El Albert Camus de «Combat»: Lecciones de Periodismo y Ética

(«Por vuestros actos os juzgarán»)

JEan-Pierre Castellani © 2021 / 

Basta con observar la cara radiante de Albert Camus en las fotos sacadas en la mesa de la imprenta de Combat, tan lejos de la faz austera, severa, que solía mostrar, para entender que siempre ejerció la profesión de periodista con pasión. Fue una constante en su trayectoria. Escribía artículos mientras estaba desarrollando su propia obra de ficción, teatral o filosófica. A partir de 1954, desde sus inicios en el semanario L’Express, practicaría todos los tipos de discurso para los medios escritos. El reportaje, el editorial, la crónica, la columna de humor (bajo el seudónimo de Suetone). Nada le fue ajeno. Con el tiempo, cada vez se fue afianzando más en él el deseo de dar testimonio. No podía permanecer a distancia de los grandes y dramáticos acontecimientos de su tiempo: la II Guerra Mundial, la posguerra, la bomba atómica en Hiroshima en 1946, la guerra de Indochina en los años 50 y la de Argelia a partir de 1954. 

En julio-agosto de 1939, Camus había renunciado a un viaje a Grecia por culpa de la preocupante situación internacional. Entonces publicó sus reportajes sobre la miseria en Kabilia en Alger Républicain. Durante esos años estaba buscando un trabajo y se retiraba de modo regular de las cosas del mundo para curarse de su tuberculosis o para escribir obras como El extranjero y La peste. Cuando los alemanes ocuparon parte de Francia, huyó de París para refugiarse en ciudades de provincias como Lyon, Burdeos o Clermont-Ferrand.

Despedido de Paris Soir regresó a Orán, donde impartió clases particulares mientras iniciaba la escritura de La peste. En febrero de 1942 publicó El extranjero y pasó una temporada en  Chambon-sur-Lignon para descansar, ocupando su tiempo en El malentendido. En agosto de 1942, su esposa regresó a Argelia. En octubre de ese mismo año, coincidiendo con el lanzamiento de El mito de Sísifo, se estrecharon sus contactos con el movimiento clandestino Combat.

En sus columnas en la publicación, Camus luchó sin cesar por una prensa crítica, defendiendo en todo momento la libertad y la dignidad, lejos de lo que llamó, de modo despiadado, “los vómitos de antes de la guerra”. Y más tarde, en 1951, afirmó en la revista Calibán: «La profesión de periodista es la más bella que conozco precisamente porque le obliga a uno a juzgarse a sí mismo».

Su relación con el diario fue privilegiada, pudiéndola mantener sin menoscabo de su obra creativa. Su colaboración habitual duró cuatro años, desde 1944 hasta 1947, período durante el cual escribía por la noche, desde la inmediatez de lo que iba aconteciendo. Sus textos surgían en paralelo al curso de su propia vida, una vida comprometida con la lucha. Sus comentarios, que aparecían casi a diario, una experiencia única para él, eran manifiestos encendidos que ardían con el fuego de los trágicos sucesos de aquel turbulento período de la Liberación

En sus columnas en «COMBAT», Camus luchó por una prensa crítica, defendiendo la libertad y la dignidad, lejos de lo que llamó, de modo despiadado, los vómitos de antes de la guerra”.

Cuando Camus se lanzó a la aventura de Combat –en marzo de 1944 para la edición clandestina y meses después, en agosto, para la primera edición pública–, ya había trabajado en el diario Paris-Soir en 1940 y como consejero en la editorial Gallimard. Tenía treinta años. Había nacido en 1913, en Mondovi, un pueblo de Argelia y se sentía, fundamentalmente, un argelino, un miembro de esa comunidad europea cosmopolita instalada en la colonia francesa desde 1830. De paso, indiquemos que, contrariamente a lo que dice su ficha biográfica española de Wikipedia, Camus no era hijo de colonos. Su padre era un humilde técnico vinícola, nada que ver con un rico propietario. En cuanto a su madre, de origen español, era una pobre empleada de servicio, analfabeta. El progenitor murió al principio de la guerra en 1914. En 1934, el escritor se había casado, por primera vez, en Argel, con la actriz Simone Hie. Años después, en 1940 –en plena guerra– volvió a contraer matrimonio con Francine Faure, pianista y matemática, con la cual tendría dos hijos, gemelos, Catherine y Jean, en septiembre de 1945.

