Silvia Bardelás: «No podemos arreglar nuestras vidas solos. Necesitamos la relación comunitaria»

Entrevista por Emma Rodríguez © 2021

Hay muchos tipos de novelas y los adictos a la ficción solemos disfrutar apreciando la variedad de los trayectos, los propósitos, los ritmos, los  estilos… Entre todas las posibilidades están esas ficciones que se meten directamente dentro de nuestros desasosiegos, anhelos y búsquedas, que nos retratan por dentro y nos llegan a tocar de un modo especial porque identifican latidos, impulsos, carencias, heridas, estados de ánimo no siempre fáciles de detectar en el día a día, entre las prisas, los ruidos, las penumbras. 

Destiempo, de Silvia Bardelás, pertenece a este grupo y exige a los lectores aparcar la aceleración y tomarse un respiro, recuperar la calma y estar dispuestos a aproximarse a lo que bulle en el interior de los personajes, todos en proceso de exploración, de descubrimiento, de diálogo consigo mismos y con los próximos. La idea de comunidad, de abrazo, de cuidado, anima esta historia que se sumerge, como indica su autora, en los momentos de conexión auténtica, esos momentos fuera del tiempo, «cuando nos pensamos, cuando nos sentimos«, otorgando  protagonismo a «gente que se aparta de la vida esperada» y se plantea tomar la decisión de «dejar de hacer lo sensato, lo razonable, lo previsible«.

Basta abrir sus páginas para darnos cuenta de que no estamos ante una obra habitual en nuestros días. No es frecuente en la narrativa actual abordar temas como la fraternidad, pese a que cada vez estamos más faltos de ella. No es frecuente apostar por una narración en la que el movimiento no está en la sucesión de hechos generados en las afueras que activan experiencias y provocan reacciones, sino en la corriente agitada de los pensamientos, de los deseos, de las preguntas.

Son motivos por los que Destiempo sorprende. El título del libro se adapta también a la sensación que percibimos durante la lectura, al ser conscientes de estar en otra parte, alejados de los tiempos, urgencias, modas y lenguajes del ahora. Alejados y al mismo tiempo cercanos en la vulnerabilidad que hoy experimentamos y que tan bien atrapa Silvia Bardelás en esta novela generacional en la que un grupo de mujeres mayores, muchas de ellas abuelas, sienten la necesidad de «abrir el corazón» y de luchar por sociedades mejores.

En «Destiempo» SIlvia Bardelás otorga protagonismo a «gente que se aparta de la vida esperada» y se plantea tomar la decisión de «dejar de hacer lo sensato, lo razonable, lo previsible».

Si algo ansía Matilde (Mati), figura central y poderosa, es transmitir a su nieto, Lois, la energía y la pasión necesarias para emprender una vida menos adocenada. La edad no es impedimento para la transformación, para el aprendizaje en una narración que también aborda temas como la emigración. Los que se han quedado en la aldea y los que regresan, caso de Lois y Estela, su madre, acaban encontrándose en los orígenes, en el legado, en la fuerza de lo vivido, de lo silenciado, de lo que queda por compartir. 

Me preocupa mucho el tema de la soledad y la falta de vitalidad generalizada. Me gustaría que los lectores vieran en los personajes la posibilidad de una vida más consciente y más digna y por lo tanto, más apasionante. Nos han acostumbrado en el sistema literario actual a personajes aplastados, imposibilitados, a mí me interesan personajes vivos, inteligentes, contradictorios, más reales. Creo que estamos tocados, pero no muertos”, señala la escritora, nacida en Vigo en 1967, doctora en Filosofía y editora de De Conatus, sello donde se publica la novela.

Bardelás escribe en gallego y cuenta en su haber con dos títulos anteriores: As Médulas (Las Médulas, Pulp Books, 2013) y Unha troita de pé. En la primera de ellas empezó a indagar en el «nosotros», un camino que la ha conducido tiempo después hasta Destiempo, trasladada al castellano por Moisés Barcia. En ella se habla de lo que «significa vivir«; se descubre que es imposible tener el control de los acontecimientos en todo momento; se dice que hay que «ser uno mismo, dejar que la vida baje como un río» y se reivindica la posibilidad de cambiar, de creer en las oportunidades e impulsarlas.

