El Tecno del Sol Naciente y la Yellow Magic Orchestra (Y.M.O.)

Fidel Oltra © 2022 / 

A lo largo de la historia de la música hay multitud de grupos que surgen con la idea de convertirse en un proyecto a largo plazo y, sin embargo, perecen en poco tiempo. También hay otras bandas que, por el contrario, llegan para dar salida a alguna idea concreta sin pretensiones de durabilidad. Muchas de ellas, efectivamente, cumplen con su propósito. Otras, sin embargo, para sorpresa de sus propios instigadores, acaban convirtiéndose en un ente con vida propia que, finalmente, trasciende los planes de sus creadores. Una de estas últimas nació casi como una parodia de la parodia. Formada por músicos con una interesante trayectoria previa, se creó como una especie de divertimento, un proyecto paralelo para todos ellos que en principio iba a durar solo el tiempo que la gente, y ellos mismos, le encontraran la gracia al chiste. El problema es que el chiste era muy bueno y no solo tenía gracia sino también una visión de futuro más que interesante y atractiva para cierto tipo de público. Pronto se corrió la voz y ese público empezó a ser cada vez más numeroso. De su Japón natal, pasaron a convertirse en un grupo de éxito internacional. Ellos eran la Yellow Magic Orchestra. Pero antes de hablar de ellos, viajemos en el tiempo y en el espacio hasta los Estados Unidos de comienzos del siglo XX.

Martin Denny fue un músico norteamericano con formación clásica nacido en 1911. Su instrumento era el piano, y tocaba en diversas orquestas durante los años 30. Con una de ellas giró por Latinoamérica y quedó fascinado con los ritmos latinos, empezando a coleccionar no solo música de lugares lejanos sino también instrumentos étnicos. Tras servir en la II Guerra Mundial, viajó a Hawai para pasar allí unas semanas, pero acabó quedándose, casándose y formando allí su propia banda. Durante una de sus actuaciones empezaron a croar unas ranas al ritmo de la música. Aquel sonido, junto al generado por el grupo, creó un ambiente exótico que casaba a la perfección con el entorno: palmeras, piscinas, naturaleza…

En la siguiente actuación le pidieron “lo de las ranas”, y el grupo tuvo que improvisar y ponerse a croar. También imitaron pájaros y otros animales. Denny empezó a usar sus instrumentos exóticos y aquella noche nació el género de la “música exótica” del que Martin Denny fue pionero y gran valedor. En 1956 grabó Quiet village, con él al piano, los músicos tocando un jazz quebradizo y sonidos de animales de fondo. Lo incluyó en un álbum titulado Exotica que fue disco de oro y número 1 en las listas de Billboard. Siguió un Exotica II pocos meses después, con canciones de sonido oriental y referencias a lugares como Japón, Honk Kong o la propia Honololú, y un Exotica III, con referencias y sonidos de todo el mundo, en este caso especialmente África y Polinesia.

El éxito de la canción Quiet village fue tal que a finales de la década de los 50 grabó un disco con ese título. De nuevo incluía piezas que imitaban sonidos orientales y exóticos: Tune from Rangoon, Martinique, My little grass shack in Kealakekua Hawai, Hawaiian war chant y una versión editada de Quiet village. También aparecía en aquel disco una canción titulada Firecracker, que imitaba de manera un tanto caricaturesca las melodías y sonidos típicos de la música japonesa, o al menos de la visión que desde Occidente se tenía entonces de la música japonesa. 

Mientras tanto, en el propio Japón había varios compositores explorando las posibilidades de la música oriental, la genuina. Uno de ellos era Haruomi Hosono, que en los 60 formó el grupo de rock psicodélico Apryl Fool y, más tarde, la banda de folk-rock vanguardista Happy End. Una de las canciones que compuso para Happy End, Kaze wo atsumete, aparecería muchos años después en la banda sonora de la película Lost in Translation. De la misma manera que hicieron Kraftwerk en Alemania, prácticamente al mismo tiempo, Hosono empezó a investigar las posibilidades de la música electrónica después de participar, como bajista, en diversos discos de rock que incluían elementos electrónicos, especialmente en el álbum Benzaiten de Osamu Kitajima.

Justo por entonces acababa sus estudios universitarios de composición musical y etnomusicología un joven llamado Ryuichi Sakamoto. Además de tener formación clásica, uno de sus ídolos era Debussy, también le interesaba toda la tradición musical oriental, de Japón a la India, e incluso la música africana. Sakamoto empezó a experimentar, casi al mismo tiempo que Hosono, con sintetizadores como el Moog o el Buchla serie 200. Todos ellos eran seguidores del pionero de la música electrónica en Japón, Isao Tomita

The Yellow Magic Orchestra.

