Espacios de resistencia y apuntes de periodismo

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Por Emma Rodríguez © 2015 / “El plato en la mesa, el aceite y el pan”. Así comienza La resistencia íntima, de Josep Maria Esquirol, un bellísimo, esclarecedor ensayo, publicado por Acantilado, que empecé a leer una mañana soleada, al aire libre, tiempo de aperitivo y de lectura, tiempo de pequeños placeres cotidianos, de apropiaciones de la sencillez, ese territorio que el autor tanto reivindica para hacer frente a los ruidos y urgencias de un presente que nos confunde y que nos incita a estar permanentemente conectados, informados, inundados de datos, de noticias, que olvidamos con demasiada rapidez, que apenas nos dejan huella.

Hay muchas reivindicaciones en esta entrega, subtitulada Ensayo de una filosofía de la proximidad, que parte del yo para alcanzar a los otros y que nos habla de la resistencia como una actitud vital, de las distintas formas de resistencia. Arranca el discurso con la imagen de la mesa, la mesa como símbolo del hogar y del acogimiento, de lo que se comparte, y mientras recorría sus páginas en la pequeña mesa de una terraza pensaba que la lectura es también una forma de resistencia ante la aceleración impuesta, una manera de convocar a la lentitud, un detenerse voluntario y decir basta de ruidos.

Elegir un libro es tomar un camino, decidir un rumbo, estar dispuestos a permanecer en un espacio hasta entonces inexplorado, al que llegamos desde la más absoluta extrañeza y que, poco a poco, si se produce esa mágica experiencia de la afinidad, se nos va volviendo familiar. Leer es un diálogo, un gesto de apertura, una búsqueda. Y todo esto tiene que ver con las ventanas que va abriendo Esquirol, ventanas de luz, de reconocimiento, de complicidad, de cercanía. Ventanas al afecto, al abrazo. “En realidad, sólo quien es capaz de soledad puede estar de veras con los demás”, señala el autor, quien recurre a las palabras pintadas en la habitación de un anacoreta, en una casa muy deteriorada de la ciudad italiana de Turín: “Quien va al desierto no es un desertor”.

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Elegir un libro es tomar un camino, decidir un rumbo, estar dispuestos a permanecer en un espacio hasta entonces inexplorado, al que llegamos desde la más absoluta extrañeza y que, poco a poco, si se produce esa mágica experiencia de la afinidad, se nos va volviendo familiar. Leer es un diálogo, un gesto de apertura, una búsqueda. Y todo esto tiene que ver con las ventanas que va abriendo Esquirol, ventanas de luz, de reconocimiento, de complicidad, de cercanía.

El desierto está en todas partes y en ninguna: en medio de la ciudad, por ejemplo”, argumenta el filósofo. “Quien va al desierto es, sobre todo, un resistente. No necesita coraje para expandirse sino para recogerse y, así, poder resistir la dureza de las condiciones exteriores. El resistente no anhela el dominio, ni la colonización, ni el poder. Quiere, ante todo, no perderse a sí mismo pero, de manera muy especial, servir a los demás. Esto no debe confundirse con la protesta fácil y tópica; la resistencia suele ser discreta”.

Cargado de verdad, clarificador, este fragmento da ya la idea del viaje, del recorrido que apenas ha comenzado. En mi caso, fue suficiente, no necesité más, para preparar el equipaje y lanzarme a la aventura, la simple, pero gran aventura, que supone decidir pararlo todo y habitar el vasto territorio contenido en los límites de papel de unas páginas. “Resistir no es sólo propio de anacoretas y ermitaños. Existir es en parte, resistir. Entonces la resistencia expresa no un mero hecho circunstancial, sino una manera de ser, un movimiento de la existencia humana”, sigo adelante.

