Fidel Oltra © 2024 /
Los accidentes de tráfico se cobran más de mil vidas al año en España. Una cifra fría pero que, si nos paramos a pensar, resulta casi insoportable. Es muy duro aceptar que más de mil personas al año salgan de sus casas para ir a trabajar, de vacaciones, de fiesta o de visita, y no regresen con vida. Partiendo de que el objetivo ideal debería ser el de 0 fallecidos, al menos en los últimos años la cifra ha mejorado respecto a décadas anteriores. Entre 2001 y 2010 hubo una serie de cambios en las leyes, entre ellas el carné por puntos, que contribuyeron a rebajar la cantidad anual de fallecidos en la carretera a menos de la mitad. Sin embargo, en los años 70 y sobre todo en los 80, con el incremento de vehículos en circulación, era habitual que esa cifra oscilase entre los 4000 y 5000 fallecidos al año.
La DGT empezó a intentar rebajar esos datos con anuncios entre imaginativos y terribles. Es especialmente recordado el que protagonizó Stevie Wonder en 1985 con su famosa frase “si bebes, no conduzcas”. No sirvió de mucho: en 1989 hubo un terrible pico de casi 6000 muertos en accidentes de tráfico en vías interurbanas. Entre esas personas, lamentablemente desaparecidas, la gran mayoría eran desconocidas excepto para su entorno más cercano. Sin embargo todos recordamos nombres como los de los deportistas Juanito y Fernando Martín, el árbitro Guruceta, o artistas, un gremio con el que la carretera se cebó especialmente en los 70 y 80. En ella se dejaron la vida gente como Eduardo Benavente, Tino Casal, Canito, Juan Camacho, Cecilia (a quien le dedicamos este espacio hace poco), Bruno Lomas, Jesús de la Rosa o el personaje que nos ocupa en esta ocasión: Luis Manuel Ferri Llopis, más conocido como Nino Bravo.
Luis Manuel nació en una pequeña localidad valenciana, Aielo de Malferit, en agosto de 1944. Hijo de Luis Manuel Ferri y Consuelo Llopis, apenas pasó dos años en su pueblo natal. Salvo un periodo de residencia en Carcaixent, que duró un par de años, Luis Manuel pasó la mayor parte de su infancia y juventud en Valencia capital. Aunque sus padres hubiesen querido que fuese médico y pese a que el pequeño Manolito destacaba en los estudios, él estaba más interesado en la música.
Su padre no veía futuro en aquella vocación artística, así que obligó a su hijo a escoger entre seguir estudiando y hacer una carrera, o ponerse a trabajar. Luis Manuel escogió la segunda opción, entrando como aprendiz en un taller de joyería. De todos modos, nada pudo evitar que su amor por la música siguiera impulsando su proyecto de vida. Maravillado por las canciones que oía en la radio, fascinado por cantantes como Domenico Modugno, Frank Sinatra o Charles Aznavour, pero también por los primeros conjuntos de rock and roll que se iban formando en España, Luis Manuel formó su primer grupo en 1961: Los Hispánicos. Su repertorio estaba formado por versiones, y su público lo formaba, principalmente, el mundo fallero de la época. Sin embargo, fue un buen periodo de formación y aprendizaje. Su fama creció en toda Valencia, y apenas un año después de su creación ganaron la fase local de un concurso nacional. Curiosamente, tanto Los Hispánicos como sus rivales en la final cantaron la misma canción, Only you.

En septiembre tuvo lugar la final nacional en Madrid. Los Hispánicos tocaron dos canciones: Julia, de Luis Aguilé, y Only you. Quedaron segundos tras un solista madrileño. El motivo no tenía nada que ver con la calidad, según reconocieron los propios organizadores, sino a que al patrocinador le salía mucho más barato promocionar a un cantante solo, que no tenía que moverse de Madrid, que a un grupo de cuatro miembros que residía a más de 300 kilómetros de la capital.
No obstante, el certamen sirvió para que el grupo se diera a conocer. De hecho, Luis Manuel recibió una propuesta del prestigioso sello Hispavox para lanzarlo como cantante en solitario, propuesta que rechazó. Momentáneamente, eso sí, porque el resto de integrantes del grupo no parecían preparados para dar el salto profesional que él sí que sentía necesario realizar. El año 1963 fue el de sus mejores y más importantes conciertos, y también el año en el que tuvieron que tomar una decisión. Finalmente, el grupo se disolvió. Luis Manuel recordó la oferta de Hispavox y les mandó una cinta. Sin embargo, en esta ocasión fue el sello el que rechazó al cantante. Un error, como se demostró años más tarde.
