Berta Vías Mahou: “Los libros han sido mi escondite”

Berta Vías Mahou © karina beltrán 2013

Por Emma Rodríguez © 2013 / 

“Venían a buscarlo a él”, la última novela hasta el momento de Berta Vías Mahou, es un homenaje a uno de sus autores de cabecera, Albert Camus, a quien admira no sólo por el recorrido de su obra sino por la convicción de sus ideales. Biografía y recreación literaria se dan la mano en una obra cargada de sugerencias e interrogantes, que, más allá de avivar la fascinación por el protagonista, se convierte en una indagación sobre su misterioso final y en un alegato contra la violencia.

El miedo y, sobre todo, el valor para seguir diciendo lo que se quiere decir pese a que eso suponga el enfrentamiento con los otros, es el tema de fondo de una entrega fruto de una pasión doble, por los libros y por el autor galo, del que el próximo mes de noviembre se cumple el centenario de su nacimiento. “Le he leído siempre, desde joven, cuando descubrí novelas como “La peste” o “El extranjero”. Más tarde, al plantearme estudiar francés, releí toda la obra en su lengua original: la narrativa y el teatro, pero también las cartas y los artículos… Concretamente en uno de ellos, Camus habla de que había recibido amenazas de muerte y ahí, en la duda sobre si realmente sufrió un accidente fortuito o si éste fue provocado, encontré el punto de partida de mi novela”, señala la escritora. Mientras hablamos la luz de la tarde se cuela juguetona por todos los rincones de su casa, situada en el barrio madrileño de Malasaña.

– ¿Si tuvieras que elegir un solo título de Camus con cuál te quedarías?

–  Sin duda con “El primer hombre”, cuyo manuscrito sin concluir llevaba en el coche el último día de su vida. Lo pongo en la misma categoría que a Proust. No importa que no esté terminado. Con ese libro daba comienzo al tercer ciclo de su obra, el del amor. Iniciaba una dimensión más humana de su escritura y de haber seguido con vida habría llegado a realizar lo que verdaderamente deseaba. Sin ser una biografía, Camus habla de su vida con una distancia enorme, con una ternura hacia los demás y una comprensión hacia sus orígenes humildes -era hijo de una mujer analfabeta- que nunca antes había puesto de manifiesto de esa manera. Para mí es el Camus más auténtico.

– ¿Dónde, cómo, a qué hora,  te gusta leer?

– En todas partes, donde sea y a cualquier hora, pero en silencio. Suelo leer en el salón, ya sea en mi sillón favorito o subiéndome a una esquina del sofá, pero también puedo tumbarme boca abajo en el suelo; me gustan las superficies duras. Voy con un libro a todas partes: cuando viajo en autobús o en metro, cuando voy al gimnasio… Curiosamente donde no me gusta para nada leer es en la cama, me resulta demasiado cómoda y yo soy muy espartana.

En “El primer hombre” Camus habla de su vida con una distancia enorme, con una ternura hacia los demás y una comprensión hacia sus orígenes humildes -era hijo de una mujer analfabeta- que nunca antes había puesto de manifiesto de esa manera

– ¿Manías?

– Sí. Tengo una manía que yo llamo el síndrome del umbral y que consiste en que cuando llego a algo que sé que me va a gustar mucho, lo dejo y me paro, dilatando de esa manera el instante de disfrutarlo. Es una especie de regodeo. Y no sé si puede considerarse una manía no aceptar recomendaciones de ningún tipo. A mí unos libros me van llevando a otros. Me metí en un círculo vicioso desde muy joven, desde que me puse a leer a Nietzsche y creo que no he salido todavía de ahí (risas). Leo sobre todo a autores alemanes; incluso a los rusos los leo en alemán porque las traducciones son muy buenas.

¿Tu experiencia como traductora [ha volcado del alemán al español a autores como Goethe, Arthur Schnitzler, Stefan Zweig  o Joseph Roth] ha modificado de algún modo tu condición de lectora? ¿Disfrutas de igual modo de la lectura cuando traduces?

–  Bueno, el proceso de traducción tiene distintas etapas. Disfruto cuando hago una primera lectura sin plantearme otra cosa, pero cuando acometo la traducción, para nada. El placer desaparece por completo y asoma de nuevo cuando ya lo tengo todo vertido al castellano y me pongo a despejar dudas. La lectura final, una vez pulido todo, es muy gozosa.

Berta Vías Mahou © karina beltrán 2013

– ¿Qué estás leyendo ahora?

– Releo “La voz de Mallick”, de Pedro Casariego Córdoba, en una nueva y exquisita edición de Tansonville, un sello que me encanta y donde prácticamente todo lo hace Eduardo Fraile, su creador. ¡Mira qué tintas tan maravillosas! Aprecio mucho el cuidado de las ediciones, las portadas, el continente del libro.

[Un cuadro del desaparecido poeta y pintor Pe Cas Cor, en el que se retrata a un hombre-árbol, con los pies convertidos en troncos, domina la estancia en la que nos encontramos. Hermano del marido de Berta, Antón, su presencia -sus libros, sus lienzos- se deja notar en toda la casa. Y cuando le pregunto a la escritora que recuerda de él me dice: “su timidez, su inteligencia y su extrema cortesía. Podías cruzártelo 10 veces por el pasillo y siempre te saludaba como la primera vez”].

¿Terminas un libro y empiezas otro o puedes estar con más de uno a la vez?

– Suelo estar con más de uno. Ahora también estoy leyendo “Acta del juicio”, de Edgar Lee Masters, en la edición bilingüe de Pre-Textos, otra editorial que me gusta mucho.