Entonces ya era un escritor conocido.  Había publicado: Rebelión en Asturias (1936), El revés y el derecho (1937), Calígula (1938),  Nupcias (1939). Durante el conflicto mundial, que duraría desde el 1 de septiembre de 1939 hasta el 2 de septiembre de 1945, publicó obras muy importantes como El mito de Sísifo (1942), un ensayo sobre lo absurdo, El extranjero (1942), El malentendido (1944) y la pieza teatral Calígula (1945).

Un periodista siempre en busca de la verdad

Camus fue profunda y visceralmente un periodista cuya obligación no solamente era narrar el presente histórico, sino también, y sobre todo, juzgarlo, dar su opinión a través de un testimonio constante. Lo comprobamos repasando los escritos que fue elaborando a lo largo de su vida. Desde sus Crónicas en el diario comunista de Argel, Alger républicain, donde apareció su famoso reportaje sobre la miseria en la región de Kabilia (junio de 1939), y Le Soir Républicain, entre 1938-1940, hasta sus colaboraciones en el semanario L’Express (1955-1956), pasando por su actividad en el diario Combat, entre 1944-1947, primero de forma clandestina (marzo-julio de 1944), bajo la Ocupación alemana, y después, con la Liberación, públicamente (agosto de 1944-marzo de 1949). Una selección de textos de la guerra y posguerra se recogió y se publicó más tarde por el mismo Camus en forma de libro, bajo el título de Actuales (1950), Actuales 2 (1952) y Actuales III (1958). Pero el escritor llegó a admitir los límites de su selección: «A excepción de uno o dos de ellos, la verdad, no los releo hoy sin cierto malestar o tristeza, y me costó un esfuerzo reproducirlos». 

Para las ediciones sucesivas de las Obras Completas de Albert Camus, la editorial francesa La Pléiade se empeñó durante mucho tiempo en repartir esos artículos en apartados separados, lo que hacía difícil su consulta en orden cronológico de publicación, clandestina o pública, fuera de esta elección editorial, si no dudosa, por lo menos poco práctica. La nueva edición de las Obras Completas, publicadas en 2006 en La Biblioteca de la Pléiade, bajo la dirección de Jacqueline Lévi-Valensi, ofreció por fin una presentación de los textos mejor organizada, esta vez siguiendo las fechas en que aparecieron de manera lineal: 1931-1944 para el Volumen I y 1944-1948 para el volumen II.  Más asequible todavía fue la Antología de los editoriales y artículos de Camus en el diario Combat, primero en Cahiers d’Albert Camus n°8, y luego en Albert Camus à Combat, Gallimard (2002), trabajos elaborados y coordinados también por Jacqueline Lévi-Valensi.

Camus fue profunda y visceralmente un periodista cuya obligación no solamente era narrar el presente histórico, sino también, y sobre todo, juzgarlo, dar su opinión a través de un testimonio constante.

Hasta hoy no teníamos una traducción al castellano de estos textos periodísticos, escritos por Camus entre 1944 y 1947. Es lo que hace ahora la editorial Debate en el volumen Albert Camus, La noche de la verdad, los artículos de Combat (1944- 1947). El título La noche de la verdad corresponde a una cita de uno de los primeros editoriales del autor. Escrito el 25 de agosto de 1944, unos días después de la Liberación de París, es una celebración de la jornada de la victoria: «Esta noche vale sobradamente un mundo, es la noche de la verdad. La verdad en armas y en lucha, la verdad poderosa después de haber sido tanto tiempo la verdad de las manos vacías y el pecho descubierto».   

La edición que ahora llega a los lectores españoles sigue escrupulosamente la edición francesa de 2002, con la única diferencia del título, sin duda comercial y llamativo. Debate sigue la misma estructura de Levi-Valensi. Presenta los artículos de 1944, en el Combat clandestino (marzo-julio de 1944) y los del “Combat” libre (21 de agosto de 1944 hasta el 15 de noviembre), añadiendo la serie Ni víctimas ni verdugos, que va desde el 19 hasta el 30 de noviembre de 1946, y el bloque que recoge textos realizados desde el 17 de marzo hasta el 3 de junio de 1947. De modo inesperado, si tomamos en cuenta la cronología anunciada en el título del libro, que se cierra en este año, descubrimos también artículos posteriores, de los años 1948-1949, lo que se justifica por tratar en gran parte de España