Lejos de renunciar a su sueño, meses después entró a formar parte de un grupo llamado Los Superson, formado por su amigo Vicente López, quien ya había ejercido de letrista para Los Hispánicos. Primero sustituyó a su cantante titular, de baja por un accidente, pero pronto se convirtió en miembro fijo del grupo. Los Superson eran muy conocidos en toda la zona levantina, y pronto recibieron una oferta para actuar como grupo residente en una prestigiosa sala de fiestas de Benidorm.
Como ya sucedió con Los Hispánicos, algunos miembros de Los Superson no se sentían preparados para dejarlo todo y apostar por la música, pero en este caso el problema se solucionó haciendo algún cambio en la formación y la oferta fue aceptada. Allí estuvieron durante varios meses, tras los cuales su vuelta a Valencia fue apoteósica. Pero el destino parecía jugar en contra de Luis Manuel, que fue llamado al servicio militar justo cuando parecía que la banda se estaba acercando al éxito. Entonces la mili duraba dos años, tiempo suficiente para acabar con cualquier sueño juvenil.
Los Superson le aseguraron a su cantante que le reservarían el sitio para cuando volviera. En aquellos dos años el grupo acompañó a otros cantantes, llegando a grabar un disco con uno de ellos, e incluso Vicente López se atrevió a empezar a componer sus propias canciones. Fieles a su promesa, le esperaron, pero, a su vuelta del servicio militar, no tenía claro si seguir intentando triunfar en la música o buscar por fin un oficio. Fue su inseparable Vicente quien le convenció para seguir y le presentó a un popular locutor y periodista, Miguel Siurán, quien tras una actuación en un festival para cantantes noveles – donde no ganó, pero dejó un buen sabor de boca – se decidió a impulsar su carrera. Uno de los primeros pasos era escoger un buen nombre artístico. Durante el verano de 1968, después de dar muchas vueltas al asunto, se decidió que Luis Manuel Ferri pasaría a ser presentado artísticamente como Nino Bravo. Eso sí, Los Superson seguirían siendo su banda de acompañamiento.

La relación de Nino Bravo con Miguel Siurán no fue todo lo productiva que parecía en un principio. Los contratos escaseaban y el ansiado salto no llegaba, pero finalmente Siurán le consiguió dos audiciones en Madrid, una para RCA y otra para Fonogram. Fue en la segunda donde decidieron escucharle una segunda vez con todo el grupo. Aquella audición fue todavía mejor. La prueba de grabación circuló entre periodistas de prestigio, entre ellos el gran José María Íñigo, quienes casi unánimemente dieron el visto bueno a aquel nuevo artista. De todos modos la respuesta de Fonogram tardaba en llegar, así que Nino Bravo y su entorno decidieron organizar un gran concierto en Valencia para tratar de convencerles.
Escogieron nada menos que el Teatro Principal. Era una jugada a todo o nada: del resultado de aquella apuesta dependería el futuro de Nino Bravo. Todos los ahorros del grupo, y más, se evaporaron en la organización de aquel concierto, pero valió la pena puesto que los directivos de Fonogram, que por supuesto asistieron a la actuación, ya no tuvieron ninguna duda de que Nino Bravo tenía madera de estrella. Tan seguros estaban de la valía de su nuevo fichaje que pensaron nada menos que en Manuel Alejandro. Este compuso varios temas para el cantante, que finalmente publicó su primer sencillo en junio de 1969 con dos de ellos: Como todos y Es el viento.
El hecho de que Manuel Alejandro fuese compositor de muchos de los éxitos de Raphael hizo que algunos locutores y periodistas cayeran en la comparación fácil, algo que frustraba mucho a un Nino Bravo que se veía más cercano a Tom Jones. Ciertos desencuentros entre Nino Bravo y el sello, por un lado, y Manuel Alejandro y Siurán, por otro, terminaron con la relación entre el cantante y el que había sido, de manera no oficial, su representante durante tanto tiempo. Empezaba así una nueva etapa llena de incertidumbres pero también de ilusiones.
La discográfica había decidido que Nino Bravo debía participar en el Festival de Barcelona y no en el más afamado de Benidorm, pensando que un posible fracaso sería menos estrepitoso. Así fue: Nino Bravo fue eliminado en primera ronda a pesar de interpretar de manera solvente otra composición de Manuel Alejandro. Aunque el cantante empezó otra vez a dudar de sí mismo tras ese traspié, aquella actuación, sin él saberlo, le iba a cambiar la vida, puesto que entre quienes habían escuchado la canción estaba Augusto Algueró. Antes de eso, sin embargo, Fonogram también había tomado nota de lo que pasó en Barcelona.
