En la tela de araña de Sebald

WG

Por Miguel Lorenzo © 2016 /

Desde entonces he aprendido a comprender lentamente cómo, por encima del espacio y de los tiempos, todo está vinculado entre sí, la vida del escritor prusiano Kleist con la de un poeta en prosa suizo que pretende haber sido empleado de una sociedad cervecera en Thun, el eco de un disparo de pistola sobre el Wannsee con vistas a una ventana del psiquiátrico de Herisau, los paseos de Walser con mis propias excursiones, las fechas de nacimiento con las de fallecimiento, la suerte con la desgracia, la historia de la Naturaleza con la de nuestra industria, la de la patria con la del exilio”  G. W. Sebald

Hace quince años se produjo un vacío sin remedio. La obra de W.G. Sebald, apenas 30 centímetros en una biblioteca, no tendría más futuro. Ya no podríamos esperar el anuncio de una novedad ni indagar en secretos no descubiertos de su vida y de su pensamiento. Sebald fue un autor tardío para publicar y joven para morir: no mucho más allá de dos décadas de escritura, como un arado abriendo surcos en la memoria de un continente, Europa, que ahora retorna a su tradición de indignidad. Esta tierra tanto tiempo torturada es un paisaje en los textos de Sebald: la devastación de territorios y personas; las migraciones y las gentes a ambos lados de líneas marcadas tan sólo en las leyes y en el deseo de hacer el mal.

Hoy cuando, cientos de miles de refugiados, desplazados, emigrantes se agolpan en los bordes orientales y sur de Europa, hoy vamos a convertir a W.G. Sebald en una pasión.

Es un escritor sin géneros o con un género propio, pero así como abrió caminos a la ficción contemporánea, también se alimentó en gran medida de una tradición que se pierde en los orígenes de la historia. Viaje y dolor, observación y camino. Robert Walser y John Berger y William T. Vollmann: el extrañamiento y el compromiso. Tantas maneras de pintar la pasión hacia un escritor sin pasiones.

Sebald fue un autor tardío para publicar y joven para morir: no mucho más allá de dos décadas de escritura, como un arado abriendo surcos en la memoria de un continente, Europa, que ahora retorna a su tradición de indignidad. Esta tierra tanto tiempo torturada es un paisaje en los textos de Sebald.

Sin embargo, estos libros reclaman con justicia ser considerados como ficción. Y son ficción, no sólo porque hay buenas razones para creer que mucho ha sido inventado o alterado sino porque, seguramente, algo de lo que Sebald narra sucedió en efecto: nombres, lugares, fechas y demás. La ficción y la objetividad, desde luego, no se oponen. Uno de los reclamos fundadores de la novela inglesa es que la historia sea verdadera. Lo característico de una obra de ficción no es que la historia no sea verdadera —bien puede ser verdadera, en parte o en su integridad—, sino su uso o expansión de una variedad de recursos (aun documentos falsos o fraguados) que producen lo que los críticos literarios llaman “el efecto de lo real”. Las ficciones de Sebald —y la ilustración visual que las acompaña— proyectan el efecto de lo real a un extremo fulgurante.” (Susan Sontag)

Es esta afirmación de Susan Sontag sobre el efecto ficción de la obra de Sebald la que, pese a la aversión del escritor alemán hacia la modernidad, lo convierten en paradigma de la narración de y en lo contemporáneo. Los materiales sobre los que se construyen sus narraciones parten de sí mismo como narrador y atraviesan, mediante objetos cotidianos, archivos, fotografías y literalidad, la realidad observada hasta construir otra realidad que está solo en el texto y en la intención del narrador. La literatura de W.G. Sebald es como un guiso, un potaje de ingredientes de diversas procedencias que conforman un sabor único; para ello hace falta tiempo y fuego lento: hortalizas, tubérculos, verduras y al final la carne, como esa carne que resuena, que, calcinada, envuelve con su olor el tiempo de tantas guerras y matanzas. ¿Cuántos muertos ha costado la violencia en Europa?

Paradigma de la narración de y en lo contemporáneo, los materiales sobre los que se construyen sus narraciones parten de sí mismo como narrador y atraviesan, mediante objetos cotidianos, archivos, fotografías y literalidad, la realidad observada hasta construir otra realidad que está solo en el texto y en la intención del narrador.