Afortunadamente, la edición española conserva las numerosas notas eruditas de Levi-Valensi, muy útiles para un lector actual que quiera entender las referencias a personas y hechos de una época ya lejana, olvidados hoy en su mayoría. Un índice onomástico muy completo facilita el manejo de tantos apellidos, a menudo desconocidos en nuestros días, o referencias a acontecimientos políticos, sociales, de países como Francia o España. También se conserva la excelente y significativa sección de “Agrupaciones temáticas”, que facilita la consulta y la comprensión de un conjunto a veces confuso por la complejidad de las circunstancias históricas. Un excelente y documentado “Prólogo” de Manuel Arias Maldonado, le permite al lector español entrar ya informado en los textos de Camus.

El título del mismo, El moralista en combate, define perfectamente la actitud de Camus durante esos años esenciales para la Historia de Francia y para su trayectoria personal.  Casi podríamos decir que resume la permanente obsesión ética que lo guió a lo largo de su vida. La traducción de María Teresa Gallego Urrutia es muy fiel a los escritos de Camus. Es notable la originalidad de la foto que aparece en la cubierta del libro, diferente de las que se suelen proponer. 

La aventura del diario Combat

El diario Combat fue creado en diciembre de 1941, en la clandestinidad, con el subtítulo de El diario de París. Henri Frenay estaba al frente del mismo, y posteriormente Pascal Pia, responsable de la contratación de su amigo Camus en 1943. Al principio se presentó como una sencilla hoja informativa, al servicio de los movimientos de liberación. En la clandestinidad se fueron sucediendo los números, hasta un total de 54, donde se incluían muchos artículos anónimos. Desde marzo de 1944 hasta julio de 1944 fue el órgano de la Resistencia frente al poder alemán y llamaba a la lucha armada. Intelectuales como Sartre, Malraux y Raymond Aron, entre otros, publicaban en sus páginas. Los artículos sonaban como actos de resistencia. El 21 de agosto de 1944 salió el primer número del Combat libre, con sus editoriales La lucha continúa y De la Resistencia a la Revolución.

Combat fue uno de los trece diarios patriotas autorizados a salir. Albert Camus llegó a ser a la vez jefe de la redacción y editorialista, desempeñando en la primera fase un papel muy importante. Al cabo de un año, agotado, dejó el periódico durante una temporada, después de escribir 150 textos, entre editoriales y artículos.

El escritor participó activamente en la publicación en los comienzos de la Resistencia contra el ocupante alemán. Luego hubo ausencias, ya fuera a consecuencia de la enfermedad, que le obligó a alejarse de París desde enero hasta febrero de 1945; a causa de un viaje a Estados Unidos y a Quebec, en 1946, o con motivo de disensiones en el grupo clandestino. También debemos tener en cuenta que estaba muy ocupado en la redacción de su propia obra –en 1946 trabajaba en La peste–.  La participación de Camus en Combat no fue por tanto continua. Todo lo dicho anteriormente, sus actividades en el teatro, la escritura de su propia obra, su vida íntima algo complicada, lo mantenían alejado del periódico durante determinadas etapas. Señalemos, por otra parte, que, en junio de 1944, conoció a la actriz María Casares, con la cual tendría una relación amorosa larga (1944-1959), una relación cuyos pormenores conocemos mejor tras la publicación de la correspondencia entre ambos en 2017.  

Sin embargo, en noviembre de 1946, volvió de modo notable a colaborar en el periódico, firmando la serie de ocho artículos titulados Ni víctimas ni verdugos. Y reapareció en marzo de 1947 con un editorial titulado La república sorda y muda, que mantuvo hasta la crisis final y colectiva, esta vez, en junio de 1947. Una crisis motivada por las tensiones entre comunistas y partidarios de De Gaulle, entre los directivos favorables a una opción política concreta y los que no querían que el diario apoyara a ningún partido político.

A partir de ahí, entre los últimos artículos publicados, en el periodo 1948-1949, destacan los dedicados a la defensa del americano Garry Davis y a su movimiento Consejo de Solidaridad, que agrupaba a intelectuales, escritores, artistas y periodistas. Camus volvía a adoptar el tono apasionado de sus grandes textos periodísticos en otras piezas, como aquella en la que criticaba al escritor François Mauriac: «Creo que hay que seguir intentando salvar a Europa y a nuestro país de una catástrofe desmedida», señalaba en su artículo Respuestas al incrédulo (septiembre de 1948). La confrontación entre ambos se produjo por sus diferentes actitudes ante la depuración que debía llevarse a cabo tras la Liberación. Mauriac, como católico, pedía el indulto para unos escritores que colaboraron con los alemanes, mientras que Camus se mostraba más duro. Posteriormente su postura se suavizó, oponiéndose a la pena de muerte.