Aproximación y resistencia. He aquí las dos palabras clave de las que se vale Josep Maria Esquirol para trazar un diagnóstico del estado de ánimo, de la emocionalidad, de las contradicciones y de las pérdidas de un presente movedizo, de zozobra. Un diagnóstico que nos llega muy cerca porque nos habla de nosotros mismos, de nuestras propias percepciones. Aproximación y resistencia para salir del abismo, de la irremediable percepción nihilista de la vida. “El mundo no nos lo pone fácil y, en general, todo cuesta. Nuestras intenciones y nuestros proyectos chocan a menudo con la resistencia que implica la realidad. (…) Sin embargo, también podemos usar la palabra resistencia para referirnos no tanto a las dificultades que el mundo pone a nuestras pretensiones como a la fortaleza que podemos tener y levantar ante los procesos de desintegración y de corrosión que provienen del entorno e incluso de nosotros mismos”.

Emma Rodríguez por Nacho Goberna © 2015

¿Quién no se reconoce en palabras como resistencia y fortaleza? ¿Cuántas veces hemos de cultivarlas, desoyendo incluso los consejos de los más cercanos, a contracorriente de las verdades asumidas, de las cobardías generalizadas, de los modelos y valores que pretenden conducirnos en una dirección única? Quien se plantee todas o alguna de estas preguntas ha de encontrar respuestas y aliento en esta Resistencia íntima que transita por los territorios de los adentros sin dejar de abrir las puertas a los tránsitos, a las afueras.

“Quien va al desierto es, sobre todo, un resistente. No necesita coraje para expandirse sino para recogerse y, así, poder resistir la dureza de las condiciones exteriores. El resistente no anhela el dominio, ni la colonización, ni el poder. Quiere, ante todo, no perderse a sí mismo pero, de manera muy especial, servir a los demás”, escribe Josep Maria Esquirol.

Interpretar la existencia como resistencia, nos dice el autor, no puede pasar por alto el sentido político del concepto. Y habla de la resistencia como oposición al dominio impuesto, al abuso de poder, a la homogeneidad de los discursos únicos que obstaculizan la diferencia, la circulación enriquecedora de ideas. La resistencia como toma de conciencia, como abrazo a la comunidad, no la salvación individual, sino social. La conciencia, pues, más la voluntad, el coraje y “la inteligencia estratégica para autoorganizarse y perseverar a pesar de la persecución a la que sistemática e inevitablemente se verán sometidos los implicados”, voy subrayando. Y más adelante me encuentro con los conceptos de memoria, esperanza y acción asociados también a los movimientos de resistencia política.

Propone este libro acogedor, hospitalario, una gran variedad de sugerencias, de enseñanzas, de mapas para movernos por “la angustiosa comarca que nos rodea”. Nos anima a avanzar con espíritu crítico, tomando y, al mismo tiempo cuestionando, los planteamientos de grandes filósofos como Nietzsche o Heidegger pero, ante la imposibilidad de atraparlo todo en este Diario, opto por fijar algunas de las ideas contenidas en dos de sus capítulos: Elogio de la cotidianidad: lo sencilla que es la vida y No ceder al dogmatismo de la actualidad.

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En el primero imagina Esquirol el encuentro entre un humano y un ángel. Supone que el primero desea contar al segundo sus más extraordinarias experiencias y que, seguramente, para el segundo lo realmente interesante será el relato de lo más conocido y ordinario, la sencillez de la vida cotidiana. Recurre a los versos de las Elegías de Duino, de Rilke, donde precisamente el poeta anima a enseñar lo sencillo a un ángel visitante y, a partir de ellos, interpretándolos, nos dice: “Evitemos buscar siempre lo extraordinario, admirémonos de lo simple y llano y aprendamos a apreciarlo porque, desde cierto punto de vista es lo más sublime de todo. He ahí la lección. La tenemos al alcance de la mano y, quizá por eso sea paradójicamente una de las más difíciles. Para quienes no pueden prescindir de los libros, Chéjov y Kierkegaard (que habla de lo sublime en lo mundano) son muy buenos maestros para impartir esta lección. Apropiarnos (y no en el sentido de la posesión) de la cotidianidad y de la sencillez de la vida, de alguna manera nos salva…”

“Evitemos buscar siempre lo extraordinario, admirémonos de lo simple y llano y aprendamos a apreciarlo porque, desde cierto punto de vista es lo más sublime de todo. He ahí la lección. La tenemos al alcance de la mano y, quizá por eso sea paradójicamente una de las más difíciles”, nos dice el filósofo.