¿A qué autores vuelves una y otra vez, además de Camus? ¿Cuál es tu relación con ellos?

– Soy poco fetichista con los autores y muy fiel a mis predilectos. Además de Camus están Cervantes, Kafka, Robert Musil, Robert Walser, Walter Benjamin. Son intocables para mí. Me encanta releerlos, aunque sólo sea un párrafo, un capítulo. Constantemente estoy picoteando. De “El hombre sin atributos” tengo versiones en diferentes lenguas y no quiero olvidarme de dos obras de teatro en verso de Heinrich von Kleist a las que suelo volver una y otra vez porque me parecen preciosas, “Pentesilea” y “Käthchen von Heilbronn”. Son unas piezas de amor bestiales.

Soy poco fetichista con los autores y muy fiel a mis predilectos. Además de Camus están CervantesKafkaRobert MusilRobert WalserWalter Benjamin. Son intocables para mí. Me encanta releerlos, aunque sólo sea un párrafo, un capítulo

– Da la impresión de que eres muy minuciosa.

-Sí. Minuciosa, tranquila. No necesito leer las últimas novedades, no soy nada consumista y me gusta ir a mi ritmo, calmado. Cuando leo un libro deprisa no lo disfruto, tengo que volver al principio.

–  ¿De los escritores a los que has traducido a cuál eliges?

– Suelen asociarme mucho con Zweig, pero yo prefiero a Joseph Roth, aunque sea muy irregular, me parece un escritor como la copa de un pino, más imprevisible, más poético y original. Zweig tiene un carácter más didáctico.

-¿Qué relación tienes con tus lectores?

– No tengo mucho contacto con ellos. Quiero pensar que son buenas personas, pero me dan un poco de miedo. Al fin y al cabo, como decía Kafka, un libro es como un hacha que rompe el mar helado que todos llevamos dentro, y eso es demasiado… Con quienes sí he tenido más relación es con mis lectores juveniles. Son muy auténticos y , además, es una gozada que alguien se aficione a leer por tu culpa.

Viajemos en el túnel del tiempo. ¿Qué primeras lecturas recuerdas?

– A los nueve años me volví loca por la arqueología. Me dio por leer libros sobre Egipto, sobre técnicas de embalsamamiento, sobre las momias, la muerte… Ese camino me llevó más adelante a estudiar Historia Antigua y debo decir que los cementerios siempre me han atraído. Entre las primeras lecturas de ficción recuerdo, por ejemplo, “La cartuja de Parma”, de Stendhal, que volví a leer a los 30 y ya no me fascinó tanto. Más tarde, como te dije antes, llegó Nietzsche. Yo era muy tímida y los libros fueron una magnífica manera de esconderme, de escapar a las presiones de fuera.

– ¿Qué lecturas te han afectado especialmente, han contribuido a modificar tu visión de las cosas, del mundo?

– “El hombre sin atributos”, de Robert Musil. Hay en esa obra un empeño de proyecto de hombre nuevo, que también está en Walser, de una manera más lúdica, en Dostoyevski, en Camus…

– ¿Un libro que en tu opinión pueda ayudar a afrontar el presente?

– El que lee en el fondo está buscando una salida, una ayuda. Otra cosa es que pueda, o sepa, encontrarla. Para mí un libro fundamental en el sentido que me preguntas es “El idiota”, de Dostoyevski. Es una novela para cualquier momento, apta para esta mala época que estamos atravesando. Tiene sentido del humor, valentía. Es una magnífica lección sobre la bondad y la generosidad. El príncipe Mishkin, el protagonista, es un ser tremendamente humilde, tan bueno que nadie entiende cómo funciona. No da importancia al dinero ni a los asuntos materiales. Es capaz de vivir con lo mínimo y lo poco que tiene lo comparte con los demás.

– ¿Alguno que no hayas leído aún y que consideres una asignatura pendiente?

–  “Guerra y paz”, de Tolstoi, y “Jacques el fatalista”, de Diderot. Son lecturas que estoy guardando para los próximos veranos.

“El idiota”, de Dostoyevski, es una magnífica lección sobre la bondad y la generosidad. El príncipe Mishkin, el protagonista, es un ser tremendamente humilde, tan bueno que nadie entiende cómo funciona

– ¿A una isla desierta qué libros te llevarías o cuáles introducirías en tu e-book?

– Lo del e-book, de momento, ni me lo planteo. Necesito palpar el libro, pasar las hojas… Me llevaría: “El hombre sin atributos”, en alemán; “Don Quijote”, en castellano; “El primer hombre”, en francés; “Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy”, de Laurence Sterne, en inglés… Y no quisiera dejar atrás “El idiota” y “Los demonios”, de Dostoyevski, ni los “Ensayos” de Montaigne… Al final igual si me tendría que llevar un e-book, ¡mira por donde! (risas).

El rincón de lectura de Berta Vías Mahou - © karina beltrán 2013

[“Venían a buscarlo a él”, obra galardonada con el Premio Dulce Chacón en su VIII edición (2011) y el resto de los títulos de Berta Vías Mahou, entre los que cabe destacar “Los pozos de la nieve” y “Ladera Norte”, han sido publicados en la editorial Acantilado, para la que también realiza sus traducciones. Actualmente trabaja en “Yo soy El Otro”, una novela sobre la identidad, el éxito y el fracaso y nuevamente la amenaza, a partir de la historia de un torero poco conocido de los años 60, con un físico muy parecido al de El Cordobés].

Las fotografías de Berta Vías Mahou fueron realizadas por Karina Beltrán en la casa de la escritora.

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