A raíz del estreno de su obra El estado de sitio (1948), cuya acción se desarrolla en España, se enfrentó con el escritor Gabriel Marcel con un largo artículo titulado ¿Por qué España?, en el cual expresaba una condena tajante del régimen totalitario del general Franco y de la posición benévola con el mismo de Francia: «El rostro de un fusilado es una llaga muy fea y al final llega la gangrena. La gangrena ha ganado», escribió, concluyendo, con un tono muy semejante al de los primeros artículos de Combat: «Eso es precisamente lo que no puedo perdonarle a la sociedad política contemporánea, que sea una máquina de desesperar a los hombres. […] El mundo en que vivo me repugna, pero me siento solidario con los hombres que viven en él […] debería ser la ambición de todos los escritores: dar testimonio y gritar, en cuantas ocasiones sea posible y en la medida de nuestro talento». Como siempre, Camus privilegiaba lo ético, la verdad, la solidaridad, la justicia, una actitud que le acompañó hasta el final de su vida.

se enfrentó con el escritor Gabriel Marcel con un artículo titulado ¿Por qué España?, en el cual expresaba una condena tajante del régimen totalitario del general Franco y de la posición benévola con el mismo de Francia.

Por esos años llegó la crisis, ya mencionada, a Combat. La mayor parte de la redacción dejó el periódico. Camus y Pia se fueron. Retomó el diario Claude Bourdet y el insólito empresario tunecino Henri Smadja, que se las daba de mecenas de una prensa libre y crítica. En 1950 Bourdet abandonó su puesto y en 1960 tomó las riendas Philippe Tesson, hasta la quiebra del diario en 1974, después de una gloria efímera en mayo de 1968, como portavoz de los estudiantes rebeldes. Pero en ese capítulo de la historia Camus ya no estaba…  

Una lección de periodismo 

Camus en París, posando para un retrato tras el anuncio del Premio Nobel de Literatura de 1957.

Lo que llama la atención en la redacción de las crónicas de Albert Camus es el cuidado que ponía en los títulos, cuando los había. Tenían que resultar llamativos de modo sistemático. No se trataba del titular sensacionalista para anunciar un hecho, a la manera de un diario popular, sino de una fórmula percutiente, afirmativa, la mayoría de las veces mordaz. De ahí beben las planas que practican más tarde periódicos «de moda” como Le Quotidien de Paris, diario que se consideró el heredero de Combat, bajo la dirección de Philippe Tesson, desde 1974 hasta su quiebra en 1994. El actual Libération se puede ver como el sucesor de esta clase de prensa dada a poner titulares llamativos y de carácter irónico.

Camus aplicaba una regla de oro: un titular corto, lapidario y sorprendente que tiene por objeto, a partir de los datos brutos de la actualidad del día, excitar la inteligencia, interpelar la conciencia del lector e incitarle a leer la totalidad del texto del editorial. Para ilustrar lo que decimos podemos presentar un breve surtido de esos titulares y dar sus principales características.

En el Combat clandestino (de marzo a julio de 1944), los titulares son de resistencia, un discurso de guerra, la movilización de la energía: «A guerra total, resistencia total». «Los forajidos». «Estuvieron tres horas fusilando franceses». «El gran temor de los asesinos». «Por vuestros actos os juzgarán». «La profesión de periodista”. Con el Combat público (junio de 1944), el cambio es significativo, aunque la tensión sigue siendo evidente: «La lucha continúa». «De la Resistencia a la Revolución». «El tiempo de la justicia». «No pasarán». «La reforma de la prensa». «La democracia por hacer». «Ética y política». «Imágenes de la Alemania ocupada». «La República sorda y muda». «Radio 47». «La elección». «A nuestros lectores». «El poeta y el general de Gaulle». «No juzguéis» .Y ya en números posteriores: «La sangre de la libertad». «La noche de la libertad». «El tiempo del desprecio». «Crítica de la nueva prensa». «El periodismo crítico».