Con banda sonora de Mozart, Beethoven y otros compositores, porque la música es esencial en la novela, la autora nos propone un trayecto tan poco convencional como motivador. Sobre ese trayecto dialogamos a continuación, en este intercambio de preguntas y respuestas realizado vía correo electrónico.

Silvia Bardelás. Fotos por Nacho Goberna © 2021.

Destiempo es una novela que se puede interpretar, leer, de muchos modos, atendiendo a sus múltiples ángulos, a las diversas puertas que abre, pero yo destacaría que es, sobre todo, una novela sobre la necesidad de encontrar sentidos a la vida, sobre la búsqueda de un poco de verdad, de plenitud, de felicidad; de la auténtica, no de la de la publicidad, no de la de aparentar… 

– Cada uno de nosotros tenemos que construir nuestra vida. Hay un discurso en el ambiente que nos hace pensar que dependemos de lo que nuestra época nos ofrece. Yo quería proponer personajes que deciden encontrar un poco de plenitud por una necesidad vital. Mati tiene ese impulso vital y quiere que su nieto lo tenga también y ahí empieza todo. Estas mujeres mayores tienen como referencia la experiencia y no la publicidad, como dices. Lois, su nieto, tiene que enfrentarse al vacío desde su pertenencia al mundo actual, que es más de ideas que de experiencia. 

– ¿De dónde nació ese deseo, esa pulsión de ahondamiento, de búsqueda, que acabó convirtiéndose en esta novela? ¿De la observación de la realidad, del mundo que habitamos?

– Es una novela que surgió muy del inconsciente. Recuerdo que cuando era muy joven escribí un texto que empezaba con “vivíamos en medio”. No lo supe hacer, no sabía a qué respondía, pero tenía muy clara una imagen de nosotros no como grupo, sino como una sola persona desenvuelta en muchas. En todos mis libros siempre ha estado de fondo el tema de salir de uno mismo, de encontrarnos con lo que hay fuera. Creo que es el gran problema al que nos enfrentamos desde hace tiempo.

– ¿Por qué el título, Destiempo? ¿Hasta qué punto también estamos ante una novela fuera de las modas, del ahora, a contracorriente?

– Hay un momento en que Lois, después de vivir una experiencia sobre la que no tiene control dice “el tiempo no existe”. En la modernidad nos han acostumbrado a cuantificar el tiempo, a medirnos, a fragmentarnos, pero, sin embargo, todas las experiencias de encuentro con uno mismo o con los otros se dan fuera del tiempo y te hacen sentir uno con la vida. La novela va a contracorriente porque los personajes desean eso, aunque no lo sepan. Más que una visión de la sociedad cayendo sobre ellos, lo que muestra es una actitud de búsqueda al margen de la sociedad, quizás impulsada por el arte, la naturaleza o algunas personas plenas.  

El primer capítulo, en una iglesia, desconcierta un poco. Matilde, (Mati) y sus amigas, mujeres mayores que buscan “abrir el corazón”, empiezan buscando respuestas en la religión, guiadas por el padre Anxo, un cura nada ortodoxo, pero se acaban dando cuenta de que la formación católica, con su componente de culpa, de sacrificio, es una pesada carga; que mejor acudir a la filosofía, a la ética, a pensadores como SpinozaLa filosofía como vía de acceso a una vida mejor, más verdadera.

– Mati es un personaje que lo que quiere es dar un sentido a su vida, que ha estado marcada por el sacrificio y, sobre todo, que su nieto sea libre y tenga una oportunidad de vivir sin dictadura social. Al principio cree que le vale la idea de abrir el corazón, después la ve ridícula ante los demás y la cambia por el ir a la luz de Spinoza y tampoco le vale. Ella está dispuesta a encontrar lo que sea que construya. Los dos personajes principales son antagónicos. Ella quiere construir el mundo y Lois quiere la verdad. 