Las pasiones no admiten más directriz que el desenfreno y la presencia de Sebald es desenfrenada. Su figura surge, no por azar, en la página 192 de La forma de las ruinas, un nuevo ajuste de cuentas de Juan Gabriel Vásquez con la ruina de Colombia; en  Las variaciones Sebald, que ocuparon las salas del CCCB de Barcelona; en Fernando Sánchez Castillo, ya presente en esta exposición y en la enciclopedia Sebaldiana, y que tuvo la suya propia en el Centro de Arte 2 de Mayo de Móstoles, en Madrid.

Enrique Vila Matas invita a W.G. Sebald al primer plano de su  reciente Marienbad eléctrico, un diálogo con Dominique Gonzalez-Foerster acerca del arte contemporáneo, las fronteras entre la escritura y la representación y la presencia de la narrativa en la obra de la artista, quien también, en varias ocasiones, ha convocado a Sebald a sus ceremonias. Estar de la parte de Sebald es vivir en sus campos labrados y enfangarse en sus trincheras y saber que su mirada está a la vuelta de una esquina.

W.G. Sebald, Max para sus amigos, nació en Wertach im Allgäu, que se transforma en W en sus narraciones; una pequeña aldea de Baviera-Alemania, de menos 3.000 habitantes. Tras una dura infancia de posguerra, estudió literatura inglesa y alemana en la Universidad de Friburgo y fue profesor en la Universidad de Manchester, sucediéndose después una etapa suiza y un desembarco en Inglaterra, donde dio clases de Literatura Europea y Escritura Creativa en la Universidad de East Anglia.

Estar de la parte de Sebald es vivir en sus campos labrados y enfangarse en sus trincheras y saber que su mirada está a la vuelta de una esquina.

Su destino como hombre se zanjó el 14 de diciembre de 2001. Tenía 57 años y un accidente de tráfico en Norwich acabó con su vida. Había sufrido la rotura de una aneurisma y ya estaba muerto cuando su coche chocó contra un camión que venía en sentido contrario. Su hija Ana, que viajaba con él, resultó herida, pero sobrevivió al accidente.

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Sebald murió un viernes, pero hasta el lunes siguiente el diario El País no incluyó la noticia. No era para mí un desconocido: por entonces, sus volúmenes en tapa dura de las ediciones españolas de Debate ya esperaban su turno de lectura en un estante de mi aún modesta biblioteca, cerca de las obras de Arthur Schnitzler o Stefan Zweig. Aún inédito en español Vértigo, su primer libro, Austerlitz, el último, apareció en Anagrama y en meses posteriores toda su obra pasó a ser publicada por esta editorial.

Hay autores que son un universo inexplicable, una selva que no admite más exploración que a machete y sangre y fuego y Sebald era y sigue siendo uno de ellos. Como en una sesión continua y sin pausa, leí todos sus libros como un poseso. Han pasado tres lustros y su nombre y su obra son imprescindibles en mi mundo de lecturas y más: una obsesión, un autor que es muchos autores.

Hay autores que son un universo inexplicable, una selva que no admite más exploración que a machete y sangre y fuego y Sebald era y sigue siendo uno de ellos. Como en una sesión continua y sin pausa, leí todos sus libros como un poseso.

En la obra Saturn’s Moons, Clive Scott, según leo en la revista Clarín, repasa las marcas y anotaciones de Sebald en los libros seminales de Berger, Barthes y Sontag sobre la fotografía, y el capítulo siguiente está consagrado a la biblioteca de Sebald, parte de la cual se conserva en el archivo de Marbach. El profesor y crítico ofrece curiosidades como la lista de libros favoritos de Sebald: Modos de ver, de John Berger; Habla, memoria, de Nabokov; Vidas breves, de John Aubrey; un Bernhard, un Stifter, un HrabalLa marquesa de O, de Von Kleist; Tres cuentos, de Flaubert: W. o el recuerdo de la infancia, de Perec; El jardín botánico, de Claude Simon. En un catálogo de la biblioteca se pone de relieve la insistente presencia de autores como Canetti, Enzensberger, Handke, Hölderlin, Hofmannsthal, Hamburger, Kluge, Koeppen, Ransmayr, Arno Schmidt, Peter Weiss, Michel Butor, Frank Kermode o Levi-Strauss, siendo los más subrayados Adorno, Benjamin, Proust y Wittgenstein.