Por su parte, el batería Yukihiro Takahashi venía de girar por Inglaterra con su grupo Sadistic Mika Band. La banda se disolvió a mediados de los 70, pasando algunos de sus miembros – incluyendo a Takahashi – a formar The Sadistics. Su música estaba totalmente adaptada al gusto occidental, no siendo raro que interpretaran temas como C’est si bon o Volare. Canciones que acabarían incluidas en el primer álbum de Takahashi en solitario, Saravah!, publicado en 1978. Un disco para cuya grabación, realizada entre 1976 y 1977, Takahashi reclutaría a Hosono como productor. Por su parte, Hosono le devolvería el gesto a Takahashi invitándolo a colaborar en su cuarto disco en solitario, Paraiso. En aquel disco también intervino un músico que ya llevaba tiempo formando parte de la banda de Hosono en directo: Ryuichi Sakamoto. Era la primera vez que Hosono, Takahashi y Sakamoto trabajaban juntos. Como ya os podéis imaginar, no iba a ser la última. 

La música de Hosono por aquel entonces se parecía bastante a la Exótica que había creado Martin Denny casi un par de décadas antes. Tenía cierto aroma oriental, pero predominaba un lounge suave y aterciopelado con incursiones en la música electrónica, interés común de todos los congregados alrededor de aquellas canciones. En Paraiso, Hosono introdujo sintetizadores como el ARP Odyssey o el Yamaha CS-80. En 1978 vieron la luz nada menos que tres discos en los que intervenía principalmente Hosono: el mencionado Paraiso, Pacific y una especie de banda sonora para una película ficticia de Bollywood, Cochin Moon. En este último disco colaboraba también Hideki Matsutake, que además de compositor y arreglista era también programador de ordenadores.

Matsutake había trabajado con Isao Tomita durante buena parte de los 70, empapándose de todas las innovaciones electrónicas que iban apareciendo. Juntos elaboraron un sonido exótico que sonaba a raga hindú con elementos sintéticos. Casi a la vez, Sakamoto publicaba un disco en solitario, The Thousand Knives of Ryuichi Sakamoto, en el que aparecía, por primera vez en la música popular, el sintetizador Roland MC-8, un secuenciador de música que debía ser programado por alguien con conocimientos de informática. ¿Quién lo hizo? Efectivamente, Hideki Matsutake. El terceto se había convertido ya en cuarteto. Faltaba admitir que funcionaban como grupo. Primero lo hicieron como Harry Hosono and The Yellow Magic Band. Más tarde cambiarían de nombre para llamarse Yellow Magic Orchestra, oficialmente como trío (Sakmato, Takakashi y Hosono) y Matsutake como cuarto miembro de hecho. 

Yellow Magic Orchestra nació de la fusión de diversas ideas sobre la música con el interés por la electrónica y el incipiente uso de los ordenadores para todo tipo de utilidades, pero principalmente para programar videojuegos. Todos los pilares del sonido estaban ya preparados. El concepto: devolverle a Occidente la sátira que Martin Denny y muchos otros como él habían realizado, durante décadas, de la música oriental. Ellos iban a crear un disco repleto de temas instrumentales que resultaran autoparódicos desde el punto de vista occidental, usando sonidos de videojuegos combinados con melodías típicamente orientales. Algo que sonara exótico a los oídos occidentales, que reflejara su propia y genuina versión de la música oriental, pero que al mismo tiempo tuviese cierto gancho comercial. Tomaron para ello elementos de la música disco, fijándose especialmente en lo que había hecho Giorgio Moroder con los sintetizadores y la música de baile.

¿Hasta qué punto aquello iba en serio? En principio iba a ser un experimento que no iba a ir más allá. Por si quedaba alguna duda de sus intenciones, hicieron su propia versión del Firecracker de Martin Denny. Una versión que fusionaron con su propio tema Computer game (theme from The Circus) para crear un sencillo que, de manera sorprendente, vendió casi medio millón de copias en los Estados Unidos y entró en el top-20 del Reino Unido. La prensa americana dijo que, gracias a su dominio de la programación de ordenadores y su curioso acercamiento a la música de videojuegos, Yellow Magic Orchestra habían creado uno sonido nuevo que hasta entonces no se había escuchado. Desde luego, nadie hasta entonces esperaba encontrar el sonido del juego Space Invaders en una canción pop. YMO lo hicieron. 

Y.M.O

Su primer disco, titulado también Yellow Magic Orchestra, contenía las canciones mencionadas junto con otras piezas igualmente provocadoras e innovadoras. Con la perspectiva del tiempo, aquel disco fue seminal para lo que pronto se conocería como synth-pop. Sí, Kraftwerk habían hecho algo similar bastante antes, pero su electrónica sonaba robótica, mecánica e impersonal. La de la YMO bebía del eurodisco, de Moroder y también del funk, creando un sonido que, siendo igualmente sintético, no tenía aquella grave seriedad del grupo alemán.

