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Andrés Trapiello: “El milagro de la literatura consiste en doblar la vida”

Por Emma Rodríguez © 2013 /
Cuenta Andrés Trapiello que sus primeras lecturas, placenteras y solitarias, las realizó en el pequeño desván de la casa familiar en León, un desván “al que se accedía por una escalera de madera empinada y peligrosa” y al que tenía prohibido subir. “Las cientos de horas pasadas allí fueron lo más parecido al paraíso”, confiesa en “Mi novela”…

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Rafael Chirbes: Mucho más que el discurso de la codicia

Por Emma Rodríguez © 2013 / La desazón es una emoción profunda, dolorosa, y a la vez cargada de lucidez. Se parece a la tristeza, pero resulta más punzante y mas que llanto provoca rabia, una inquietud comparable a la que experimentamos al asomarnos a un abismo o al mirar al fondo de un pozo oscuro que de repente aparece en el camino y ante el que hasta ese momento pasábamos con los ojos vendados. Es un ovillo de malestar,  de impotencia,  que se acomoda en un hueco en el fondo del estómago, un hueco casi imperceptible pero persistente, al que acabamos acostumbrándonos a sabiendas de que una chispa transformadora se ha encendido en algún punto de la conciencia…

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Gabriele Nissim, la reivindicación de la bondad

Por Emma Rodríguez © 2013 /
Quiero empezar diciendo que el título y la portada en verde, con la imagen de un trozo de bosque, del ensayo del que voy a hablar a continuación llamó mi atención desde el escaparate de la librería La Central (Madrid). Me atrajo poderosamente una palabra, bondad, un término poco habitual en nuestras conversaciones, en las noticias que entran en nuestras casas cada día, en las novelas que leemos. Un término que, en cierto modo rehuimos utilizar porque la contemporaneidad ha impuesto la idea, ya convertida en tópico, de que la maldad resulta mucho más atractiva, de que los héroes de la vida y de la ficción tienen que tener un punto de perversidad para ser interesantes, para despertar nuestro interés…

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17 maneras de leer el verano

Por Emma Rodríguez © 2013 / Aunque desde hace ya algún tiempo los avatares políticos y económicos, unidos a los avances tecnológicos, impiden la desconexión y la calma, existe una ley de la naturaleza que, afortunadamente, impone sus ritmos, y según esa ley el verano sigue siendo, pese a todo, un paréntesis. Una pausa obligada por las altas temperaturas. Una llamada al descanso, ya sea en la playa, bajo la sombrilla y con vistas a las olas; ya sea respirando el aire fresco de la montaña o, simplemente, sin moverse de la ciudad habitual, la de todos los días. Esa ciudad que, en cierto modo, se transforma e invita a atravesar sus parques, a lanzarse a las piscinas, a mirar la vida desde la terraza, a tumbarse en el sofá, cerrar los ojos y olvidar por un momento los ruidos, las urgencias…

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Carta a Julio Cortázar a propósito de los 50 años de “Rayuela”

Por Emma Rodríguez © 2013 /
Querido Julio Cortázar, quizás esta carta tendría que habértela enviado hace muchos años, cuando leí por primera vez “Rayuela”. Te hubiera contado entonces que durante un par de semanas casi no salí de mi oscura habitación de estudiante, que me olvidé de las clases, de los amigos, de cualquier tipo de compromiso cotidiano, y me sumergí de manera febril en el mundo caótico de Oliveira, de La Maga, de todos los miembros del Club de la Serpiente, respirando, primero, las atmósferas de París cuando llovía: la humedad del río, el aliento a alcohol y tabaco de las buhardillas… Y después los ambientes más abiertos, calurosos, de un Buenos Aires lleno de pliegues, de huecos, de pasadizos hacia el otro lado. Ambientes de circo y de psiquiátrico. Puentes de madera improvisados, palanganas de agua como muro defensivo ante el miedo…