La filosofía nutre la idea de comunidad, básica en la novela. La  creación de comunidad, la unión, los cuidados… Son conceptos a los que actualmente acudimos, en los que buscamos salidas, sobre todo después de la experiencia terrible de la pandemia, de sus efectos… Frente al sálvese quien pueda, al egoísmo, al quedarse en el individualismo, por desgracia tan en boga, hay otra postura: la mano tendida a los otros. Mati habla de ser entre “otros”, no solos. “Esa es la locura de estos tiempos, la gente no se da cuenta de que no está sola, están completamente engañados, tienes que tener en cuenta que no estás solo, que eres entre otros”.

– Sí. Es increíble que no lo veamos. Cada cosa que pensamos, decimos o hacemos influye en los otros y al revés. Si fuéramos conscientes de esto, entenderíamos lo importante que es la relación comunitaria. Nos hacen pensar que somos individuos, pero la realidad es diferente. En la novela, incluso se ve en cómo los personajes, cuando quieren ordenar su pasado, también necesitan de los otros para hacerlo. No podemos arreglar nuestras vidas solos. 

Las protagonistas de Destiempo, lideradas por Mati, expanden la idea de “la necesidad de participación directa de la gente en la creación de la sociedad. Creación, creación, construcción”. Se habla de revolución educativa, de llevar la filosofía a las plazas, de transformar los modos de vida. En un momento dado leemos: “Todos tenemos algo que aportar. Todos tenemos que ser responsables de lo que pasa. No vale dejar nuestra vida en manos de políticos, eso sí que es darles el poder absoluto”. Es una idea muy 15-M. Una reivindicación de lo común, del espíritu asambleario…

– Esta es una frase de Mati. En realidad está harta de la infelicidad de su hija y nieto y de que se queden con los brazos cruzados ante un mundo que no ofrece posibilidades. En España el 15 M fue un momento en el que se pudo sentir al que estaba al lado como alguien cercano, alguien con el mismo deseo, aunque fuera completamente diferente. Creo que no tuvo duración en el tiempo porque pasó de movimiento social a movimiento político, olvidando esa unión genuina de gente diversa. Digamos que el impulso vital se perdió. 

El movimiento de las mujeres de Destiempo, me parece muy interesante por todo lo planteado, pero también por otorgar protagonismo a estas mujeres de avanzada edad, muchas de ellas abuelas, algo poco habitual en la narrativa actual. Este sector de la población ha tendido a ocultarse en las sociedades del presente, que llevan mucho tiempo rindiendo culto a la juventud. Ahora parece que empiezan a verse signos de rebeldía al respecto. Pienso en actrices que se niegan a tapar sus años con maquillaje y operaciones… En esta novela destaca la sabiduría de la experiencia, del crecer… ¿Qué opinas?

– He conocido a muchas mujeres mayores, entre ellas mis abuelas, con muchísima fuerza vital, con ganas de un mundo mejor, con la sabiduría de la experiencia y sin miedo. Quizás las mujeres estamos más pegadas a lo comunitario que a lo social, a lo vital que a lo ideológico. Las personas mayores inteligentes que llegan a esa edad con energía son muy importantes porque tienen más capacidad de distinguir lo valioso y necesario. No hay que darles más espacio que el de la igualdad. Estar jubilado no debe significar estar apartado. En el caso de la novela estas mujeres son especiales, como también lo son los jóvenes. Ser mayor no es nada, igual que ser joven no es nada en sí mismo. Lo importante son las personas, tengan la edad que tengan. El problema es clasificar: tú eres un mayor. ¿Qué es eso de ser un joven o un mayor? 

«EN ESPAÑA EL 15 M FUE UN MOMENTO EN EL QUE SE PUDO SENTIR AL QUE ESTABA AL LADO COMO ALGUIEN CERCANO. CREO QUE NO TUVO DURACIÓN EN EL TIEMPO PORQUE PASÓ DE MOVIMIENTO SOCIAL A MOVIMIENTO POLÍTICO, OLVIDANDO ESA UNIÓN GENUINA DE GENTE DIVERSA. EL IMPULSO VITAL SE PERDIÓ». 

Destiempo es una novela de ideas. Aparentemente parece que no pasan muchas cosas, pero todo se está moviendo, agitándose a nivel interior, dentro de los personajes, en ese espacio donde se operan todos los cambios profundos en la vida.