A todos ellos podríamos añadir los nombres de James Joyce y su paseante Leopold Bloom; los Naufragios de Cabeza de Vaca; Ulises/Odiseo en su vuelta a Ítaca; la picaresca; Don Quijote y Sancho Panza; los viajes australes de Robert Stevenson o los viajes interiores de Almayer o Lord Jim, de otro transterrado llamado Joseph Korzeniowski, más conocido como Joseph Conrad. También merecen mención las jornadas de El Manuscrito encontrado en Zaragoza, del también polaco Jan Potocki, ruina, devastación y sexo; la vida y la muerte en Decamerón o Los cuentos de Canterbury en otra Europa remota, pero tan cerca en sus surcos de horror. La guerra y las plagas: los flagelantes en El Séptimo sello de Ingmar Bergman; Andrei Reblov en su propia vida y en la película de Andrei Tarkovsky; la prosa febril y alucinatoria en Europa Central, de William T. Vollmann. Y Sebald se convirtió en una cita interminable.

W.G. Sebald se enmarca asimismo en la expresión contemporánea en su condición de híbrido, en la grieta entre la ficción y el documento, género que el cine actual ha hecho propio y generado obras maestras de la mano de Errol Morris (Tabloid o Vernon, Florida); Moira Demos y Laura Ricciardi y su serie Making a Murderer, o Joshua Oppenheimer y The Act of Killing, por citar sólo tres títulos que indagan, de nuevo en el horror o en la estupidez, en nuevos capítulos de la Historia Universal de la Infamia.

Tanto en pintura como en otras prácticas expresivas, el cubismo fue la consecuencia de una sucesión de rupturas que el arte había venido practicando desde finales del siglo XIX. El Cubismo mete la navaja y abre en canal la realidad, para exponer sus partes en una nueva representación que a su vez se convierte en el todo. La vanguardia, según la entendemos con las vanguardias llamadas históricas de las primeras décadas del siglo XX, son a su vez un eslabón de una ininterrumpida cadena de rupturas. La novela moderna, tomando como madre y padre a los narradores rusos e ingleses, aporta entonces en su tradición su aporte cubista, pues el narrador omnisciente de esos novelones también parece ver la realidad desde puntos de vista múltiples. Con esa misma visión, Sebald construye y derriba desde diferentes lugares y desde diversos momentos.

Europa es la historia y el resultado de un inmenso campo de batalla: millones de muertes nos obligan y nos comprometen a entendernos. En esa Europa Sebald nos habla de emigrantes, emigrados; sucesos pertinentes y triviales. Funde los hechos de la historia del continente, y de las historias de sus personajes con las páginas de la creación literaria y artística. Nos habla de muertos, de sueños, de personas y personajes que transitan por el tiempo sin obedecer a las leyes de la lógica y del transcurrir de las horas; del derecho, del revés, como el reloj de la torre de la Sinagoga Vieja-Nueva de Praga donde el Golem habita, pena, muere. W.G. Sebald no es una pasión, sino otro nombre para llamar a la literatura de estos tiempos. Trato de fijar una idea, pero el nombre de W. G. Sebald me lleva a páginas dispersas, a autores que frecuento.

Europa es la historia y el resultado de un inmenso campo de batalla: millones de muertes nos obligan y nos comprometen a entendernos. En esa Europa Sebald nos habla de emigrantes, emigrados; sucesos pertinentes y triviales. Funde los hechos de la historia del continente, y de las historias de sus personajes con las páginas de la creación literaria y artística.

La inclusión de la fotografía en su obra es un hecho determinante que dota a sus palabras de un sentido inédito. Propias o ajenas, las fotos son signos de una narración con un punto de vista más amplio en un hilo histórico que nos lleva hasta Cómo vive la otra mitad. Estudios entre las casas de vecindad de Nueva York, de Jacob Riis, fotoperiodista danés afincado en Estados Unidos que traza un descarnado retrato de la pobreza extrema y la vida insalubre de los barrios marginales de Manhattan.

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Los libros misceláneos de Julio Cortázar, Último Round y La vuelta al día en ochenta mundos serían otra cara del uso de la fotografía. Javier Marías, en alguna de sus últimos libros usa la imagen como elemento consustancial a la narrativa; igualmente surge la fotografía en 10:40, de Ben Lerner Y esto, citando sólo algunos títulos dispersos en el tiempo y en su estilo y fines.