Queriendo evitar las comparaciones con Raphael, decidió que las siguientes canciones de Nino Bravo tuvieran otra orientación y otro compositor, que en este caso sería la dupla famosa formada por Herrero y Armenteros. Estos le prepararon al cantante dos temas, Tú cambiarás y En libertad, que tampoco obtuvieron el favor de una crítica que apreciaba su chorro de voz y elogiaba sus directos, pero consideraba que en disco no se le sacaba todo el jugo a su potencial. A pesar de todo, Nino Bravo consiguió grabar algunos vídeos con sus primeros canciones que fueron emitidos por televisión a finales de 1969. También por aquella época, conoció en una discoteca a Amparo Martínez, quien acabaría convirtiéndose en su esposa.
El año 1970 empezó sin demasiadas perspectivas de que la situación de Nino Bravo, conocido en ciertos círculos, habitual en algunas emisoras de radio pero desconocido para el gran público, fuera a cambiar. Sin embargo se le abrió una puerta inesperada y de nuevo en forma de festival: Eurovisión. RTVE había decidido hacer una especie de casting entre cantantes para escoger a su representante y Nino Bravo decidió intentarlo. Para ello debía presentarse al II Festival de la Canción Española, celebrado en Barcelona en febrero de 1970. Lo hizo con la canción Esa será mi casa, que de nuevo resultó eliminado a las primeras de cambio.
Otra vez la crítica hizo especial hincapié en las canciones, más que en la voz o la interpretación de Nino Bravo. Su carrera no acababa de despegar, pero tampoco se hundía, a pesar de los fracasos. Su nombre seguía en las ondas con nuevos sencillos, como Voy buscando o Mi querida mamá. Fue por entonces cuando, por fin, consiguió un representante en serio: Pepe Meri, quien tenía el propósito de que su enorme fama en Valencia se extendiera por toda España. También por aquella época Nino Bravo apareció en el famoso programa Galas del Sábado, que presentaban Joaquín Prat y Laura Valenzuela. Fonogram, sin embargo, empezaba a perder la paciencia. En la primavera de 1970, Nino Bravo recibió una especie de ultimátum: si no era conocido en toda España a finales de año, rescindirían su contrato. No haría falta esperar tanto.

Nino Bravo, acompañado por sus inseparables Superson, se presentó a lo grande en Madrid, en la sala Imperator (una de las más afamadas de la capital, por entonces) pero volvió a recibir un fuerte varapalo, esta vez centrado sobre todo en el grupo acompañante. La crítica no entendía el repertorio de Nino Bravo, gente tan solvente como el antes mencionado José María Íñigo insistía en la valía del cantante, pero no le gustaban las canciones ni los músicos que lo acompañaban.
En cualquier caso, el objetivo buscado con el fichaje de Meri empezaba a conseguirse, y el nombre de Nino Bravo ya empezaba a sonar por todo el país. Faltaba, eso sí, el espaldarazo definitivo. Este se produjo con su nuevo sencillo, que iba a tener Esta será mi casa como cara B pero todavía carecía de cara A. Aquí entra en escena Augusto Algueró, quien seguía acordándose de aquella portentosa actuación de Barcelona y, de hecho, ya había contactado con Nino Bravo a principios de 1970 para enseñarle alguna de sus canciones. Al cantante le gustó especialmente una que había sido rechazada por varios artistas pero que a él le encantaba. Se titulaba Te quiero, te quiero, y Nino la interpretó varias veces en directo antes de proponerle a su sello que la incluyeran como cara A del nuevo sencillo. Curiosa elección, puesto que el tema ya había sido interpretado por Raphael, con quien Nino Bravo quería evitar comparaciones a toda costa. En todo caso, es obvio decir que acertó de pleno con la elección. Te quiero, te quiero era la canción que le faltaba a Nino Bravo para convertirse en estrella.