Aquel primer álbum influyó enormemente en la música de los 80, liberó a la electrónica de muchos de sus corsés y complejos, dio a conocer a Occidente otra versión de la música oriental y acabó inspirando no solo el electropop sino también a muchos compositores de bandas sonoras. También a creadores de música para videojuegos: cuentan que la del famoso juego Tetris se inspiró en una de las canciones de Yellow Magic Orchestra. El éxito, claro, sorprendió a sus propios creadores. ¿Qué hacer ahora? ¿Seguir adelante, o dejar aquello como lo que había sido, una especie de novedad llamativa que pronto quedaría en el olvido? Todos tenían su propia carrera, y había que decidir si YMO iba a ser un proyecto paralelo y secundario, o una ocupación a tiempo completo. Bueno, harían un disco más, a ver qué pasaba. Ese segundo disco se llamó Solid State Survivor, y fue publicado en 1979. Lo que pasó fue que ganó todos los premios de la música en Japón y convirtió a sus autores en la banda más popular en aquel país, y en un referente de la música japonesa a nivel mundial. 

En la portada de Solid State Survivor, aparte de los (ahora sí) cuatro miembros del grupo, aparecía una joven llamada Akiko Kano que había empezado a acompañar a la banda en directo. Kano acabaría casándose con Sakamoto y desarrollando su propia carrera musical. YMO, a su vez, fue durante bastante tiempo su banda de directo. En Solid State Survivor las bromas se han acabado y el grupo se lanza a ofrecer un sonido definitivo, una electrónica sin límites pero al servicio de la canción. Así, crean piezas tan evocadores y absorbentes como Castalia, y cuando aparecen los sonidos de videojuegos y el vocóder, como en Behind the mask, es para dar soporte a una gran composición pop con un hipnótico y pegadizo riff de teclado.

Canciones como Insomnia envuelven al oyente con un halo mágico, mientras que otras entre las que destacan Rydeen, Technopolis o Solid state survivors tenían todo el potencial para convertirse en grandes éxitos del pop electrónico. En esta última, por cierto, había voces, una novedad en su música. Chris Mosdell, poeta británico afincado en Japón, había escrito unas letras que hablaban de ciencia ficción desde un punto de vista distópico, un poco en la línea del cyberpunk que pronto triunfaría comercialmente con el manga Akira y la película Blade Runner. ¿Dije que las bromas se habían acabado? No del todo. Siguiendo quizás la estela de la versión que Devo habían hecho de Satisfaction, de los Rolling Stones, YMO se atrevieron a hacer lo propio con Day tripper de los Beatles. El resultado, en este caso sí, suena más a parodia que a lo que el grupo había conseguido con el resto de canciones. Con todo, Solid State Survivor es, sin duda, uno de los mejores discos de tecnopop de la historia. 

En 1980 Yellow Magic Orchestra publicaron un miniLP titulado X-Multiplies, un disco todavía más arriesgado que incluía sketches de comedia, instrumentales, parodias publicitarias y versiones irreverentes de canciones como Tighten up, de Archie Bell & The Drells. La crítica supo ver el lado humorístico del disco, pero también el artístico. Lo que estaban haciendo YMO, contaban los entendidos, estaba muy en el espíritu de los tiempos, en el alma de una generación que crecía abrazando los nuevos avances tecnológicos y de cara a un futuro que no sabían si mirar con esperanza o con terror.

Ese mismo año vio la luz su primer álbum en vivo, Public Pressure. Un disco que fue grabado durante su gira por Europa y los Estados Unidos. De nuevo lograron ser número 1 en Japón a la vez que continuaban labrándose una excelente reputación en el resto del mundo. Algo casi inaudito: Yellow Magic Orchestra aparecieron en el programa estadounidense de TV «Soul Train», que en general solo incluía artistas negros haciendo R&B, funk o soul. Claro que su interpretación de Tighten up, si encontráis el vídeo, no desmerecía en ritmo ni jolgorio a muchas otras canciones que pasaron por el programa en su larga existencia. Yellow Magic Orchestra se convirtió en un grupo muy apreciado entre las primeras comunidades de hip-hop, siendo sampleados por gente tan importante como Afrika Bambaataa