– Quizás la idea principal sea la del movimiento. Ya la primera escena es un movimiento con respecto a lo convencional. Lo que está en el fondo de esta historia es que si un personaje se mueve, los otros necesariamente tienen que hacerlo porque estamos interrelacionados, como ya he dicho. 

Otro movimiento interesante es el de ir al pasado para poder tener un presente. De forma simbólica, las mujeres se reúnen en unas ruinas y desde ellas buscan una nueva idea para construir el mundo. Sin las ruinas no hay nuevas ideas. 

Y como dices, antes del movimiento exterior siempre está el movimiento interior. El narrador tiene mucho interés en contar qué piensan los personajes justo antes de actuar. No somos muy conscientes de ese pensamiento anterior al movimiento que muchas veces no tiene palabras, es simplemente una sensación. El narrador pone palabras a esas sensaciones para que veamos que nuestros actos se corresponden con nuestras emociones, sentires y pensamientos más elaborados. 

Como lectores también nos vamos adentrando en nosotros mismos al recorrer las páginas. En ese sentido me recuerda la experiencia de lecturas de novelas clásicas, de ritmo lento, atentas a las emociones, dudas, dramas íntimos, transformaciones de los personajes. 

– Claramente yo soy una lectora de obras clásicas que busca cosas interesantes en la literatura actual. Después de la Segunda Guerra Mundial, de alguna manera hubo una renuncia a pensar que un ser humano tenía valor suficiente como para poder llegar a algo. Creo que es hora de terminar con esa especie de duelo que fue necesario. Tenemos que empezar a fijarnos otra vez en la posibilidad, en la realidad de cada uno de nosotros construyendo o destruyendo el mundo. El mundo que vivimos no viene dado, formamos parte de su construcción aunque no hagamos nada. ¿Esto es clásico? Puede ser, pero clásico no significa muerto, sino todo lo contrario, aquello que pervive en el tiempo. 

¿Qué tipo de novelas te gusta leer? ¿Qué autores, novelistas y filósofos, te inspiran?

– Como te decía, leo clásicos. Desde que llevo, junto con Beatriz González, el rumbo de la editorial De Conatus, me he implicado en la búsqueda de autores y me he dado cuenta de que hay algunos que tienen ese espíritu clásico de buscar las lógicas de la condición humana. Ahí me coloco. El autor noruego Jon Fosse me parece uno de ellos. No refleja la postura de la mayoría, se inventa un personaje muy cercano a sí mismo que busca luz en medio de una oscuridad que se identifica con la inmovilidad. También creo que la filosofía se está fortaleciendo y que hay muchos autores aportando ideas para estimularnos a pensar. De eso se trata. Todavía está vivo Jean Luc Nancy que crea una lectura-pensamiento muy interesante. Lo importante es la experiencia de filosofar, no llegar a frases estupendas. Ese es un fallo en la lectura actual: parece que escribir filosofía o poesía es conseguir frases impactantes. Siempre está esa necesidad de cerrar las cosas, de posesión, en lugar de promover el tener una experiencia. 

El diálogo generacional es esencial en la historia. El diálogo entre Mati y Lois, su nieto, el otro gran protagonista. El diálogo de éste con Estela, su madre, y con Eva, la chica de la que está enamorado desde la niñez. Todos están buscándose, conociéndose, encontrándose...

– El narrador de la novela aparece siempre al principio de cada escena presentando lo que está ocurriendo. Ahí está solo con su voz, pero de repente se calla y deja que los personajes dialoguen entre sí o consigo mismos. Después de la presentación, el lector puede observar el mundo a través de cómo hablan. Hablar de verdad es fundamental para ese movimiento de encuentro, pero no pueden ser conversaciones sobre lo que nos sobra. 

Todos están perdidos de algún modo, especialmente los más jóvenes. “¿Qué están haciendo los jóvenes”?, se pregunta Lois, recordando su vida como estudiante lejos de Galicia, en Estados Unidos, reflexionando sobre el hecho de que los jóvenes, entre los que se encuentra, pueden hablar de cualquier cosa, siempre con el mismo tono: de los estudios, de la ropa, de los pobres, “del hambre en el mundo, de la corrupción política, de la inmigración, la gentrificación, la guerra sucia, sin levantar la voz, sin una mínima inflexión…” ¿Crees que las nuevas generaciones se han rendido de algún modo, han dejado de luchar, están demasiado preocupadas por vivir entre prisas e incertidumbres, por adaptarse al sistema?

