Foto de cabecera: Laura Marling en Sydney – CC Darshil Shah /

Fidel Oltra © 2025 /

En este siglo XXI del que ha transcurrido ya una cuarta parte, hay pocas carreras discográficas tan sólidas y regulares como la de Laura Marling. No se trata de una artista demasiado mediática si la comparamos con otras de su misma generación o próximas a ella; al menos en España, porque en su país natal, Inglaterra, llegó a conseguir cinco nominaciones a la mejor solista entre 2011 y 2018, ganando una vez el premio. Lo cierto es que da la impresión de ir avanzando silenciosamente, como una hacendosa hormiguita, construyéndose una singular discografía que, si contamos solo los LPs, anda ya por las ocho entregas a fecha de hoy.

En lo personal Marling tampoco es amiga de declaraciones llamativas ni de airear detalles de su vida privada, más allá de lo que se filtra en sus canciones. Se conoce que es una persona a la que le gusta la soledad y estar en casa –tiene un máster en psicoanálisis pero no ejerce–, también que ha tenido varias relaciones y que ninguna de ellas ha sido demasiado larga. En la actualidad vive con George Jephson, también músico, con el que tuvo una hija a principios de 2023. Lo último que sabemos es que volvía a estar embarazada y que, tras una serie de exitosos conciertos el pasado mes de marzo, anunciaba una retirada temporal de los escenarios. Es de suponer que para dar a luz por segunda vez y atender a su bebé en sus primeros años, aunque hay poca información más al respecto. Sirva todo esto como introducción a una artista cuya vida no anda demasiado desligada de sus canciones, como iremos viendo.

Laura Beatrice Marling nació el 1 de febrero de 1990 en Eversley, Hampshire, Inglaterra. En su casa siempre hubo ambiente musical: su madre era profesora de música y su padre dirigía un estudio de grabación. Un estudio por el que pasaron en su momento bandas como Black Sabbath. Su padre fue quien introdujo a Laura en la música folk, enseñándole a tocar la guitarra. Sus hermanas mayores también habían recibido una formación similar. Posteriormente la cantante se quejaría de que su inmersión en el mundo de la música fue quizás demasiado supervisada, y afirmaba que le habría gustado crecer escuchando estilos más adecuados para su edad, como por ejemplo las canciones que les gustaban a sus amigas. En cualquier caso aquel fue el primer paso para la construcción de la identidad artística de Laura Marling tal como la hemos conocido en sus casi veinte años de trayectoria.

Laura Marling en Cambridge Folk Festival. Foto CC Bryan Ledgard.

Laura, que asistió a diversas escuelas privadas, ha descrito en ocasiones su adolescencia como solitaria y temerosa. La idea de la muerte la tenía obsesionada. Con 14 años escribió su primera canción, Failure, que más tarde aparecería en su primer álbum. A los 16 años, completada su educación secundaria, se mudó a Londres con sus hermanas mayores intentando poner en marcha una carrera musical seria. En esos primeros meses escribió varias canciones que le permitieron fichar por el sello WayOutWest Records, con el que lanzó un primer EP titulado The London Town. En aquellos temas encontramos a una Laura Marling algo dubitativa pero entregada, con su guitarra acústica, a revivir el legado folk de artistas como Joni Mitchell, a la que idolatraba. Más tarde confesó no estar muy orgullosa de aquellas canciones, pero estamos ante las primeras grabaciones de una chica de 17 años, no hay que olvidarlo.

Al mismo tiempo que publicaba sus propios temas, Laura colaboraba con diversos grupos de folk contemporáneo y participaba en grabaciones de otros como The Rakes, Mystery Jets o, principalmente, Noah and the Whale. De hecho en este último grupo llegó a formar parte de la formación oficial que grabó su álbum de debut, aunque Laura abandonó la banda antes de que se publicara el disco. Un abandono que se debió a la finalización de una breve relación sentimental que había mantenido con el vocalista Charlie Fink. La ruptura debió ser amistosa porque el propio Fink produciría poco después el primer álbum de Laura. Antes de aquello, sin embargo, ella ya había empezado a labrarse un nombre por su cuenta. Publicó un par de EPs más en los que había canciones con títulos tan reveladores como My manic and I o Night terror. Además, llegó a girar con artistas como Jamie T o Adam Green, y también colaboró por un tiempo con Mumford & Sons, una colaboración que se extendió incluso más allá de que debutara en solitario.