Pero no siempre una imagen vale más que mil palabras; la imagen puede faltar, sugerir lo falso, mentir: “Es curioso que algo así suceda cuando vuelve a salir a la luz el metraje recogido por Sidney Bernstein durante la liberación del campo de concentración de Bergen-Belsen, donde los aliados encontraron pruebas que luego fueron utilizadas en los juicios de Nuremberg, pero que no llegaron a ver la luz pública hasta hace apenas un año por expreso deseo del gobierno británico (que en 1945 estaba enfrentado con los sionistas judíos, a quienes no quería proporcionar argumentos a su favor poco antes de la creación del Estado de Israel). Miles de imágenes perdidas, miles de identidades borradas. Una maquinaria puesta al servicio del exterminio y otra puesta al servicio del olvido”, escribe Hilario J. Rodríguez a propósito de las dificultades de producción de El hijo de Saúl.

Querida, las imágenes son bellas, no se puede prescindir de las imágenes, pero son también un tormento”, escribió Franz Kafka.

En el tercer corte de su libro de 1990 Vértigo, W.G. Sebald convoca a fantasmas del pasado y figuras del porvenir. En ese tercer corte, Viaje del Dr. K a un sanatorio de Riva, un tal Dr. K, Vicesecretario del Instituto de Accidentes de Trabajo de Praga, tras efectuar una visita profesional a Viena, se aloja en el Hotel Sandwirth de Venecia, tras una breve noche en Trieste y llega con posterioridad al Sanatorio hidroterápico del doctor von Hartungen. El Dr. K desea tomar las aguas.

Desde el Sanatorio Hidroterápico del doctor Hartungen en Riva, a orillas del lago Garda, el Dr. K, escribe cartas a Felice Bauer, lejana, amada y temida, que vive en Berlín; prometida mil veces y deshecho el compromiso otras tantas con Franz Kafka, escritor y Vicesecretario del Instituto de Accidentes de Trabajo de Praga.

En Marienbad, una estación balneario cerca de Karlovy-Vary, del 3 al 13 de ulio de 1916, El Dr. K, entonces llamado Franz Kafka, pasará diez días – cinco chirriantes y cinco brillantes, dice Elias Canetti– con Felice Bauer. El Dr. K no sospecha, en Marienbad, que Alain Resnais y desde otra esquina Enrique Vila-Matas observan y anotan para sus obras del futuro.

Algunos años después, Alain Resnais compone su película El año pasado en Marienbad con un guión de Alain Robbe-Grillet, el ”más genialmente incomprensible de toda la historia del cine”, según Enrique Vila-Matas. Alain Resnais no filma nada en Marienbad, que en su película es un lugar donde pudo haber ocurrido una historia.

Antes de llegar a Riva, el Dr.K asiste a una proyección cinematográfica en Verona, digamos que en el Cine Pathé di San Sebastiano. Ese 20 de septiembre de 1913, el Dr. K no ve El estudiante de Praga, aunque este título circulaba por esa época pero abominemos de la lógica temporal y pensemos que asistió a una proyección El año pasado en Marienbad.

Alain Resnais compone su película El año pasado en Marienbad con un guión de Alain Robbe-Grillet, el ”más genialmente incomprensible de toda la historia del cine”, según Enrique Vila-Matas. Alain Resnais no filma nada en Marienbad, que en su película es un lugar donde pudo haber ocurrido una historia.

En la película de Alain Resnais un hombre insiste en haber conocido, el año pasado, a una mujer en Marienbad. Ella lo niega con igual insistencia. La verdad de él, la negación de ella. El Dr. K ha roto tantas veces su compromiso con Felice Bauer, de Berlín, que sus quejas y demandas, sus idas y venidas resuenan en el delirante sueño que pudo no haber ocurrido el año pasado en Marienbad. El Otro proceso de Kafka, de Elias Canetti describe el profundo exhibicionismo virtuoso del que Franz Kafka, también conocido como Dr. K, hace gala en esta copiosa correspondencia de más de 800 páginas. Estas cartas “son más íntimas que la exposición detallada de una felicidad”.

En el Sanatorio Hidraterápico del doctor Von Hartungen, el Dr. K, otro rostro de Franz Kafa, conoce a una joven, a quien llamaba “sirena para sí”. Es pequeña y de aspecto italiano; procede de Génova, pero es suiza. No se dan los nombres uno a otro, no se intercambia fotografías ni palabra escrita alguna. Gerti Wasner, que así se llama la joven, abandona el Sanatorio Hidroterápico a los pocos días y el Dr. K la ve partir a bordo de un vapor que efectúa sus trayectos en el lago de Garda. El Dr. K no ha abandonado su correspondencia con Felice Bauer.