Camus, de modo anónimo o bajo su firma, va practicando con el tiempo  diferentes modalidades de discurso periodístico y de tomas de posición. Roger Grenier, quien lo conoció personalmente en esa época, nos ofreció en 2007 este testimonio tan interesante:

«Fueron los primeros editoriales de Camus los que dieron al periódico un tono único en la historia de la prensa. Hasta diciembre de 1944, Camus los escribió todos. No se firmaron porque quería que el editorial fuera un trabajo colectivo, que expresara la opinión del periódico y que cada redactor pudiera escribir uno. Algunos lo estaban intentando. Pero el estilo de Camus era contagioso y todos imitaban al modelo. El público pronto se enteró de que el editorialista anónimo solía ser el joven autor deEl Extranjero” y “El mito de Sísifo”».

Cuando leemos hoy en día esos textos publicados en Combat, se reconoce enseguida, a pesar de la distancia, el estilo, el tono, el humanismo de Camus, lo que justifica que se integren, sin duda alguna, en las Obras Completas de la Bibliothèque de la Pléiade. Son una lección de periodismo.

Camus es el mejor ejemplo de la tensión que se ha desarrollado desde siempre entre un texto periodístico cuya misión central es contar la realidad histórica de una manera objetiva, completa y rigurosa, y un texto literario capaz de comentarla de modo subjetivo, fragmentario y libre.

Camus aplicaba una regla de oro: un titular corto, lapidario y sorprendente que tiene por objeto, a partir de los datos brutos de la actualidad del día, excitar la inteligencia, interpelar la conciencia del lector e incitarle a leer la totalidad del texto.

Los editoriales a los que nos referimos pueden expresar la posición colectiva de la redacción frente a un hecho de actualidad, propio de los grandes diarios democráticos hoy en día. Pero también se abren a la tribuna libre, en la cual el redactor o el colaborador no deja de pronunciar juicios muy personales; a la crónica de humor, donde el que firma emite un juicio subjetivo, basado a menudo en la ira o el descaro, o al reportaje, que transmite una observación directa desde el terreno. Incluso encontramos la proclamación más cercana a la octavilla que al artículo de prensa, modalidad impuesta por la urgencia de las circunstancias históricas de la Liberación, después de la guerra. Este tipo de editorial aparece, la mayoría de las veces, en primera plana, en un lugar estratégico, en una compaginación que también le da valor y lo separa de los demás artículos. Es un texto marginado en el doble sentido del término.

En Combat  los editoriales aparecían reunidos bajo secciones como: «Ética y política»; «La carne»; «Pesimismo y tiranía»; «Dos años después»; «Ni víctimas ni verdugos». Desde esta perspectiva, el editorial responde a lecturas variadas. Los más célebres se leían en primer lugar, después de una consulta rápida a las informaciones esenciales del día. Una gran parte de los lectores del diario se dirigían a los artículos de Camus –cerca de setecientos textos, nombrados de modo significativo «Crónicas»– y que, en su mayoría, estaban dedicados a la historia del momento. Observemos, de paso, que La peste comienza con esta frase significativa: «Los curiosos acontecimientos que son objeto de esta crónica se produjeron en 194…en Orán».

Todos estos textos se escribían a partir de la actualidad diaria. Centrándonos solamente en los artículos reagrupados en el capítulo Artículos publicados en Combat 1944-1947, destacan los temas siguientes: la guerra de España y sus consecuencias; la dictadura de Hitler; la posición del episcopado francés; la detención del industrial Louis Renault o un discurso de Churchill en la Cámara de los Comunes. Y también se abordan asuntos como la cuestión colonial, con los acontecimientos dramáticos de Sétif o de Madagascar; la polémica con François Mauriac; la constitución del Alto Tribunal de Justicia o la reelección de Roosevelt, sin olvidar los problemas de la prensa, el pacto franco-soviético, la conferencia de Crimea, la cuestión de Indochina, la dimisión de Mendès France, los discursos y las posiciones del general de Gaulle, o los de Herriot; la batalla de Rusia; la muerte  del  presidente americano Roosevelt; las relaciones con Franco; los problemas de la depuración y la consulta a propósito del nacimiento complicado de la IV República.