Pero a menudo nos tomamos la vida cotidiana como una vida de segundo orden. Seguimos siendo deudores del romanticismo que contribuyó a exaltar lo excepcional, lo intenso. “En la sociedad de la apariencia la gente suspira por el éxito mediático o por la vanagloria del pequeño, o no tan pequeño, poder jerárquico, mientras la vida corriente sigue siendo menospreciada”, señala el pensador, consciente de que, salvo excepciones, el discurso filosófico no ha ayudado demasiado a subrayar la valía de la cotidianidad, la cotidianidad como repetición, sí, pero también como el contraste entre el gozo y la dificultad y, decisivamente, como proximidad.

Emma Rodríguez por Nacho Goberna © 2015

Contrapone Josep Maria Esquirol la interioridad y la exterioridad y nos habla de la huida, de la huida de la casa, de la soledad, para no caer en lo inhóspito de nosotros mismos, en la reflexión, en el dolor de sabernos seres abocados a la enfermedad, al deterioro, asomados a la miseria del mundo, a la certeza de la muerte. La huida del entretenimiento, de la novedad. La huida hacia adelante. Y frente a la huida, la proximidad. “La proximidad no es una huida de lo inhóspito propio; la proximidad es una estancia que no evita ni lo inhóspito (el abismo) ni la angustia que lo revela. Este fondo propio pero inquietante queda en parte amortiguado por el carácter aterciopelado de la proximidad y por la cálida piel del prójimo”, voy subrayando. Y apunto en los márgenes: Prójimo, otro, comunidad, compañía, compartir, cuidado, ayuda, comprensión…

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Me detengo en el segundo capítulo, el de la resistencia a la actualidad, no sin dejar de apuntar dos preguntas a partir de las cuales el autor va hilando (hilo es una palabra clave en el ensayo) su discurso: ¿A qué se parece la agitación actual? ¿Cuál es la mejor manera de vivir? A la segunda responde que no tiene nada que ver con la fama, con el poder, con la propiedad, sino con “una cierta plenitud de la vida corriente”, al alcance de mucha gente en los países desarrollados. La primera pregunta está muy relacionada con el dominio de la actualidad.

“¿Cuál es la forma justa de resistir a la actualidad? ¿Tal vez -siguiendo a Jünger– la figura del emboscado? ¿O -según Deleuze– la de quien crea? ¿Hay una resistencia reaccionaria y otra revolucionaria?, sigue abriendo interrogantes el filósofo. “La verdadera resistencia a la actualidad consiste en no ceder al dogmatismo”, entendiendo por dogmatismo “todo lo que domina y se asume porque sí, porque toca”. He aquí la respuesta, acompañada de una crítica “al edulcorado escepticismo de intelectuales de feria, que menosprecian antiguos dioses y antiguas creencias y, no obstante, engordan los nuevos dogmas”.

La mejor manera de vivir, indica el autor, no tiene nada que ver con la fama, con el poder, con la propiedad, sino con “una cierta plenitud de la vida corriente”, al alcance de mucha gente en los países del Primer Mundo.

Dice Josep Maria Esquirol que “la paciencia y la temporalidad propias de la maduración no se ajustan a la actualidad”, que la actualidad “como anticipación promueve preferentemente la expectativa y las prisas para no perderse lo que en cada momento se hace actual”. Y argumenta que a la actualidad se le opone resistencia desde la imaginación y la memoria, dos territorios que no pasan por sus mejores momentos, lo que confirma la eficacia del dominio.

“Pero, ¿qué somos nosotros sin memoria?”, se cuestiona. “La memoria no es memoria del tiempo pasado, sino ampliación y enriquecimiento del presente. Sólo a causa de la memoria el tiempo pasado no está acabado y el presente (lo que nos es presente) no se reduce y pervierte en la actualidad (…) Estar pendiente de la actualidad es evasión, abstracción, huida (…) La actualidad no tiene grosor, es plana; plena, pero plana. Y corta. Llena de datos, de información; pero no información del mundo, sino del mundo hecho información”.