Cuando apenas acababa de cumplir los 18 años, Laura Marling publicó su primer álbum, Alas, I Cannot Swim. Un disco en el que incluyó solo algunas de las canciones que habían aparecido en sus EPs anteriores, además regrabadas para la ocasión. Ya he comentado anteriormente que no estaba demasiado contenta con sus primeras grabaciones. Laura sorprende con un disco emocional y reflexivo, bastante más de lo que se podía esperar de una adolescente. Es difícil de entender que una chica de su edad haya vivido tantas experiencias como para escribir unas letras que, en ocasiones, resultan desoladoras aunque también extremadamente bellas.

Tap at my window, levemente basada en la historia de Cumbres Borrascosas, es realmente preciosa. En otro estilo destaca Ghosts, la canción que abre el álbum. El estilo de Laura Marling sigue siendo folk, pero incluyendo arreglos de cuerda y demás instrumentos propios del pop. Incluso se atreve a acelerar el ritmo y acercarse al country en temas como You’re no God. El disco se cierra oficialmente con Your only doll (Dora), otra canción muy bonita que se envuelve en cantos de pájaros antes de dar paso a una pista oculta, precisamente el tema que da título al álbum.

El debut de Laura Marling es considerado por muchos como uno de los grandes discos de folk de la primera década del nuevo siglo. Su capacidad para observar la vida y las relaciones, debo insistir, es sorprendente para su edad. Los medios también se rindieron a Alas, I Cannot Swim, nominando el disco a los premios Mercury junto a nombres como los de Radiohead, Adele, Robert Plant (con Alison Krauss) o Burial. No ganó, pero estar nominada ya fue todo un éxito. Ella, sin embargo, sigue sin tener un buen recuerdo de aquellas primeras canciones. El perfeccionismo y la inseguridad la han acompañado durante toda su carrera, no cabe duda.

Laura Marling en el Underage Festival, Londres. Agosto 2007.
Foto CC DearCatastropheWaitress. 

El segundo álbum de Laura Marling, I Speak Because I Can, fue grabado nada menos que en los estudios Real World, de Peter Gabriel, a lo largo de 2009 y publicado en 2010. La cantautora era ya una presencia familiar en los medios, apareciendo entre otros en el famoso programa de Jools Holland. En esta ocasión escribió canciones algo más sofisticadas y ambiciosas, moviéndose en ese terreno del nuevo folk donde brillaban sus historias caseras pero imbuidas de cierta magia, en ocasiones melancólica y en otras más épica. Laura cuenta que se basó en la tradición del folk británico, pero también en la mitología griega, especialmente en la Odisea. Algunas de las andanzas de Odiseo y Penélope acaban filtrándose en sus temas, aunque cambiando la época y el contexto. Canciones como Alpha shallows tienen algo de esa atmósfera épica, evocadora y lejana en el tiempo.

La producción, bien adaptada a ese sonido misterioso que buscaba para el álbum, estuvo a cargo de Ethan Johns, que había trabajado con gente como Ryan Adams, Rufus Wainwright o Ray Lamontagne, y que pocos años después lo haría con Paul McCartney o Tom Jones. La voz de Laura se muestra en este disco más madura, menos inocente, con más fuerza. La cantante buscó nuevas afinaciones para la guitarra, intentando imponer cierta distancia respecto a un debut del que no estaba demasiado orgullosa. Las canciones, en consecuencia, ganan en solidez. Todo se alineó para crear otro disco imponente que fue de nuevo nominado al Mercury Prize y que es una delicia escuchar una y otra vez prestando atención a joyas como What he wrote, las más animadas Rambling man y Devil’s spoke, o a la estremecedora I speak because I can, donde empieza a explorar historias de abandono, redención y empoderamiento