– Creo que no tienen la experiencia de conocer. Los medios de comunicación o la información en el colegio no crean empatía. Las distintas clases sociales están compartimentadas. Se puede hablar del problema de la migración, pero  mientras no conozcas a un migrante y veas su cara y lo huelas y escuches su voz y su historia contada por él… Lo curioso es que esta especie de infantilismo, de vivir de espaldas a la realidad, lejos de hacerlos felices, los sume en el aburrimiento y muchas veces en la depresión porque no están vinculados al mundo. 

Pero también está la explosión de vitalidad, el grito de los más jóvenes ecologistas que claman por salvar el planeta.

Hay algunos jóvenes que se meten en la boca del lobo. Algunos de ellos son muy inteligentes y empáticos, otros simplemente obedecen las normas del grupo, ahí es donde se pierden. Hay una referencia a este tema en la novela, en una escena en un coche donde Mati se mete con unas jóvenes ecologistas que acaban de llegar al pueblo. 

«LOS MÁS Jóvenes no tienen la experiencia de conocer. Los medios de comunicación o la información en el colegio no crean empatía. esta especie de infantilismo, de vivir de espaldas a la realidad, lejos de hacerlos felices, los sume en el aburrimiento y muchas veces en la depresión porque no están vinculados al mundo». 

Esta novela invita a adentrarse, a pensar. Da la impresión de que en las sociedades de la ansiedad, de la rapidez, de la productividad, cada vez hay menos tiempo para detenerse, para esperar, para reflexionar. “Todos esos obsesos del deporte lo hacen para no roer el cerebro y cada vez necesitan más, necesitan más para tapar el agujero del pensar”, reflexiona Lois en otro momento. 

– Lois necesita deporte también… Pero bueno, me he dado cuenta de que mucha gente ha dejado de pensar y no es feliz. Ha dejado de hacerlo porque está obedeciendo lo que haya que obedecer y espera que a cambio le llegue una vida divertida, sin problemas. En realidad, nos infantilizan y a la vez ningún grupo social o ideológico, ningún ministerio o ninguna empresa, nos va a decir cómo tenemos que actuar para tener una vida satisfactoria. Deberíamos ser conscientes de que pensar es una de las facetas más apasionantes de esta vida. 

– ¿Crees que como lectores también nos hemos vuelto más cómodos, cada vez nos cuesta más pensar en compañía de personajes de ficción? ¿Puede ser este, hacernos pensar, uno de los acicates de la novela en la actualidad?

– Existen muchas clases de lectores, es verdad que cada vez hay menos lectores literarios. Siguiendo con la pregunta de antes sobre la literatura clásica, creo que nos faltan textos más vitales que no describan la realidad, que ya conocemos, sino que nos hagan ver lo que no podemos ver en la vida cotidiana, que nos planteen personajes interesantes que tiren de nosotros. Una novela tiene que empujar al lector y llevarlo a un espacio donde nunca haya estado.

En Galicia Lois se reencuentra con Mati, con Eva, su amor, y con Estela, su madre, con la que vive en Estados Unidos, pero a la que apenas conoce. De algún modo, todos aprenden a pensar juntos en el sentido de sus vidas, en la necesidad del abrazo, del encuentro, para salvarse de algún modo de la vulnerabilidad, de las heridas. “No sé si los seres humanos tenemos algo en común, a veces tengo mis dudas, pero lo de estar heridos, hijitos, ahí sí, unos más que otros, pero todos estamos heridos, y si hablas desde ahí, ya poniendo de base que todos estamos heridos, y cuando se abre el corazón, mira tú, no hay que hacer mucho, cuando ves al otro como tú es cuando se abre…”, señala Mati. Es uno de los grandes aprendizajes de la novela.