Su primer LP, Nino Bravo, no se hizo esperar. Contenía todas las canciones mencionadas, más algunas nuevas compuestas para la ocasión. Aun así, ni el disco ni el sencillo fueron recibidos con furor por la crítica, aunque las reseñas fueron algo mejores. El estallido de Te quiero, te quiero tuvo lugar más tarde, cuando RTVE empezó a preparar la nueva selección para Eurovisión. En esta ocasión, en lugar de un festival sería un programa televisivo titulado Pasaporte a Dublín el que elegiría al representante español. De una preselección de más de 20 cantantes y grupos, Nino Bravo se benefició de la renuncia de algunos más consagrados como Marisol, Víctor Manuel o Miguel Ríos y finalmente quedó encuadrado en la decena final (donde estaban Karina, Conchita Márquez Piquer y Rocío Jurado) de la que debería salir nuestro representante en Eurovisión.
Pasaporte a Dublín se emitió durante doce semanas consecutivas, lo que ayudó a que el nombre de Nino Bravo entrara en todas las casas españolas, además en horario de máxima audiencia y con RTVE poniendo toda la carne en el asador. Nino se las arregló para poder seguir dando algún concierto, a pesar de la dedicación que le exigía el programa televisivo, y de hecho llegó a actuar en otro festival, en este caso en Brasil. Siguiendo con su gafe en los festivales, no consiguió ganar a pesar de contar con un tema como Elizabeth, compuesto por el Dúo Dinámico. De todos modos aprovechó para visitar otros países y empezar a hacerse un nombre en Latinoamérica. Te quiero, te quiero, gracias a su aparición semanal en televisión, entró en el top 10 nacional. Su primer disco fue reeditado precisamente con ese título, el de la canción que lo había catapultado a la fama. De hecho, Polydor y Philips (dueño de Fonogram), que pronto se fusionarían en Polygram, decidieron lanzar a Nino Bravo internacionalmente. Poco importó que, en un polémico final, se designara a Karina como representante de RTVE para Eurovisión. Nino Bravo ya había triunfado.
El año 1971 empezó repleto de compromisos para el cantante, tanto dentro de España como en el extranjero. Compromisos musicales, mayoritariamente, pero también firmas de discos, presentaciones, homenajes… Entre esos compromisos, estuvo el que seguramente fue el más importante para él: su matrimonio con Amparo. Una boda rocambolesca porque Nino Bravo quería, a toda costa, preservar la intimidad del acontecimiento, algo casi imposible. Al mismo tiempo salía su segundo disco, titulado también Nino Bravo, que fue precedido por la canción Puerta de amor, uno de los temas más destacados de un álbum que contenía también la ya citada Elizabeth, Hoy soy feliz, Perdona o El adiós.
Un buen disco, con canciones de los grandes compositores del momento, que tuvo bastante éxito sobre todo a rebufo de los ecos triunfales, todavía resonantes, de Te quiero, te quiero. Otro cambio importante en la vida de Nino Bravo fue la ruptura con Meri, por causas diversas sobre las que se ha hablado bastante sin aclarar todas las circunstancias, para fundar su propia agencia de representación, Brani. El resto del año fue frenético: un verano con actuaciones casi cada día, una amplia gira por el continente americano y el lanzamiento de un nuevo sencillo que contenía dos de sus mejores canciones, en mi opinión: Mi gran amor y Noelia. El colofón a un año tan agitado, después de su aparición en el entonces prestigioso programa de Nochevieja de RTVE, fue el nacimiento, ya en enero de 1972, de su hija María Amparo. Por si fuera poco, en febrero publicaba un nuevo sencillo que contenía otro de sus grandísimos éxitos: Un beso y una flor.

1972 fue otro año casi sin descanso, con un verano en el que, nuevamente, actuaba casi cada día en algún festival, fiestas de pueblo, programas de televisión, salas o cualquier otro tipo de recintos. A pesar de eso tuvo tiempo de grabar no solo uno, sino dos LPs. El primero se tituló Un Beso y Una Flor, como la canción que lo abría, y contenía también la famosa Noelia y la no menos espléndida y emotiva Cartas amarillas. De hecho todo el disco desprende un romanticismo y una emotividad que, sin duda, pueden deberse a su matrimonio y su reciente paternidad.
En el disco hay otros temas con títulos como Contigo soy feliz, Por fin, mi amor o Para darte mi corazón. Aunque las canciones no eran suyas, el cantante las escogió personalmente, al estilo de Frank Sinatra, en función del ambiente o la unidad temática que, esta vez sí, quería darle a su tercer disco. Entre ellas hay versiones de canciones extranjeras y otras originales, todas ellas adaptadas o compuestas por gente como Augusto Algueró, Juan Carlos Calderón, Armenteros / Herrero o José Torregrosa, entre otros. El disco obtuvo, en general, críticas muy positivas y además de una forma más unánime que en sus dos trabajos anteriores.
Los siguientes meses fueron, de nuevo, un no parar de eventos promocionales y actuaciones. Una de las más destacadas es la que ofreció el 19 de marzo, día de San José (patrón de la ciudad de Valencia) en el Teatro Principal de la capital valenciana. Un acontecimiento especial, a beneficio de las corporaciones de radio y televisión, y también relacionado con un mundo fallero que siempre mantuvo un especial vínculo con el cantante. No obstante, encontró hueco para grabar otro disco que saldría a finales de 1972 con el título de Mi Tierra. Un disco que contenía otro puñado de excelentes y trabajadas canciones, entre las que destacaban la que le da título al álbum, y por supuesto otro de sus temas emblemáticos y sin duda el más discutido en cuanto a su significado: Libre. Una canción que, por cierto, había salido como sencillo muy poco antes de publicarse el disco. En apenas un par de años, Nino Bravo había pasado de ser una simpática promesa musical, con una buena voz pero un repertorio mal escogido, según la crítica, a uno de los cantantes más brillantes y más conocidos en nuestro país y en todos los países de habla hispana.
Un nuevo álbum significaba más viajes y más promoción. Sin embargo, Nino Bravo se tomó las cosas con algo más de tranquilidad en esta ocasión. Apenas un rápido viaje a México nada más publicar el disco, varias actuaciones en televisión –sin faltar al tradicional especial de Nochevieja– y, eso sí, ya estaba pensando en un nuevo álbum. De hecho su cuarto disco salió en noviembre de 1972 y en febrero de 1973 ya estaba en Londres realizando algunas sesiones de grabación para el que iba a ser su quinto trabajo discográfico. Al mismo tiempo, su agencia de representación firmó un contrato con un prometedor dúo llamado Humo. Se trataba de dos empleados de banca llamados Fernando Romero y Miguel Ciaurriz, que tenían un buen puñado de canciones compuestas , sin encontrar a nadie que apostara por ellos, hasta que los descubrió Suco, de la agencia de Nino. El cantante apostó fuerte por ellos, moldeó su imagen y su sonido, y planeaba un gran lanzamiento. Antes, sin embargo, deseaba descansar un poco tras dos años de trabajo casi continuo, así que se marchó con su familia a las Islas Canarias a pasar un par de semanas de vacaciones y relax. A la vuelta ya se encargaría de Humo, de su siguiente álbum y del lanzamiento del que sería su nuevo sencillo, América, América.

El 13 de abril de 1973 Nino Bravo realizó una sesión fotográfica para ilustrar sus siguientes lanzamientos, sesión que aprovechó también para que sus protegidos, Humo, se hicieran algunas fotos. Tras un par de días en los que combinó actos promocionales con reuniones familiares, el 16 de abril tomó su flamante nuevo coche, un BMW, recogió a su amigo Pepe Juesas y a los componentes de Humo, Fernando y Miguel, para dirigirse a Madrid donde el dúo iba a grabar sus primeras canciones. Nino también tenía previsto revisar algunas de las canciones ya grabadas para su quinto disco.
Salieron de Valencia a primera hora de la mañana. Entonces el trayecto de Valencia a Madrid transcurría principalmente por una carretera nacional, la N-III, salvo unos cuantos kilómetros de autovía. La llegada estaba prevista hacia mediodía, teniendo en cuenta que harían una parada para desayunar. Cuando apenas faltaban 100 kilómetros hasta Madrid, en el término de Villarrubio, tuvo lugar el fatal accidente en el que falleció Nino Bravo. Aunque lo sacaron con vida del coche, esta se apagó en el recorrido en la ambulancia hasta la capital. Fue el final de Luis Manuel Ferri y el inicio de la leyenda de Nino Bravo.
América, América se convirtió en un gran éxito póstumo, abriendo además el álbum …Y Vol. 5. que salió meses después. Un disco que contenía la única canción compuesta, aunque solo en parte, por Nino Bravo: Volver. Desde entonces han sido innumerables los lanzamientos, recopilatorios, tributos, musicales y homenajes de todo tipo, pero lo que siempre quedará es la imagen, la voz y las canciones que, en sus poco más de tres años de fulgurante carrera profesional, nos dejó Nino Bravo. Su último legado, sin embargo, no fue musical: siete meses después de su fallecimiento nació su segunda hija, Eva María Ferri. Como siempre, la vida se abre camino incluso en los momentos más dolorosos y difíciles.









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