En 2011 Laura Marling ganó el Brit Award a la mejor solista británica. Curiosamente, en la misma ceremonia sus colegas de Mumford & Sons, que habían participado en el segundo álbum de Laura, obtuvieron el premio a mejor disco por Sigh No More, su primer álbum. Laura, que también ganó o estuvo nominada a mejor artista femenina por diversas revistas británicas, ya estaba embarcada en el que sería su tercer disco: A Creature I Don’t Know. La cantante vivía un ciclo ininterrumpido de grabación, gira y vuelta al estudio. Un ritmo frenético pero que su juventud le permitía soportar. Su tercer álbum, también producido por Ethan Johns, supuso un paso adelante enorme en cuanto a texturas y sonidos. Muchas de las nuevas canciones ya habían sido ensayadas, representadas y pulidas durante la gira anterior.

Laura se muestra en A Creature I Don’t Know más suelta y aventurera, su voz ha ganado en matices y puede sonar sexy y firme al mismo tiempo, acercarse al soul o rebuscar en lo más recóndito de su amado folk. En cuanto a las letras, explora de manera más profunda temas relacionados con la identidad (recordemos el título del álbum), la feminidad, la necesidad de encajar en el entorno o la búsqueda de significados. Sus inseguridades y dudas se seguían manifestando de forma diáfana en sus canciones. También sus numerosas lecturas de aquel periodo: novelas de John Steinbeck o ciertos libros de filosofía inspiraron canciones como Salinas, Sophia o The muse.

La música de Laura Marling empezaba a ganarse una fama de atemporalidad y universalidad. Sus influencias se veían ampliadas a distintos estilos y épocas, y sus letras trataban temas que no podían resultar ajenos a nadie. No olvidemos, además, que apenas acababa de cumplir 21 años. Su perfeccionismo, de todos modos, la seguía atormentando. A pesar de que el disco llegó al top-5 en el Reino Unido, y de volver a estar nominada a diversos premios individuales, Laura respondía con un lacónico “no estaban mal” cuando le preguntan por los temas de su tercer álbum. A estas alturas ya podemos tener claro que la suya ha sido una carrera contra sí misma, un incesante y laborioso intento de liberarse de sus miedos.

Tras publicar el directo Live From York Minster en 2012, el año siguiente lanzó Once I Was An Eagle, otro excelente disco. Tenía solo 23 años, pero ya había publicado cuatro álbumes de estudio y tenía las suficientes vivencias como para poderlas volcar en un disco de ruptura, un agridulce pero poético tratado sobre la soledad. Un trabajo melancólico y brumoso que la alejaba de su principal referencia, Joni Mitchell, para acercarla a Nick Drake. Al arrancar el disco con Take the night off ya se puede respirar la crudeza y sentir la opresión.

Grabado de nuevo con Ethan Johns, esta vez Laura Marling compuso y dio forma a las canciones totalmente en solitario, ella a solas con su guitarra, añadiendo posteriormente Johns, en ausencia de la cantante, el resto de la instrumentación. Es como si quisiera entregar las canciones tal como a ella le brotaban del corazón, pero al mismo tiempo fuera consciente de que alguien debería rebajar su dureza, sus asperezas, y que ese alguien no podía ser ella misma. Entre la tristeza (Where can I go?) y la redención (I were an eagle), va saltando entre sentimientos encontrados para acabar creando un disco sincero, doloroso, contradictorio, acogedor, desgarrador y resiliente. Uno no puede quedar impasible ante canciones como las mencionadas, a las que añadiría Pray for me. O cualquier otra, porque la fuerza de Once I Was An Eagle es su totalidad, su condición de búsqueda, de camino que debe andarse se quiera o no.

Portada del disco Once I Was An Eagle (Una vez fui un águila).