Podemos descubrir en los editoriales de Combat relaciones entre un «nosotros» emisor predominante, consciente de su poder de influencia, de persuasión y de seducción y un «yo» receptor cómplice. La presencia obligatoria de la primera persona gramatical del plural es aquí inherente al género. Se impone un «nosotros» colectivo, dictatorial, y por consiguiente eventual o necesariamente comprometido, o agresivo, incluso parcial. La omnipotencia del «nosotros» del cronista / escritor explica que la crónica repose tanto en su redactor como en su lector, en sentimientos que nunca son neutros: compromiso, conciencia, o entonces, y más a menudo, cólera, irrisión, ironía, desencanto.

Entre todos estos ejemplos, citemos, por ejemplo, dos textos: La democracia por hacer (2 de septiembre de 1944), donde leemos: «Ya lo hemos dicho, se plantea un problema de gobierno», y Ética y política (4 de septiembre de 1944), donde se dice: «Ni los acontecimientos ni sobre todo, la reflexión nos invitan a enmendar el alcance de nuestro último editorial o a que disminuya la desconfianza que mostrábamos hacia los elementos políticos desaparecidos con la derrota. La reflexión nos convence, antes bien, de que debemos acentuar nuestra reserva». 

Solamente se encuentra un caso de editorial escrito en primera persona bajo el título de No juzguéis: «Oigo que por todas partes se condena a la Resistencia y a algunos resistentes. Son unos grandes culpables. Se atribuyen el mérito de una liberación que sólo se les debe a los Aliados, quieren todos los puestos, viven de odio y de injusticia» (30 de diciembre de 1944). Y también en julio de 1945, en un reportaje sobre la Alemania nazi ocupada: “Eso era al menos lo que sentía yo confusamente y, camino de la frontera alemana, a tumbos por las carreteras socavadas por la guerra, lo que iba viendo me afirmaba en mi pensamiento».

El fin no es tanto informar sino persuadir, con una retórica que busca la toma de conciencia del lector, interpelado brutalmente con gran cantidad de argumentos y con la riqueza de un estilo muy trabajado y personal. A diferencia de la tribuna libre, que presenta el punto de vista de una personalidad conocida y reconocida, ajena al periódico, el editorial practicado por Combat, escrito la mayoría de las veces por Camus, es a la vez informativo y argumentativo. Aparece como una afirmación rotunda de autoridad, que organiza de esa manera una relación estrecha y personal con el lector. Al recobrar esa voz libre, se establece una relación individual, hecha de convivencia e identificación, algo que pasaba pocas veces con los otros artículos del periódico.

El fin De los editoriales de «COMBAT» no es tanto informar sino persuadir, con una retórica que busca la toma de conciencia del lector, interpelado brutalmente con gran cantidad de argumentos y con la riqueza de un estilo muy trabajado y personal.

«Nos dicen: “En resumidas cuentas” ¿qué queréis? Es una buena pregunta porque es directa. Hay que responder a ella directamente. Por supuesto, no es algo que pueda hacerse en uno o dos artículos. Pero si se vuelve a ello de vez en cuando, debe irse aclarando» (1 de octubre de 1944).

Como decíamos, los editoriales no siempre incluían de manera explícita la firma del autor y, sin embargo, los lectores, de entonces y de ahora, identifican el estilo de Camus en esos textos aparentemente anónimos.

Una estrategia de escritura

Podemos destacar una verdadera estrategia de escritura, basada en formas cortas y encargada de la transmisión de un discurso fundamentalmente moral. A menudo el autor desdobla la narración hasta el punto de producir un relato retorcido, en el sentido de lo que se dice de un miembro o de un camino. Camus adopta de manera clara y con orgullo, la altura, el doble papel de autor y crítico: él se refiere, notifica, califica, acusa con un tono tajante con el fin de dar legitimidad a su propósito y para quitarlo a aquéllos que pudieran tener la tentación de opinar de un modo distinto: «La libertad se merece y se conquista», escribe en su primer editorial el 21 de agosto de 1944, después de la Liberación de París, titulado de modo significativo: La lucha continúa.

Distribuye los valores y se niega a cualquier discurso intermedio, a la manera de una médium que sirve de enlace entre los seres vivos y los espíritus. La referencia a la verdad, a su búsqueda, aparece constantemente.

«En la historia, y en más lugares, la genialidad no reside nunca en la mentira y está entera en la verdad, que conoce su poder». (15 de septiembre de 1944).

 «Pero llega un tiempo en que la verdad no quiere morir y busca ayuda en la espada. A partir de ese día, la mentira ha perdido; el realismo carece ya de su fuerza». (15 de septiembre de 1944). 