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Emma Rodríguez por Nacho Goberna © 2015

Considera el filósofo que a la alienación perpetrada por el sistema capitalista sobre el trabajo de los obreros, bautizada en sus justos términos por Marx, se suma ahora otro tipo de alienación, “mucho más eficaz que nunca, en la que todo el mundo se sumerge sin prevención alguna”, la alienación de la red. “La red”, pone de manifiesto, “fascina y absorbe, y no queda nada o muy poco de íntimo; todo se externaliza, sale fuera para exhibirse y ya no habrá retorno. Esta es precisamente la definición de alienación, lo que sale y va y no vuelve. Debilitamiento del espíritu, de la personalidad, del sí mismo”.

Nos alejamos, a través de esta ruta, de la posibilidad de experiencia, avisa Josep Maria Esquirol.  “Nos externalizamos convirtiéndonos en datos e imágenes (…) El imperio de la actualidad es el imperio de las imágenes y la ausencia de la imaginación. La alienación del sí mismo, hecha con tanta fluidez, aumenta y esconde, sin embargo, una enorme frustración. El mundo de la actualidad atrapa y se impone como destino disimuladamente implacable...”, constata. Y nos anima a “no ceder”, a resistir en lo inactual, situados al margen, en la lateralidad, protegiendo la diferencia.

“Que la resistencia sea reacción no quiere decir que sea reaccionaria”, señala más adelante. “La resistencia es reacción ante las fuerzas dominantes y disgregadoras. Por eso abre un espacio libre y creativo. Sí, crear tiene que ver con el hecho de que aparezca algo nuevo, pero también con el hecho de que este proceso comporte una transformación personal, infinita y contagiosa (…) Que la actualidad no sea una losa, que su homogeneidad no nos ahogue, que su dogmatismo sea revisado y criticado”, voy tomando nota, dejando constancia en la página de este Diario para no olvidar.

O resistimos o la comunidad de hombres libres ya no será horizonte; ni la memoria será sentido”, afirma el autor de este ensayo iluminador, contraponiendo a la fascinación del presente la humildad que no se deslumbra fácilmente y orienta mejor el camino. “Hay vida más allá de la actualidad (…) La libertad consiste en salir de la estadística hacia lo lateral capaz de crear, de resistir”, concluye e introduce, en capítulos posteriores, la idea de juntura como relación, diálogo, unión entre iguales. Si el ensayo se abría con la imagen de una mesa termina con palabras que dan vueltas alrededor de lo cotidiano: la casa, el prójimo, la cura… El lenguaje salvador de la proximidad que “reconoce la experiencia del nihilismo y de la intemperie como fundadoras”.

“O resistimos o la comunidad de hombres libres ya no será horizonte; ni la memoria será sentido”, afirma el autor de este ensayo iluminador, contraponiendo a la fascinación del presente la humildad que no se deslumbra fácilmente y orienta mejor el camino. “Hay vida más allá de la actualidad (…) La actualidad consiste en salir de la estadística hacia lo lateral capaz de crear, de resistir”

Cierro las páginas de La resistencia íntima e impulsada por sus reflexiones acerca de la actualidad, del exceso de noticias, que sepulta nuestras experiencia, nuestros sentidos, abro el cuaderno con los apuntes que tomé a principios de abril en el I Congreso de Periodismo Cultural celebrado en Santander, un encuentro en el que participé junto con compañeros de otros medios y en el que uno de los temas esenciales fue el cambio que los nuevos formatos digitales están introduciendo en los modos y los tiempos de elaborar los contenidos periodísticos.

Organizado por la Fundación Santillana, entre otras instituciones, bajo la batuta Inquieta del periodista y escritor Basilio Baltasar, quien nos descubrió que no íbamos a poder olvidar las nefastas políticas culturales y educativas del ministro Juan Ignacio Wert, ya que su apellido aparecerá siempre, irremediablemente, en los teclados de todas las pantallas de ordenador, el congreso fue una oportunidad de contrastar opiniones. Aquí, a modo de resumen muy particular, voy a dejar constancia de algunas de las ideas que me parecieron más interesantes y que más tienen que ver con el propósito de la resistencia, con el cultivo de la diferencia en el ámbito de los discursos hegemónicos.