El grupo aprovechó muy bien aquellos años, en la cresta de la ola del entonces muy de boga tecnopop. En 1981 publicó dos discos más: BGM y Technodelic. El primero, BMG, hacía referencia en su título a la música ambiental (BackGround Music). Un disco en el que la banda seguía innovando, siendo el primero en el que se usaba el Roland TR-808 y uno de los primeros en utilizar el Roland MC-4 Microcomposer. Además en piezas como Rap phenomena apostaban por un género, el rap, que todavía estaba dando sus primeros pasos comerciales. Por supuesto, adaptándolo como siempre a su particular concepción de la música: innovadora y transgresora, pero también paródica, sorprendente y divertida. El segundo, Technodelic, era todavía más raro y vanguardista: YMO se adelantan al uso masivo de samples, que llegaría pocos años después, con un disco minimalista basado prácticamente en su totalidad en el manejo de estos pequeños trozos, extraídos de otras piezas o fabricados por ellos mismos usando ordenadores, formando bucles y en algunos casos incluso engarzados perfectamente para dar la impresión de pieza cohesionada, melódica y con personalidad propia. 

Y.M.O.

En los últimos discos del grupo ya se adivinaba cierto cansancio entre sus miembros. Algunos de ellos se ausentaron de determinados álbumes, regresando a sus propias carreras. El grupo, sin embargo, siguió adelante y todavía grabó dos discos más en 1983. El primero, Naughty Boys, otra vuelta de tuerca al sonido de YMO, con un sonido mucho más comercial que en trabajos anteriores. El segundo, Service, repetía la fórmula de Technodelic con su combinación de canciones, diálogos de comedia e imitaciones de anuncios publicitarios.

El hecho de que un grupo tan innovador como Yellow Magic Orchestra volviese de una forma tan evidente a una fórmula usada apenas un año antes hacía pensar en un agotamiento de ideas, o incluso del propio proyecto. Efectivamente, meses después de lanzar Service, y tras una nueva gira mundial, el grupo se separó. Aunque evitaron usar la palabra “separación” y desde luego negaron que fuese definitiva, estaba claro que el proyecto había realizado su función y ahora tocaba que cada músico volviese a relanzar su propia carrera. La relación entre ellos no era mala en general, como demuestra el hecho de que, al igual que ocurría antes de formar YMO, prácticamente todos colaboraban de alguna forma en los álbumes en solitario de sus compañeros. En 1984 se publicó un nuevo disco en directo, After Service, en el que se puede escuchar la potente batería de David Palmer, miembro del entonces famosísimo grupo ABC. También se lanzó un recopilatorio titulado Sealed y una especie de documental musical del grupo: Propaganda

En este tiempo de desactivación de la Yellow Magic Orchestra, el miembro que alcanzó más notoridad por su cuenta fue Ryuichi Sakamoto. Aunque ya era famoso en su país no solo como miembro de la YMO, sino incluso antes, entre 1983 y 1993 se labró un nombre en la escena musical internacional incluso más potente que el de su propia banda. Lo hizo como compositor de bandas sonoras, empezando con Bienvenido, Mr. Lawrence (1983), con el propio Sakamoto como actor de una película en la que también aparecía David Bowie. Siguieron obras como El último emperador, Pequeño Buda, El cielo protector e incluso Tacones lejanos, de Pedro Almódovar. Por su trabajo como compositor de bandas sonoras Sakamoto ganó numerosos premios, destacando el Oscar a mejor banda sonora para El último emperador

En 1993 hubo una breve reunión de la Yellow Magic Orchestra que dio como fruto el disco Technodon. Por problemas con los derechos del nombre del grupo, el álbum tuvo que publicarse como NOT YMO o YMO. En Technodon el grupo experimentaba con elementos de la world music, con resultados quizás menos destacables y sorprendentes que en su primera época. Sin embargo, era evidente que sus miembros y mentes pensantes seguían conectando con la actualidad y el inminente futuro, ya que en sus piezas de esa breve reunión se encuentran también elementos de estilos como el techno o el acid house, que marcarían la evolución de la electrónica en los 90. 

Desde principios del siglo XXI, los miembros de la Yellow Magic Orchestra han continuado colaborando juntos, aunque presentándose con distintas denominaciones hasta 2009, cuando pudieron recuperar su firma original. Desde entonces, aunque han publicado algún tema nuevo, su principal ocupación ha sido girar y actuar en festivales, principalmente de música electrónica o similares. Sus tres miembros principales, Hosono, Sakamoto y Takahashi, siguen vivos y en activo, tanto formando parte de la Yellow Magic Orchestra como con sus propios proyectos personales. Su nombre, sin embargo, quedará para siempre ligado al de uno de los grupos más excitantes y sorprendentes que ha dado la música popular, pioneros en tantos aspectos de la electrónica y la relación entre música y otros sectores artísticos. Su nombre quizás no sea tan recordado hoy en día como el de Kraftwerk o los de los grandes grupos del tecnopop comercial de los 80, pero nunca es tarde para que empiece a serlo.

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