«Pero no hay verdad sin algo de obstinación, y estar en su derecho no es nada si no va acompañado de tozudez». (17 de octubre de 1944). 

Marcado por esas tendencias contradictorias, el texto cobra una forma singular, y dos voces se superponen en él, una voz narrativa neutra que detalla el hecho del día, y otra, la del autor, situado en el centro de su texto, que toma la palabra, comenta el discurso narrativo, desafía al lector, y, finalmente, da sentido al texto.

Entre las armas retóricas, encontramos formas sencillas o cortas como la máxima, la sentencia, la agudeza, el aforismo. Estas interpolaciones no están destinadas a avanzar en la información, e introducen, al contrario, una torsión. Por esas palabras cruzadas, Camus castiga no sólo los defectos de los actores de las circunstancias históricas, sino especialmente las aberraciones, falsedades e inconsistencias de toda la sociedad en un discurso moral. Esa voz subrepticia, como en relieve, adicional, legitima la afirmación: «Un país que fracasa en su depuración se prepara para fracasar en su renovación». (5 de enero de 1945), o, a propósito de Roosevelt: «Pero eso es lo propio de los tipos cabales, el hecho de hablar en nombre de toda su cultura en el mismo momento en que parecen estar usando su lenguaje más personal». (14 de abril de 1945).

Simultáneamente, esas máximas interfieren en el texto informativo, ya que son el contrapunto distanciado, irónico, de Camus, con el mismo paso del «yo» al «nosotros». De hecho, abundan las reflexiones tajantes, concluyentes, tan propias del escritor, sobre una serie de temas de actualidad: «Desconfiamos de los jueces que nunca dudan o de los héroes que nunca temblaron» (21 de octubre de 1944). «Y la victoria sin la justicia no sería para esos pueblos sino una inmensa burla» (29 de noviembre de 1944). «Vivimos en un mundo en el que se puede faltar al honor sin dejar de respetar la ley» (5 de enero de 1945). «No hay descanso en la verdad» (29 de marzo de 1945). «Cuando esa soledad no recibe ayuda, cuando las armas no le caen del cielo, se convierte en desesperación. Y el peor pecado de este mundo es desesperar del valor» (29 de marzo de 1945). «El éxito de un espíritu, cuando es de esa calidad, es el éxito de todos» (14 de abril de 1945). «No es seguro que el dolor sea forzosamente solitario» (9 de mayo de 1945). «Pues no se puede conservar lo que está deshecho» (1 de junio de 1945). 

Cuando la información da el hecho bruto, esa retórica separa, castiga, sanciona. Afirma de modo obsesivo, como un leitmotiv, la superioridad de la moral a propósito de los temas tratados. La necesidad de transformar la Resistencia en Revolución lo lleva a ese comentario dirigido a los franceses: «Y saben que estas exigencias, de apariencia tan general, les crean obligaciones cotidianas en el ámbito moral y político […] Empezaron por la resistencia, quieren acabar por la Revolución». (De la Resistencia a la Revolución, 21 de agosto de 1944).

Albert Camus considera la nueva prensa bajo un enfoque esencialmente ético: «Hay una relación estrecha aquí, como en otros campos, entre la política y la ética», escribe. Y proclama de modo rotundo: «Lo cual equivale a decir que estamos decididos a suprimir la política para sustituirla por ética. Es lo que llamamos una revolución».

Refiriéndose a la detención del empresario Louis Renault, que ha colaborado con los alemanes, dice que afecta a una parte considerable de la ética nacional, y añade: «Creemos que el difícil equilibrio que perseguimos no puede darse sin una honradez intelectual y moral de todos los momentos, que es la única que puede proporcionar la clarividencia necesaria» (1 de octubre de 1944 ) (…)  «La revolución política no puede prescindir de una revolución moral que la acompañe y le aporte su auténtica dimensión”.

Cuando defiende la decisión gubernamental de embargar los bienes de la Empresa Renault, Camus afirma: «De hecho, ha dictado así una sentencia ética que no tiene apelación» (16 de noviembre de 1944). En el debate y la polémica sobre el Tribunal Supremo, aboga por una «justicia ética» en vez de una «justicia de derecho» (2 de noviembre de 1944 (141). Y cuando justifica la decisión gubernamental de embargar al Padre Chaillet, quien en el diario católico Témoignage chrétien le ha tachado de defensor de «una filosofía de la soledad y de la ironía», contesta en nombre de su «sensata fe en el hombre que convierte la obstinación en una virtud esencial» (16 de marzo de 1945)  

La temática de Camus

A lo largo de los textos que Camus escribió para Combat se encuentran una y otra vez sus temas de siempre, los que marcaron esos años de actividad periodística y los que se transmiten también en obras publicadas a la par o en gestación: El extranjero (1942), El mito de Sísifo (1943), El malentendido (1944), las Cartas a un amigo alemán (1945), Caligula (1945), La peste (1947) o El hombre rebelde (1951).