Durante una breve estancia en Los Ángeles, Laura Marling empezó a componer algunas de las canciones de su nuevo disco, Short Movie. Incluso lanzó algún sencillo mientras todavía residía en los Estados Unidos, aunque el disco salió publicado en marzo de 2015 tras su regreso a Londres. Laura quiso darle una vuelta a su sonido, tocando por primera vez guitarras eléctricas y encargándose ella misma de la producción con la ayuda de Dan Cox y Matt Ingram, batería en su banda. Deja atrás, sin esconderla del todo, su vulnerabilidad para adentrarse en terrenos más abiertos, aunque por momentos igualmente enigmáticos. Incluso su forma de cantar se transforma, recordando en algunas canciones más a diosas del rock comercial (Chrissie Hynde) o alternativo (PJ Harvey, Fiona Apple) que a la ya algo difuminada presencia de Joni Mitchell. Bueno, no tan difuminada en canciones como I feel your love, pero predomina su nueva faceta más agresiva vocalmente y más exuberante en lo instrumental.

Ecos de la “antigua” Laura Marling pueden escucharse aquí y allá, en canciones como How can I por ejemplo, pero es la “nueva” Laura de temas sorprendentes como Strange, Gurdjieff’s daughter o Short movie la protagonista y la que impone su personalidad. La cantante había intentado desconectar durante su estancia en Los Ángeles, disfrutando de su anonimato y buscando trabajos “reales”. Ese breve descanso de la música provocó que las canciones de Short Movie, inspiradas en buena parte por aquella experiencia, fueran compuestas en poco tiempo, de forma voluntariamente apresurada, reflexionando sobre su relación con la música y, de nuevo, volcando todas sus inseguridades (un álbum anterior, grabado con Ethan Johns, había sido desechado, provocando en Laura un cierto sentimiento de fracaso) en las canciones.

Estamos en 2016. Laura ha debutado como actriz en un cortometraje, se ha aficionado a la literatura de ciencia ficción, sigue coleccionando nominaciones a prestigiosos premios, pero su mente sigue enfocándose en lo que no le gusta. Por ejemplo, se siente mal debido a la falta de presencia femenina a los mandos de los estudios de grabación. Por ello se ve impulsada a arrancar un proyecto denominado Reversal of the Muse para reivindicar que más mujeres profesionales aparezcan en tareas técnicas. Quizás también ese mismo impulso la llevó hasta Semper Femina, su siguiente disco, publicado en 2017 y producido por el californiano Blake Mills, un tipo en las antípodas de Ethan Johns que, pese a su juventud, ya tenía experiencia como cantante, productor y músico de sesión.

El disco arranca con Soothing, una nueva vuelta de tuerca a su sonido que en los primeros segundos hace pensar en una canción de soul o jazz vocal sofisticado, quizás al estilo de Sade o Erykah Badu. Pero no, es simplemente un nuevo envoltorio para las canciones folk de Laura Marling. Cabría decir nuevos envoltorios, en plural, porque The valley es una canción totalmente diferente como lo son Wild fire o Don’t pass me by. En Semper Femina se percibe un cierto tira y afloja entre Laura y Blake, conocido por llevar las composiciones a su terreno. El resultado beneficia a las canciones, que nunca se quedan en sus zonas de confort y, sin lanzarse de cabeza a lo desconocido, sí que dejan entrever cierto riesgo en una producción por otro lado bastante espartana en su mayoría. A voluntad de la compositora, hay que aclarar. Como el título indica, Laura explora principalmente temas relacionados con la feminidad y la identidad, jugando con las palabras cada vez con más destreza.

Laura Marling. Foto CC ChunkyGlasses.

Laura Marling estaba ya instalada en ese estatus de artista respetada por la crítica, siempre entre las candidatas a los mejores premios (con Semper Femina recibió su primera nominación al Grammy a Mejor Disco Folk), pero sin acabar de explotar comercialmente. No hablamos de una artista de ventas millonarias, aunque todos sus trabajos llegaban alto en listas. ¿Estaba satisfecha con el nivel que había alcanzado? La respuesta no podía ser otra: no. Al menos no del todo. Si discos anteriores recibían el calificativo de “psé”, “OK” o “no está mal” por parte de su autora, en esta ocasión se atrevió a definir Semper Femina como “bueno”. Solo “bueno”, eso sí. 

