«Veedon Fleece», reivindicando al otro Van Morrison

Vicente Lafora © 2020 /

En la amplia trayectoria y discografía de Van Morrison, uno de sus discos más complejos y ricos en matices, en lo personal y musical, es Veedon Fleece, 1974.  Esta idea no está demasiado generalizada, más bien al contrario. Pocos consideramos que Veedom Flece representa al Van Morrison más intimista, al airado irlandés enigmático. Pero en este artículo intentaré convenceros de por qué, en mi opinión, el Van Morrison menos conocido y menos reconocido y reivindicado, está en los 10 temas que conforman el álbum del que voy a hablaros.

Considero que uno no puede conocer la dimensión artística de Morrison sin descubrir y conectar con el mensaje cifrado o el código personal que subyace en cada estrofa y nota de este trabajo. No se puede apreciar del todo su magna obra sin otorgar el lugar que le corresponde a Veedon Fleece. Se trata de un álbum olvidado por la mayoría, que no ha envejecido, todo lo contrario. Con el paso del tiempo ha crecido y ha ido ganando reconocimiento como uno de sus grandes discos.

Las letras y composiciones de Veedon Fleece permanecen vivas, ricas, vibrantes y más actuales que nunca, dada la coyuntura social y cultural en la que vivimos. Sucede como con Astral Weeks, un álbum adelantado a su tiempo, motivo por el que en su momento no encajó y por el que tampoco se incluye, salvo excepciones, cuando se realiza una mirada retrospectiva a la obra del compositor irlandés.

No se puede apreciar del todo la obra de Van Morrison sin otorgar el lugar que le corresponde a Veedon Fleece. Se trata de un álbum olvidado por la mayoría, que no ha envejecido. Con el paso del tiempo ha crecido y ha ido ganando reconocimiento como uno de sus grandes discos.

Quiero dejar claro que, aunque la tónica dominante haya sido considerar este álbum un paréntesis en la trayectoria de Van Morrison, la reivindicación de Veedon Fleece es compartida por parte de algunos de los críticos y estudiosos más documentados sobre la trayectoria del cantante y compositor irlandés. Estamos hablando de una de sus grandes obras, calificada como la otra parte de Astral Weeks, considerada incluso por algunos como una entrega que supera al legendario álbum Moondance.  

Uno de los primeros en abanderar esta defensa de Veedon Fleece ha sido Brian Hinton en su ensayo Van Morrison El Genial Poeta del Rock. El libro, que me regalaron mis hijas; a las que no dejo de agradecerles el detalle, es una de las mejores biografías que existen sobre la trayectoria del cantante. Hinton afirma: “Cuando me decidí a escribir este libro mi primera motivación fue la esperanza de interesar a algunas personas en este álbum, por encima de todos los demás, en la fértil obra de Morrison”. Y lo hace con argumentos, analizando detalladamente el disco, canción por canción, en un viaje paralelo por el interior del artista. “El deseo de Morrison de tomarse un tiempo de descanso en su carrera musical, con el fin de encontrase a sí mismo, dio lugar a Veedon Fleece , una parte muy importante de ese proceso”, escribe Hinton.  

Comparto esa visión de Brian Hinton sobre Veedon Fleece. No estamos ante un disco más en la extensa obra de Van Morrison. Cuando nos sumergimos en el álbum estamos escuchando a un Van Morrison sumido en un cambio profundo en todos los ámbitos: personal, profesional, musical, como letrista, como cantante…

Un álbum fruto del cambio

Veedon Fleece es Van Morrison buscándose, reinventándose, es un nuevo hombre inmerso, a través de sus letras, en un viaje místico. Había inciado ese camino en 1968 con Astral Weeks. Y retoma el trayecto en 1974 con este nuevo y revelador trabajo. Sus letras, su música, su voz, son fruto del cambio que está viviendo. Y ese cambio fluye por su interior en un viraje musical mucho más introspectivo, más complejo, musicalmente más amplio y reflexivo. La transformación del Van Morrison de Caledonia Soul a Veedon Fleece es total.

La renovación se percibe en lo personal, con el inicio de una nueva relación sentimental. La ruptura con su mujer, Janet Planet, y la entrada de una nueva compañera en su vida Carol Guida. Y se hace evidente en lo geográfico, ya que deja su residencia en Estados Unidos y regresa a Irlanda. En ese momento busca la inspiración en su Isla Esmeralda donde, en apenas tres semanas, ya ha escrito parte de los 10 temas del disco. Todo esto sin olvidar que el proceso de cambio afecta también a su grupo; de hecho la Caledonia Soul Orchestra queda desmantelada.

En «Veedon Fleece» las letras, la música, la voz, son fruto del cambio que está viviendo van Morrison. Ese cambio fluye por su interior en un viraje musical introspectivo, complejo, musicalmente amplio y reflexivo.

Toda esta etapa de metamorfosis, que le lleva a entregarse a la composición del disco que nos ocupa, aconteció tras una larga gira con Caledonia Soul Orchestra, inmortalizada en el mítico y legendario álbum doble en directo It’s Too Late to Stop Now. Agotado, tanto física como mentalmente, Van Morrison se afanó en la búsqueda de un camino que le aportase una nueva luz, un enfoque diferente Y ciertamente lo consiguió.

Como afirma Brian Hinton: «Veedon Flece constituye una cara B perfecta para una cinta de noventa minutos, como acompañamiento a Astral Weeks, y me parece que el álbum lo iguala, aunque todavía es más misterioso, está más profundamente en contacto con las raíces celtas”.

Un álbum desnudo, libre y sobrio; en las orillas del Jazz y el Folk

Estamos ante un disco desnudo de espectacularidad. Y es su sobriedad la que le inyecta una singular personalidad. La guitarra acústica, el piano, la batería y la presencia justa, medida y precisa del saxo de Jack Schroer, que le aporta un sonido más próximo al jazz, se unen a la voz sutil de Van Morrison.

En este disco sus aullidos se transforman en auténticos susurros sensuales que bailan en consonancia con lo que recita en cada estrofa o verso, excepto en la mágica Bulbs, una canción propia del sonido Caledonia Soul, o en la soberbia e irrepetible Cul de Sac. Se trata de dos grandes temas, más enraizados con anteriores trabajos, y que son toda una muestra de esa genialidad del errante irlandés, un hombre que acaba encontrado en el verde de su tierra de origen la tonalidad para la inspiración que andaba buscando y que al final, por su genial tozudez, encuentra.

Veedon Flece es un álbum más conceptual. Está sumergido entre la sobriedad de un jazz libre y un folk envuelto en la niebla irlandesa que aporta la presencia de la flauta de James Rothermel, quien le imprime el carácter que en ese momento perseguía Morrison. El efecto resulta especialmente logrado en Country Fair, el último corte del álbum, y en Streets of Arlow, el cuarto tema. En ambas canciones se genera un clima de serenata folk y de destellos sonoros irlandeses. Suenan como una cascada, con la fusión de guitarra, bajo, la flauta y la voz de Van Morrison silbando palabra a palabra.

Lo mismo ocurre en la primera canción, Fair Play, uno de los temas que mejor evidencian la genialidad de Van Morrison para recitar e hipnotizar, a medida que va alargando cada frase, mientras piano y guitarra suenan al compás de contrabajo y batería, caminando a ritmo de jazz. Magistral.

En determinadas canciones se genera un clima de serenata folk y de destellos sonoros irlandeses. Suenan como una cascada, con guitarra, bajo, la flauta y la voz de Van Morrison silbando palabra a palabra.

Le sigue Linden Arden Stole The Highlights, donde la voz de Van Morrison rezuma autoridad sobre un reducido acompañamiento, con un brillante y omnipresente piano, contrabajo y arreglos de cuerda. La destreza vocal se hace aún más patente en Who Was The Masked Man. El tema arranca con la voz de Morrison llevada al extremo en un tono lo más agudo posible, mantenido todo el tiempo. Mientras esos dulces y agudos aullidos suenan, se fusionan con el rasgueo de la guitarra, el cuarteto de cuerda, el bajo y el piano de Jeff Labes.