El escritor reivindica una ética de la Revolución, que llama y exige cuando acontece la Liberación del país; asocia el periodismo con una empresa ética y aboga por una lucha despiadada contra la moral de la facilidad, del desencanto, de la demagogia. También defiende una moral del castigo, en nombre de sus exigencias de virtud, de pureza, con el posible riesgo de parecer intransigente. Se resume su credo en un artículo del 3 de noviembre de 1945, titulado “El pesimismo y el valor”: «Una mente objetiva aceptaría, pues, la afirmación de que una filosofía negativa no es incompatible, en los hechos, con una ética de la libertad y del valor». Más adelante matizará la impresión de rigidez que pueden proporcionar esas fórmulas en el contexto exaltado de la Liberación. 

El escritor asocia el periodismo con una empresa ética y aboga por una lucha despiadada contra la moral de la facilidad, del desencanto, de la demagogiA.

La finalidad de Camus no es sólo informar sino también, y sobre todo, juzgar, enjuiciar, hasta llegar a rozar en ocasiones el dogmatismo. Nos obliga a una lectura transversal, en el sentido exacto de la palabra, que nos obliga a seguir al autor en los caminos complejos de su lucidez despiadada. 

En resumidas cuentas, la lectura o la vuelta a los textos publicados por Camus en el diario Combat de la Resistencia y de la Liberación, ofrece un enfoque deseable y ejemplar para entender la génesis de su pensamiento y la evolución de su obra. Por lo demás, como una especie de contestación anticipada, afirmaba ya en una crónica de la etapa clandestina, aparecida en julio de 1944: «No necesitamos una ética de confitero, necesitamos alma, y no son los apóstoles de todas las abdicaciones quienes nos la van a proporcionar” (julio de 1944, Combat clandestino n°58, Por vuestros actos os juzgarán”). Palabras y exigencias todavía vigentes hoy en día. 

Ya en el final de este acercamiento al Camus periodista, un último apunte. Podemos afirmar que Camus adoptó una actitud muy distinta en relación a dos guerras. Respecto a la Segunda Guerra Mundial, frente al ocupante alemán, su actitud fue de clara oposición, de resistencia, de lucha, sin dudar un minuto, acudiendo a un discurso bélico, adoptando siempre como punto de partida una posición moral. Después de la guerra, en el momento de la Liberación de Francia, su postura se tornará más humana; pidiendo por ejemplo el indulto para intelectuales colaboradores como Robert Brasillach.

En lo referente a la guerra de Argelia, que, a partir de 1954, enfrentó al Estado francés a una rebelión de una parte de los argelinos de origen moro, Camus consideró la contienda como una guerra civil y se sintió hermano de los rebeldes, a los que defendió en su lucha por la justicia, pero también estuvo cerca de los europeos que sufrían cada día los atentados sangrientos del Frente de Liberación Nacional. A pesar de su liberalismo no apoyó nunca la rebeldía como una gran parte de la izquierda francesa (Jean-Paul Sartre, por ejemplo) y buscó una solución pacífica que protegiera los derechos de los dos pueblos. Creyó sinceramente en la paz para salvar a todos. Se pronunció en favor de una Argelia reconciliada y fraternal. Se refugió en el silencio como mejor ejemplo de su malestar.

Camus estuvo preso de sus contradicciones entre dos Liberaciones, una, la de Francia, que esperaba profundamente, por la cual luchó con su arma, la palabra, y otra, la de Argelia, que no quería y que lo sumió en un silencio desesperado. En ambas circunstancias históricas, el escritor privilegió siempre una actitud profundamente ética.

Albert Camus, La noche de la verdad, los artículos de Combat (1944-1947), Prólogo de Manuel Arias Maldonado, traducción de María Teresa Gallego Urrutia, Debate, 2020. Penguin Random House.

  • 426
    Shares
Etiquetado con: