aunque también alcanzó puestos importantes en listas.
En marzo de 1984 Depeche Mode publicaron un nuevo y exitoso sencillo: People are people. Una canción en la que profundizaban aún más en ese sonido oscuro e industrial con el que cada vez se sentían más cómodos. Fue el tema con el que empezaron a gozar de cierta reputación en Estados Unidos, donde se lanzó un recopilatorio titulado de igual manera. Curiosamente se trata de una canción con la que el grupo hoy en día no se identifica demasiado, llegando a calificarla como demasiado comercial. Está claro que sus intenciones iban por otros derroteros, pero no se puede negar que People are people, como antes Everything counts, es una excelente muestra de combinación entre vanguardia, riesgo y accesibilidad, una mezcla que de hecho fue la seña de identidad de la banda durante mucho tiempo. Puede que sí, que escuchada hoy suena comercial y poco arriesgada, pero estamos hablando de 1984, un año en el que las canciones de Depeche Mode sonaban poco menos que marcianas en una radio dominada por Michael Jackson, Madonna, Prince, Springsteen, Tina Turner o Lionel Ritchie.

En septiembre de ese mismo año vio la luz el nuevo álbum de Depeche Mode, Some Great Reward. Un disco con un sonido similar al de su predecesor, quizás más elaborado y cuidado. A People are people se le unían otras canciones con un gran potencial comercial, a la vez que oscuras y de temáticas bastante controvertidas (religión, sexo, política), como Blasphemous rumours o Master and servant. La voz de Gahan parecía surgir de alguna profunda caverna, algo que la crítica remarcaba y ponía en valor al recordar que apenas tres años antes era el adolescente que cantaba en Just can’t get enough o Real life.
Aunque todo el disco está a un nivel elevado, hay que destacar, además de las canciones mencionadas, la primera gran balada interpretada por Martin Gore, Somebody. La canción, aunque no tenía mucho que ver con el resto del álbum, fue escogida para formar parte de un sencillo, con dos caras “A”, junto a Blasphemous rumours. La gira de promoción de Some Great Reward pasó por Estados Unidos y por media Europa. Su concierto en Hamburgo fue utilizado como vídeo promocional, y en 1985 dieron sus primeros conciertos en Europa Oriental, concretamente en Hungría y Polonia. Recordemos nuevamente que en aquellos años no era frecuente que artistas y grupos occidentales actuasen tras el entonces todavía existente Telón de Acero.
Depeche Mode se habían convertido en un grupo casi masivo en medio mundo, aunque en Estados Unidos se les tenía más por una banda de música alternativa por su sonido poco comercial para sus parámetros. En cualquier caso había llegado ya el momento de repasar su vertiginosa carrera con un recopilatorio. De hecho fueron dos, ya que el famoso The Singles 81 → 85 salió para Europa, mientras que en Norteamérica el sello Sire, que se encargaba de su distribución, lanzó otro diferente titulado Catching Up with Depeche Mode. La razón es que, como comentaba antes, en Estados Unidos ya se había comercializado un recopilatorio previo titulado People Are People que contenía muchas de las canciones que aparecían en The Singles. En cualquier caso, Depeche Mode habían dado un gran paso hacia el estrellato que, de forma merecida, disfrutarían poco tiempo después.

El siguiente disco del grupo, Black Celebration, llegó precedido del sencillo Stripped. Una canción que hacía presagiar una nueva vuelta de tuerca al sonido de Depeche Mode, que seguiría siendo igual de oscuro pero con menos prevalencia de los sonidos industriales que protagonizaban sus anteriores trabajos. A estas alturas, en cualquier caso, habían conseguido un estilo reconocible con las dosis perfectas de comercialidad y experimentación, saliéndose definitivamente del synth pop clásico y bailable que ellos mismos ayudaron a crear. Algo que no les impedía crear canciones como A question of time, perfecta para las discotecas de música alternativa. Por cierto, el vídeo de este tema fue dirigido por Anton Corbijn, en lo que fue el inicio de una larga y fructífera colaboración.
Otras canciones destacadas de Black Celebration, aparte de las ya nombradas, fueron el tema que le da título, A question of lust o But not tonight, aunque esta solo salió en la versión en CD. Martin Gore, que cantaba en buena parte de los temas y era el autor de todos ellos, se consolidaba como la gran fuerza creativa de Depeche Mode, siendo el responsable del nuevo cambio de estilo hacia uno más ambiental, con texturas entre lo electrónico y lo orgánico, oscuro pero no tan opresivo como en los dos álbumes anteriores.

En 1987 Depeche Mode lanzaron un nuevo álbum, titulado quizás irónicamente Music for the Masses. Digo que quizás irónicamente porque el disco supuso otro salto en la evolución imparable del grupo, en este caso hacia un sonido más accesible en comparación con su etapa industrial. Sorprende de todas formas que, en su momento, canciones como Strangelove, Never let me down again o Behind the wheel, los tres primeros sencillos, no tuvieran la repercusión esperada en su país natal al contrario que en el resto de Europa. De hecho estamos ante tres de los temas más representativos y exitosos de esa época de la banda.
En Music for the Masses volvía a ser Dave Gahan quien cantaba la mayoría de las canciones del disco con la excepción de The things you said y I want you now, cantadas por Gore en solitario. Pimpf era principalmente instrumental, aunque también cuenta con la voz de Gore en algunos tramos. Otra novedad, en este caso más importante, fue el cambio de productor. Algunos problemas con Daniel Miller llevaron a que en este caso le encargaran la producción a alguien que no pertenecía al sello Mute. La elección de David Bascombe fue hasta cierto punto sorprendente, ya que sus actuaciones más destacadas hasta la fecha habían sido como ingeniero de sonido. Eso sí, de gente tan exigente como Peter Gabriel o Tears for Fears, con quienes pocos años después resultaría nominado al Grammy.

Depeche Mode se habían convertido, además de en un grupo famoso, en un gran acontecimiento sobre el escenario. Así pues, era el momento de lanzar un disco en directo que hiciera justicia a su rendimiento en vivo. Durante la gira de Music for the Masses, que volvió a pasar por países de la órbita soviética como las ahora extintas Checoslovaquia o RDA, se barajó la idea de lanzar no solo un álbum en vivo, sino un documental completo. El disco se tituló 101, una idea que propuso Alan Wilder ya que el concierto culminante de la gira, en el Rose Bowl de Pasadena (California), era nada menos que su actuación número 101 de aquellos trepidantes meses que transcurrieron entre octubre de 1987 y marzo de 1988.
El documental, realizado por el famoso D.A. Pennebaker, se basaba principalmente en ese último concierto, aunque buena parte del metraje estaba dedicada a mostrar a los seguidores del grupo en sus peripecias para conseguir ver a sus ídolos en vivo. Por lo que respecta al álbum, tras la intro con Pimpf, Gahan hizo enloquecer a la audiencia con su sensual interpretación de Behind the wheel. A partir de ahí, con los fans ya comiendo de su mano, lo que sigue es una subida prolongada de adrenalina que culmina con una excelente Everything counts, después de repasar un buen puñado de canciones que, en muchos casos, mejoraban en vivo respecto a sus versiones en estudio. Por cierto, la única concesión a su primera etapa fue Just can’t get enough. Con ello demostraban que quienes vaticinaban el desastre tras la salida de Vince Clarke se equivocaban de lleno.
101 es, a mi parecer, uno de los mejores discos en directo de la historia del rock. Y lo es, como no podía ser de otra manera, porque captura al grupo en el que quizás fuera su mejor momento. Digo quizás porque, aunque parecía que Depeche Mode habían alcanzado su cima, todavía iban a subir al menos un escalón más. Pero de eso hablaremos en una próxima entrega.









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