Emma Rodríguez por Nacho Goberna © 2015

“El periodismo tiene que tender a la transversalidad; romper fronteras; narrar el presente con las técnicas de la narración”, señaló Eva Díaz Pérez (El Mundo de Andalucía). “Debemos de dejar de lado la agenda e insertar el espíritu crítico en las informaciones”, dijo Xavi Ayén (La Vanguardia). “Hay que recuperar el espacio de reflexión, de calma, el pensamiento vitaminado frente a la banalización”, afirmó Angélica Tanarro (El Norte de Castilla). “No estamos en este oficio para vender entradas. No podemos acabar convirtiéndonos en producto”, declaró Toni Puntí (director del programa Ánima de TV3).

De la cultura como arma de conocimiento, como herramienta de comprensión del mundo; de la cultura poco dominable, capaz de cuestionar al sistema, habló, por su parte, Pepe Ribas, fundador de la mítica revista Ajoblanco, mientras que Borja Casani (El Estado Mental) señaló, muy en la línea de Josep Maria Esquirol, que “ahora mismo vivimos en un lugar donde lo vemos todo y precisamente por eso no vemos nada”. “En este momento”, añadió, “el engaño lo ocupa todo. Navegar por la red ya está superado, ahora hay que profundizar. Estamos en la industria del entretenimiento a la espera de pasar a la del conocimiento”.

Según Casani, en el proceso de transformación, de agitación, en el que nos encontramos “los periodistas no tenemos otro remedio que tener la humildad de convertirnos en público, ser público humildemente durante una temporada, saber esperar, asumir que el receptor es muy difuso”. Totalmente de acuerdo. Saber esperar, imponer calma, resistir al imperio de la actualidad que obstaculiza la perspectiva, el análisis detenido. No puede ser más confuso el panorama de los medios ni más estimulante. En el encuentro de Santander se habló mucho de la necesidad de cultivar el criterio propio, de la independencia, pero poco se dijo de que en los medios actuales se soporta cada vez menos a los profesionales incómodos, críticos, agitadores, combativos.

“En este momento, el engaño lo ocupa todo. Navegar por la red ya está superado, ahora hay que profundizar. Estamos en la industria del entretenimiento a la espera de pasar a la del conocimiento”, señaló Borja Casani en el I Congreso de Periodismo Cultural.

Ante esa realidad, la resistencia, la resistencia convencida. La resistencia es el espacio desde el que desde un principio enfocamos la ruta de “Lecturas Sumergidas”. Así lo expuse en el Congreso. Aquí os dejo para acabar, a modo de resumen, algunas de mis propias reflexiones, reflexiones que sintetizan muy bien el espíritu de esta publicación, de este viaje en el que cada vez nos sentimos más acompañados:

• Desde el principio tuvimos claro que nuestra prioridad no era llegar al mayor número de personas, ser multitudinarios, (en todo caso eso, de llegar, sería consecuencia del trabajo realizado). Desde un principio apostamos por interesar a un perfil determinado de público que estábamos seguros que existía, aquel que anhela profundidad y diferencia cultural.

• Antes eran sólo los grandes medios los que generaban la información, ahora están los medios en los dos ámbitos, pero en Internet también los proyectos particulares o desarrollados por grupos más o menos reducidos, es decir blogs o revistas alternativas. La democratización ha llegado a la comunicación y ha llegado para quedarse. Más allá de críticas y de quejas, lo cierto es que eso siempre ha de ser bienvenido, porque ahora todo aquel que tiene algo que decir puede hacerlo. Es cierto que también los que no tienen nada interesante que aportar pueden entrar en el juego, pero ¿por qué hay que tenerle miedo a la democracia participativa también dentro de la comunicación cultural?. Ya se encargarán los electores, esto es, los lectores de cribar.

Emma Rodríguez por Nacho Goberna © 2015

• La cultura con mayúsculas al parecer no vende, lo que sí vende es el espectáculo, la banalidad, el cotilleo, el morbo. Eso nos dicen. ¿Por qué? ¿Realmente es así? Se nos cuenta que en Internet los contenidos tienen que ser cortos y simplones para ganar el mayor número posible de clics -la dictadura de las estadísticas- y lo curioso es que eso también se ha contagiado a los medios impresos, donde se ha girado hacia informaciones culturales cada vez más frívolas.