El Dr.K también conoce en el Sanatorio a un antiguo general de división del Imperio. Un día, Ludwig von Koch se ausenta, falta al desayuno y el Dr. K (Kafka) asiste entonces, junto al doctor von Hartungen, al entierro del suicida. El general ha usado su pistola; el doctor Hartungen no comprende cómo puede haber disparado al unísono al corazón y a la cabeza.

En el corte cuarto del mismo libro, Vértigo, Il ritorno in patria W.G. Sebald vuelve a W, la aldea bávara donde nació y apenas pasó la infancia; cruza en un viaje interminable en autobús la frontera entre Italia, Suiza y Baviera y vuelve a los territorios de su infancia, poblados por fantasmas, en una prosa alucinada. Allí, en un momento de sus recuerdos, se produce el encuentro con el cazador Hans Schlag, que procedente de la Selva Negra recaló un día lejano en W, nadie sabe cómo ni por qué. En ese encuentro, Schlag está muerto y yace sobre el trineo tirado por el caballo tordo de Pfeiffer, el molinero de W. El Dr. W gira la cabeza y adivina que el Dr. K se esconde tras los gruesos cortinajes de su habitación en el Engelwirth, el hotel en W. En uno de sus textos más famosos, Franz Kafka relata la muerte del cazador Gracchus en la Selva Negra, donde combatía a los lobos. El cadáver embalsamado de Gracchus llegó a bordo de una barca a Riva, y su cuerpo fue recibido por el jefe de la comunidad.

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La visita de Franz Kafka al Sanatorio de Riva se documenta en sus diarios y en la correspondencia a Felice, así como la proyección de una película a la que acude en Verona. El cazador Schlag es un sueño del pasado de Sebald, pero el cazador Gracchus figura en un texto en los diarios de Kafka que su amigo y albacea Max Brod publicó como cuento. La película de Resnais es real y asequible, pero la historia sobre el guión de Robbe-Grillet es inexplicable. La confusión y colisión de temas y personajes es mía.

En el corte cuarto del mismo libro, Vértigo, Il ritorno in patria W.G. Sebald vuelve a W, la aldea bávara donde nació y apenas pasó la infancia; cruza en un viaje interminable en autobús la frontera entre Italia, Suiza y Baviera y vuelve a los territorios de su infancia, poblados por fantasmas, en una prosa alucinada.

El fetichismo sobre nuestros héroes es una forma de preservarlos, aislarlos de la historia y conservarlos para nuestros fines. Leía los libros de Sebald con pasión enfermiza y con el tiempo observo que esa misma pasión ha aquejado a otros personajes, a otras personas. En este texto me uno a ellos: a Vila-Matas, a Gonzalez-Foerster y a tantos otros. Los errores en la cronología son fruto de esa pasión. Personajes y temas se entretejen, W.G. Sebald es una tela de araña. En sus páginas confluyen personas y personajes, realidad, ficción, narración. Su prosa envolvente –llena de subordinadas y apartes; de meandros, aclaraciones, notas al margen y paréntesis y, al mismo tiempo, seca y laboriosa– produce monstruos. Los muertos de G.W. Sebald, que cuentan mejores historias que los vivos.

En un domingo de marzo, en un lunes después del último domingo de un marzo frío como sólo pueden serlo los tantos marzos de invierno, la confluencia de viejos amigos es, seguro, un buen punto de partida.

FIRMAS SUMERGIDAS | MIGUEL LORENZO

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Nació en Mayo de 1955 en Santa Cruz de Tenerife. Colegio de curas, conato de ingeniería, imagen y cine.

Redactor para todo: local, nacional, nota roja y hasta editoriales de temas que ignoraba en diversas etapas en EL DÍA de Santa Cruz. Acreditado en varios festivales de cine: Sevilla, Valladolid y en un certamen efímero de terror en Madrid.

Escritos para revistas de cine, literatura, publicaciones digitales. Consumidor compulsivo de películas y libros. Entre sus records, las 40 películas vistas en una semana durante la Seminci de Valladolid. Mantiene un tumblr donde habitan muchas de sus obsesiones: http://lormiguel.tumblr.com

Desde 2014 co-dirige PuertasFilmfest  ( facebook.com/puertasfilmfest ), una muestra de cine independiente que tiene lugar en verano en una pequeña aldea asturiana de 40 habitantes, Puertas de Cabrales. En 2015, la muestra amplió sus actividades al arte contemporáneo en el medio rural.