Por primera vez en su carrera, Laura Marling dejó pasar tres años entre un álbum y el siguiente. Cierto es que, entre Semper Femina y su continuación, Songs For Our Daughter, grabó el primer álbum de su proyecto Lump en colaboración con Mike Lindsay. También hizo algunas versiones de canciones de Nick Cave y Bob Dylan para la serie Peaky Blinders, y colaboró con Ed O’Brien de Radiohead en algún tema de su debut en solitario. Songs For Our Daughter tuvo que esperar, y habría esperado más si el Covid no hubiese arrasado el mundo en 2020. Laura decidió lanzarlo de forma algo apresurada esa primavera. Producido por ella misma junto a Dom Monks, con el regreso de Ethan Johns, volvió a arrancar los aplausos de la crítica y de nuevo estuvo nominada tanto al Grammy como al Mercury Prize.

El título del disco es engañoso, ya que Laura Marling no tenía ninguna hija por entonces. Sí que es cierto que, en su tránsito de la veintena a la treintena, la idea de formar una familia le venía a la mente de forma recurrente. Esa obsesión se vuelca en estas canciones escritas a una hija ficticia, una especie de ensayo sobre cómo educarla para que no sufriera de sus mismos miedos e inseguridades. Ya hemos comentado que Laura se había convertido en ávida lectora, y uno de los libros que leyó en esa época, Cartas a mi Hija de Maya Angelou, parece ser el catalizador de este proyecto. Canciones como For you, Strange girl, Only the strong o la propia Song for our daughter suenan a amor maternal, a consejos, a notas mentales para no repetir errores propios en vida ajena. Musicalmente es un retorno a las producciones más elaboradas de discos anteriores, con canciones más luminosas y suntuosas que rebosan aprecio por la vida. 

Laura Marling en Cambridge Folk Festival. Foto CC Bryan Ledgard.

Ese proyecto ficticio se convirtió en real poco después. Tras publicar un segundo álbum dentro de la iniciativa Lump, en 2023 Laura Marling anunció el nacimiento de su hija Maudie. La cantante aprovechó el año para completar su maestría en psicoanálisis y para ejercer de madre, ahora de forma real, junto a su pareja George Jephson, colaborador en su disco anterior. Es de imaginar la catarata de sentimientos que bullirían en su interior, y como cualquier compositora de corazón también era de esperar que esos sentimientos acabaran volcados en nuevas canciones.

En 2024 salió Patterns in Repeat, un disco centrado en su experiencia maternal y la vida familiar. Grabado en su estudio casero, con su hija presente (se la oye al principio de Child of mine, la primera canción del álbum), incluye reflexiones sobre la maternidad propia pero también sobre su experiencia como hija: su madre fue adoptada y abandonada, y Laura nació cuando su progenitora tenía ya 44 años. El título, Patterns in Repeat, hace referencia al ciclo de la vida, a la forma en la que las experiencias, las ilusiones, las llegadas y las partidas se van repitiendo sin cesar, sin que el universo se inmute por ello.

Marling estaba ciertamente centrada en su papel de madre, principalmente en el de transmisora de ideas y comportamientos. Recordemos de nuevo que nunca estuvo del todo satisfecha con su vida, y no contagiar esas inseguridades a su hija era una de sus obsesiones. Muchas de las canciones incluyen esas reflexiones, esa idea cíclica de la vida que se repite de forma inevitable con gente que llega y otra gente que se va. Patterns in Repeat es un disco donde la belleza lírica e instrumental van de la mano, una delicia para los oídos que suena a meta, a resumen de todas las Lauras que crearon los siete discos anteriores, a haber alcanzado una estabilidad y una paz que ojalá dure. De momento , la cantautora anunció hace unos meses que estaba embarazada de nuevo y que iba a tomarse un tiempo de descanso. Quienes encontramos cierto alivio en sus últimos discos le deseamos lo mejor en esta nueva etapa, aunque también estamos ansiosos por saber cuál será el siguiente paso en su carrera y, sobre todo, por escuchar qué será lo nuevo que tendrá para contarnos.


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