• No hay una razón objetiva por la cual no puede haber contenidos en profundidad en Internet, puesto que ahora, por el momento tan especial que vivimos, por la incertidumbre y los cauces de cambio que ha generado la crisis, la cultura es más esencial que nunca para hacernos comprender este tiempo con sus inconsistencias y con sus esperanzas. ¿Quién nos ha dicho que no interesa la cultura? Y qué me expliquen por qué la calidad de los contenidos no puede caber tanto en el formato tradicional como en el digital. La calidad no entiende de continentes ni ayer ni hoy ni mañana.

• En lecturassumergidas.com no nos preguntamos qué es lo que va a cambiar dentro de diez años para tratar, con más o menos acierto, de adelantarnos a los acontecimientos. La pregunta que nos hicimos desde el principio fue qué es lo que no va a cambiar dentro de diez años, qué es lo que va seguir interesando. Nos respondimos: la necesidad de contenidos elaborados con criterio, contenidos capaces de orientar, de invitar a la reflexión, de profundizar y ofrecer otras miradas más allá del discurso único. Nuestro punto de partida se basó en tres pilares: el interés por lo que está ocurriendo en el presente, por las novedades; la atención a libros y autores que no aparecen habitualmente en los medios convencionales y la reivindicación de los clásicos, de esas obras absolutamente vigentes que pueden seguir emocionándonos y enriqueciéndonos. No necesitamos una percha para colgar un contenido determinado. Nos negamos a someter nuestros artículos y entrevistas a la dictadura de la actualidad o de las modas. La cultura es algo vivo, un puente entre generaciones. No renunciemos a aquello que sedujo, que fue alimento para nuestros antecesores.

• Son los periodistas los que aportan credibilidad. Han pretendido hacernos creer desde hace tiempo que la credibilidad está en los medios, en las marcas, pero esto, bajo mi punto de vista, es una falacia. La credibilidad está en los buenos profesionales que trabajan en los medios, en su rigor, en su creatividad, en su entusiasmo. Los periodistas son el auténtico capital de los medios. Un medio sin buenos profesionales acabará no siendo creíble y eso es tan aplicable para Internet como para las publicaciones impresas.

Emma Rodríguez por Nacho Goberna © 2015

• Cuando yo empecé en el periodismo se confiaba en el criterio de los lectores, de los compradores de los diarios. Ahora, del mismo modo, hay que confiar en el criterio de los usuarios de Internet. Antes, si un diario era leído no se trataba de una cuestión de suerte, era porque convencía a los criterios de muchas personas, porque satisfacía sus inquietudes, porque les ofrecía, ya en el ámbito de la cultura, contenidos atractivos: la crítica del concierto al que habían ido, la crónica detallada de la exposición para la que habían hecho cola; porque les orientaba en la búsqueda de libros tesoro cuyos autores no siempre conocían o eran los más vendidos. Todo eso, no sólo la política, no sólo la economía, contribuía a que comprasen el diario cada día. Ahora muchos usuarios de Internet siguen buscando lo mismo, esas informaciones que han empezado a escasear en los periódicos. Son, serán ellos, los que acaben decidiendo qué sitio, qué blog, merece la pena. Serán ellos los que vayan abriendo los claros en el espeso, complejo, panorama online. Habrá espacios aptos para mayorías y habrá otros que lleguen a minorías más específicas.

• ¿Dónde podemos encontrar hoy la diferenciación, la especialización, la profundidad en los contenidos culturales? ¿Dónde podemos huir de la repetición, de los itinerarios dirigidos por las multinacionales de la cultura: grandes grupos editoriales, grandes discográficas o distribuidoras de cine…? ¿Dónde hallar una mayor independencia, informaciones no sujetas a intereses ni presiones? ¿Qué es lo que realmente importa el continente o el contenido? Probablemente, a día de hoy, cada vez hay más gente que tiene respuestas a estas preguntas.

Nacho Goberna © 2015


“La resistencia íntima”, de Josep Maria Esquirol, ha sido publicado por Acantilado.

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 Nacho Goberna es el autor de las fotografías.

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