– Sí, ahí está contada la empatía. El que ha vivido puede ver más cosas en el otro, como Mati. No hace falta vivir muchos años, pero sí estar dispuestos a que la vida pase por nosotros; no encerrarnos por miedo o intentar controlar todas las situaciones para no sufrir. El mundo está montado en parte para que no suframos, para que no nos enfrentemos a nada. Los seguros, los chequeos médicos, las pastillas para la ansiedad… La cobertura «antivida» es infinita. Es muy difícil desde ahí ser empáticos. No estoy a favor del sufrimiento, pero forma parte de la vida y de la construcción de nuestra identidad. 

Hablemos de la emigración, otro de los temas importantes. Hay una exploración de los sentimientos, de los tránsitos, de cómo se posicionan los que se van y también los que se quedan. Como gallega conoces muy bien ambos planos. ¿Qué aporta Destiempo al respecto?

– En Galicia hubo un momento en que la mitad de la población estaba fuera. Nosotros hemos vivido rodeados de objetos, cartas, historias de países lejanos, de hijos criados por abuelos, de padres que nunca vuelven, de muchos que regresan con hábitos de otros sitios. Eso hace que el mundo no se identifique con el territorio. Siempre puedes irte. Sabes que hay más. El que se queda, como Mati, está pendiente de lo que aprenden sus seres queridos fuera. En la novela, ella no ve que evolucionen como personas en los Estados Unidos porque no tienen nada que contar, por eso llama a Lois. En el fondo, da igual que estés dentro o fuera de tu país, lo importante es la relación contigo mismo. A veces tienes que irte y otras quedarte.  

En Galicia hubo un momento en que la mitad de la población estaba fuera. hemos vivido rodeados de objetos, cartas, historias de países lejanos, de hijos criados por abuelos, de padres que nunca vuelven, de muchos que regresan con hábitos de otros sitios. Eso hace que el mundo no se identifique con el territorio.

La música es otro elemento muy especial de la novela. Lois y Eva   estudian música, aunque él ha abandonado. Ambos se encuentran y desencuentran en la música. Se habla del “efecto Mozart”; Beethoven es clave en un momento culminante de la historia. Hay referencias a otros compositores. ¿Qué aporta la música a Destiempo?

– La música es el arte más directo para mí. Te coloca directamente en una emoción y te lleva a ver el mundo en suspensión. Los estudiantes de música clásica hoy en día están un poco fuera del mundo y necesitaba personajes jóvenes que no vinieran de un mundo integrado en la realidad actual. Necesitaba que pudieran tener el desasosiego suficiente como para empezar a buscarse. La música, en la novela, también aparece como una referencia de plenitud. 

– La voz del narrador, a la que ya has aludido, es muy original en la entrega. Es una figura que observa, cuenta, escucha a los distintos protagonistas, se acerca a ellos, va guiando la historia, plantea preguntas. ¿Cómo surgió esa voz?

– Descubrí una voz parecida en mi novela As Médulas. Me servía para contar desde mucha distancia. El narrador estaba viendo este mundo como un teatro y a la vez se metía en lo más íntimo de los personajes. Éste va un paso más y es un nosotros que se dirige a un nosotros. La sensación que me interesaba producir con su punto de vista es la de vernos a todos como flotando en el mismo barco y sin un rumbo definido, viviendo como podemos, buscando ese rumbo, convirtiendo la propia búsqueda en el sentido. 

Siempre estamos a tiempo de cambiar, de transformarnos. La edad es lo de menos. Creo que este es uno de los puntos de llegada de Destiempo. Mati y sus compañeras de aventura, reciben de Spinoza la idea de que lo bueno es lo que “hace crecer, tener más sensibilidad, tener más capacidad de acción”. Y hay una intervención de Eva que me parece clave y con la que me gustaría acabar este diálogo: “¿Qué es lo importante? Creo que vivir tranquilamente, sin prisa, probando (…) La gente que quiero está como yo, podemos apoyarnos, ¿no? Sabiendo que estamos aquí de paso, que no sabemos nada, que está todo por encontrar”. ¿Algo que añadir al respecto?

– Nada que añadir. Si viviéramos con esa conciencia, creo que la comunidad surgiría genuinamente. 

Destiempo, de Silvia Bardelás, ha sido publicada en De Conatus y traducida del gallego por Moisés Barcia.

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