En esa senda musical en la que está inmerso Van Morrison destaca You Don’t Pull No Punches, But You Don’t Push The River. Aquí la expresividad de Morrison cabalga a galope de una desenfrenada flauta y un piano que siguen su ritmo, mientras el intérprete avanza con su propio galope rítmico hacia una locura que roza la orgía musical y vocal. Se trata de una pieza descontrolada en la que Van Morrison lleva al extremo su versatilidad como vocalista. Y el ornamento de cuerda sigue su curso hasta que acaba, con una despedida, bajo el sonido de la flauta, mientras Morrison va recitando, sumido en una especie de mantra, frases que va improvisando hasta que llega al susurro y al lamento, para ir decayendo la orgía en un colofón armonizado entre la voz y los instrumentos.

En esa versatilidad de Van Morrison hay que encajar I Wanna Comfort You, la letra y Van Morrison van parejas. Ambas descansan sobre su voz y el ornamento de una guitarra mágica, cuyos punteos acústicos y el compás sonoro del contrabajo recuerda que se trata de una de las baladas en las que Van Morrison lo absorbe todo con una voz que está presente y que hace que el resto descanse y se acomode a su compás sereno, sobrio y vivo. Todo un refugio, como lo es también Come Here My Love, una serenata de versos, una oda al amor.

En definitiva, en Veedon Fleece asoma otro Van Morrison, cargado de introspección. Es el fruto de un cambio de vida y de país, de un regreso a su Irlanda natal. Hablamos de un Van Morrison incomprendido, pero que con el paso del tiempo ha ido ganando reconocimiento. Él y su álbum han sido colocados, finalmente, en el sitio que merecían. Un lugar que no me canso de reivindicar.

Van Morrison (1970). Fotografía por David Gahr.

Con Veedom Fleece, Van Morrison desconcertó a todo el mundo, probablemente incluso a él mismo, que andaba sumergido en uno de los discos más geniales de su trayectoria, sin quizás saberlo, pero si buscando ese contrapunto a su carrera, retomando los recuerdos de Astral Weeks. Como recoge Brian Hinton: “Con Veedon Fleece, Van regresa a sus orígenes en más de un sentido”. Y es a partir de entonces cuando esas “escapadas” musicales de Van Morrison se hacen ya una constante que a pocos cogen por sorpresa.

En este disco asoma otro Van Morrison cargado de introspección. Hablamos de un Van Morrison incomprendido, pero que con el paso del tiempo ha ido ganando reconocimiento. Él y su álbum han sido colocados, finalmente, en el sitio que merecían.

Su regreso místico a Irlanda, es una aventura musical envuelta en un proyecto que quedará más tarde ya aceptado por todos los seguidores del tozudo, gruñón y genial Van Morrison con Into de Music, la resurrección total del irlandés, 1979, y el posterior, espiritual e introspectivo Common One, 1980, donde Van Morrison flirtea de nuevo con los sonidos de Veedom Fleece. Ese regreso a los sonidos ancestrales irlandeses lo hace más tarde junto con The Chieftains, en 1988,  en el álbum Irish Heartbeat, en cuya gira paró en Madrid en la Casa de Campo. Un concierto al que asistí, inolvidable, por varias motivos, pero eso es ya otro viaje.


Vicente Lafora

Valencia, 27 de mayo 1966. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid. He desarrollado mi labor profesional, durante 37 años, en el ámbito del Periodismo, Comunicación y Relaciones Institucionales, colaborando con Fundaciones Culturales, Entidades e Instituciones, y Empresas y Organizaciones públicas y privadas, como periodista y como empresario de mi agencia de Comunicación. Soy Presidente de Vegeme Consulting & Events.

Como periodista he trabajado en diferentes periódicos nacionales y locales. Soy fundador, promotor y Director de Comunicación, Estrategia y Relaciones Institucionales del Proyecto Cultural El Homo Ethicus, por mi compromiso con el periodismo ético y veraz, entre otras actividades.

  • 76
    Shares
Etiquetado con: